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miércoles, 22 de octubre de 2025

Azpiazu Zulaica, Joaquín (1887-1953): el jesuita vasco que apoyó al bando nacional

Joaquín Azpiazu Zulaica (San Sebastián, 1887 – Valladolid, 1953) fue una figura clave del pensamiento católico español del siglo XX. Sociólogo, jurista y miembro de la Compañía de Jesús, su trayectoria intelectual estuvo profundamente marcada por la doctrina social de la Iglesia. Pero fue durante la Guerra Civil Española cuando su postura ideológica cobró especial relevancia histórica.

Apoyo al bando nacional durante la contienda

Durante la Guerra Civil Española (1936–1939), Azpiazu se alineó abiertamente con el bando nacional. Su posición no fue casual: se enmarcaba en su firme defensa del orden social católico frente a lo que consideraba una amenaza revolucionaria y anticlerical representada por sectores del Frente Popular.

Como intelectual comprometido con los principios del catolicismo social, Azpiazu interpretó el conflicto como una defensa de la civilización cristiana. Esta postura era compartida por amplios sectores del clero español y por la jerarquía eclesiástica, que vio en el alzamiento militar una oportunidad para restaurar un modelo de Estado confesional.

Influencia en la ideología del régimen franquista

Tras la victoria nacional en 1939, Azpiazu se convirtió en una voz autorizada en materia de moral económica y social. Publicó obras fundamentales como Orientaciones cristianas del Fuero del Trabajo (1939) y El Estado católico (1939), textos que sirvieron de fundamento intelectual para la política social del régimen franquista.

Su pensamiento se alineaba con los principios del corporativismo católico, promoviendo una visión orgánica de la sociedad donde la propiedad privada, la jerarquía y la intervención moral de la Iglesia eran pilares esenciales. Fue vocal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y del Consejo Supremo de Protección de Menores, instituciones clave en la reconstrucción ideológica del país tras la guerra.

Legado intelectual y reconocimiento oficial

En 1949, su trayectoria fue reconocida con su nombramiento como académico de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Además, recibió distinciones como la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio y la Cruz de Oro de la Previsión Social, símbolos de su estrecha relación con el aparato institucional del franquismo.

Aunque su obra abarca temas tan diversos como la moral profesional, la acción social del sacerdote o incluso la novela, su papel durante y después de la Guerra Civil lo sitúa como uno de los principales ideólogos católicos del primer franquismo.

martes, 21 de octubre de 2025

Aspiazu Paúl, Manuel (1879-1936): Una víctima de la represión en Madrid

 En los primeros meses caóticos de la Guerra Civil española, muchas figuras militares se vieron atrapadas entre la lealtad al Estado, la presión de los sublevados y la violencia desatada en la retaguardia. Manuel Aspiazu Paúl (1879–1936) fue uno de ellos. Coronel del arma de ingenieros y jefe del Regimiento de Ferrocarriles n.º 2, con base en Leganés, su nombre quedó ligado a uno de los episodios más oscuros del conflicto: las Matanzas de Paracuellos.

Lealtad ambigua y detención en Madrid

Al estallar el alzamiento militar en julio de 1936, Aspiazu, que contaba con 57 años, no se adhirió abiertamente a la sublevación, pero tampoco mostró un compromiso claro con la República. Según las fuentes disponibles, mantuvo una actitud vacilante, lo que lo convirtió en sospechoso para las autoridades republicanas.

Poco después del inicio de la guerra, fue detenido y encarcelado en la Prisión Modelo de Madrid, junto a numerosos militares, religiosos y civiles considerados “enemigos del pueblo”.

Muerte en las Matanzas de Paracuellos

En noviembre de 1936, durante la ofensiva franquista sobre Madrid, se produjeron una serie de ejecuciones extrajudiciales conocidas como las Matanzas de Paracuellos. Cientos de presos fueron sacados de cárceles madrileñas y fusilados en zonas cercanas como Torrejón de Ardoz y Paracuellos del Jarama.

Manuel Aspiazu Paúl fue uno de los fusilados en ese contexto. Fuentes históricas, incluyendo la prensa de la época (ABC, 26 de enero de 1940) y estudios posteriores, lo sitúan entre el grupo de presos de la Prisión Modelo ejecutados en Torrejón (fosa en Soto de Aldovea???).

Un legado silenciado

A diferencia de otros militares de la época, Aspiazu no dejó una huella política o ideológica significativa. Su relevancia histórica radica en su condición de víctima de la represión republicana en la retaguardia madrileña, un fenómeno que, aunque menos documentado que la represión franquista, tuvo un impacto brutal en los primeros meses de la guerra.

Hoy, su nombre aparece en listas de víctimas y en estudios especializados sobre la violencia en la Guerra Civil, pero sigue siendo una figura poco conocida fuera de los círculos académicos.

lunes, 20 de octubre de 2025

Azorín (1873-1967): El escritor del 98 entre el exilio y la supervivencia

Cuando estalló la Guerra Civil en julio de 1936, José Martínez Ruiz —más conocido como Azorín— era ya una figura consagrada de las letras españolas, miembro de la Generación del 98, académico de la lengua y antiguo diputado conservador. A sus 63 años, su vida transcurría entre la escritura, el periodismo y la contemplación melancólica de una España que ya no reconocía.

Pero el conflicto lo obligó a tomar partido, aunque no con armas, sino con silencio y distancia. Huyó de Madrid republicano, se exilió en París, y años después regresó a España bajo la protección del régimen franquista. Su actitud durante la guerra —ni combativa ni comprometida ideológicamente— refleja la ambigüedad de muchos intelectuales conservadores que, sin apoyar abiertamente al fascismo, tampoco resistieron al nuevo orden.

La huida de Madrid: Un refugio en la neutralidad

Azorín vivía en Madrid con su esposa, Julia Guinda, cuando el Frente Popular tomó el poder. Aunque había sido diputado por el Partido Conservador y colaborador de ABC —periódico monárquico y antirrepublicano—, no era un militante político activo en 1936. Sin embargo, su perfil ideológico lo convertía en un blanco potencial en la capital republicana, donde muchos intelectuales de derechas fueron perseguidos o asesinados.

En 1936, aprovechando contactos y su estatus, logró escapar a Francia junto a su esposa. Se instaló en París, donde vivió con discreción, alejado de las polémicas del exilio republicano. A diferencia de otros escritores como Max Aub o Rafael Alberti, Azorín no participó en campañas antifranquistas, ni firmó manifiestos, ni dio discursos. Su exilio fue más bien una retirada personal que un acto político.

Silencio creativo y memoria fragmentada

Durante la guerra, Azorín apenas publicó. Su producción se redujo a notas íntimas y observaciones sobre la vida en París. No fue hasta 1966, casi tres décadas después, que plasmó sus impresiones de aquellos años en el ensayo París, una obra introspectiva más que histórica, donde evita cualquier juicio explícito sobre el conflicto español.

Este silencio ha sido interpretado por historiadores como una estrategia de supervivencia: Azorín, profundamente individualista y escéptico ante los extremismos, rehuyó alinearse con ninguna causa. Ni con la “barbarie roja” que denunciaba la derecha, ni con la “represión nacional” que denunciaba la izquierda. Prefirió, como escribió en sus memorias, “mirar desde la ventana, sin abrir la boca”.

El regreso protegido: La mediación de Serrano Suñer

Tras la victoria franquista en 1939, Azorín no regresó inmediatamente. Permaneció en Francia hasta que, en 1940, el ministro del Interior Ramón Serrano Suñer —cuñado de Franco y arquitecto de la política cultural del régimen— le facilitó los permisos necesarios para volver.

