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domingo, 19 de julio de 2026

Alcalá de Henares, 20 de julio de 1936: La sublevación que fracasó y los héroes que defendieron la República

En 2026 se cumplirán 90 años del estallido de la Guerra Civil española, uno de los episodios más trágicos de nuestra historia. Sin embargo, ya en 2016 —y aún hoy— muchas ciudades como Alcalá de Henares no han rendido el homenaje merecido a quienes defendieron la legalidad republicana frente al golpe militar de julio de 1936. Este artículo busca recuperar la memoria de un día decisivo: el 20 de julio de 1936, cuando en Alcalá se libró una batalla simbólica entre lealtad constitucional y rebelión fascista. 


El contexto: Alcalá antes del 18 de julio

Alcalá de Henares no era una ciudad cualquiera. Era la ciudad natal de Manuel Azaña, presidente de la República desde mayo de 1936. Tras el triunfo del Frente Popular en febrero, el gobierno republicano tomó una decisión estratégica: sustituir los regimientos de caballería, tradicionalmente conservadores, por unidades de supuesta lealtad republicana.

El 17 de mayo de 1936, por orden del gobierno de Santiago Casares Quiroga, los regimientos de Caballería Villarobledo y Calatrava fueron trasladados a Palencia y Salamanca. En su lugar llegaron: 

  • Batallón de Infantería Ciclista, al mando del teniente coronel Gumersindo Azcárate 7º Batallón de Zapadores-Minadores, liderado por el coronel Mariano Monterde

Ambos oficiales eran republicanos leales, y su nombramiento buscaba blindar Alcalá frente a posibles sublevaciones. Pero lo que el gobierno no sabía era que muchos oficiales subordinados ya estaban conspirando con la derecha local.
 
El 20 de julio de 1936: Traición en los cuarteles

Mientras en Madrid la sublevación había sido sofocada el 19 de julio, en Alcalá los oficiales rebeldes decidieron actuar un día después, tras escuchar las proclamas del general Mola por radio. El lunes 20 de julio, cuando el coronel Monterde ordenó movilizar las tropas hacia Somosierra para combatir a los sublevados, la oficialidad se negó.

En la sala de banderas del cuartel, los oficiales leales —Monterde y Azcárate— intentaron imponer su autoridad. Pero la traición era irreversible. Monterde sacó su pistola… y fue abatido a tiros en el acto. Azcárate resultó gravemente herido, aunque sobrevivió.  Monterde se convirtió en la primera víctima de la sublevación alcalaína. Azcárate, tras recuperarse, seguiría sirviendo a la República hasta su fusilamiento en Bilbao en 1937.
     
La toma de Alcalá por los sublevados… y su rápida derrota

Tras asesinar a Monterde, los oficiales rebeldes, liderados por el comandante Baldomero Rojo, tomaron el control de la ciudad. Ocuparon lugares estratégicos:

    El Palacio Arzobispal  
    La Iglesia Magistral  
    El Ayuntamiento  
    Las oficinas de Correos
     

Pero su victoria fue efímera. Desde Madrid, una columna mixta al mando del coronel Ildefonso Puigdendolas —compuesta por guardias de Asalto, milicianos y militares leales— avanzó hacia Alcalá. Apoyada por aviones del aeródromo complutense, la columna liberó la ciudad en menos de 24 horas.

Los sublevados, desmoralizados y sin apoyo popular, se rindieron sin resistencia. Fueron detenidos 43 oficiales, muchos de ellos con pasado republicano (como el capitán Pedro Mohíno, que portó la bandera tricolor en 1931 en la Puerta del Sol).
 
Justicia republicana: los juicios del tribunal popular

Los rebeldes fueron juzgados por un Tribunal Popular en la Cárcel Modelo de Madrid. En agosto de 1936, cuatro oficiales principales —Rojo, Mohíno, Rubio y Aguilar— fueron condenados a muerte y fusilados.

Posteriormente, se juzgó a los oficiales del Batallón Ciclista y del Batallón de Zapadores. Aunque algunos fueron condenados a cadena perpetua, varios acabaron asesinados en las sacas de Paracuellos en noviembre de 1936.

Ironías de la historia: algunos de los fusilados en Paracuellos eran los mismos que habían traicionado a Monterde y Azcárate.
 
Víctimas civiles y represión en la retaguardia

La represión no se limitó a los militares. Tras la derrota de la sublevación, milicianos y grupos revolucionarios atacaron símbolos del viejo régimen:

    Cinco sacerdotes fueron asesinados  
    La Iglesia Magistral fue incendiada  
    Comenzaron saqueos y requisas en domicilios de derechas

También hubo víctimas inocentes, como Gregorio González, un herrador de 69 años alcanzado por disparos mientras salía de su casa.

Alcalá permanecería 29 meses en zona republicana, sufriendo bombardeos, escasez y destrucción de su patrimonio. Pero nunca cayó en manos franquistas hasta el final de la guerra.
 

lunes, 11 de mayo de 2026

Borrás Ferré, Manuel (1880-1936): El Obispo auxiliar que murió perdonando

Descubre la historia del Beato Manuel Borrás Ferré, obispo auxiliar de Tarragona asesinado en 1936. Conoce su labor, su detención junto al Cardenal Vidal y Barraquer y su martirio durante la Guerra Civil Española.

