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viernes, 21 de septiembre de 2012

José María Albiñana (1883-1936)

Fundador del derechista Partido Nacionalista Español y una de las plumas más provocadoras de la prensa de su tiempo, está al tanto de los preparativos de la rebelión militar, de cuyo fracaso en Madrid será víctima

"No hay más: libertades ni más democracia que las que cooperan a la seguridad y engrandecimiento de la Patria", así reza un telegrama, publicado en La Nación, que Albiñana, como líder del recién fundado Partido Nacionalista Español (PNE), envía a Mussolini el 4 de noviembre de 1930.

José María Albiñana, médico y abogado, nace en Valencia en 1883. Antes de llegar al líderazgo del PNE, pasa por diferentes etapas: desde los flirteos iniciales con el republicanismo, pasando por el liberalismo monárquico progresista, hasta acabar en la derecha reaccionaria.

Sus comienzos son difíciles. Hastiado de no hacerse con un hueco en la política de Madrid, el 21 de junio de 1921 marcha a México, donde reside ocho años. Se pueden diferenciar claramente dos etapas en el Albiñana mexicano: la primera, en la que se dedica a los negocios y mantiene una fructífera vida profesional y de buenas relaciones con la burguesía local; y una segunda, en la que comienza su evolución hacia un pensamiento más reaccionario, Las razones son múltiples: la añoranza de la patria la repulsa hacia los políticos republicanos que desde México critican la situación que se vive en España, la política de acoso a los intereses españoles por parte del Gobierno mexicano y, finalmente, la tendencia anticlerical que se vive en el país.

Por ello, es en tierras mexicanas donde moldea su ideario nacionalista y realiza sus escritos más importantes en prensa.

En enero de 1927 colabora con el diario ABC, donde publica la serie llamada Reivindicaciones Españolas, que levanta ampollas entre los intelectuales y políticos mexicanos, que consideran sus artículos intolerables, y lo expulsan del país.

A fínales de 1929 se instala en Madrid, y nuevamente colabora con ABC, lo que le sirve para conocer a Manuel Delgado Barreto, director de La Nación, el periódico de la dictadura de Primo de Rivera. Logra así establecer buenas relaciones entre los medios más afines al régimen. En buena lógica, la dimisión de Primo de Rivera le supone un duro golpe.

A principios de 1930 comienzan a cobrar fuerza las opciones republicanas, y Albiñana se erige en portavoz de la reacción. El 27 de febrero, a la salida de un acto contra el rey, reparte el Manifiesto por el Honor de España, una aguda invectiva contra sus compañeros del Ateneo de Madrid, contra la intelectualidad progresista y, sobre todo, un llamamiento para luchar contra los enemigos de la Monarquía. El manifiesto es ampliamente difundido, y Albiñana recibe numerosos apoyos en toda España. Seguro del respaldo obtenido, decide crear el PNE.

La organización invita a inscribirse a "todos los hombres honrados que sientan la inapreciable dignidad de haber nacido españoles". Se trata de un partido conservador creado a partir de un programa de 22 puntos en el que, entre otras cosas, se defiende el "mantenimiento del riguroso orden social", y se propugna un "Estado católico con una monarquía tradicional, administración centralizada y un sistema social y económico basado en la doctrina social de la Iglesia".

La formación surge primero en Madrid, para extenderse luego por el resto de España, aunque siempre de forma centralizada. Se crean los Legionarios de España, una fuerza paramilitar contra el régimen: "Somos la contrarrevolución y actuaremos por sorpresa, rescatando a nuestra Patria de la anarquía y arrollando por la fuerza todo cuanto se oponga a su seguridad y engrandecimiento", según el número 7 de La Legión, revista del partido.

Proclamada la Segunda República en abril de 1931, comienza el vía crucis del partido y de su líder. Sin quererlo, el propio régimen los resucita para convertirlos en el blanco de los exaltados de izquierda.

Tras los disturbios que tienen lugar el 10 de mayo de 1931, como consecuencia de la creación del Círculo Monárquico, y que provoca la quema de iglesias en la capital, el político valenciano es detenido y llevado a la cárcel Modelo. Los medios de comunicación de derechas le presentan entonces como un mártir. Escribe el libro Prisionero de la República y la serie de artículos A través de la Reja, publicados en La Nación.

Puesto en libertad el 10 de diciembre de 1931, consigue relanzar el partido y prosigue con su enfrentamiento particular contra la República, utilizando escritos cada vez más agresivos. La gota que colma el vaso es una carta dirigida a Casares Quiroga, en la que insulta sin contemplaciones al ministro de Gobernación. Esto le cuesta, aplicando la Ley de Defensa de la República, el confinamiento en Las Hurdes.

Pero Albiñana, cuya salud está muy deteriorada, vuelve a apelar a la prensa. Se desata una campaña a su favor que traspasa, incluso, las fronteras españolas. El 30 de agosto de 1932 logra la libertad y vuelve a Madrid para encontrarse con que su partido está virtualmente desaparecido debido a la represión desatada tras su participación en la Sanjurjada.

Es entonces cuando Albiñana ve en el fascismo su salvación, lo que provoca la división su partido. Ante la falta de acuerdo, acude a las elecciones de 1933 como candidato independiente por la provincia de Burgos y consigue salir elegido. Como parlamentarlo, sus intervenciones se caracterizan por su agresividad hacia la izquierda y respecto a la cuestión catalana, su verdadera obsesión. Así, tras la entrada de la CEDA en el Gobierno y la suspensión del Estatuto, modera sus ímpetus y pasa a un segundo plano en la escena política.

Cuando Calvo Sotelo vuelve a España en 1934, Albiñana no duda en reorientar la línea de su partido, poniendo todos sus medios a disposición del Bloque Nacional, la coalición de derechas a la que, junto con Renovación Española, el PNE se adhiere. Pero la arrolladora victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero del 36 da un vuelco a la vida política del país, y el partido de Albiñana vuelve prácticamente a desaparecer.

Respecto al golpe de julio, no hay pruebas claras de la participación de los alblñanistas en el mismo. Según afirma Julio Gil Pecharromán en José María Albiñana y el Partido Nacionalista Español, "Albiñana forma parte del círculo de políticos que están al tanto de los preparativos del golpe". De hecho, tras el asesinato de Calvo Sotelo el 13 de julio, acude a Pamplona con mensajes para Mola sobre el alzamiento en Madrid. Tres días después regresa a la capital, alegando que "los que hemos preparado la sublevación tenemos que permanecer en los puestos de mayor peligro", según se recoge en un artículo publicado en El Castellano en agosto de 1939 y citado por Gil Pecharromán.

La sublevación le sorprende en Madrid. Consigue abandonar su casa y llegar a las Cortes disfrazado de invidente. Allí logra refugiarse hasta el 3 de agosto, cuando la prensa da a conocer su paradero. Es encarcelado en la cárcel Modelo y muere fusilado el 22 de agosto, después de ser golpeado y vejado por milicianos exaltados de izquierda.

3 comentarios:

  1. este tio es un nazi pre franquista y xenofobo anti semita contra judios y otras razas no españolas , golpista pre-franquista falangista y legionario.

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  2. Si pero fusilado sin juicio: así es la justicia de izquierdas.

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