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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Joaquín Fanjul (1880-1936)

Ardoroso defensor de lo militar, será vestido de paisano como el general se introduzca en el cuartel de la Montaña para iniciar el golpe en Madrid. Apresado por las milicias republicanas, es juzgado y condenado a morir fusilado

Conocido por sus ideas monárquicas y su apasionado apego a la tradición militar, el general Joaquín Fanjul Goñi es uno de los primeros y más destacados conspiradores contra la República. Su actuación durante las horas siguientes al levantamiento militar le conducen, el 19 de julio, al cuartel de la Montaña, un enclave que no conseguirá retener y del que saldrá hecho preso con destino a un pelotón de fusilamiento.

De no haber fracasado, Fanjul podría haberse convertido en uno de los candidatos a dirigir el posterior régimen. De hecho, y según recuerda el historiador Paul Preston, "tenía un prestigio equiparable al de Franco".

Nacido en Vitoria en el año 1880, ingresa en la Academia de Infantería a los 16 años. Paralelamente a su carrera en el Ejército, estudia Derecho, y se especializa en Sociología Militar, un área a la que dedicará varias monografías a lo largo de su vida.

En 1898 es destinado a Cuba y participa en la guerra contra Estados Unidos. En 1905 se diploma como capitán del Estado Mayor, aunque compagina su profesión militar con el ejercicio de la abogacía. Tras combatir en Marruecos, asciende al puesto de general en el año 1926.

Miembro del partido maurista, es diputado y senador durante el reinado de Alfonso XIII, y enseguida destaca en las Cortes por su entusiasta oratoria, especialmente en lo concerniente a la defensa del Ejército. "Todos los parlamentos del mundo no valen lo que un soldado español", comenta en una ocasión en el propio Congreso.

Con la llegada de la República, que nunca acepta, se inscribe en el Partido Agrario y consigue el acta de diputado por Cuenca en 1931. Al año siguiente, su condición de general le lleva a encabezar el debate parlamentario en contra de una ley que establece que los militares jubilados que difamen a la República dejarán de recibir sus pensiones.

Su impetuosa defensa del Ejército da un paso adelante en 1933, cuando llega a agredir en los pasillos del Congreso al diputado socialista Tomás Álvarez Angulo, tras acusarle de haber "injuriado" a los militares.

Dos años después, Gil Robles obtiere el puesto de ministro de la Guerra y le ofrece la Subsecretaría del departamento, al mismo tiempo que Francisco Franco obtiene el puesto de jefe del Estado Mayor Central y Manuel Goded, otro conocido adversario de la República, es nombrado inspector general en la misma institución.

Los tres son destacados generales, sobre todo por sus campañas en África, y los tres tendrán un papel decisivo en el posterior levantamiento militar. De heecho, ya en 1935, meses antes de las elecciones que darían el poder al Frente Popular, el propio Gil Robles se plantea un golpe de Estado. Sin embargo, tanto Fanjul como el resto de militares consulados consideran que el Ejército aún no está preparado para asumir el mando por la fuerza. Tras los trágicos sucesos de Asturias en octubre de 1934, temen que la reacción de los obreros pueda ser incontenible.

Cuando su partido acepta formalmente a República, Fanjul se siente indignado y se une al Bloque Nacional de José Calvo Sotelo, desde donde se convertirá en uno de los impulsores del golpe de Estado. En realidad, nunca ve del todo despejadas incertidumbres respecto al éxito de la sublevación militar, ya que es consiente de que ni todas las tropas ni todos oficiales apoyarán tal acción. Como miembro de la Unión Militar Española (UME), formada en su mayor parte por monárquicos, encuentra a sus adversarios naturales en la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA). Los miembros de esta asociación, creada como réplica a la UME, sospechan de Fanjul e informan al Gobierno de todas las actividades, algo que no pasa inadvertido para el general vasco.

Sin embargo, tras la victoria del Frente Popular en febrero de 1936, Fanjul se convierte en uno de los defensores más activos y concienciados de la sublevación y se ofrece abiertamente para dirigirla bajo cualquier circunstancia. "Cualquier puesto me parecerá bueno para servir a España contra esta tiranía insufrible", asegura.

El historiador Gabriel Jackson define así la actitud de los integrantes de la UME: "Como los militares de todos los países, pensaban que, en tiempos de agitación, sobre ellos caía la última responsabilidad de la nación como tal. En su modo simplista de ver los acontecimientos, el Ejército había salvado a España del comunismo en 1917, y era su deber patriótico volver a salvarla".

Con esta mentalidad, Fanjul viaja a Pamplona pocos días antes del levantamiento para coordinarse con el general Mola, poniendo la excusa de que va a acudir a las fiestas de San Fermín. De regreso a Madrid, continúa en contacto con el resto de conspiradores. Sin embargo, ni durante las horas previas al levantamiento ni tras dar éste sus primeros coletazos el 18 de julio le es asignado puesto alguno y permanece refugiado en casa de unos parientes.


La mañana del 19 de julio, mientras hace la maleta para irse a Burgos y colaborar desde allí en el golpe, recibe la orden de hacerse cargo de la sublevación en Madrid. El plan original consistía en dirigir a las tropas desde la División de Madrid, tal y como le comunica personalmente el sobrino del general Villegas.

Sin embargo, durante el tiempo que pasa encerrado, y sospechando que el levantamiento no está teniendo éxito en la capital española, Fanjul propone establecerse en el cuartel de la Montaña, a lo que Villegas accede. Vestido de paisano, entra en el cuartel, toma el mando y redacta de su puño y letra un bando en el que declara el estado de guerra "para salvar de la ignominia a España" y se nombra a sí mismo "autoridad" sobre "todas las Fuerzas Armadas y todos los organismos políticos y administrativos del Estado". Fanjul arenga a sus tropas, confiado en la pronta llegada de auxilio de las columnas de Burgos, Valladolid y Andalucía, que ya habían partido en dirección a la capital.

Sin embargo, los refuerzos nunca llegan, y la división interna que existe entre sus propios colegas y el sitio al que poco a poco van sometiendo ciudadanos armados y guardias de asalto al cuartel van minando paulatinamente la moral de los allí atrincherados.

Cuando las fuerzas del Gobierno toman el cuartel, hacia el mediodía del 20 de julio, algunos militares sublevados se suicidan, otros son asesinados y varios son detenidos, entre ellos Fanjul. Acusado de rebelión militar, es juzgado en juicio sumarísimo (él mismo ejerce su propia defensa) y condenado a muerte. Al alba del 18 de agosto de 1936, Joaquín Fanjul es ejecutado por un pelotón de fusilamiento.

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