El silencio del que bendecía

En la oscuridad de la madrugada del 12 de agosto de 1936, en un paraje solitario camino del Coll de Lilla (Tarragona), un obispo vestido de paisano se enfrentaba a su final. Lejos del boato de la curia, Manuel Borrás Ferré no opuso resistencia. Testigos presenciales (los propios milicianos que lo ejecutaron) relataron que, tras recibir los disparos, cayó al suelo en actitud de bendecir a sus verdugos.

Su historia es la de un hombre fiel a su grey, colaborador estrecho del Cardenal Vidal y Barraquer, y una de las 521 víctimas beatificadas en Tarragona en 2013 por el Papa Francisco. A continuación, reconstruimos su legado.

De la Canonja a la consagración Episcopal (1880-1934)

Manuel Borrás Ferré nació el 9 de septiembre de 1880 en La Canonja, un municipio cercano a Tarragona. Su vocación temprana le llevó a ordenarse sacerdote en 1903, a los 23 años. Durante sus primeros años ejerció como notario de la curia eclesiástica y confesor del Seminario Pontificio.

Su gran oportunidad llegó en 1914, cuando el entonces obispo de Solsona, Francisco Vidal y Barraquer, lo nombró secretario de cámara y posteriormente vicario general. Nació así una colaboración teológica y personal que duraría décadas. Cuando Vidal y Barraquer fue nombrado Cardenal Arzobispo de Tarragona, Borrás le siguió.

El 2 de julio de 1934, fue consagrado Obispo titular de Bísica y nombrado Obispo Auxiliar de Tarragona, convirtiéndose en el brazo derecho del Cardenal en el gobierno de la diócesis.

El estallido de la Guerra Civil: detención y cautiverio

Con el golpe de Estado de julio de 1936 y el posterior fracaso de la sublevación en Cataluña, Tarragona quedó bajo control del gobierno del Frente Popular. Inmediatamente, se desató una fuerte persecución anticlerical.

La noche del 21 de julio de 1936, agentes de la Generalitat irrumpieron en el palacio arzobispal. Su misión era trasladar al Cardenal Vidal y Barraquer y a su obispo auxiliar fuera de la ciudad para "protegerlos" (o, en la práctica, para aislarlos). Ambos fueron llevados inicialmente al Monasterio de Poblet.

La Separación en Montblanch

El 23 de julio, un coche de milicianos reclamó al Cardenal. Gracias a las gestiones del gobierno catalán (que intentaba salvar la imagen del cardenal frente a los comités revolucionarios), Vidal y Barraquer fue liberado y escoltado para finalmente exiliarse a Italia. Sin embargo, a Monseñor Borrás le fue negado el perdón.

Mientras intentaban esconderlo en un molino de la Casa Girona en Poblet, fue delatado por un colaborador. El 24 de julio fue trasladado a la cárcel de Montblanch, donde pasó 19 días encerrado mientras el cardenal era puesto a salvo.

El martirio en el Coll de Lilla (12 de agosto de 1936)

La madrugada del 12 de agosto de 1936, bajo el pretexto de llevarlo a declarar ante un "tribunal popular" en Tarragona, subieron a Manuel Borrás en la caja de un camión.

  • El lugar: La comitiva se detuvo a 3,5 kilómetros de Montblanch, antes del cruce que lleva al Coll de Lilla.

  • La ejecución: Le obligaron a bajar. Tras una breve parada, una ráfaga de fusilería acabó con su vida. Tenía 55 años.

  • La profanación: Pero el odio no cesó con la muerte. Los milicianos rociaron el cadáver con gasolina, lo cubrieron con leña seca y le prendieron fuego para hacer desaparecer el cuerpo.

El testimonio del perdón: Uno de los miembros del pelotón de fusilamiento declaró años después, aún impresionado: “Y aún osaba bendecirnos”.

Beatificación y Legado

El reconocimiento oficial por parte de la Iglesia Católica llegó el 13 de octubre de 2013 en una ceremonia multitudinaria en Tarragona, presidida por el representante del Papa Francisco, el Card. Angelo Amato.

Ese día fue Beatificado junto a otros 145 compañeros mártires de la archidiócesis de Tarragona (entre sacerdotes, religiosos lasallistas, benedictinos y laicos), siendo parte del grupo conocido como los 522 Mártires Españoles del siglo XX.

Su festividad se celebra el 12 de agosto, fecha de su martirio.

Conclusión

Manuel Borrás Ferré no murió en una batalla, sino como consecuencia de su fe. Su figura representa a esos miles de clérigos y religiosos que, atrapados en la retaguardia republicana, sufrieron la crudeza de la Guerra Civil española sin empuñar un arma. Su legado es el del perdón in extremis, un "perdón" que aún resuena como el eco del tiro en el Coll de Lilla.

domingo, 10 de mayo de 2026

Borbón y de la Torre, Francisco de Paula(1882-1952): El militar que tomó Málaga

Descubre el papel del Duque de Sevilla, primo de Alfonso XIII, en la Guerra Civil Española. Analizamos su participación en la toma de Málaga, su puesto en el Tribunal de Represión de la Masonería y su controvertido final en el régimen franquista. Historia militar y represión política.

