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martes, 17 de octubre de 2017

Cuestión catalana en la II República

La independencia no ha sido la primera opción del movimiento catalanista mayoritario. El independentismo ha sido la consecuencia de la negativa española a la autonomía o de la desilusión ante el deterioro de su autonomía o su insuficiencia práctica en temas básicos.

El separatismo de la agrupación Estat Català de Francesc Macià en los años veinte fue la consecuencia de la negativa del Congreso español a un estatuto de autonomía para Cataluña en 1919 y de la dictadura de Primo de Rivera, que liquidó en 1925 la modesta Mancomunitat de Catalunya, una federación de las cuatro diputaciones provinciales, constituida en 1914. Pero Macià, que era independentista de la Monarquía española, no lo era de una República, especialmente cuando los republicanos y socialistas españoles prometieron la autonomía de Cataluña en el Pacto de San Sebastián de agosto de 1930.

La victoria aplastante de ERC en los comicios locales del 12 de abril de 1931 fue un vuelco electoral que solo se explica por la experiencia de que bajo la monarquía era imposible la autonomía de Cataluña. Se consideraba fracasada la estrategia posibilista de la Lliga Regionalista de Cambó, que aceptaba el marco de una monarquía que se había deslegitimado avalando seis años de dictadura.

El 14 de abril de 1931, Macià proclamó en Barcelona la República Catalana horas antes que en Madrid. Tres días después la retiró y la sustituyó por un gobierno provisional de la Generalitat. La confianza de los catalanes en la República era en aquel momento ilimitada porque gobernaban en España los partidos del Pacto de San Sebastián. Constituyó una primera desilusión la oposición que las Cortes constituyentes de izquierdas ofrecieron al moderado estatuto aprobado en Cataluña por el 75 por ciento del censo electoral en agosto de 1931.

Un año después, la sanjurjada fue un toque de alerta para todos y se acabó aprobando un Estatuto en septiembre de 1932, pero notoriamente recortado en dos aspectos cruciales: la enseñanza y la financiación. A pesar de todo, Macià y ERC consideraron que era válido. La desconfianza empezó con la victoria electoral de las derechas en noviembre de 1933.

En el contexto de la gran depresión, Hitler acabó con la democracia en Alemania. La paz en Europa volvía a estar amenazada. Mientras tanto, crecía la influencia del modelo soviético, a pesar de la autocracia de Stalin y sus enormes costes humanos. Los socialistas españoles amenazaron con una huelga insurreccional si la CEDA de Gil Robles entraba en el poder. Ello era inevitable porque la derecha católica y centralista era la primera minoría parlamentaria, pero los socialistas temían que hundiese la República desde el Gobierno.

Un país polarizado

Los dos grandes partidos catalanistas dominaban el panorama político catalán. Los partidos españoles eran en aquel momento insignificantes en Cataluña, no así la CNT. ERC i Lliga Catalana, en vez de jugar el papel estabilizador que les correspondía como centro-izquierda y centro-derecha que eran, se dejaron arrastar por la polarización española y se pelearon por la cuestión agraria catalana de los rabassaires. Cuando quisieron restablecer los puentes, en septiembre de 1934, ya era tarde. Sin duda, la conflictividad social dificultaba una relación normal entre los dos grandes partidos catalanistas, pero debían haber superado el obstáculo para asegurar el despliegue y consolidación autonómicos.


El presidente Lluís Companys, que había sucedido a Macià, muerto a finales de 1933, declaró el 6 de octubre de 1934 el Estado Catalán dentro de la República Federal Española. La II República no era federal. No fue un golpe separatista como se dijo. Fue un gesto de revuelta al lado de las extremas izquierdas españolas, que en Asturias se convirtió en un amago de guerra civil. La revuelta de la Generalitat solo duró diez horas y capituló ante el Ejército. A treinta años de presidio fueron condenados los miembros del Consejo de la Generalitat, y el Estatuto quedó suspendido. El Frente Popular español prometió el restablecimiento total de la autonomía catalana junto con la amnistía y ganó en las elecciones de febrero de 1936, pero la conspiración contra la República ya era imparable. Companys recuperó la presidencia. Durante la primavera de 1936 hubo menos violencia en Cataluña que en Madrid y la normalidad política se iba estableciendo.