Este regreso no fue casual. El franquismo buscaba legitimarse culturalmente y reclutaba figuras del pasado que, sin ser falangistas, pudieran dar respetabilidad al nuevo Estado. Azorín, con su prestigio literario y su pasado conservador, encajaba perfectamente en esa estrategia.

En agradecimiento, en 1955 dedicó su libro El pasado a Serrano Suñer “con viva gratitud”, un gesto que muchos en el exilio consideraron una sumisión tácita al dictador.

¿Colaborador o superviviente?

La postura de Azorín durante y después de la Guerra Civil sigue generando debate. Para algunos, fue un intelectual que priorizó su integridad personal sobre el compromiso político. Para otros, su silencio y su regreso bajo el amparo del régimen lo convierten en un cómplice pasivo del franquismo.

Lo cierto es que, a diferencia de sus compañeros de generación —como Unamuno, que murió enfrentado al régimen, o Baroja, que permaneció en España en un silencio crítico—, Azorín eligió la discreción como forma de resistencia… o de acomodación.

domingo, 19 de octubre de 2025

Aznar Zubigaray, Manuel (1894-1975): La pluma al servicio del alzamiento

Cuando estalló la Guerra Civil en julio de 1936, Manuel Aznar Zubigaray —ya un periodista consagrado con experiencia en El Sol, La Nación de Buenos Aires y la prensa cubana— se encontraba en Madrid. A diferencia de muchos intelectuales que se alinearon con la República, Aznar eligió el bando sublevado. No solo se convirtió en uno de sus principales cronistas militares, sino en un estratega de la propaganda franquista, cuya pluma ayudó a construir la narrativa del “alzamiento nacional” como cruzada contra el caos y la barbarie.

Su labor durante la contienda fue tan influyente que, en 1938, recibió el Premio Nacional de Periodismo Francisco Franco por sus crónicas de guerra. Pero su legado va más allá del periodismo: fue un arquitecto simbólico del régimen que vendría.

De la condena a muerte al frente franquista

Aznar tenía un pasado complejo: había sido nacionalista vasco en su juventud, fundador del diario Euzkadi y simpatizante del PNV. Incluso fue condenado a muerte por el bando franquista en los primeros días del conflicto, acusado de “antiespañolismo”.

Sin embargo, logró huir a Bruselas y, desde allí, contactó con los sublevados. Su viraje ideológico fue total. Al regresar a España, se puso “al servicio de los nacionales” en Burgos, la capital del bando franquista. Su conocimiento del periodismo internacional, su dominio del francés e inglés, y su red de contactos lo convirtieron en un activo invaluable para la causa.

Cronista de guerra y creador de relatos épicos

Durante la contienda, Aznar acompañó a las tropas franquistas en múltiples frentes: desde el norte hasta Cataluña. Sus crónicas, publicadas en prensa nacional y extranjera, no solo informaban, sino que mitificaban la lucha franquista.

Uno de sus episodios más célebres fue la defensa del Alcázar de Toledo. Aznar no estuvo presente en el asedio, pero su relato —ampliamente difundido— convirtió el episodio en un símbolo de heroísmo nacional-católico. Más tarde, escribiría el libro El Alcázar no se rinde (1957) para refutar versiones críticas, como la del corresponsal estadounidense Herbert L. Matthews.

Su obra cumbre de la época, Guerra y victoria de España (1936–1939) (1942), y su posterior Historia militar de la Guerra de España (1940, reeditada en 1969), se convirtieron en textos de referencia del relato oficial franquista, aunque hoy son leídos con una mirada crítica por los historiadores.

Propaganda, prensa y legitimación internacional

Aznar no trabajó solo como cronista: fue director de medios clave del régimen, como el Diario Vasco y la agencia EFE, que fundó junto a Manuel Halcón en 1939. A través de estos canales, ayudó a controlar la narrativa informativa y a proyectar una imagen de orden, disciplina y victoria moral frente al “caos rojo”.

Además, su experiencia en Hispanoamérica y su dominio de las relaciones internacionales le permitieron contrarrestar la propaganda republicana en el extranjero, especialmente en países neutrales o aliadófilos.

Un legado controvertido: ¿periodista o ideólogo?

La figura de Manuel Aznar Zubigaray sigue generando debate. Para sus defensores, fue un gran periodista que adaptó su pluma a los tiempos turbulentos. Para sus críticos, fue un propagandista al servicio de una dictadura, que utilizó el periodismo como arma política.

Lo innegable es que, durante la Guerra Civil, su voz tuvo un impacto decisivo en la construcción del imaginario franquista. Y aunque su nieto, José María Aznar, llegaría décadas después a la presidencia de un España democrática, el abuelo permanece como uno de los pilares intelectuales del franquismo en formación.


sábado, 18 de octubre de 2025

Aznar Saratxaga, Santiago, (1903-1936), El socialista que mantuvo en marcha la industria vasca

Cuando estalló la Guerra Civil en julio de 1936, el País Vasco se convirtió en un bastión republicano con un gobierno autónomo recién estrenado. En ese contexto de caos, bombardeos y escasez, Santiago Aznar Saratxaga —sindicalista bilbaíno y militante del PSOE— asumió un rol decisivo: Consejero de Industria del primer Gobierno de Euzkadi, presidido por José Antonio Aguirre.

Su misión no era menor: mantener operativas las fábricas de armamento, siderurgia y maquinaria pesada en pleno frente de guerra. Gracias a su liderazgo, el puerto de Bilbao siguió funcionando, los obreros no abandonaron las líneas de producción y la industria vasca se convirtió en un pilar logístico esencial para la resistencia republicana en el norte.

Nombramiento estratégico: Un sindicalista al frente de la industria de guerra

Aznar no fue elegido por casualidad. Su trayectoria en la Unión General de Trabajadores (UGT) y su profundo conocimiento del tejido industrial bilbaíno lo convertían en la figura ideal para coordinar a patronos, obreros y el Estado vasco en una tarea de supervivencia nacional.

Desde su nombramiento en 1936, puso en marcha una política de gestión colectiva y movilización productiva, evitando la paralización de fábricas clave como Altos Hornos de Vizcaya o La Vizcaya. Su enfoque combinaba pragmatismo técnico y lealtad al proyecto autonómico, algo inusual en un socialista español de la época, más inclinado al centralismo.

La Junta de Defensa de Bilbao: Último esfuerzo por evitar la masacre

Con la ofensiva franquista avanzando imparable en el verano de 1937, y tras la caída de Durango y Guernica, la situación en Bilbao era desesperada. Ante la inminente toma de la ciudad, Aznar, junto a Juan de Astigarrabía (comunista) y Jesús María de Leizaola (nacionalista), creó la Junta de Defensa de Bilbao.

Este órgano tenía dos objetivos claros:

  1. Mantener el orden público en los últimos días de la resistencia.
  2. Negociar una rendición ordenada que evitara represalias masivas contra la población civil y los combatientes.

Aunque la Junta no logró evitar la entrada de las tropas franquistas el 19 de junio de 1937, su acción reflejó un intento humanitario en medio del colapso militar.

Exilio inmediato y lealtad al Gobierno Vasco

Tras la caída de Bilbao, Aznar huyó por Santoña —junto a miles de soldados republicanos— y se reunió con el Gobierno Vasco en el exilio, primero en Barcelona y luego en París. A diferencia de otros socialistas españoles, nunca renunció a la legitimidad del lehendakari Aguirre, lo que le granjearía tensiones con el PSOE central.

Durante la guerra, su figura simbolizó la alianza entre socialismo y autogobierno vasco, una combinación que muchos en Madrid consideraban contradictoria, pero que en el frente norte fue vital para la cohesión antifascista.

