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martes, 1 de octubre de 2019

Italia, aliada de los facciosos

Ce no haber adquirido nosotros, apenas iniciada la guerra civil, el firme convencimiento de la colaboración de los Estados fascistas en la aventura de los facciosos españoles, bastaría la lectura de las inteiesantisimas declaraciones de dos marinos leales procedentes de Palma de Mallorca, que en este mismo número reproducimos, para proporcionarnos la certidumbre de la injerencia de Italia en el pleito intimo que están dirimiendo las armas en el territorio español. 

Recomendamos la lectura de esas declaraciones, que serian sensacionales si no hubiéramos denunciado hace días en esta misma página la existencia de un pacto de ayuda y compensaciones entre Alemania, Italia y Portugal y los militares sublevados contra el Gobierno legitimo de España. 

Pero no por estar nosotros plenamente seguros de la ayuda del fascismo internacional a la subversión española, dejamos de conceder extraordinaria importancia a esas declaraciones de dos testigos  de absoluta solvencia, que con sus propios ojos han visto desembarcar en el puerto de Palma de Mallorca material de guerra italiano con destino al ejército faccioso que está combatiendo la legalidad española. Y no sólo esto. Ramón Coll Balestroni, electricista de la motonave «Ciudad de Palma», y Pascual Laustaiel, radiotelegrafista del vapor «Ayala-Mendi», que son los declarantes, dan también cuenta de la intervención personal de los italianos en la guerra contra nuestro Estado republicano y en las francachelas del fascismo mallorquín. 

La prueba es definitiva, irrefutable, y si aún queda un resto de sensibilidad— empleemos vocablos diplomáticos— en la Sociedad de Naciones, producirá en los representantes de los Estados democráticos honda emoción. 

Llegan al puerto de Palma de Mallorca aviones de Italia; los «Caproni» que luego cruzan, con pilotos italianos, sobre el campo de operaciones en vuelo agresivo? atracados al muelle barcos cargados de toda clase de material de guerra procedente de las fábricas imperialistas de los opresores de Etiopia, y mientras las quietas aguas de la bahía son agitadas por el movimiento bélico, fraternizan en la ciudad isleña los españoles renegados y los camisas negras. No hay espectáculo público sin un sitio de honor para los italianos; no hay festejo, recepción ni cachupinada que carezca de carácter italohispano. Y, por supuesto, no hay desfile militar o procesión cívica en la que deje de figurar a la cabeza sobre un caballo, seguramente blanco, el conde de Rossi, que es, pese a sus sueños de dictador, una especie de tenorino militarizado. 

El conde de Rossi es la figura cumbre en Palma de Mallorca, las autoridades facciosas le rinden pleitesía, los militares sublevados son sus asistentes, los fascistas mallorquines le admiran y las isleñas falangistas le adoran. El conde se deja querer, naturalmente. Y mientras los del fascio realizan crímenes monstruosos en las personas de obreros y republicanos, él reparte sonrisas, ama y es amado, y se pavonea en las paradas ostentosas, luciendo un uniforme llamativo, la pistola al costado y, junto a la pistola, el puñal florentino,  que es el arma preferida de la traición. 

Después de lo declarado por escrito y con su firma por los marinos Coll y Laustalet, ¿habrá alguien que dude de la inteligencia entre el fascismo italiano y los facciosos españoles? ¿Se atreverá alguien a negar la ayuda decidida y escandalosa de Italia a la subversión que ha encendido la guerra civil en España? 

No hay que insistir. La alianza entre los camisas negras y los facciosos españoles es un hecho evidente. Ni siquiera se cuidan de ocultarla. Los periódicos fascistas de Palma de Mallorca la están proclamando cada día en artículos e Informaciones. El conde de Rossi, fanfarrón y cursi, es su mejor pregonero. 

Si, existe. Y el Papa, al fin hijo de Italia, deja caer sobre ella su la bendición... y el oro del Vaticano. 

La Libertad: La Libertad - Año XVIII Número 5150 - 1936 octubre 1 (01/10/1936)

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