Reacción al 19 de julio

El apoyo civil al levantamiento militar el 19 de julio de 1936 fue mínimo en Cataluña. Los que desencadenaron la Guerra Civil lo hicieron contra la autonomía catalana, pero la contienda dividió a los catalanes. Durante el eclipse del poder del Estado republicano de los primeros meses, la Generalitat intentó cubrirlo y se puede hablar de autonomía ampliada de guerra. Cataluña parecía un estado asociado. Pero después de los hechos de mayo de 1937, la Generalitat perdió la competencia de orden público, los abastos, la industria de guerra y parte del poder judicial, con lo que en 1938 tenía menos autonomía que en junio de 1936.

El Estado en la zona republicana, en una situación de guerra y revolución, había crecido mucho hasta 1938, y dejar a la Generalitat con un poder inferior al de junio de 1936 era reducirla a una simple diputación, como escribía Companys a Negrín en abril de 1938. En 1939, Franco conseguía suprimir del todo lo que quedaba de la autonomía catalana.

Este artículo fue publicado inicialmente en LA AVENTURA DE LA HISTORIA el 09/09/2014
y en el periódico El Mundo

sábado, 7 de octubre de 2017

Guerra civil española, en Marruecos

El libro ´Camino hacia la tierra olvidada´ señala que en la actualidad la zona del norte de Marruecos alberga más de 250 asesinados por el golpe militar y la posterior represión que duró hasta el año 1945. Un noventa por ciento de las víctimas corresponden a españoles residentes en la época. El resto, son población local de origen árabe que murieron defendiendo los principios de aquella Segunda República que comenzaba a desmoronarse.

La obra se convierte en una de las primeras monografías del conflicto dentro del Protectorado Español de Marruecos, del que solo se habían realizado trabajos parciales. El libro “aporta testimonios de testigos directos de los hechos hasta ahora desconocidos, como por ejemplo el de Francisco Lara Campoy, un republicano exiliado en Francia que pasó por el campo de concentración del Mogote en Tetuán, uno de los primeros en abrirse al inicio de la guerra o una serie de documentos inéditos, como por ejemplo varios del Alto Comisariado de España en Marruecos (máxima autoridad colonial), que se encuentran depositados en el Archivo General de la Administración en Alcalá de Henares, y que arrojan luz sobre zonas oscuras de la historia del Protectorado y sobre quienes vivieron y trabajaron en él”.

El inicio del golpe durante la tarde del 17 de julio

Ramos destaca la importancia que tuvo esta zona estratégica del Norte de África en el inicio del enfrentamiento civil, ya que fue precisamente allí donde el 17 de julio de 1936 comenzó el golpe de estado contra la República. “Allí se encontraban destacadas tropas experimentadas del ejército español, cuyo control era esencial para los conspiradores golpistas. Aparte, era un lugar apartado, lejos del control del gobierno de Madrid y bajo jurisdicción fundamentalmente militar, donde la autoridad civil era muy débil, y por lo tanto un terreno donde los golpistas podían conspirar con casi total impunidad”. Fue tal la importancia que tenía para el futuro dictador Francisco Franco aquel enclave en Marruecos que siempre lo denominó como el “sillar de la victoria”, apuntan los investigadores.

La elaboración de este libro no ha sido una tarea fácil para sus autores, ya que una de la barreras ha sido la casi imposibilidad de acceso a las fuentes. Tanto Ramos como Reina destacan que “España no tuvo hasta 1985 una Ley de Archivos, y aún así es una norma muy incompleta, que no garantiza ni la conservación total de la documentación ni su acceso al público”. En el caso del Protectorado la norma se debilita aún mas, al estar fuera del marco europeo. “Tras la independencia del país en 1956, los archivos de la administración española se trasladaron a la Península, perdiéndose por el camino mucha documentación”. La información relativa al Protectorado solo es accesible a través del Archivo General de la Administración.