Por qué su papel en la Guerra Civil merece ser recordado

Hoy, cuando se estudia la Guerra Civil desde una perspectiva regional, la figura de Santiago Aznar emerge como clave para entender cómo el País Vasco sostuvo su resistencia no solo con armas, sino con fábricas, acero y organización obrera.

Fue un ejemplo de político técnico: no buscaba el protagonismo ideológico, sino la eficacia en la defensa de su pueblo. En un momento en que la memoria histórica vuelve a estar en el centro del debate público, su legado recuerda que la industria también fue un frente de batalla.


jueves, 16 de octubre de 2025

Aznar Embid, Severino (1870–1959)

En una época marcada por profundas transformaciones sociales, políticas y económicas, Severino Aznar Embid (1870–1959) emergió como una de las voces más lúcidas y comprometidas del catolicismo social español. Nacido en Tierga, un pequeño pueblo agrícola de Zaragoza, su infancia modesta y su entorno familiar carlista marcaron los cimientos de una vida dedicada a la justicia, la dignidad humana y la aplicación de los principios cristianos a la realidad social.

 Formación intelectual: Del seminario a la cátedra universitaria

Aznar inició su instrucción primaria en Calcena y Trasobares, localidades cercanas a su pueblo natal. Entre 1883 y 1893, cursó Humanidades, Filosofía y Teología en el Seminario de Zaragoza, con la intención de convertirse en sacerdote. Aunque finalmente no lo fue, siempre consideró que su formación en el seminario fue la raíz de su desarrollo humano y ético.

Más tarde, en 1894, comenzó la carrera de Filosofía y Letras en Zaragoza, culminando sus estudios en 1911 en la Universidad Central de Madrid con una tesis doctoral titulada La Conciliación y el arbitraje, donde analizaba la relación entre capital y trabajo. Su trayectoria académica se consolidó en 1916, al obtener por oposición la cátedra de Sociología en la misma universidad.
 

Periodismo comprometido y el nacimiento de "La Paz Social"

Aznar no fue solo un académico: fue un periodista combativo y fundador de medios de comunicación con vocación social. En 1907, creó en Zaragoza la revista La Paz Social, junto a figuras como Salvador Minguijón e Inocencio Jiménez, con el objetivo de promover el sindicalismo católico. Junto a la revista, lanzó la colección editorial Biblioteca Ciencia y Acción, que difundió ideas sociales desde una perspectiva cristiana.

Esta publicación se convirtió en la caja de resonancia de las Semanas Sociales (1906–1912), foros pioneros en el debate sobre justicia social en España. Aznar defendió con firmeza la Ley de Sindicatos Agrícolas de 1906 y se opuso a su derogación, demostrando una postura progresista incluso frente a gobiernos conservadores.

 
El Grupo de la Democracia Cristiana y su influencia europea

Inspirado por la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII y por el pensamiento del sociólogo italiano Giuseppe Toniolo, Aznar fundó en 1919 el Grupo de la Democracia Cristiana, un movimiento intelectual que buscaba cristianizar no solo la sociedad, sino también el Estado. Aunque nunca se convirtió en partido político, su influencia fue decisiva en la formación del Partido Social Popular en 1922.

Su proyección internacional fue notable: participó en conferencias en Ginebra, fue vicepresidente de la Unión de Malinas, y Pío XI lo eligió para representar a España en la conmemoración de los 40 años de Rerum Novarum con el ensayo Del salario familiar al seguro familiar.

 
Legado social: Del seguro obrero a la legislación franquista

Durante la Segunda República y la Guerra Civil, Aznar sufrió en carne propia el conflicto: tres de sus hijos murieron en la contienda. Tras el estallido de la guerra, se alineó con el bando nacional y fue nombrado presidente de la Junta para la Organización Sindical en 1937. Posteriormente, como consejero de Trabajo en el gobierno de Burgos, diseñó las bases de la legislación social del franquismo, siempre inspirada en la doctrina social de la Iglesia. Fue pieza fundamental en la inspiración social del régimen y su adhesión al mismo; pese a su remoto carlismo familiar, entroncaba más bien con la “revolución pendiente” del falangismo, tan acorde con sus radicales ideales de justicia social.


En 1942, fundó la Revista Internacional de Sociología en el Instituto Jaime Balmes (CSIC), que dirigió hasta su muerte en 1959. Fue un firme defensor del seguro social, promoviendo el Retiro Obrero y más tarde el seguro familiar, alternativas al salario tradicional que buscaban dignificar al trabajador.

 
¿Por qué recordar a Severino Aznar hoy?

En un momento en que se debaten nuevamente los límites entre Estado, mercado y persona, la figura de Aznar cobra una sorprendente actualidad. Su defensa de la centralidad de la persona, la familia como núcleo social, la participación obrera en la empresa y la previsión social anticipó muchos de los debates contemporáneos sobre justicia, libertad y solidaridad.

Aunque ha sido injustamente olvidado, su coherencia vital, su pensamiento social avanzado y su compromiso con los más desfavorecidos lo convierten en una referencia indispensable para entender el desarrollo del pensamiento social católico en España.

 
 

miércoles, 15 de octubre de 2025

Azcárate y Gómez, Gumersindo de (1878-1937)

Gumersindo Azcárate Gómez (Ezcaray, La Rioja, 28 de febrero de 1878 – Derio, Vizcaya, 18 de noviembre de 1937) fue un militar profesional, republicano leal y víctima del franquismo. Coronel del Ejército de la República, fue fusilado tras la caída de Bilbao por mantener su juramento de lealtad al Gobierno legítimo. Su historia, marcada por el valor, la dignidad y la fe en la democracia, lo convierte en un símbolo de la resistencia ética frente a la traición y la represión.

 
Orígenes y familia: Un linaje de liberales

Nacido en Ezcaray (La Rioja), Gumersindo pertenecía a una familia con profunda tradición liberal y republicana. Era pariente cercano del político krausista Gumersindo de Azcárate y Menéndez (1840–1915), uno de los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza, y primo de los destacados republicanos Justino y Pablo de Azcárate.

Esta herencia intelectual y ética marcó su formación como militar de principios, comprometido con el Estado de Derecho y la legalidad constitucional.
 

Carrera militar y lealtad a la República

Durante la Segunda República, Gumersindo Azcárate formó parte del gabinete militar de Manuel Azaña cuando este fue Ministro de la Guerra. Al estallar la Guerra Civil en julio de 1936, ostentaba el rango de teniente coronel y estaba al mando del Batallón Ciclista de Alcalá de Henares.

Cuando sus propios oficiales se sublevaron, se negó a unirse al golpe y resultó gravemente herido al intentar contener la rebelión. Tras recuperarse, fue ascendido a coronel y enviado a Bilbao como Inspector de Operaciones del Ejército Vasco, con la misión de organizar e instruir a las milicias vascas.

Curiosamente, conocía personalmente a Francisco Franco, a quien había tenido como alumno en la Academia Militar. Según testimonios, solía decir:   

Conozco a Franco. Fue discípulo mío en la Academia. No me perdonará que le haya traicionado… y me fusilará.”

Una premonición que, trágicamente, se cumpliría.

     
Captura, encarcelamiento y fusilamiento

Tras la caída de Bilbao en junio de 1937, Gumersindo Azcárate fue capturado por las tropas franquistas. Encarcelado en la prisión de Larrinaga, compartió celda con otros leales a la República, el Coronel Irezábal, al Comandante de Estado Mayor Lafuente, al capitán Bolaños, todos ellos militares profesionales, al médico bilbaino José Luis Arenillas, Director General de Sanidad de Euzkadi, y hasta otros 14 más.

