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sábado, 9 de mayo de 2026

Borbón Dos Sicilias y Orleans, Carlos de Borbón (1908-1936): El príncipe muerto en Éibar

Un príncipe de sangre real, tío del rey Juan Carlos I, que dejó la comodidad del exilio para unirse al bando sublevado. Descubre la trágica historia de Carlos de Borbón-Dos Sicilias, el noble que murió como un simple soldado durante la cruenta batalla de Éibar en 1936. Historia, Guerra Civil y leyenda.

Carlos de Borbón-Dos Sicilias: El trágico final del príncipe que murió en la Batalla de Éibar

No llevaba corona ni capa, sino el uniforme raído de un alférez de complemento. Cuando las balas silbaban en las calles de Éibar, Carlos de Borbón-Dos Sicilias y Orleans, príncipe de sangre y tío abuelo del actual rey Felipe VI, no dudó en exponerse al fuego. Era el 27 de septiembre de 1936. Un proyectil perdido le alcanzó en la frente, segando la vida de un hombre que, pudiendo vivir en la seguridad del exilio, eligió la trinchera.

Su historia es una de las más singulares y desconocidas de la Guerra Civil Española: la de un miembro de la Casa de Borbón caído en combate, un nexo de unión entre la monarquía derrocada y el Alzamiento Nacional.

Un infante sin corona: Orígenes y juventud

Nacido el 5 de septiembre de 1908 en Santillana del Mar (Santander), su vida estuvo marcada por el privilegio dinástico desde la cuna. Era hijo del infante Carlos de Borbón (cuyo primer matrimonio fue con la heredera de Alfonso XII) y de Luisa de Orleans. Su madre era hermana de la abuela paterna de Juan Carlos I, lo que le convertía en un príncipe de las Dos Sicilias con profundas raíces en la corte española.

Un mes antes de su nacimiento, el rey Alfonso XIII dictó que el niño gozara de la grandeza de Alteza Real y las preeminencias de los Infantes de España, aunque sin el título formal.

Creció entre Madrid y Sevilla, donde su padre fue Capitán General. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Murcia, graduándose en 1929, lejos del bullicio palaciego, pero siempre dentro de la alta nobleza.

El exilio y la llamada de la guerra

El 14 de abril de 1931, con la proclamación de la Segunda República, la familia real partió al exilio. Carlos, fiel a Alfonso XIII, abandonó España. Durante aquellos años grises en el extranjero, mantuvo un romance con su prima, la princesa Teresa de Orleans-Braganza, e intentó reconstruir una vida alejada del trono perdido.

Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil Española el 17 de julio de 1936 lo cambió todo. A diferencia de otros nobles que esperaron desde Francia o Portugal, Carlos sintió la urgencia del deber.

El príncipe solicitó permiso al monarca exiliado para alistarse como voluntario en el bando sublevado. No pidió un puesto cómodo en la retaguardia ni un rango honorífico. El 30 de julio de 1936 se presentó en la comandancia militar de Pamplona, ofreciendo su brazo y su nombre a la causa nacional.

El fin en la línea de fuego de Éibar

Con el rango de Alférez de complemento, fue destinado al frente norte, donde el Ejército Nacional avanzaba hacia la toma de San Sebastián. Su destino final fue la batalla por la conquista de Éibar (Gipuzkoa), una villa obrera y estratégica que resistía tenazmente.

El 27 de septiembre de 1936, mientras participaba en una de las acciones bélicas para asegurar la localidad, un proyectil de artillería o de fusil le impactó de lleno en la frente. Según las crónicas de la época, la muerte fue instantánea. Tenía solo 28 años.

La noticia conmocionó a la zona nacional. Un príncipe de la Casa de Borbón, hijo de un infante de España, había muerto en el barro, como un soldado más. Esta combinación de gloria dinástica y sacrificio anónimo lo convirtió en un mártir para la causa franquista.

Legado y sepultura en Sevilla

Inicialmente sepultado en el cementerio de Tolosa, sus restos no descansaron ahí para siempre. El 9 de junio de 1941, casi cinco años después de su muerte y con la guerra ya ganada por el bando sublevado, sus cenizas fueron trasladadas con honores a la iglesia del Divino Salvador de Sevilla.

Hoy reposa en la cripta de este templo, en la misma ciudad donde pasó su juventud. Su hermana, María de las Mercedes de Borbón, fue la madre del rey Juan Carlos I. Por lo tanto, este príncipe caído en Éibar es tío abuelo del actual monarca emérito y bisabuelo de Felipe VI.

Conclusión: Entre la leyenda y el olvido

Carlos de Borbón-Dos Sicilias y Orleans no llegó a reinar, ni a casarse, ni a escribir grandes tratados. Su relevancia histórica reside en su sacrificio personal. En una Europa donde las casas reales miraban hacia otro lado, este joven cogió un fusil y murió por lo que creía.

Su tumba en Sevilla es un lugar de memoria para los monárquicos, pero sobre todo, su historia es un recordatorio brutal de cómo la Guerra Civil no hizo distinciones de cuna: ni los campesinos de Éibar ni los príncipes de Borbón escaparon de la metralla.


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