Francisco de Borbón y de la Torre: El aristócrata que conquistó Málaga para Franco

La Guerra Civil Española no solo fue un conflicto de ideologías, sino también un escenario donde la nobleza, leal a la sublevación, buscó recuperar el poder perdido con la República. Un claro ejemplo es Francisco de Borbón y de la Torre, Duque de Sevilla consorte, primo de Alfonso XIII y figura clave en la Ofensiva de Málaga.

Lejos de ser un simple militar, este aristócrata encarnó la fusión entre la vieja monarquía y el nuevo régimen franquista. Desde su participación en la conspiración golpista de 1932 (la Sanjurjada) hasta su papel como verdugo ideológico en el Tribunal para la Represión de la Masonería, su vida es un reflejo de la represión y la lucha interna del bando sublevado.

De la Conspiración Monárquica al Frente de Guerra

Para entender su papel en la Guerra Civil, hay que remontarse a la Segunda República. Mientras muchos aristócratas optaron por el exilio, Francisco de Borbón permaneció en España conspirando activamente. Su hostilidad al sistema republicano le llevó a ser uno de los pocos oficiales que participó activamente en La Sanjurjada de agosto de 1932, el fallido golpe de Estado liderado por el general Sanjurjo.

Tras el fracaso de la asonada, marchó al exilio, pero regresó inmediatamente después del Alzamiento Nacional de julio de 1936. Integrado en el bando sublevado, se le encomendó el mando del Regimiento de Infantería "Pavía" n.º 7 y la Comandancia militar del Campo de Gibraltar.

La Conquista de la "Desprotegida" Málaga (1937)

El momento culminante de su carrera castrense llegó en enero de 1937. Consciente de la desorganización y falta de armamento de las milicias republicanas en la zona, inició una pequeña ofensiva desde el oeste, llegando hasta Marbella casi sin oposición. Este avance fue la antesala de la decisiva Ofensiva de Málaga.

El 3 de febrero, sus batallones rompieron el frente por el sector de Ronda. Aunque en un principio encontró resistencia, la presión fue brutal. El 8 de febrero de 1937, Francisco de Borbón y de la Torre entró victorioso en la ciudad de Málaga. Su triunfo militar tuvo, sin embargo, una consecuencia humanitaria devastadora: la huida masiva de civiles y republicanos por la carretera de Almería, un episodio de sufrimiento colectivo conocido como "La Desbandá".

El represor de masones: vocal del Tribunal Especial

Terminada la guerra, su lealtad al bando sublevado fue recompensada con un puesto clave en la maquinaria de represión del régimen.

El 4 de junio de 1940 fue nombrado vocal del recién creado Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y del Comunismo

. Este organismo, establecido por la Ley de 1 de marzo de 1940, actuó como un brazo judicial paralelo destinado a perseguir a cualquier disidente ideológico, ampliando el concepto de "masonería" para encarcelar a republicanos, intelectuales y maestros.

Junto a falangistas y jueces, el Duque de Sevilla se sentó para juzgar a miles de españoles acusados de "defender ideas contrarias a la religión, la patria y sus instituciones fundamentales".

Caída en desgracia y fin de carrera

A pesar de su servicio, su carrera en la dictadura de Francisco Franco no fue un camino de rosas. En 1943 fue expedientado y separado del Ejército. Oficialmente, se le acusó de "tráfico ilegal de alimentos".

Sin embargo, el reputado historiador Paul Preston señala la causa real: sus actividades promonárquicas. Franco veía con malos ojos a cualquier militar que apoyase abiertamente la restauración de la monarquía en la figura de Juan de Borbón, padre de Juan Carlos I. De hecho, el nombre de Francisco apareció en listas nazis que barajaban un complot para sustituir a Franco por el pretendiente al trono .

Aunque cayó en desgracia, el dictador le concedió el ascenso a Teniente General en 1946, como un gesto de reconciliación antes de su fallecimiento en Madrid en 1952.

Conclusión: un militar incómodo para el Régimen

Francisco de Borbón y de la Torre representa la paradoja del primer franquismo: un militar eficaz en el frente de guerra (como demostró en Málaga), fiel a la represión ideológica desde los tribunales, pero políticamente incómodo por su condición de "primo del Rey". Su historia es un recordatorio de que, aunque el alzamiento unió a monárquicos y falangistas, las tensiones internas por el modelo de estado (Monarquía vs. Dictadura personalista) estuvieron siempre latentes.

sábado, 9 de mayo de 2026

Borbón Dos Sicilias y Orleans, Carlos de Borbón (1908-1936): El príncipe muerto en Éibar

Un príncipe de sangre real, tío del rey Juan Carlos I, que dejó la comodidad del exilio para unirse al bando sublevado. Descubre la trágica historia de Carlos de Borbón-Dos Sicilias, el noble que murió como un simple soldado durante la cruenta batalla de Éibar en 1936. Historia, Guerra Civil y leyenda.

