Adsense

sábado, 15 de septiembre de 2012

General Sanjurjo (1872-1936)


Ocupa cargos de confianza con la Dictadura y la República, pero conspira contra ambas. Exiliado en Portugal, se dispone a tomar el mando de los sublevados cuando muere en un accidente el día 20

No es la primera vez que este general, iniciado en la guerra de Cuba y forjado en las campañas de África, intenta un golpe de estado contra la autoridad establecida.

José Sanjurjo y Sacanell, que había nacido en Pamplona en 1872, lo fue casi todo en el Ejército español de la primera mitad de siglo. Como general de División llegó a ser Alto Comisario y máximo mando militar de Marruecos, director de la Guardia Civil, director del cuerpo de Carabineros, hombre de confianza de la Dictadura y la República y conspirador contra ambas. Un militar de un patriotismo exaltado, aventurero y romántico, más cercano a los generales del siglo XIX al estilo de Prim -a quien admiraba- y a menudo embarcado en dudosas maniobras políticas en nombre de España.

Inicia su carrera militar en la Academia de Toledo en 1890. Tras ser clausurada ésta en 1893 se traslada a la Academia de Infantería de la que sale como primer teniente un año más tarde. Por entonces, la instrucción militar no prestaba casi atención a las maniobras o las prácticas de combate y se basaba en un método muy anticuado, que consistía en el estudio de la historia militar y de conceptos teóricos de la guerra, materias que apenas interesaban a José Sanjurjo. "De la carrera militar me gustaron siempre más que los textos aprendidos en la soledad de los gabinetes, lo que tiene de aventura, de inspiración personal de esa inquietud y ese azar de los campos de la guerra", así describiría el general su paso por la academia.

Se incorpora a la guarnición de Cuba en 1896 en un momento en que la situación nacional era más que desfavorable tras las insurrecciones que se venían produciendo desde el año anterior. Su bautismo de armas se produce, según su biógrafo Enrique Sacanell, en la provincia de Pinar del Río, donde Maceo, uno de los cabecillas de la insurrección junto a José Martí, tiende una emboscada a los españoles. El capitán general de la isla envía refuerzos, entre los que se encuentra Sanjurjo. El combate le sirve para ganar sus primeras heridas de guerra.

La rendición de España en la guerra de Cuba y la pérdida de las colonias formalizada en el tratado de París marcan profundamente a Sanjurjo que vive los acontecimientos en primera persona: "Siendo teniente del fuerte de Matanzas recibimos la orden de rendirnos sin combatir. Yo vi arriar la bandera y no pude reprimir mi rabia, mi pena, el dolor terrible de mi impotencia". Sin embargo, Cuba significa la consolidación de su vocación castrense: asciende a capitán y es laureado con tres cruces al mérito militar y una de María Cristina. Certifica además su compromiso con la patria tras el desastre, lo que le llevará a ser la figura indiscutible del Ejército en la guerra de África que se prolonga durante 18 años, desde 1909 a 1927.

Sanjurjo va a alcanzar el cénit de su carrera en esta larga campaña ya que llega al conflicto como capitán en 1909 y lo termina él mismo al mando de todas las tropas de Marruecos en 1927, después de ascender sucesivamente a comandante, teniente coronel, coronel, general de brigada, de división y capitán general (máxima graduación del Ejército en ese periodo).

Su llegada en 1909 no puede ser en peor momento, el Ejército sufre uno de los primeros reveses importantes en la batalla de Barranco del Lobo. La hecatombe finaliza con la victoria de las tropas rifeñas al mando del legendario Abd el Krim que consigue un puesto avanzado en el entorno de Melilla. El Gobierno decide enviar un contingente de tropas para reconducir la situación en el que se encuentra Sanjurjo. El Ejército consigue recuperar las posiciones perdidas en Barranco del Lobo, durante unas operaciones en las que destaca el capitán. En esta época se le otorga una condecoración al batallón que manda por su valerosa actuación y es ascendido a comandante por méritos de guerra, Es el comienzo de la leyenda personal del militar como pendenciero, aguerrido y buen bebedor, Enrique Sacanell, le describe como un hombre hedonista, pródigo con el dinero y mujeriego. Aficiones que cuadraban a la perfección con la imagen que él mismo daba de temerario.

En 1911, y tras el recrudecimiento del movimiento insurgente de Abd el Krim, Sanjurjo manda accidentalmente el regimiento de San Fernando donde obtiene dos cruces rojas. Durante este periodo se produce la campaña del Kert donde sucesivamente sus compañeros africanistas irían ascendiendo en el escalafón. Tras esta campaña regresa a Madrid, pero se reincorpora en 1914 a las recién creadas tropas regulares, que manda el general Berenguer y donde es ascendido hasta teniente coronel, accediendo de esta forma a la plana mayor del Ejército.

