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viernes, 28 de septiembre de 2012

José Asensio Torrado (1892 -1961)

Este general, apreciado por sus cualidades castrenses, es rápidamente designado por Largo Caballero para asumir un papel decisivo en la contienda, aunque acaba destituyéndolo por la presión del Partido Comunista

Los comunistas lo apodan “el general de las derro­tas”, entre otras por la frustrada toma del Alcázar de Toledo. Pese a ello, entre los repu­blicanos tiene fama de profesional organizador y buen conocedor de la técnica militar, características que le valen para escalar posiciones en el escalafón y participar en importantes escenarios bélicos, como Guadarrama, Toledo, Andújar y Málaga.

Nacido en La Coruña en el año 1892, José Asensio Torrado inicia muy joven su carrera militar y con sólo 34 años se convierte en coronel. Tras com­partir promoción de Infantería con el general Francisco Franco, se une a la causa del Gobierno republicano nada más producirse el alzamiento militar. Asensio, que se encuentra de veraneo en San Rafael (Segovia), se pone rápi­damente a disposición de la República.

Ya en los primeros días de la Guerra participa en el asalto al cuartel de la Montaña. Aunque su primera incursión destacable tiene como escenario el frente de la sierra madrileña. Allí susti­tuye al general Riquelme y protagoniza una eficaz resistencia ante la presión que las columnas del ge­neral Mola ejercen sobre la zona.

Las capacidades de este gallego impresionan a Largo Caballero, que le asciende a general el 5 de septiembre de 1936, justo después de su propio nombramiento como ministro de la Guerra y jefe del Gobierno, poniéndole al man­do de las operacio­nes que se desarrollan en la zona cen­tro. Después de su ac­tuación en el Frente de Guadarrama es enviado a Toledo, donde participa en e| definitivamente malogrado sitio del Alcázar.

Este episodio, así como las sucesivas derrotas en las batallas que tienen lugar en Illescas y Talavera de la Reina, contribuyen a su descrédito sobre todo entre los comunistas que no habían conseguido la adscripción incondicio­nal del general a su causa. Probablemente por esta razón, de esta ala de la izquierda -que le había nombrado comandante honorario del Quinto Re­gimiento resaltando las cualidades militares de este “héroe de la Repúbli­ca”- proceden las críticas más duras contra Asensio Torrado, convirtiéndose en el centro de sus ataques.

Disciplinado y riguroso en el acata­miento de la orden militar, adopta im­placables medidas contra los milicianos que, desobedeciendo sus órdenes, se baten en retirada en el campo de batalla.

A pesar de todo ello, sigue gozando de la buena consideración que tiene su persona en ambos bandos, que le reco­nocen como un buen profesional.

También Largo Caballero, que se ve forzado a relevarle del mando del Frente Central ante las presiones comunistas, reco­noce su valía nombrándole sub­secretario del Ministerio de Guerra el 22 octubre de 1936 en sustitución de Rodrigo Gil, partidario de la causa comunista y antiguo segui­dor político del propio Largo Caballero. Durante esta etapa Asensio Torrado contribuye a la creación de un Ejército republicano, que se convierte después en el Ejército Popular. Gracias a su influencia se crean también varias escuelas para oficiales, el centro de reclutamiento, instrucción y moviliza­ción, el centro de organización perma­nente de Artillería y el centro de orga­nización permanente de ingenieros.

Tras participar en las contiendas del Jarama y Brúñete, el “ojito derecho” de Largo Caballero en el Ministerio de Guerra vuelve a ser objeto de los ata­ques comunistas durante la Batalla de Málaga. En esta ocasión, culpan a Asensio de la pérdida de la ciudad en febrero de 1937 y le acusan además de acudir a un conocido cabaret valencia­no mientras las fuerzas nacionales arrasan la ciudad andaluza.

Según un relato comunista publica­do en Guerra y revolución en España, “Asensio no desconocía las dificulta­des que iba a encontrar el coronel Villalba (jefe militar del Frente de Málaga) en el mando de un sector como el de Málaga, que el general daba por perdido y al que no pensaba prestar la debida ayuda”.

La pérdida de esta posición causa indignación entre los republicanos, que incluso se manifiestan en Valencia con el objetivo de exigir responsabilidades. Tras este episodio, a pesar de las reti­cencias de Largo Caballero -que llega a enfrentarse con el embajador soviéti­co Marcel Rosenberg, entre otros, por este asunto- el subsecretario de Guerra es finalmente destituido y, acu­sado de negligencia y traición, es pro­cesado y condenado.

Según reconoce el propio Largo Caballero en sus memorias, Mis recuer­dos, el ataque contra Asensio Torrado “no tenía nombre”. Y añade “(...) Los ministros comunistas, en todos los Consejos, planteaban la misma cues­tión: tenía que echar al subsecretario, era un peligro en el Ministerio. Les pedía pruebas y ofrecían llevarlas pero nunca lo hacían. ¡Inocentes olvidos!... Cuando se convencieron de que acu­sándole de traidor no conseguirían nada le acusaron de borracho y muje­riego. Les contesté que nunca le había visto embriagado, y que me extrañaba que repudiasen a un general español porque le gustasen las mujeres, cuando me constaba que habían dado ingreso en su partido a invertidos”.

Su estancia en la cárcel no se pro­longa durante mucho tiempo y queda en libertad tras sobreseerse la causa instruida contra él por falta de pruebas. Uno de los motivos que propician su libertad es su famoso escrito El general Asensio: su lealtad a la Repú­blica, que redacta en prisión mientras espera que se investi­guen los hechos por los que se le acusa.

Aunque queda en libertad, Asensio no vuelve a ocupar un puesto militar hasta los últimos días de la guerra. Tras una etapa como asesor del Ministerio de Defensa, en enero de 1939 es nombrado agregado militar de la embajada española en Washington.

Desde Estados Unidos, se suma a las gestiones de paz que se están llevando a cabo por el Consejo Nacional de Defensa que crea Segismundo Casado y tiene, entre otras, la pretensión de que una vez finalizado el conflicto los oficiales leales a la República sean res­petados y reconocidos con la gradua­ción y honores alcanzados.

Al terminar la Guerra Civil española José Asensio Torrado se traslada a la ciudad de Nueva York donde, durante algún tiempo, se gana la vida impar­tiendo clases de español. En febrero de 1949, es nombrado ministro sin cartera del Gobierno republicano en el exilio hasta que fallece en esa misma ciudad en 1961.

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