Carlos de Borbón-Dos Sicilias: El trágico final del príncipe que murió en la Batalla de Éibar

No llevaba corona ni capa, sino el uniforme raído de un alférez de complemento. Cuando las balas silbaban en las calles de Éibar, Carlos de Borbón-Dos Sicilias y Orleans, príncipe de sangre y tío abuelo del actual rey Felipe VI, no dudó en exponerse al fuego. Era el 27 de septiembre de 1936. Un proyectil perdido le alcanzó en la frente, segando la vida de un hombre que, pudiendo vivir en la seguridad del exilio, eligió la trinchera.

Su historia es una de las más singulares y desconocidas de la Guerra Civil Española: la de un miembro de la Casa de Borbón caído en combate, un nexo de unión entre la monarquía derrocada y el Alzamiento Nacional.

Un infante sin corona: Orígenes y juventud

Nacido el 5 de septiembre de 1908 en Santillana del Mar (Santander), su vida estuvo marcada por el privilegio dinástico desde la cuna. Era hijo del infante Carlos de Borbón (cuyo primer matrimonio fue con la heredera de Alfonso XII) y de Luisa de Orleans. Su madre era hermana de la abuela paterna de Juan Carlos I, lo que le convertía en un príncipe de las Dos Sicilias con profundas raíces en la corte española.

Un mes antes de su nacimiento, el rey Alfonso XIII dictó que el niño gozara de la grandeza de Alteza Real y las preeminencias de los Infantes de España, aunque sin el título formal.

Creció entre Madrid y Sevilla, donde su padre fue Capitán General. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Murcia, graduándose en 1929, lejos del bullicio palaciego, pero siempre dentro de la alta nobleza.

El exilio y la llamada de la guerra

El 14 de abril de 1931, con la proclamación de la Segunda República, la familia real partió al exilio. Carlos, fiel a Alfonso XIII, abandonó España. Durante aquellos años grises en el extranjero, mantuvo un romance con su prima, la princesa Teresa de Orleans-Braganza, e intentó reconstruir una vida alejada del trono perdido.

Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil Española el 17 de julio de 1936 lo cambió todo. A diferencia de otros nobles que esperaron desde Francia o Portugal, Carlos sintió la urgencia del deber.

El príncipe solicitó permiso al monarca exiliado para alistarse como voluntario en el bando sublevado. No pidió un puesto cómodo en la retaguardia ni un rango honorífico. El 30 de julio de 1936 se presentó en la comandancia militar de Pamplona, ofreciendo su brazo y su nombre a la causa nacional.

El fin en la línea de fuego de Éibar

Con el rango de Alférez de complemento, fue destinado al frente norte, donde el Ejército Nacional avanzaba hacia la toma de San Sebastián. Su destino final fue la batalla por la conquista de Éibar (Gipuzkoa), una villa obrera y estratégica que resistía tenazmente.

El 27 de septiembre de 1936, mientras participaba en una de las acciones bélicas para asegurar la localidad, un proyectil de artillería o de fusil le impactó de lleno en la frente. Según las crónicas de la época, la muerte fue instantánea. Tenía solo 28 años.

La noticia conmocionó a la zona nacional. Un príncipe de la Casa de Borbón, hijo de un infante de España, había muerto en el barro, como un soldado más. Esta combinación de gloria dinástica y sacrificio anónimo lo convirtió en un mártir para la causa franquista.

Legado y sepultura en Sevilla

Inicialmente sepultado en el cementerio de Tolosa, sus restos no descansaron ahí para siempre. El 9 de junio de 1941, casi cinco años después de su muerte y con la guerra ya ganada por el bando sublevado, sus cenizas fueron trasladadas con honores a la iglesia del Divino Salvador de Sevilla.

Hoy reposa en la cripta de este templo, en la misma ciudad donde pasó su juventud. Su hermana, María de las Mercedes de Borbón, fue la madre del rey Juan Carlos I. Por lo tanto, este príncipe caído en Éibar es tío abuelo del actual monarca emérito y bisabuelo de Felipe VI.

Conclusión: Entre la leyenda y el olvido

Carlos de Borbón-Dos Sicilias y Orleans no llegó a reinar, ni a casarse, ni a escribir grandes tratados. Su relevancia histórica reside en su sacrificio personal. En una Europa donde las casas reales miraban hacia otro lado, este joven cogió un fusil y murió por lo que creía.

Su tumba en Sevilla es un lugar de memoria para los monárquicos, pero sobre todo, su historia es un recordatorio brutal de cómo la Guerra Civil no hizo distinciones de cuna: ni los campesinos de Éibar ni los príncipes de Borbón escaparon de la metralla.


viernes, 8 de mayo de 2026

Borbón y Borbón, Eulalia de (1864-1958): La Infanta rebelde ante la Guerra Civil

Infanta rebelde, feminista y republicana. Descubre el papel crucial de Eulalia de Borbón durante la Guerra Civil Española y su polémico apoyo a Franco.