El 18 de noviembre de 1937, fue fusilado en Derio (Vizcaya) junto con todo el Estado Mayor del Ejército de Euzkadi. Antes de morir, escribió emotivas cartas a su esposa Presen y a sus hijas.  


   

lunes, 13 de octubre de 2025

Azcárate y Flórez, Pablo de (1890-1971)

Pablo de Azcárate y Flórez (Madrid, 4 de marzo de 1890 – Madrid, 24 de febrero de 1971) fue un destacado diplomático, jurista y político español de ideología liberal y republicana. Figura clave de la Segunda República, es recordado principalmente por ser el último embajador de España en el Reino Unido antes del estallido de la Guerra Civil, y por su incansable labor en defensa de la legalidad democrática y los derechos humanos durante el exilio.
 
Orígenes familiares y formación intelectual

Nacido en Madrid en 1890, Pablo pertenecía a una de las familias más influyentes del liberalismo español: era hijo de Cayo de Azcárate y Delfina Flórez, sobrino de Gumersindo de Azcárate (uno de los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza) y hermano de Justino de Azcárate, también político republicano.

Siguiendo la tradición familiar, estudió en la Institución Libre de Enseñanza (ILE), centro emblemático del pensamiento progresista español. Se licenció en Derecho por la Universidad de Madrid y completó su formación en el Reino Unido, donde desarrolló un profundo conocimiento del sistema parlamentario británico —una influencia decisiva en su visión política.
 
Carrera diplomática en la Segunda República

Tras una exitosa trayectoria como abogado y catedrático, Pablo de Azcárate ingresó en la carrera diplomática. Durante la Segunda República Española, su perfil moderado, su dominio del inglés y su prestigio intelectual lo convirtieron en una figura clave en la política exterior del nuevo régimen.

En 1932, fue nombrado embajador de España en Londres, cargo que desempeñó con gran eficacia hasta 1936. Desde la embajada, trabajó para fortalecer las relaciones con el Reino Unido y proyectar una imagen de estabilidad y modernidad de la República en el escenario internacional.
 
El estallido de la Guerra Civil y la lealtad al Gobierno legítimo

Cuando estalló el levantamiento militar del 18 de julio de 1936, Azcárate se encontraba en Londres. A diferencia de otros diplomáticos que se sumaron al bando sublevado, mantuvo su lealtad al Gobierno republicano legítimo y continuó representando a España ante el gobierno británico.

Sin embargo, el Reino Unido adoptó una política de no intervención y, con el tiempo, reconoció de facto al régimen franquista. A pesar de ello, Azcárate se negó a entregar las instalaciones diplomáticas y permaneció en su puesto hasta que fue relevado por el gobierno republicano en el exilio en 1939.
 
Exilio y defensa de los derechos humanos

Tras la victoria franquista, Pablo de Azcárate se exilió en Londres, donde se convirtió en una voz moral contra la dictadura. En 1946, fue nombrado Secretario Ejecutivo de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, bajo la dirección de John Peters Humphrey.

En este rol, participó activamente en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), aportando su experiencia jurídica y su compromiso con la justicia social. Su labor en la ONU lo consagró como un defensor universal de la dignidad humana, más allá de las fronteras nacionales.
 
Regreso a España y últimos años

Aunque mantuvo contactos con la oposición democrática durante el franquismo, no regresó a España hasta 1969, dos años antes de su muerte. Falleció en Madrid el 24 de febrero de 1971, sin haber visto el restablecimiento de la democracia, pero dejando un legado ético e intelectual indeleble.

Fue enterrado en el cementerio de La Almudena, en una ceremonia discreta que contrastaba con la magnitud de su contribución a la diplomacia y los derechos humanos.

Azcárate y Flórez, Justino de (1903-1989)

Justino de Azcárate y Flórez (Madrid, 28 de junio de 1903 – Caracas, 17 de mayo de 1989) fue un destacado abogado, político y defensor del liberalismo republicano español. Miembro de una de las familias intelectuales más influyentes del siglo XX, su vida estuvo marcada por el compromiso con la democracia, el exilio tras la Guerra Civil y su regreso simbólico durante la Transición española.
 
Orígenes y formación: Una familia de “notables” leoneses

Nacido en Madrid en 1903, Justino pertenecía a una ilustre saga de intelectuales y políticos liberales de León. Hijo de Cayo de Azcárate y Delfina Flórez, era sobrino de Gumersindo de Azcárate, uno de los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), y hermano de Pablo de Azcárate, diplomático y último embajador de la República en Londres.

Siguiendo la tradición familiar, estudió en la Institución Libre de Enseñanza y en el Colegio Alemán de Madrid. Se licenció y doctoró en Derecho en la Universidad de Madrid, donde fue profesor auxiliar de Derecho Político desde 1925. Pronto destacó como abogado de éxito, pero su vocación política lo llevó a los primeros planos de la vida pública republicana.
 
Compromiso republicano: De la Agrupación al Servicio de la República al Parlamento

En los años 20, se afilió al Partido Reformista de Melquíades Álvarez, una formación liberal y laica. Pero su verdadero salto a la escena nacional llegó en 1931, cuando se integró en la Agrupación al Servicio de la República, una plataforma impulsada por figuras como José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala con el objetivo de asegurar el éxito de la Segunda República.

El grupo obtuvo 16 escaños en las elecciones constituyentes, y Justino de Azcárate fue elegido diputado por León, además de secretario del grupo parlamentario. Ese mismo año, fue nombrado subsecretario de Gracia y Justicia en el gobierno de Manuel Azaña.

Posteriormente, ocupó la Subsecretaría de Gobernación (1933) y fue consejero nacional de Economía, además de desempeñar cargos en organismos como el Patronato de las Hurdes y el Consejo Nacional de Combustibles. Su perfil técnico y moderado lo convirtió en una figura clave del centro republicano.
 
El estallido de la Guerra Civil y el exilio

El 18 de julio de 1936, en un último intento por evitar la guerra, el presidente Diego Martínez Barrio lo nombró ministro de Estado (Exteriores). Sin embargo, nunca tomó posesión del cargo: se encontraba en León, que cayó rápidamente en manos de los sublevados.

Pocos días después, fue detenido por falangistas en Burgos y trasladado a una prisión en Valladolid, donde permaneció casi año y medio. Gracias a las gestiones de su hermano Pablo de Azcárate, fue canjeado en 1937 por el falangista Raimundo Fernández-Cuesta.

A diferencia de muchos republicanos, no regresó a la zona leal. Prefirió exiliarse en Francia, donde colaboró con el movimiento Paz Civil en España, buscando un acercamiento entre los bandos. Tras la victoria franquista, partió definitivamente al exilio en Venezuela en 1939, junto a su esposa Emilia González Uña y sus hijos.
 
Vida en el exilio: influencia en Venezuela

En Caracas, Justino de Azcárate construyó una segunda carrera de enorme prestigio. Fundó uno de los bufetes de abogados más influyentes del país y participó activamente en la vida económica y cultural venezolana:
 

  • Asesor del Ministerio de Relaciones Exteriores en temas de postguerra  
  • Profesor de Economía y Hacienda en instituciones públicas 
  • Gerente de empresas inmobiliarias y vicepresidente de entidades de vivienda popular  
  • Asesor de la Cámara de Comercio de Caracas (1946–1977)  
  • Presidente de la Compañía Fomentadora Inmobiliaria Nacional (FINCA)

     

Su labor en Venezuela lo convirtió en un puente entre la intelectualidad republicana española y el desarrollo institucional latinoamericano.
 
Regreso a España: Senador en la Transición y defensor del patrimonio

Tras la muerte de Franco, regresó a España en 1977. El rey Juan Carlos I lo designó senador por designación real en las primeras Cortes democráticas, integrándose en la Agrupación Independiente, de la que fue portavoz.

