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lunes, 11 de mayo de 2026

Borrás Ferré, Manuel (1880-1936): El Obispo auxiliar que murió perdonando

Descubre la historia del Beato Manuel Borrás Ferré, obispo auxiliar de Tarragona asesinado en 1936. Conoce su labor, su detención junto al Cardenal Vidal y Barraquer y su martirio durante la Guerra Civil Española.

El silencio del que bendecía

En la oscuridad de la madrugada del 12 de agosto de 1936, en un paraje solitario camino del Coll de Lilla (Tarragona), un obispo vestido de paisano se enfrentaba a su final. Lejos del boato de la curia, Manuel Borrás Ferré no opuso resistencia. Testigos presenciales (los propios milicianos que lo ejecutaron) relataron que, tras recibir los disparos, cayó al suelo en actitud de bendecir a sus verdugos.

Su historia es la de un hombre fiel a su grey, colaborador estrecho del Cardenal Vidal y Barraquer, y una de las 521 víctimas beatificadas en Tarragona en 2013 por el Papa Francisco. A continuación, reconstruimos su legado.

De la Canonja a la consagración Episcopal (1880-1934)

Manuel Borrás Ferré nació el 9 de septiembre de 1880 en La Canonja, un municipio cercano a Tarragona. Su vocación temprana le llevó a ordenarse sacerdote en 1903, a los 23 años. Durante sus primeros años ejerció como notario de la curia eclesiástica y confesor del Seminario Pontificio.

Su gran oportunidad llegó en 1914, cuando el entonces obispo de Solsona, Francisco Vidal y Barraquer, lo nombró secretario de cámara y posteriormente vicario general. Nació así una colaboración teológica y personal que duraría décadas. Cuando Vidal y Barraquer fue nombrado Cardenal Arzobispo de Tarragona, Borrás le siguió.

El 2 de julio de 1934, fue consagrado Obispo titular de Bísica y nombrado Obispo Auxiliar de Tarragona, convirtiéndose en el brazo derecho del Cardenal en el gobierno de la diócesis.

El estallido de la Guerra Civil: detención y cautiverio

Con el golpe de Estado de julio de 1936 y el posterior fracaso de la sublevación en Cataluña, Tarragona quedó bajo control del gobierno del Frente Popular. Inmediatamente, se desató una fuerte persecución anticlerical.

La noche del 21 de julio de 1936, agentes de la Generalitat irrumpieron en el palacio arzobispal. Su misión era trasladar al Cardenal Vidal y Barraquer y a su obispo auxiliar fuera de la ciudad para "protegerlos" (o, en la práctica, para aislarlos). Ambos fueron llevados inicialmente al Monasterio de Poblet.

La Separación en Montblanch

El 23 de julio, un coche de milicianos reclamó al Cardenal. Gracias a las gestiones del gobierno catalán (que intentaba salvar la imagen del cardenal frente a los comités revolucionarios), Vidal y Barraquer fue liberado y escoltado para finalmente exiliarse a Italia. Sin embargo, a Monseñor Borrás le fue negado el perdón.

Mientras intentaban esconderlo en un molino de la Casa Girona en Poblet, fue delatado por un colaborador. El 24 de julio fue trasladado a la cárcel de Montblanch, donde pasó 19 días encerrado mientras el cardenal era puesto a salvo.

El martirio en el Coll de Lilla (12 de agosto de 1936)

La madrugada del 12 de agosto de 1936, bajo el pretexto de llevarlo a declarar ante un "tribunal popular" en Tarragona, subieron a Manuel Borrás en la caja de un camión.

  • El lugar: La comitiva se detuvo a 3,5 kilómetros de Montblanch, antes del cruce que lleva al Coll de Lilla.

  • La ejecución: Le obligaron a bajar. Tras una breve parada, una ráfaga de fusilería acabó con su vida. Tenía 55 años.

  • La profanación: Pero el odio no cesó con la muerte. Los milicianos rociaron el cadáver con gasolina, lo cubrieron con leña seca y le prendieron fuego para hacer desaparecer el cuerpo.

El testimonio del perdón: Uno de los miembros del pelotón de fusilamiento declaró años después, aún impresionado: “Y aún osaba bendecirnos”.

Beatificación y Legado

El reconocimiento oficial por parte de la Iglesia Católica llegó el 13 de octubre de 2013 en una ceremonia multitudinaria en Tarragona, presidida por el representante del Papa Francisco, el Card. Angelo Amato.

Ese día fue Beatificado junto a otros 145 compañeros mártires de la archidiócesis de Tarragona (entre sacerdotes, religiosos lasallistas, benedictinos y laicos), siendo parte del grupo conocido como los 522 Mártires Españoles del siglo XX.

Su festividad se celebra el 12 de agosto, fecha de su martirio.

Conclusión

Manuel Borrás Ferré no murió en una batalla, sino como consecuencia de su fe. Su figura representa a esos miles de clérigos y religiosos que, atrapados en la retaguardia republicana, sufrieron la crudeza de la Guerra Civil española sin empuñar un arma. Su legado es el del perdón in extremis, un "perdón" que aún resuena como el eco del tiro en el Coll de Lilla.

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