Feria señala que “los papeles son interesantísimos y sirve para derrumbar muchos mitos construidos desde 1939 alrededor del golpe de estado y del papel de sus promotores”. Entre los documentos más destacados señala las cartas de Alto Comisario Juan Beigbeder. “Muchos lectores lo recuerdan como personaje de la teleserie ‘El tiempo entre costuras’ que desmienten su carácter aliadófilo y demuestran su cercanía al III Reich. Y todavía queda en dicho archivo numerosa documentación pendiente de estudio”, señala Ramos.


El libro ´Camino hacia la tierra olvidada´ señala que en la actualidad la zona del norte de Marruecos alberga más de 250 asesinados por el golpe militar y la posterior represión que duró hasta el año 1945. Un noventa por ciento de las víctimas corresponden a españoles residentes en la época. El resto, son población local de origen árabe que murieron defendiendo los principios de aquella Segunda República que comenzaba a desmoronarse.

La obra se convierte en una de las primeras monografías del conflicto dentro del Protectorado Español de Marruecos, del que solo se habían realizado trabajos parciales. El libro “aporta testimonios de testigos directos de los hechos hasta ahora desconocidos, como por ejemplo el de Francisco Lara Campoy, un republicano exiliado en Francia que pasó por el campo de concentración del Mogote en Tetuán, uno de los primeros en abrirse al inicio de la guerra o una serie de documentos inéditos, como por ejemplo varios del Alto Comisariado de España en Marruecos (máxima autoridad colonial), que se encuentran depositados en el Archivo General de la Administración en Alcalá de Henares, y que arrojan luz sobre zonas oscuras de la historia del Protectorado y sobre quienes vivieron y trabajaron en él”.

El inicio del golpe durante la tarde del 17 de julio
Ramos destaca la importancia que tuvo esta zona estratégica del Norte de África en el inicio del enfrentamiento civil, ya que fue precisamente allí donde el 17 de julio de 1936 comenzó el golpe de estado contra la República. “Allí se encontraban destacadas tropas experimentadas del ejército español, cuyo control era esencial para los conspiradores golpistas. Aparte, era un lugar apartado, lejos del control del gobierno de Madrid y bajo jurisdicción fundamentalmente militar, donde la autoridad civil era muy débil, y por lo tanto un terreno donde los golpistas podían conspirar con casi total impunidad”. Fue tal la importancia que tenía para el futuro dictador Francisco Franco aquel enclave en Marruecos que siempre lo denominó como el “sillar de la victoria”, apuntan los investigadores.

La elaboración de este libro no ha sido una tarea fácil para sus autores, ya que una de la barreras ha sido la casi imposibilidad de acceso a las fuentes. Tanto Ramos como Reina destacan que “España no tuvo hasta 1985 una Ley de Archivos, y aún así es una norma muy incompleta, que no garantiza ni la conservación total de la documentación ni su acceso al público”. En el caso del Protectorado la norma se debilita aún mas, al estar fuera del marco europeo. “Tras la independencia del país en 1956, los archivos de la administración española se trasladaron a la Península, perdiéndose por el camino mucha documentación”. La información relativa al Protectorado solo es accesible a través del Archivo General de la Administración.

Feria señala que “los papeles son interesantísimos y sirve para derrumbar muchos mitos construidos desde 1939 alrededor del golpe de estado y del papel de sus promotores”. Entre los documentos más destacados señala las cartas de Alto Comisario Juan Beigbeder. “Muchos lectores lo recuerdan como personaje de la teleserie ‘El tiempo entre costuras’ que desmienten su carácter aliadófilo y demuestran su cercanía al III Reich. Y todavía queda en dicho archivo numerosa documentación pendiente de estudio”, señala Ramos.