En 1979, fue elegido senador por León en las listas de la Unión de Centro Democrático (UCD), partido que representaba el centro reformista heredero del espíritu republicano moderado.

Además de su labor parlamentaria, destacó en la defensa del patrimonio cultural español:

  •  Presidente del Patronato del Museo del Prado (1982–1986)  
  • Presidente de Hispania Nostra (1980–1987), organización dedicada a la conservación del patrimonio histórico  
  • Patrono de la Fundación Giner de los Ríos y miembro de la Fundación Ortega y Gasset

Legado y familia

Justino de Azcárate fue el último representante público de la célebre saga de “notables” leoneses de los Azcárate. Estuvo casado con Emilia González Uña y tuvo cuatro hijos: Juan Cayo y Carmen (nacidos en Madrid), e Isabel y José (nacidos en Caracas).

Su vida simboliza el tránsito del liberalismo republicano al compromiso democrático de la Transición, sin renunciar nunca a sus principios ni a su vocación de servicio público.

viernes, 10 de octubre de 2025

Azarola y Gresillón, Antonio (1874-1936)

Antonio Azarola y Gresillón (Tafalla, 18 de noviembre de 1874 – Ferrol, 4 de agosto de 1936) fue un destacado militar y marino español, contraalmirante de la Armada y ministro de Marina durante la Segunda República Española. Su nombre quedó grabado en la historia por su lealtad inquebrantable al Gobierno legítimo y su trágico final al comienzo de la Guerra Civil española.
 

Formación, carrera y compromiso republicano

Nacido en Tafalla (Navarra) en 1874, Azarola provenía de una familia con profunda tradición militar. Sus antepasados, originarios de España, habían emigrado a Uruguay, aunque mantuvieron fuertes vínculos con las Fuerzas Armadas españolas. Casado con Carmen Fernández García-Zúñiga, hija del vicealmirante Ricardo Fernández Gutiérrez de Celis, Azarola sirvió como ayudante personal de su suegro en dos ocasiones, lo que refleja su prestigio dentro de la institución naval.

Su carrera en la Armada Española fue meteórica. En noviembre de 1934 fue nombrado segundo jefe de la Base Naval de Ferrol y jefe del Arsenal de Ferrol, uno de los centros navales más estratégicos del país.
 
Ministro de Marina en la Segunda República

En un momento crítico de la política española, Azarola asumió el cargo de ministro de Marina en el gobierno de Manuel Portela Valladares, entre el 30 de diciembre de 1935 y el 19 de febrero de 1936. Este fue el último gabinete antes de las elecciones de febrero de 1936, que dieron la victoria al Frente Popular.

Durante su breve mandato, promovió el último Plan Naval de la Segunda República (11 de enero de 1936), que contemplaba la construcción de dos destructores, dos cañoneros y otras embarcaciones menores, en un intento por modernizar la flota española ante la creciente tensión política.
 
Lealtad a la República y arresto en Ferrol

Cuando estalló el levantamiento militar del 18 de julio de 1936, Azarola se encontraba al mando del arsenal de Ferrol. A diferencia de muchos de sus compañeros, se negó a unirse al golpe de Estado y mantuvo su fidelidad al Gobierno republicano.

El 20 de julio, los oficiales sublevados tomaron el control de la base. Azarola fue traicionado por sus propios subordinados, entre ellos los hermanos Salvador y Francisco Moreno Fernández, quienes años después serían ensalzados como héroes navales por el régimen franquista. Al descubrir la traición, Azarola miró a uno de ellos y le dijo con amargura:   

    “Usted también, don Francisco.”
     
Juicio sumarísimo y fusilamiento

Detenido y sometido a un consejo de guerra sumarísimo el 3 de agosto de 1936, Azarola fue acusado de “abandono de destino”. Según la sentencia de los sublevados, se le imputaba:

    “Inhibirse en sus funciones, retirarse a sus habitaciones particulares y oponerse a que se declarase el estado de guerra en la plaza.”
     

Durante el juicio, el contraalmirante defendió su postura con firmeza:   

    “Consideraciones de carácter militar me impedían en absoluto sumarme a un acto que consideraba sedicioso.”
     

Al amanecer del 4 de agosto de 1936, fue fusilado en el cuartel de Dolores, en Ferrol. Sus restos descansan hoy en el cementerio de Villagarcía de Arosa.
 
Legado familiar y memoria histórica

Antonio Azarola tuvo un hijo, Antonio Azarola Fernández de Celis, que siguió sus pasos en la Marina de Guerra. Curiosamente, su sobrina Amelia Azarola Echevarría —hija de su hermano Emilio Azarola Gresillón, alcalde de Santesteban y político radical-socialista— estaba casada con el aviador Julio Ruiz de Alda, cofundador de la Falange Española, quien fue asesinado en la Cárcel Modelo de Madrid el 23 de agosto de 1936. Esta paradoja familiar refleja la profunda fractura social que provocó la Guerra Civil.

martes, 2 de septiembre de 2025

Ayeta-Mendi

El Ayeta-Mendi, construido por los astilleros Euskalduna en Bilbao en 1926, fue un remolcador de alta mar con características técnicas destacadas para su época. Con un desplazamiento de aproximadamente 125 toneladas, una eslora de 26,5 metros y motor a vapor de 310 CV que le permitía alcanzar velocidades de hasta 9,5 nudos, este buque era inicialmente un remolcador civil dedicado a operaciones de salvamento y asistencia marítima.


Su rol durante la Guerra
 
Cuando estalló la Guerra Civil, el Ayeta-Mendi se encontraba en su puerto base de Bilbao. Fue requisado por el gobierno de la República y pasó a servir principalmente como patrullero de vigilancia y remolcador en la costa Cantábrica, con base en puertos como Santander y Bilbao.
 
Una de sus misiones destacadas fue el apoyo en convoyes de remolque que transportaban materiales y refugiados, como ocurrió el 16 de junio de 1937, cuando el patrullero Galerna lo avistó escoltando un convoy de buques con carga estratégica — incluyendo un petrolero con 3.500 toneladas de combustible — que posteriormente fueron capturados.
 
Asimismo, el Ayeta-Mendi estuvo implicado en servicios humanitarios y de salvamento. Por ejemplo, se enfrentó a fuertes galernas y situaciones peligrosas durante remolques de buques en dificultades, incluso habiendo sufrido averías contra las duras condiciones marítimas. Su valentía y capacidad en estos momentos fueron cruciales para rescatar a tripulaciones y evitar mayores tragedias.
 
Durante el conflicto, y debido a la política del gobierno franquista hacia las lenguas regionales, el nombre del buque sufrió adaptaciones, simplificándose a "Ayeta" en lugar de Ayeta-Mendi. La compañía propietaria, Compañía de Remolcadores Ibaizábal, tuvo que reorganizarse durante la guerra, pero sus remolcadores, incluido el Ayeta-Mendi, mantuvieron operaciones fundamentales para la flota republicana.
 
Finalmente, con el avance de las tropas sublevadas por la costa Cantábrica, el Ayeta-Mendi regresó a su base en Bilbao alternando con Santander,. Su papel durante la guerra, aunque no central en combates bélicos, fue vital en la logística naval, vigilancia y rescate en una de las etapas más convulsas de la historia marítima española. El 16 de junio de 1937 el patrullero Galerna, lo avisto a la salida de Bilbao, dando remolque al Itxas Ondo, al petrolero Gobeo, y al final del convoy al pesquero Itxaropena, quines recibieron dos proyectiles de aviso, parando máquinas, se acercó a ellos el minador Júpiter, a quién Galerna le entrego los buques apresados, arrumbando al puerto de Pasajes.
 

viernes, 1 de noviembre de 2024

Ávila Camacho, Manuel (1897-1955)

Militar y político mexicano que desde muy joven participó en las luchas civiles de su país. En 1937 fue nombrado secretario de Guerra y de Marina, y en 1940, elegido presidente de la República, cargo que desempeñó hasta 1946. 