Después de una interminable campaña convertida en una auténtica sangría, que alcanza su momento más trágico en el desastre de Annual (1921), la Dictadura iba a acabar con el conflicto de África a partir de 1925. Sanjurjo, ya capitán general del Ejército, recibe el mando del ejército de tierra de la operación franco-española de Alhucemas, Dirige las tropas con éxito en el desembarco y es nombrado alto comisario de Marruecos además de obtener del propio Alfonso XIII el título de Marqués del Rif y la gran cruz de Carlos III, El Ejército bajo su mando estratégico acaba con la guerra de Marruecos en 1927. Cuando finaliza el conflicto de África el general es por entonces y hasta entrada la década de los años 30 "el militar más famoso de España" según las palabras del historiador Hugh Thomas. Es de hecho el máximo exponente de lo que da en llamarse africanistas, entre los que se encuentran Millán Astray, Mola o el propio Franco, militares que ascienden vertiginosamente en las campañas coloniales por méritos de guerra y que se caracterizan por su amor al campo de combate y a la vida puramente castrense. Sanjurjo se convierte a partir de entonces en un pilar básico del Ejército y desempeña cargos de máxima importancia en el plano político como la dirección de la Guardia Civil, a la que asciende en 1928 y que compagina como alto comisario de Marruecos.

Su posición se presenta clave cuando en agosto de 1930 la mayoría de las fuerzas políticas firman el pacto de San Sebastián para derrocar a la Monarquía, que desemboca en la instauración de la Segunda República en 1931. Comienzan entonces sus vaivenes políticos: a pesar de sus simpatías hacia Alfonso XIII, al que había defendido como soldado, deja que los acontecimientos sigan su curso sin movilizar a la Guardia Civil, muy al contrario, facilita la transición al nuevo régimen y se declara a favor de él.

Si bien sintoniza inicialmente con la República, Sanjurjo pronto empieza a manifestar su descontento con la nueva situación. Por una parte, la reforma de Azaña del Ejército provoca un malestar entre un sector de éste al que no es ajeno el general. Además, el Gobierno presidido por Azaña decide destituirlo como director de la Guardia Civil para nombrarlo director de la Guardia de Carabineros; un puesto de una importancia mucho menor que le provoca un enfado que no trata de disimular. Azaña, que no sentía ningún aprecio por el general, le consideraba peligroso y lo suficientemente voluble como para cambiar de bando en cualquier momento.

El político no se equivocaba: sus amigos militares y monárquicos tratan de convencerle de que debe alzarse contra la República. La conspiración parte de los carlistas Rodezno y Fal Conde, grupo profundamente antirrepublicano y tradicionalista arraigado en Navarra con quien Sanjurjo tenía lazos que se remontaban a su familia, oriunda como él mismo de Pamplona.

La maniobra, confusa desde el principio ya que era a un tiempo un intento de restaurar la monarquía, un golpe contra la "dictadura anticlerical de Azaña" y una reacción al Estatuto catalán, le convence y se suma a la conspiración, al mando, no obstante, del general Emilio Barrena.

La decisión de Sanjurjo no estaba poco meditada, las dudas que mantiene le llevan a entrevistarse con Alejandro Lerroux, líder del Partido Radical, al menos tres veces antes de sumarse definitivamente. El viejo político le pide paciencia con la situación, aunque algunos autores, como Ramón Tamames, aseguran que Lerroux no trata de disuadirle. El historiador Hugh Thomas incide en el asesinato de cuatro guardias civiles en Castilblanco el 31 de diciembre de 1931, como detonante de la paciencia del general. Sea como fuere, tras las reformas de Azaña, los sucesos de Castilblanco y su cambio de destino, Sanjurjo se pronuncia en Sevilla el 10 de agosto de 1932 al más puro estilo decimonónico y consigue hacerse con la ciudad. El plan consiste en dominar los principales edificios de las capitales importantes, pero el golpe, mal dirigido por Barrena, fracasa. Sólo en Sevilla, y en Madrid durante unas pocas horas, tiene algún viso de prosperar. Sus colaboradores, entre los que se encuentra su hijo, una vez que ven que todo está perdido organizan su huida pero es detenido camino de Portugal en Ayamonte, (Huelva), después de rechazar un traslado en avión.


Se juzga a 150 conspiradores por el intento y Sanjurjo, preguntado sobre quiénes eran sus apoyos contesta "Ahora que ha fracasado, ninguno, si hubiera triunfado, usted sería uno de ellos señor juez". Como resultado del pronunciamiento conocido como la Sanjurjada, el general es expulsado del Ejército y condenado a muerte, aunque la pena se le conmuta finalmente por una cadena perpetua que comienza a cumplir en el penal de El Dueso, en Santoña (Cantabria). El episodio pone fin a su carrera militar. Sin embargo, no cumple la condena ya que Lerroux, con quien había mantenido buenas relaciones en los primeros años de la
República, le indulta a su llegada a Gobierno en 1934. A pesar de ello, tiene que exiliarse a Estoril, Portugal, sin ningún mando militar.

Historiadores como Stanley Payne y algunos autores como Manuel de Burgos Mazo retratan la figura del general al hilo de la Sanjurjada como la de un hombre de acero curtido en mil batallas: un militar en el más puro sentido de la palabra, disciplinado y con arrojo pero carente de la inteligencia necesaria para liderar al Ejército en su intervención en la política. En concreto, Burgos Mazo, conspirador también contra la República, escribe de él que "era hombre caballeresco y valiente como pocos, pero de escaso entendimiento, así como el General Goded era la cabeza que concebía, organizaba y trazaba los planes, Sanjurjo era el brazo de hierro y heroico para realizarlos".