Más de 250 asesinados en las fosas de Larache y Tetuán

El investigación de Ramos y Feria revela como en la zona de Larache y Tetuán están de momento las únicas fosas localizadas en el antiguo Protectorado Español en Marruecos, aunque en estas fosas no sólo fueron enterrados los fusilados de dichas localidades, sino también de otros lugares del protectorado como Xauen, municipio de gran afluencia turística en Marruecos y Alcazarquivir e incluso de Ceuta.

Los autores han tomado como base los datos ofrecidos por el investigador Francisco Sánchez Montoya, hasta ahora el único historiador en ofrecer cifras concretas y un listado de fallecidos. Los datos aportados concluyen que “las víctimas fueron incluso superiores a las adelantadas por el citado autor, ya que hemos encontrado los nombres y apellidos de más de 250 asesinados durante la Guerra Civil y la posguerra en el territorio del Protectorado (sin incluir Ceuta y Melilla)”.

El 90% de las víctimas fueron españolas, el resto musulmanes que o bien pertenecían a logias masónicas o se opusieron al golpe de estado y defendieron la II República. También hay que señalar que se resistieron al reclutamiento muchos jóvenes de clases populares, que provocaron la ira de las tropas golpistas formadas por marroquíes. Reina apunta que “entre las víctimas españolas aparecen numerosos apellidos judíos realizándose sobre todo los fusilamientos contra judíos militantes de partidos de izquierda, masones o personalidades comprometidas con el gobierno republicano”.

Aún quedan fosas comunes de las que se no se saben ni el nombre ni los apellidos de las víctimas. Ramos sentencia que la única información que existe es un listado de municipios donde se sabe que hubo fusilamientos. Se trata de Arcila, Xauen, Alcazarquivir, Rincón, Alhucemas, Nador, Castillejos, Río Martín, Bab Tazza o Targuist.

El deterioro del Cementerio Español

Si hablamos de los vestigios de la presencia de los españoles en Marruecos no puede pasar desapercibida la mayor parte de los cementerios del antiguo protectorado que quedaron abandonados tras al independencia del país. El más conocido es el Cementerio Español de Tetuán. El camposanto se encuentra en un estado lamentable de abandono en su parte civil. En una de sus esquinas se ubica la la fosa común donde se hallan enterradas las víctimas de la represión franquista. 
Feria señala la voluntad de los guardas marroquíes del cementerio sin capacidad para organizar sus archivos con “documentos apilados en sacos de plástico a merced de la humedad y los parásitos”.

El antiguo campo de concentración del Mogote, situado en las afueras de Tetuán fue, junto con el campo de Zeluán (cerca de Melilla) el primero de los que organiza el bando golpista. Este centro de hacinamiento fue construido según el modelo de los “konzentrationslager” nazis, debido al calor, los trabajos forzados, las torturas, la falta de alimentación y los fusilamientos arbitrarios, se convirtió en un verdadero infierno donde los presos morían en masa. “Hoy en el lugar no queda nada. Ni restos visibles, ni una señal que informe de lo que allí ocurrió”, afirma Feria.

El caso de Francisco Lara Campoy

El caso de Francisco Lara Campoy, fallecido en el año 2009, no es un testimonio más. Para los investigadores resultó un aporte fundamental a los documentos prácticamente inexistentes de la actividad del campo de concentración del Mogote, donde estuvo preso con apenas veinte años.

Lara Campoy consiguió durante su juventud entrar como aprendiz en el aeródromo de Sania Ramel, en Tetuán. Más tarde pasaría a la compañía de autobuses de La Valenciana donde le sorprendería el golpe militar.

Campoy recordaba a sus 94 años que “en el Centro Obrero Español de Tetuán seguíamos con interés los acontecimientos que habían soliviantado la vida tetuaní, que se sucedían a velocidad de vértigo. El 17 de Julio de 1936, uno de los dirigentes de dicho Centro, Sr. Ballesteros, reunió a los jóvenes que nos encontrábamos en el Centro, pidiendo voluntarios para vigilar en Tetuán los movimientos de tropas”. Los jóvenes del Protectorado sabían que algo estaba a punto de ocurrir.