Durante su mandato México reconoció al Gobierno republicano español en el exilio, concediéndole el derecho de extraterritorialidad.

 

Manuel Ávila Camacho, presidente de México de 1940 a 1946, jugó un papel significativo en el apoyo a los exiliados republicanos españoles tras la Guerra Civil Española. Continuando con la política de su predecesor Lázaro Cárdenas, Ávila Camacho facilitó la llegada y el asentamiento de numerosos refugiados españoles en México. Una de las principales acciones fue la gestión de la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE), presidida por Indalecio Prieto, que ayudó a miles de exiliados a integrarse y reconstruir sus vidas en México

Ávila Camacho respaldó la JARE facilitando recursos y protegiendo sus fondos, conocidos como el "tesoro del Vita". Además, su gobierno garantizó la escolarización de los hijos de los refugiados a través de instituciones como el Colegio Madrid, fundado en 1941.

 

La Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE) fue una organización creada por la Diputación Permanente de las Cortes Republicanas en el exilio a instancias del socialista Indalecio Prieto, para asisitir a los refugiados españoles en el exilio. Su finalidad era la de "administrar cuantos recursos y bienes pueda y deban destinarse al auxilio de quienes emigran de España por defender las instituciones democráticas de nuestro país". La JARE nace como respuesta al SERE, organismo vinculado al gobierno de Juan Negrín, y puso encima de la mesa las disputas entre las legitimidades de representación del Estado republicano en el exilio, entre el Gobierno de Negrín, y la Diputación Permanente, ligada a los desafectos de Negrín, liderados por Prieto y Diego Martínez Barrio. El primer presidente de la JARE fue Luis Nicolau D'Olwer, el vicepresidente Indalecio Prieto y el secretario general Carlos Esplá. Para la constitución de la JARE fue de enorme importancia la apropiación del cargamento del barco Vita por parte de Indalecio Prieto. Este barco y su cargamento, propiedad del Gobierno Republicano, estaba fondeado en Veracruz y contenía en sus bodegas los bienes evacuados de España, con los caudales que debían financiar el Gobierno de la República, pero, especialmente, el SERE.

Con el recurso económico y el respaldo de la Diputación Permanente, que se autoproclamó como la única representación legal de la República en el exilio, la JARE entró en clara competencia con el SERE. En septiembre de 1939, la JARE se trasladó de Francia a México, lo cual no impidió que siguiese actuando en Francia y más desde que el SERE dejó de funcionar de manera efectiva tras la ocuapción de Francia durante la II Guerra Mundial. Así, entre 1940 y 1942, la JARE siguió desarrollando su actividad en Francia bajo la cobertura de la delegación del gobierno mexicano de Ávila Camacho. Sin embargo, en diciembre de 1942, Ávila Camacho incautó los bienes de la JARE y su administración pasó a manos del estado mexicano, creando la CAFARE para gestionarlos. Con el objetivo de escolarizar a los hijos de los refugiados la JARE creo en México la Academia Hispano-Mexicana y el Instituto Hispano-Mexicano Ruiz de Alarcón.

 

a través de la Comisión de Ayuda a los Refugiados Españoles (CAFARE). Esta comisión fue una continuación de los esfuerzos iniciados por su predecesor, Lázaro Cárdenas, quien estableció la Comisión de Ayuda a los Republicanos Españoles (CARE) en 1940, con el objetivo de proporcionar refugio y asistencia a los republicanos que huían del régimen de Francisco Franco tras la Guerra Civil Española.

Durante su mandato, Ávila Camacho mantuvo y reforzó las políticas de asilo y apoyo iniciadas por Cárdenas. Bajo su gobierno, México continuó ofreciendo refugio a miles de republicanos españoles, facilitando su integración y proporcionando ayuda humanitaria. La CAFARE jugó un papel crucial en este proceso, gestionando la llegada y asentamiento de los refugiados, así como coordinando la distribución de recursos y apoyo social.

Ávila Camacho también apoyó la integración de los exiliados en la vida económica y cultural de México, reconociendo sus aportaciones y fomentando un ambiente de cooperación y solidaridad. Este esfuerzo no solo brindó un refugio seguro para los republicanos, sino que también enriqueció la sociedad mexicana con la llegada de intelectuales, artistas y profesionales altamente cualificados que contribuyeron significativamente al desarrollo del país.

 

 

miércoles, 17 de enero de 2024

Ávila, alzamiento en.

La ciudad de Ávila quedó incorporada al bando nacionalista desde los primeros momentos del alzamiento militar. La ciudad pertenecía a la 7.ª División orgánica y, como Segovia, su valor militar era nulo en canto a fuerza disponible, pero muy grande en cuanto a su situación geográfica, debido a que su sierra limitaba al este con Madrid y al sur con Toledo.

. 14 de julio: el gobernador Manuel Ciges Aparicio ordenó al coronel jefe de la Guardia Civil que le entregara todas las armas requisadas en las semanas anteriores, a lo que éste se negó, siendo destituido. Ocupó su puesto el teniente coronel Romualdo Almoguer Martínez, hasta entonces destinado en Madrid. 

. 18 de julio:  los militares no actuaron, a pesar de que estaban con el golpe, porque el comandante militar no se encontraba en la ciudad y se desconocía la posición del nuevo teniente coronel de la Guardia Civil (Romualdo Almoguer). En la tarde de ese día pasó por Ávila, camino de Madrid, una sección de guardias de Asalto de la compañía de Salamanca, reclamada por el gobierno.

Por su parte, los dirigentes del Frente Popular se reunieron en el Gobierno Civil, mientras grupos de jóvenes socialistas patrullaban las calles del centro. A medianoche llegó de Madrid en coche el diputado socialista José Felipe García Muro, quien informó al gobernador civil de que se dirigía a Madrid, pasando por Ávila, un tren de mineros asturianos, y de que el gobierno quería que se formaran milicias obreras con las armas confiscadas por la Guardia Civil, pero el teniente coronel Almoguera se excusó para dilatar el cumplimiento de la orden y finalmente no lo hizo.

. 19 de julio (domingo, 06:00 de la mañana): los guardias, que habían oído por la radio la proclamación del estado de guerra en toda la 7ª División, decidieron salir a la calle. En primer lugar detuvieron al gobernador civil (Manuel Ciges, fusilado el 4 de agosto de 1936), y ocuparon la Casa del Pueblo. El jefe de la policía municipal detuvo en el ayuntamiento al alcalde, Eustasio Meneses Muñoz, y a los concejales del Frente Popular. A las 07:00 de la mañana se leyó el bando con la declaración del estado de guerra, en la plaza del Mercado Chico, en el que se invita a “instaurar en la República española de un modo radical y desconocido hasta hoy, el respeto a la Ley, la Justicia, la Libertad y el Trabajo.” Poco después fueron liberados Onésimo Redondo y otros 18 falangistas que se encontraban en la cárcel, que se marcharon a Valladolid.

El comandante Vicente Costell se hizo cargo del gobierno civil y, con el respaldo del bando de guerra que mandó desde Valladolid el general Saliquet, disolvió las gestoras del ayuntamiento y de la diputación, nombrando alcalde al capitán Pelegrín Iranzo Casanova y presidente de la diputación al capitán José Sáinz Llanos.