Eulalia de Borbón: La “infanta roja” que desafió a su familia y abrazó la causa nacional

En la historia de España, pocos personajes reales han resultado tan incómodos como la infanta Eulalia de Borbón. Hija de la reina Isabel II, sobrina de Alfonso XII y tía de Alfonso XIII, su vida fue un constante pulso contra las convenciones de la corte. Pero si hay un periodo donde su figura se vuelve más compleja y fascinante, es durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y la posterior dictadura franquista.

Lejos de morir en el olvido, esta mujer de 72 años cuando estalló el conflicto, encontró en la contienda una oportunidad para regresar del ostracismo al que la había condenado su familia. Esta es la historia de cómo la “Infanta Roja” se convirtió en una aliada inesperada del bando sublevado.

¿Quién era Eulalia de Borbón? La “loca” de la familia

Para entender su papel en la Guerra Civil, hay que comprender su carácter. Conocida por sus ideas feministas y liberales, Eulalia fue una de las primeras royals europeas en separarse legalmente de su marido, Antonio de Orleans, duque de Galliera.

Su pluma le trajo problemas con la Corona. En 1911 publicó Au fil de la vie (A lo largo de la vida), un libro donde criticaba abiertamente a la monarquía y la sociedad conservadora española. Su sobrino, el rey Alfonso XIII, la exilió de España y le retiró la asignación económica, calificándola de “infanta republicana. Este distanciamiento duró décadas.

El estallido de la Guerra: La vieja Infanta toma partido

Cuando el 18 de julio de 1936 se produce el alzamiento militar contra la Segunda República, Eulalia reside habitualmente entre París e Irún. A diferencia de la mayoría de la realeza europea, que mostró simpatías por el bando republicano o se mantuvo neutral (como la familia de Alfonso XIII, exiliada en Italia), la infanta Eulalia dio un giro radical.

A pesar de ser llamada “republicana”, su odio visceral hacia la izquierda revolucionaria que quemaba iglesias y su profundo catolicismo –aunque heterodoxo– la inclinaron rápidamente hacia el bando sublevado.
Sin embargo, su papel no fue diplomático, sino simbólico y material. Varias fuentes señalan que donó joyas y parte de su patrimonio para financiar a los militares sublevados .

Su oscura conexión con Franco: el regreso a España

La verdadera recompensa para Eulalia llegó con la victoria de Francisco Franco. A diferencia de su sobrino, Juan de Borbón (pretendiente al trono), la infanta supo conectar con el Caudillo.

En 1939, finalizada la guerra, Eulalia solicitó permiso para regresar a España. Según consta en archivos históricos y biografías como La infanta republicana de José María Zavala, Franco no solo le permitió el regreso, sino que la trató con una deferencia especial.

El momento más significativo del “pacto” entre la vieja infanta y el dictador ocurrió en 1942. En plena posguerra, el régimen de Franco le concedió a Eulalia de Borbón dos lujos en aquella España de racionamiento: un coche oficial y un chófer de por vida . Para una mujer nonagenaria que había vivido exiliada y en dificultades económicas relativas, esto supuso un salvavidas y un espaldarazo social.

Legado en la Dictadura: una tumba en El Escorial

La “Infanta Roja” falleció finalmente el 8 de marzo de 1958 (Día Internacional de la Mujer, curiosamente) en su villa de Irún

. Gracias a su apoyo al Alzamiento Nacional, el régimen franquista le concedió los honores propios de una hija de reina.

Sus restos descansan en el Panteón de los Infantes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, el lugar reservado para los miembros más ilustres de la realeza española. Un final digno para quien, en su juventud, fue repudiada por la misma familia que ahora la reclamaba.

Conclusión: ¿republicana o superviviente?

La historia de Eulalia de Borbón durante la Guerra Civil Española es la paradoja de una liberal que abrazó a un dictador. ¿Fue por convicción religiosa? ¿Por venganza contra Alfonso XIII? ¿O simple instinto de supervivencia para recuperar su lugar en España? Lo cierto es que su inteligencia política le permitió navegar entre el odio de los republicanos y el desprecio de los monárquicos alfonsinos, encontrando en Franco un mecenas inesperado.

Su figura sigue siendo un fascinante objeto de estudio para entender que, en las guerras civiles, las lealtades nunca son blancas o negras, sino del color más complejo: el púrpura real.

jueves, 7 de mayo de 2026

Bonilla Marín, Gabriel (1888-1965): República, exilio y depuración

Catedrático, masón y consejero de Estado durante la II República. Gabriel Bonilla Marín sufrió la brutal depuración franquista, fue condenado por masonería y se exilió en México, donde impulsó la seguridad social. Un riguroso repaso a su papel clave en la Guerra Civil y su legado como jurista exiliado.