Sin tener cumplido los veinte años de edad, Francisco estaba en aquel centro Obrero bajo la mirada de moros regulares que detuvieron a las personas que se encontraban en aquel espacio social.

Sus vivencias ya detenido retratan episodios aterradores. “Recuerdo que por las noches pasaban lista y al oír cada cual su nombre tenía que decir presente. Una noche el sargento que pasaba lista me dijo ¡bueno, tú no te vayas, que tengo que verte después! Cuando ya todos se habían acostado, se presentó diciéndome coge una manta y andando, me trasladaron a otro cuartel, para luego trasladarme al campo de concentración de El Mogote”.

Había pasado más de un mes desde el inicio de la guerra cuando Francisco llegó al primitivo campo de concentración de Tetuán. “Los falangistas de Tetuán venían todos los días de madrugada con una camioneta y una lista de nombres, que se llevaban y los mataban en cualquier lugar. Los cadáveres los cargaban en unas camionetas y los trasladaban al cementerio en plena alcazaba marroquí”.

Era tal el espanto de aquel espectáculo que provocó incluso protestas de la población marroquí, corriendo el rumor de que el Jalifa, representante del Sultán de Marruecos en el protectorado, intervino ante las autoridades militares para que aquellos hechos no se repitieran. “No cabe duda que aquello debió influir para que, meses después desmontaran el campo de concentración y nos trasladaran a un penal llamado García Aldave, en Ceuta, pues en el Hacho, siniestra fortaleza, no cabían ya más detenidos”, aclaraba Francisco.

Campoy que pasó el resto de su vida en Francia nunca paso ni un solo día sin pensar en aquellos terribles meses donde declara que tenía que cantar el “cara el sol, con el brazo extendido a estilo de falange, mientras los guardias nos vigilaban por detrás, agudizando el oído para sino se cantaba nos dieran un latigazo en la espalda”.

Este joven tuvo que seguir viviendo los horrores de la guerra trasladado a la península donde continuaba la contienda. “Como yo era militar, al obtener la libertad tenía que reintegrarme a mi batallón, que en principio era el de Cazadores de Ceriñola número 42. Por tren nos enviaron desde Tetuán a Ceuta y de Ceuta a Algeciras, rumbo a Sevilla y de Sevilla a Plasencia”. La historia de Campoy fue uno los testimonios fundamentales para Ramos y Feria a la hora de esclarecer parte de aquel episodio de la Guerra Civil española en Marruecos. 

sábado, 30 de septiembre de 2017

Cómo fue el paso por la guerra civil de España del británico Kim Philby

La frase es del británico Kim Philby, quizás el agente doble más importante del siglo XX, y el conflicto es la guerra civil española (1936-1939).

Philby fue reclutado por la Unión Soviética a principios de la década de 1930 y envió información vital a Moscú durante la segunda Guerra Mundial y los primeros años de la Guerra Fría.

Aunque su caso ha inspirado películas y libros -por ejemplo, el personaje de George Smiley en la famosa novela "El Topo", de John Le Carré- su paso por España es un aspecto menos conocido de su asombrosa vida.

El periodista y gestor cultural español Enrique Bocanegra se sumergió a investigar cómo fueron sus comienzos y plasmó su reconstrucción de ese periodo en la obra "Una espía en la trinchera", ganadora del Premio Comillas de biografía.

BBC Mundo habló con él en el marco del Festival Hay, que se celebra entre el 22 y el 24 de septiembre en Segovia.

Philby nació en 1912 en Ambala, en el Raj británico de India. Su padre, St. John Philby, era un oficial del ejército y diplomático.

Tuvo una educación privilegiada y, como parte de ella, hizo sus estudios universitarios en el elitista Trinity College de Cambridge.