En muchos pueblos de la provincia no había guardias civiles porque se habían concentrado en la capital, a pesar de ellos, la resistencia que se opuso fue rapidamente aplastada. En las cercanías, Mingorría –considerado  pueblo comunista​- fue tomado por la Guardia Civil después de un tiroteo​. En general, el sur y sudoeste de la provincia, el valle del Tiétar, las sierras de Gredos y de San Vicente, y el nordeste, por el macizo de Peguerinos hasta cerca de San Rafael y el Alto del León, permanecieron leales al gobierno o en situación ambigua. Los militares sublevados temían la llegada del tren minero, y mientras tanto recibieron noticias de la entrada en el territorio abulense de una columna gubernamental dirigida por el teniente coronel Mangada, cuyo avance hacia la capital parecía imparable.

. 23 de julio: llegaron a Ávila una centuria de Falange de Valladolid y una sección del regimiento de artillería pesada de Medina del Campo. La columna Mangada no siguió hacia la capital abulense, sino que prefirió tomar el importante nudo de carreteras de Villacastín.

. 24 de julio: llegó un batallón del regimiento de infantería La Victoria, de Salamanca, que se dirigía al Alto del León, seguido por otro del mismo regimiento que llegó el día 27 para quedarse de guarnición, y dos escuadrones del regimiento de caballería Calatrava, de Salamanca, que se asentaron en Villacastín.

A finales de octubre de 1936 el general nacionalista Emilio Mola, jefe del Ejército del Norte, instaló en Avila su cuartel general, en espera del asalto definitivo a Madrid. El 11 de noviembre del citado año el aeropuerto de Avila sufrió un intenso bombardeo de la aviación republicana durante el cual fueron destruidos casi todos los aviónes —Junkers y Heinkel— que componían la escuadrilla del teniente Kraft Eberhard —que murió en la operación—, primer oficial alemán caído en suelo español. Por otra parte, durante toda la guerra Ávila se convirtió en un importante centro de impresión de todo tipo de material bibliográfico de propaganda nacionalista. 


domingo, 14 de enero de 2024

Avecilla, Ceferino Rodriguez (1880-1946)

Prolífico periodista y dramaturgo vallisoletano, siempre comprometido con las problemáticas más importantes de su tiempo. 

Su labor como periodista fue incesante, comenzando a destacar en la prensa deportiva y siendo fundador de las revistas Revista de Sport (1903), Mundo Sportivo (1903) y Gaceta del Sport (1904), es especialmente reconocido por haber sido presidente durante 1904 de la Asociación Madrileña de Clubs de Foot-ball, la primera federación española. Su experiencia debió de ser ingrata, pues abandonó para siempre los deportes para centrarse en su actividad periodística y literaria.

Comenzó periodista comenzó a escribir en el Diario Universal (1903), después en La Tribuna, Libertad o Informaciones. Fue director del periódico  Castilla (1917), colaborador de La Voz  (1925), Abc y la revista Blanco y Negro. Desde su llegada a México en 1942, colaboró en varias revistas como Estampa, México al Día, Saber, Revista de Revistas y Excelsior, en la escribió críticas teatrales y cinematográficas.

Sin embargo su mayor éxito profesional le llegó a través de la literatura, en concreto del teatro. La mayor parte de su producción dramatúrgica la firmó con Manuel Merino García Pierrat, con quien presentó incluso alguna zarzuela a la que el maestro Rafael Millán le puso música; así La mala tarde (1915) o Las alegres chicas de Berlín (1916). Avecilla también publicó varias novelas e incluso organizó una colección de 7 títulos llamada “La novela roja” (1931), en la que participaron otros novelistas como Margarita Nelken o Adelardo Fernández Arias.

Siempre firmadas en solitario, quizá sus principales obras fueran Los crepúsculos (1905), Margot quiere ser honrada (1922) o La amaba locamente (1925).

Su ideología comunista le hizo tener una activa actividad política durante los años republicanos, hasta el punto de verse obligado a refugiarse dos veces en París. Fue uno de los responsables de la Sociedad General de Autores y Editores durante la Guerra Civil Española, tras lo cual tuvo que exiliarse en México, tras haber sido encarcelado al final de la Guerra Civil. Llegó a México el 22 de mayo de 1942, a bordo del Nyassa, donde continuó su carrera periodística y literaria, colaborando en diversas revistas.

domingo, 12 de noviembre de 2023

«avance Michelin»

Expresión empleada en zona nacionalista para aludir a una forma de ganar terreno en las operaciones bélicas y que consistía en hacerlo siempre por las carreteras, como medio más rápido y sorpresivo.

martes, 25 de julio de 2023

Antoniutti Ildebrando (1898-1974)

Prelado italiano y diplomático vaticano que desempeño diversas misiones en el extranjero: China, Portugal, Albania, etc. 

A mediados de julio de 1937 fue designado encargado de Negocios del Vaticano ante el Gobierno nacionalista de Burgos -puesto que en un principio desempeño con cierta reticencia, aunque después, poco a poco, fue identificándose con el régimen de Franco-, manteniéndose en el desempeño de esta función hasta el mes de junio del año siguiente; trato en todo momento de dulcificar, en lo posible, las no siempre cordiales relaciones de la Iglesia de Roma con el Estado nacionalista. 

Durante el corto periodo de tiempo que duró su misión en España se produjo el retorno del cardenal Segura, expulsado del país por el Gobierno republicano antes de que estallara la guerra.

Entre 1953 y 1962 fue nuncio de S.S. el Papa en España y, en el últimos de dichos años, elegido cardenal. 

Autor de un libro titulado Memorie Autobiografiche (Roma, 1975), en el que narra algunas de sus experiencias en España. 

con el propósito de intercambiar prisioneros y brindar asistencia a los sacerdotes que habían huido de las áreas comunistas. Fue nombrado, el 21 de septiembre siguiente, encargado de negocios del gobierno nacionalista . Antoniutti más tarde se convirtió en Delegado Apostólico en Canadá el 14 de julio de 1938. Durante su estadía en Ottawa , describió al editor de Maclean, Blair Fraser , el padre de Graham Fraser , como "mal informado" después de acusar al clero conservador de mantener la Iglesia en Canadá demasiado vieja. plasmada en sus principios sociales en un artículo que el Delegado Apostólico denominó "evidentemente tendencioso". [1] También presidió la controvertida dimisión del arzobispo Joseph Charbonneau . [2]

Antoniutti fue nombrado nuncio en España el 21 de octubre de 1953, y fue creado cardenal-sacerdote de S. Sebastiano alle Catacombe por el Papa Juan XXIII en el consistorio del 19 de marzo de 1962. De 1962 a 1965, asistió al Concilio Vaticano II , durante el curso de que fue uno de los cardenales electores que participó en el cónclave papal de 1963 que eligió al Papa Pablo VI . El 26 de julio de 1963, el Papa Pablo recién elegido nombró a Antoniutti para la Curia Romana , como Prefecto de la Congregación de Religiosos . El Cardenal Antoniutti dimitió más tarde como Prefecto de Religiosos, después de una década de servicio, al convertirse en Cardenal- Obispo de Velletri-Segni el 13 de septiembre de 1973. Fue nombrado Camarlengo del Colegio Cardenalicio al año siguiente

viernes, 23 de junio de 2023

Auxilio Social

Organización de carácter benéfico, llamada primeramente Auxilio de Invierno, inspirado y siguiendo el modelo del Winterhilfswerk de la Alemania Nazi, fundada en Valladolid a finales de 1936 por Mercedes Sanz Bachiller, viuda de Onésimo Redondo Ortega, contando con la ayuda de Javier Martínez de Bedoya. La organización se sostenía económicamente gracias a cuestaciones públicas y que tenía como principal finalidad proporcionar alimentos, ropas, medicinas y otras ayudas a las personas necesitadas, especialmente a los niños, sin discriminar por la ideología. «La botadura de este servicio —escribe Dionisio Ridruejo en Casi unas memorias (Ed. Planeta, Barcelona, 1976)— fue un acto de valor porque, para empezar, se fundaba en el reconocimiento o denuncia de la extensión que en Valladolid había tenido la purga represiva. En efecto, el Auxilio nació, sobre todo, para dar asistencia a un extraordinario número de huérfanos recientes y pobres: los huérfanos de la muerte en retaguardia...» 
 