A pesar del fracaso de agosto del 32, desde Portugal, Sanjurjo se convierte en una especie de jefe nominal de casi todas las conspiraciones y de los grupos derechistas y monárquicos. Tanto generales proclives a la conspiración, como Goded o Mola, como los carlistas y algunos grupos de derecha le consideran la autoridad moral por excelencia del Ejército y un personaje destinado a comandar cualquier levantamiento contra la República.

Sanjurjo es informado puntualmente de las conspiraciones que se empiezan a fraguar en el entorno militar a finales de 1935. Sin embargo, la percepción en cuanto a la participación del viejo general en la conspiración de julio de 1936 varía bastante según los autores.

Mientras hay historiadores que le achacan un mero papel simbólico otros consideran que dirige de lleno el plan. La disputa se suele centrar en la relación con el general Mola, quien de hecho tenía el mando operativo y firmaba sus notas y cartas a los simpatizantes de la rebelión como el Director.

Según los que consideran su papel secundario, Mola informaba de todo a Sanjurjo y le consideraba la autoridad moral, aunque éste apenas decidiera sobre la forma de llevar a cabo la sublevación. Los que piensan que dirigía todo suelen incidir en que Mola sólo cumplía los designios que venían de Portugal debido a que Sanjurjo tenía más libertad de acción. Lo único cierto es que el general estaba implicado y se iba a constituir como el cabeza de mando de la rebelión por ser el militar de más prestigio entre los sublevados y quizá, el único capaz de aunar todas las voluntades y agradar a todos los egos.

Aún con la oposición de Goded y la reticencia de Franco, el general es nombrado jefe de los militares de la conspiración, incluso se postula como posible jefe de Gobierno en caso de triunfo. Todos los planes se van al traste el 20 de julio de 1936, en Portugal, cuando la avioneta Puss Moth que pilota el falangista Juan Antonio Ansaldo se estrella a los pocos minutos de despegar. Dentro de ella muere instantáneamente el general José Sanjurjo como consecuencia de una fractura de cráneo. El piloto salvó la vida y las conjeturas sobre un sabotaje rodean desde entonces este accidente.

La sublevación del 18 de julio cambiaba de curso nada más empezar posibilitando el posterior liderazgo de Francisco Franco, a la vez que desaparecía uno de lo militares más carismáticos y laureados de España.

Detalles del accidente que le costó la vida a Sanjurjo (El Día, 22/7/1936)

3 comentarios:

  1. Existe ,como en toda sublevación histórica un enredo de personajes, comportamientos amigos y enemigos el cual difumina la verdad de los acontecimientos,lo cual dan a la realidad de lo sucedido, una serie de facetas las cuales, si los mismos protagonistas de la misma,tornaran de nuevo a repetirla, quizás no sabrían discernir lo que paso, ni por que paso, ya que entre la ignorancia,la ambición, y el desconcierto fanático de la inútil prepotencia de la verdad absoluta,se diseño un enfrentamiento, cuyos culpables no se sabe quienes fueron, como bien lo demostró el tiempo mas tarde, ya que la Dictadura dijo que fueron unos y la Democracia apunta que fueron otros.Eso no tiene mas valor, que la opinión del interés de aquel que cogiendo el poder por la forma que sea, despues pretende justificarlo por méritos propios mientras que miles de seres humanos de una bando y de otro, sepultados, esperan aun, que sus descendientes, encuentren de verdad, la utilidad, el respeto y la protección por la cual ofrendaron sus vidas.,

    ResponderEliminar
  2. Existe ,como en toda sublevación histórica un enredo de personajes, comportamientos amigos y enemigos el cual difumina la verdad de los acontecimientos,lo cual dan a la realidad de lo sucedido, una serie de facetas las cuales, si los mismos protagonistas de la misma,tornaran de nuevo a repetirla, quizás no sabrían discernir lo que paso, ni por que paso, ya que entre la ignorancia,la ambición, y el desconcierto fanático de la inútil prepotencia de la verdad absoluta,se diseño un enfrentamiento, cuyos culpables no se sabe quienes fueron, como bien lo demostró el tiempo mas tarde, ya que la Dictadura dijo que fueron unos y la Democracia apunta que fueron otros.Eso no tiene mas valor, que la opinión del interés de aquel que cogiendo el poder por la forma que sea, despues pretende justificarlo por méritos propios mientras que miles de seres humanos de una bando y de otro, sepultados, esperan aun, que sus descendientes, encuentren de verdad, la utilidad, el respeto y la protección por la cual ofrendaron sus vidas.,

    ResponderEliminar
  3. Sobre o acidente que vitimou Sanjurjo :
    http://vedrografias2.blogspot.pt/search/label/Aer%C3%B3dromo%20de%20Santa%20Cruz

    ResponderEliminar