Allí empezó a sentir fascinación por el comunismo, algo que no era inusual en aquella época. "Había probablemente cientos de simpatizantes en Cambridge", le dice Bocanegra a BBC Mundo.

Hacía poco se había producido la estrepitosa caída de la bolsa de Wall Street y comenzaba la Gran Depresión, mientras que en Gran Bretaña y otros países emergía la política de apaciguamiento frente a Hitler que dictaba no responder a las crecientes agresiones nazis.

Pero Philby no se conformó con el apoyo ideológico y acabó siendo reclutado por el servicio secreto soviético tras encontrarse con un agente en Regent's Park, en el corazón de Londres.

Aquel día de junio de 1934 "la vida de Philby cambia para siempre", relata Bocanegra en su libro.

Junto con Duart McLean, Guy Burgess, Antony Blunt y posiblemente un quinto miembro, nacía el Círculo de Cambridge, un grupo de estudiantes reclutados por el NKVD (futura KGB) para infiltrarse en los servicios de inteligencia británicos y en lo más alto de la administración.

La carrera de espía de Philby empezó con dificultades, ya que no conseguía ningún puesto que pudiera ser interesante para los soviéticos.

"Se sabe por los cables que se intercambiaban con Moscú que Philby estaba un poco acomplejado, porque McLean, por ejemplo, había logrado entrar en el Foreign Office (Servicio Exterior) y estaba sacando documentos todos los días en una maleta para que fueran fotografiados por su mentor soviético", dice Bocanegra.

Pero a mediados de 1936 le llega su primera gran oportunidad.

Los soviéticos le piden que se vaya a España, pero no al bando republicano, sino al insurgente, del que se tenía poca información y que era, además, donde Philby podía explotar mejor su coartada de británico conservador de clase alta.

En ese primer viaje a España se queda tres meses, y al volver logra que el diario The Times le publique un reportaje, In Franco's Spain ("En la España de Franco"), que le abrirá las puertas para que el diario le ofrezca la corresponsalía para cubrir la guerra desde el bando franquista.
Una serie de circunstancias hará que los periodistas extranjeros que hasta ese momento eran vistos con recelo por parte de los militares insurrectos pasen a ser una pieza importante de su estrategia propagandística.

El bombardeo de Guernica

Según Bocanegra, para este cambio de actitud fueron cruciales dos cosas: la primera es el escándalo internacional que provocó el bombardeo por parte de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana, aliados de Francisco Franco, sobre la ciudad vasca de Guernica el 26 de abril de 1937 -plasmado en la famosa obra del mismo nombre de Pablo Picasso-.

La segunda es que Franco y sus generales se dieron cuenta de que no iban a ganar la guerra pronto, lo cual hizo que su estrategia cambiara y empezaran a valorar el papel de los periodistas.

"Philby es mimado por la oficina de prensa extranjera. Él y otros periodistas anglosajones", afirma Bocanegra.

Pero en diciembre de 1937, cuando los reporteros informaban desde el frente de Teruel en el pueblo de Caudé, situado a pocos kilómetros, un obús cayó a menos de dos metros del coche en el que viajaban.

Murieron todos menos Philby, que resultó prácticamente ileso. Y no solo se salvó de morir, sino que a principios de marzo de 1938 fue condecorado en persona por Franco con la Cruz Roja al Mérito Militar, lo cual acabó de darle un acceso privilegiado a las tropas insurgentes y la información sobre la guerra.

Philby siguió en España durante el resto de la guerra y entró con las tropas sublevadas a Madrid el 28 de marzo de 1939, a pocos días del final del sangriento conflicto.

Fue un paso "fundamental" para su carrera, asegura Bocanegra, entre otras cosas porque gracias a esta experiencia fue posteriormente contratado por el MI6 (Servicio de Inteligencia Secreto) en su sección ibérica, dedicada a España, Portugal, Gibraltar y el Norte de África.

¿Matar a Franco?