 

GABRIEL BONILLA: El jurista que desafió al franquismo desde la cátedra y el exilio

En el fragor del verano de 1936, mientras España se desangraba, un catedrático granadino recibía el encargo más alto de la II República: ser Consejero Permanente de Estado. Apenas unos meses después, ese mismo hombre, Gabriel Bonilla Marín, sería acusado por el bando sublevado de ser "marxista de acción y revolucionario cabecilla".

Iniciado en la masonería con el nombre simbólico de "Iliberi", amigo de Diego Martínez Barrio y compañero de fatigas de Fernando de los Ríos, Bonilla representa el arquetipo del intelectual republicano que el franquismo intentó borrar del mapa. Su historia no es solo la de un brillante jurista, es el retrato de la represión ideológica y del exilio constructor. Desde las aulas de Granada hasta la redacción del seguro social mexicano, este es el relato de un hombre que llevó la justicia social más allá de las fronteras.

El forjador de ideas: formación y compromiso intelectual

Nacido en Jaén en 1888, Gabriel Bonilla Marín fue un prodigio académico. Licenciado en Derecho con premio y en Filosofía y Letras, obtuvo el doctorado por la Universidad Central en 1911.

Pero lo que le diferenciaría del resto fue su sed de conocimiento europeo. Solicitó en reiteradas ocasiones una pensión a la Junta para Ampliación de Estudios (JAE) para beber de las fuentes del derecho alemán y suizo.

Finalmente, entre 1921 y 1923, estudió en Berlín, Leipzig y Múnich. Asistió a las lecciones de grandes juristas como Stammler y Kisch, empapándose de las modernas orientaciones del Derecho Procesal Civil.

Esta formación cosmopolita lo convirtió en un experto en seguridad social y Derecho privado, materias que aplicaría al regresar a España como catedrático de Procedimientos Judiciales en la Universidad de Granada (1919).

La Guerra Civil y el ascenso a Consejero de Estado

Aunque la guerra comenzó en julio de 1936, fue en los estertores de la República cuando Bonilla alcanzó su cota política más alta. El 28 de agosto de 1936, el gobierno lo nombró Consejero Permanente de Estado, llegando a ejercer como presidente accidental del mismo.

Este cargo, de la máxima relevancia jurídica, lo situó en el punto de mira del bando sublevado. Su papel no fue militar, sino institucional: fue uno de los pilares legales que sostuvo la legitimidad republicana durante la contienda. Su militancia activa en Izquierda Republicana, partido de Manuel Azaña, y su candidatura a Cortes por Jaén, terminaron por sellar su destino.

La saña franquista: depuración, masonería y cárcel

La victoria de Franco desencadenó una cacería implacable contra los intelectuales. Bonilla no solo perdió su cátedra en Granada, sino que fue objeto de un expediente de depuración el 20 de enero de 1937.

Los informes del Rectorado y del Gobierno Civil fueron lapidarios: se le acusaba de ser director de actividades revolucionarias y masón.

El Triple Castigo

Bonilla sufrió tres frentes de represión:

  1. Depuración profesional: Separado definitivamente del servicio y baja en el escalafón (1937).

  2. Tribunal de Masonería (TERMC): Condenado en 1942 a 12 años y un día de reclusión mayor por pertenencia a la Logia Alhambra, donde había sido Venerable Maestro

  1. Responsabilidades Políticas: Sentenciado a 15 años de confinamiento y una multa de 200,000 pesetas (posteriormente reducida a 20,000)

La represión no cesó en el exilio. Bonilla fue procesado en rebeldía, y aunque logró huir, su sombra persiguió a su familia en España.


El exilio fecundo: México y la creación del Seguro Social

Bonilla Marín abordó el vapor Sinaia en Sète (Francia) y llegó a Veracruz el 13 de junio de 1939. Lejos de hundirse en la nostalgia, se convirtió en un pilar de la reconstrucción del exilio.

En México, su saber jurídico fue aprovechado por el presidente Lázaro Cárdenas. Se incorporó a la Comisión de Estudios de la Presidencia de la República, donde fue el principal redactor del proyecto de la Ley del Seguro Social mexicana (1941-1942).

Paralelamente, ejerció como profesor en la Escuela Nacional de Economía de la UNAM, formando a nuevas generaciones en Teoría del Seguro Social y Derecho Obrero. Su obra Teoría del seguro social (1945) y sus colaboraciones en la Revista de la Facultad de Derecho de la UNAM consolidaron su legado americanista.

El regreso amargo y la muerte en el olvido

Viejo y enfermo, Bonilla regresó a España en 1962. Confiado en la prescripción de sus "delitos", se presentó voluntariamente ante el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería. El resultado fue desolador: le confirmaron la condena, aunque le conmutaron la pena por 6 años de reclusión (en libertad vigilada).

Incapaz de vivir vigilado y roto de salud, regresó a México, donde murió en 1965. No fue hasta el siglo XXI, concretamente en 2021, cuando la Universidad de Granada le rindió honores y reparó su memoria junto a los 34 docentes represaliados.