A pesar de ello y de su carácter eminentemente paternalista resultó muy eficaz, hasta el punto de que al acabar la contienda contaba con más de 2500 centros asistenciales extendidos por todo el país. Tras el Decreto de Unificación de 1937, la organización quedó integrada en la Sección Femenina de FET y de las JONS, aunque conservando una relativa independencia. Además, conto con su propio servicio de propaganda, la Oficina Central de Propaganda, bajo la dirección de la escritora Carmen de Icaza, que realizaba reportajes sobre los repartos benéficos.
 
En sus primeros tiempos fue una organización laica, y debido a su rápido crecimiento, la Iglesia lo comenzó a ver con desconfianza. Las presiones de la Iglesia surtieron efecto y finalmente, con la aprobación de Ramón Serrano Suñer, se constituyó un Consejo Superior de Beneficencia y Obras Sociales con la presencia obligada de dos obispos, que se reunió por primera vez el 10 de agosto de 1938, siendo uno de ellos monseñor Enrique Plá y Deniel. 
 
Auxilio Social constituyó un medio de propaganda importantísimo para el régimen, por ello se dieron luchas por su control, como la que hubo entre Sanz-Bachiller y Pilar Primo de Rivera. El matrimonio entre Sanz-Bachiller y Martínez de Bedoya, a finales de 1939, sirvió de excusa para la caída en desgracia de la delegada nacional del Auxilio Social. Tras una dura campaña en su contra, ésta dimitió de todos sus puestos a comienzos de 1940.  Por Decreto de la Jefatura del Estado de 17 de mayo de 1940, Auxilio Social se convirtió en una entidad oficial del régimen, encargada de cumplir unas funciones benéficas y político-sociales determinadas. En el artículo 3º del citado decreto se reconocía la naturaleza de Auxilio Social, que gozaba de personalidad jurídica independiente de la del Estado y de la propia del Movimiento, adoptando en orden a su funcionamiento la modalidad de una Delegación Nacional del Servicio de Falange Española Tradicionalista y de las JONS

sábado, 17 de junio de 2023

Auxilio Femenino, Comisión de (zona republicana)

Organismo dependiente del Ministerio de Defensa Nacional al cual, a principios de agosto de 1939 —tras la movilización general de los hombres comprendidos entre los 18 y los 50 años de edad—, la Subsecretaría de Tierra encargó la movilización general de las mujeres que habían de sustituir al personal masculino en los servicios de retaguardia que quedasen vacantes como consecuencia de la incorporación de los hombres a las unidades del ejército. Anteriormente, el proyecto del gobierno central era proveer de ayuda voluntaria en tareas de auxilio y asistencia social, hasta que el presidente de la República, Manuel Azaña, ordenó esta movilización general para ambos sexos de entre 17-55 años que no estuvieran bajo disciplina militar. Para entonces era demasiado tarde, la desintegración de las instituciones republicanas ya había comenzado y el decreto tuvo pocas consecuencias.

En agosto de 1936, ya se había creado otra Comisión de Auxilio Femenino como organización subsidiaria de la Agrupación de Mujeres Antifascistas (AMA), siendo reconocida por el gobierno como organismo idóneo para encargarse de la organización del trabajo de la mujer en la retaguardia y manterner contactos con el Ministerio de Guerra. La Comsión ayudó a los ministerios de la guerra, industria y comercio en la tarea de organizar los suministros para los frentes y el trabajo de asistencia a los combatientes. Pese a su caracter oficial, la AMA no logró integrarse en los servicios sanitarios y de avituallamiento, y sus funciones se redujeron a un plano muy secundario. En 1938 se reconoció el fracaso de esta iniciativa, aunque se volvió a formar una nueva comisión para intensificar el papel de las mujeres en el trabajo de apoyo auxiliar destinado a los heridos y a las familias de los soldados.

viernes, 16 de junio de 2023

Auriol, Vincent (1884-1966)

Abogado y político francés, miembro del Partido Socialista de su país y diputado por éste en varías legislaturas. Ministro de Finanzas en un gabinete presidido por Léon Blum y de Justicia en otro encabezado por Chautemps. 
 
Al estallar la Guerra Civil española se mostró decidido partidario de ayudar al Gobierno republicano, si bien la presión ejercida por Gran Bretaña en sentido contrarío convirtió dicha ayuda en algo poco más que un símbolo. 
 
Durante la Segunda Guerra Mundial tomó parte en la Resistencia contra los alemanes invasores de Francia, hasta que en 1943 pudo unirse, en Londres, al general De Gaulle. 
 
Posteriormente fue ministro de Estado y presidió la Asamblea Constituyente y la Asamblea Nacional. En 1947 fue elegido presidente de la República francesa, cargo que desempeñó hasta 1954. 
 
V. Francia (su actitud ante el conflicto español).

miércoles, 14 de junio de 2023

Aunós Pérez, Eduardo (1894-1967)

Abogado y político ilerdense, afiliado en su mocedad a las juventudes mauristas, que en 1916 fue diputado a Cortes y poco después secretario político del líder catalanista Francesc Cambó. Colaborador del general Primo de Rivera, desempeñó la cartera de Trabajo durante la dictadura que presidió el marqués de Estella. A la caída de dicho régimen sé exilió voluntariamente a París, donde organizó un bufete que alcanzó gran prestigio internacional. Muy influido —al igual que José Calvo Sotelo— por Charles Maurras, intentó, sin fortuna, constituir un partido corporativista al estilo del fascismo italiano. Afiliado a Renovación Española.
 
Al estallar la Guerra Civil se puso incondicionalmente a las órdenes del general Franco, siendo nombrado en 1937 consejero nacional de FET y de las JONS y miembro de la Junta Política de dicha organización; formó parte, además, de la Comisión sobre la ilegitimidad de los Poderes Actuantes el 18 de julio de 1936. En marzo de 1939, poco antes de que concluyese la contienda, negoció en nombre del Gobierno nacionalista un ventajoso acuerdo comercial con la República Argentina y un convenio de pagos con Italia. 
 
Terminada la guerra fue embajador de España en la Argentina, Brasil y Bélgica (en este último país, la Universidad Católica de Lovaina le concedió el título de doctor honoris causa). Ministro de Justicia desde el 15 de marzo de 1943 hasta el 20 de julio de 1945. 
 
Escritor fecundo —se decía de él, un tanto mordazmente, que si hubiera leído todo lo que había escrito, hubiera sido un hombre de gran cultura—, fue autor de numerosos libros de viajes, política, novela, ensayo, historia, etc.: España en crisis, Cartas al príncipe, Viaje a la Argentina, Viaje al París de hace cien años, El jardín de los muertos, Biografía de Parts, Estampas de ciudades, etc. 
 
A su fallecimiento, ocurrido en Suiza, desempeñaba la presidencia del Tribunal de Cuentas del Reino. Miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. 
 
V. Ilegitimidad de los poderes actuantes el 18 de julio de 1936, Comisión sobre la (zona nacionalista).