Todavía hoy queda por aclarar un episodio crucial: si fue efectivamente Kim Philby el elegido por el líder soviético, José Stalin, para intentar asesinar a Franco.

No hay constancia de un intento semejante, pero según archivos desclasificados del MI5 (Servicio de Seguridad británico) un general ruso que desertó a Gran Bretaña reveló en 1940 la existencia de la misión, encargada a un "joven inglés", posiblemente un periodista.

El documento forma parte del archivo sobre Nikolai Yezhov, el líder del comisariado del pueblo para asuntos internos o NKVD.

Yezhov fue el encargado de ejecutar las masivas purgas de oficiales del Ejército Rojo y viejos bolcheviques ordenadas por Stalin.

En su archivo figura la confesión del general Walter Krivitisky, quien huyó a Estados Unidos en 1938 y contó lo siguiente, según publicó el periódico británico The Guardian: "A principios de 1937, la OGPU (policía secreta) recibió órdenes de Stalin para preparar el asesinato del general Franco. "Hardt (un oficial que fue luego purgado) fue instruido por el jefe de la OGPU, Yezhov, para reclutar a un inglés.

"Él, de hecho, sí contactó y envió a España a un joven inglés, un periodista de buena familia, un idealista y fanático anti nazi. Antes de que el plan madurara, el propio Hardt fue llamado a Moscú y desapareció".

En este documento no queda claro si ese hombre era Philby, pero según The Guardian en los márgenes está escrito con tinta azul "prob Philby": probablemente Philby.

De acuerdo a Bocanegra, en documentos desclasificados soviéticos figura que Theodor Mally, el mentor de Philby, recibió la orden de Moscú de que había que matar a Franco, pero pidió encontrarse personalmente con un enviado de la URSS dada la importancia de la misión.

A comienzos de abril de 1937 "se produjo en Gibraltar un encuentro entre Philby y Guy Burgess (otro miembro del Círculo de Cambridge)", explica Bocanegra.

"No se sabe qué pasó con él ese mes. Pudo ir a Salamanca, a rondar el palacio arzobispal (donde se instaló Franco), buscando fallos en la defensa, pero no lo sabemos".

"¿Qué posibilidades tenía en realidad un estudiante sin experiencia militar que no sabía usar armas de fuego, montar explosivos… que era un intelectual, un analista, de matar a Franco?", se pregunta el periodista español.

"Realmente, mínimas".

Philby siempre negó haber recibido tal orden.

Sea como fuere, la carrera del ya convertido en espía doble no se detuvo en España: logró que lo nombraran director de la sección antisoviética del SIS (Servicio de Inteligencia Secreto o MI6), lo cual significaba que el hombre a cargo de dirigir las operaciones contra los soviéticos era, de hecho, un agente de la KGB.

En 1949, fue enviado a la embajada británica en Washington, donde su función sería actuar de enlace entre Reino Unido y la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que acababa de ser creada.

Y consiguió sobrevivir a pesar de que las dudas sobre su fiabilidad fueron creciendo en los años posteriores, hasta tal punto que fue sujeto a una investigación interna, pero logró zafarse y que lo mandaran como informante a Beirut, Líbano.

En 1963, se subió a un barco ruso en esta ciudad y desertó.

Philby nunca dudó, al menos públicamente o en sus actos, de su fe comunista, a pesar de las purgas de Stalin (de las que sin duda tuvo noticia de primera mano) o del impacto que sobre él tuvo el pacto de no agresión entre Stalin y Hitler, firmado en agosto de 1939 por los ministros de Asuntos Exteriores de estos países, Joachim von Ribbentrop y Viacheslav Mólotov.

Dice Bocanegra: "McLean y Burgess murieron en la URSS pero están enterrados en Inglaterra. Philby dijo que quería ser enterrado en la URSS porque esa era su patria verdadera"
Esta noticia ha sido extraida de: http://www.bbc.com/mundo/noticias-41282150
Biografía de Kim Philby