 


 

miércoles, 6 de mayo de 2026

Bolloten, Burnett (1909-1987): El Historiador que desmontó la Guerra Civil

Descubre la vida de Burnett Bolloten, el corresponsal que desafió el relato oficial de la Guerra Civil Española. Analizamos su obra monumental "Revolución y Contrarrevolución" y su tesis sobre el papel del Partido Comunista en la zona republicana. Una investigación histórica esencial.

 

Burnett Bolloten: El corresponsal que reveló la lucha interna en la zona republicana

Imagina ser testigo de una revolución social tan profunda como la rusa, y al mismo tiempo, observar cómo una potencia extranjera la frena por completo desde dentro. Esa fue la atalaya privilegiada, y a la vez la maldición, de Burnett Bolloten. Para la mayoría, la Guerra Civil Española fue una lucha entre dos bandos. Para este galés, fue un escenario de "Gran Engaño".

Mientras la izquierda internacional vitoreaba a la República, Bolloten se dedicó a desmontar sus mitos internos. Desde sus días como corresponsal de la United Press hasta convertirse en el historiador más incómodo para el estalinismo, su vida es el ejemplo perfecto de cómo la obsesión por la verdad puede construirse archivo a archivo.

De corresponsal "procomunista" a disidente: el cambio de mirada

Burnett Bolloten nació en Bangor, Gales, en 1909. Llegó a España en 1936 como simple corresponsal o, según sus propias palabras, un turista de vacaciones. Al estallar la contienda, empezó a cubrir la guerra para la United Press.

Según el historiador Paul Preston, en aquellos primeros momentos Bolloten tenía "simpatías procomunistas"

. Sin embargo, tres factores cruciales cambiaron su perspectiva para siempre:

  1. El asesinato de Trotsky en México, que le hizo ver la mano larga de Moscú.

  2. Los sucesos de mayo de 1937, donde fue testigo de cómo los comunistas aplastaban a anarquistas y al POUM en Barcelona.

  3. El control soviético sobre las instituciones.

Bolloten descubrió que la revolución social (colectivizaciones, milicias) estaba siendo sofocada por el Partido Comunista de España (PCE) para no asustar a las democracias occidentales. Este sería el núcleo de su vida académica.

El gran engaño: La tesis de la conspiración comunista

En 1961 publicó su primera gran obra: El Gran Engaño: Las izquierdas y su lucha por el poder en la zona republicana (originalmente The Grand Camouflage). El título era una declaración de intenciones.

Bolloten sostenía una tesis provocadora y rigurosa basada en documentos:

  • La paradoja revolucionaria: Mientras en el campo y las fábricas se vivía un proceso colectivizador "más profundo en algunos aspectos que la revolución bolchevique", el PCE trabajaba para restaurar el orden burgués en nombre de la "disciplina".

  • El papel de Negrín: Bolloten identificó a Juan Negrín como el "gran villano", un títere eficaz de la estrategia comunista, algo que le granjeó críticas de otros historiadores como Ángel Viñas.
  • La pequeña burguesía armada: En Cataluña, según documentó, los comunistas armaron a 18.000 comerciantes y empresarios para contrarrestar el poder de los sindicatos.

"La revolución Española, fue en muchos casos más profunda que la Rusa, no hay parangón en la historia de un caso de encubrimiento internacional, de los hechos, como este."Burnett Bolloten.

La obra cumbre: "Revolución y Contrarrevolución"

Si sus primeros libros causaron revuelo, su legado final fue una auténtica losa para la historiografía oficial. Publicado de forma póstuma en 1989 (The Spanish Civil War: Revolution and Counterrevolution), este volumen de más de 1.200 páginas es la culminación de 50 años de trabajo.

Para escribir esta obra, Bolloten no solo usó su memoria. Reunió uno de los archivos personales más importantes del mundo, que hoy se conserva en la prestigiosa Institución Hoover de la Universidad de Stanford.

¿Por qué es única esta obra?

Su archivo personal contiene desde recortes de prensa día a día hasta cartas manuscritas de líderes como Jordi Arquer, Julián Gorkin o Indalecio Prieto

. No solo leía la historia; se carteaba con sus protagonistas para contrastar versiones. Su correspondencia de los años 40 y 50 con figuras del anarquismo y el POUM es una fuente primaria invaluable.

Un historiador incómodo y su legado

¿Fue Bolloten un visionario o un historiador con una "obsesión" contra los comunistas? El debate historiográfico sigue abierto. Mientras que el situacionista Guy Debord lo comparó con Tucídides por su "impasibilidad", Adrian Shubert critica que su relato "solo actúan los comunistas" y el resto reaccionan de forma inefica.

Lo que es innegable es su influencia. Gracias a su trabajo, hoy podemos separar los mitos de la propaganda en la zona republicana. Entendemos que la Guerra Civil Española no fue solo una lucha contra el fascismo, sino una guerra de tres bandos: fascistas, demócratas y revolucionarios, donde los últimos fueron cruelmente "camuflados" por la geopolítica de Stalin.

Burnett Bolloten murió en Sunnyvale, California, en 1987, dejando una lección vigente: a veces, la tarea más revolucionaria es simplemente contar la verdad sin slogans.

martes, 5 de mayo de 2026

Bolívar y Urrutia, Ignacio (1859-1944): Ciencia, República y exilio

Ignacio Bolívar: El naturalista que llevó la ciencia española al exilio

Imagina a un científico de 89 años, con una trayectoria brillante a sus espaldas, obligado a huir de su país en un barco con destino a América. No es un personaje de ficción. Es Ignacio Bolívar y Urrutia, el entomólogo más importante de la historia de España y una figura clave en la Edad de Plata de la ciencia española, cuya vida quedó marcada para siempre por el estallido de la Guerra Civil Española.

En esta entrada, como experto en historia y divulgación, te contamos su fascinante historia, centrándonos en su papel como gestor científico durante la contienda y su posterior exilio, un legado que no fue reconocido oficialmente en España hasta 2019


¿Quién fue Ignacio Bolívar? El padre de la entomología ibérica

Nacido en Madrid en 1850, Ignacio Bolívar se doctoró en Ciencias Naturales en la Universidad Central. Fue el miembro más joven de los catorce fundadores de la Sociedad Española de Historia Natural y se convirtió en la máxima autoridad mundial en ortópteros (saltamontes, grillos y langostas).

Un gestor excepcional

Su verdadera revolución no fue solo científica, sino institucional. Ocupó cargos de máxima responsabilidad que le permitieron modernizar el país:

  • Director del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) de Madrid durante casi cuatro décadas (1901-1939).

  • Director del Real Jardín Botánico de Madrid (1921-1930).

  • Miembro de la Real Academia Española (1931) y de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.

Según la Biblioteca Nacional de España, su labor fue crucial para la renovación de los estudios de ciencias naturales, apostando por la enseñanza práctica y la conexión con Europa.


Su papel en la Guerra Civil Española: Presidente de la Junta de Ampliación de Estudios

Aquí es donde la historia de Bolívar se cruza con la política y el drama de la Guerra Civil. En 1934, tras la muerte del insigne Santiago Ramón y Cajal, Bolívar fue nombrado Presidente de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE).

¿Qué era la JAE?

La JAE fue el organismo más importante para el fomento de la investigación en España durante el primer tercio del siglo XX. Gracias a ella, generaciones de científicos estudiaron en el extranjero.

Bolívar la presidió durante toda la guerra (1934-1939). En pleno conflicto bélico, mientras las balas silbaban en las calles, este científico de 86 años intentó mantener a flote la estructura científica del país, protegiendo a investigadores y gestionando una institución que el bando sublevado consideraba un "nido de rojos" por su vinculación con la Institución Libre de Enseñanza y el krausismo.

El derrumbe y la huida

Con la victoria franquista en 1939, la JAE fue disuelta. Las depuraciones del nuevo régimen barrieron a cientos de intelectuales e investigadores. Bolívar, coherente con sus ideales republicanos y su defensa de la libertad de cátedra, no tuvo opción. A sus 89 años, cruzó los Pirineos hacia el exilio en el sur de Francia y, poco después, embarcó hacia México.

Dato clave: En 2019, el Gobierno de España reconoció la "ilegitimidad" de las sanciones franquistas impuestas a Bolívar y a otros seis académicos, devolviéndoles simbólicamente su honor.


El exilio en México: Un renacer científico

Lejos de jubilarse, México supuso un renacimiento para Ignacio Bolívar. Llegó en julio de 1939 al puerto de Veracruz, en el barco Monterrey, acompañado de su hijo, el también entomólogo Cándido Bolívar.

Fundación de la revista "Ciencia"

Con 90 años cumplidos, fundó en 1940 la revista Ciencia: revista hispanoamericana de ciencias puras y aplicadas. Esta publicación se convirtió en el órgano de expresión del exilio científico republicano y el puente de unión entre los intelectuales españoles y los científicos mexicanos y latinoamericanos.

Reconocimiento en tierra azteca

Lejos del olvido que sufrió en la España franquista, en México fue tratado como una celebridad. Fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y miembro honorario de La Casa de España (hoy Colegio de México.


Legado y memoria: El regreso del honor

Ignacio Bolívar murió en Ciudad de México el 19 de noviembre de 1944, a los 94 años. Durante décadas, su muerte pasó inadvertida en su país natal, pero su legado es imborrable:

  • Describió más de 1.000 especies y 200 géneros nuevos para la ciencia.

  • Publicó más de 300 libros y monografías.

  • Su biblioteca y archivo personal, conservados por sus herederos, están siendo digitalizados por la Biblioteca Nacional de España pertenecen al dominio público desde 2025.

El 30 de enero de 2019, en un acto solemne en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, el gobierno socialista de Pedro Duque entregó a sus familiares un diploma que reparaba el agravio. Ignacio Bolívar, el sabio de los saltamontes, volvía a casa.

Conclusión

La historia de Ignacio Bolívar es la historia de la ciencia española: brillante, moderna, republicana y truncada. Pero también es una historia de resiliencia. Su figura nos recuerda que el conocimiento no entiende de fronteras y que, incluso en el exilio, la pasión por la investigación puede construir puentes.