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jueves, 15 de noviembre de 2012

Cipriano Mera (1897-1975)

Albañil de profesión y líder sindicalista de CNT, cambia durante la Guerra el ladrillo por el fusil para participar con gran éxito en las campañas del Frente de Madrid y, más tarde, conspirar contra el Gobierno de Negrin

"Cuando termine la Guerra, el teniente coronel Cipriano Mera dejará las armas para volver a empuñar el palustre", manifestó el dirigente anarcosindicalista madrileño durante la contienda. En 1946, uno de los artífices de la gran victoria republicana durante la Guerra, Guadalajara, se instala en Billancourt-sur-Seine (Francia) y retoma la profesión de albañil que ejercerá durante 25 años.

Antes de eso, en marzo de 1937, y al mando de la 14ª División -formada por dos brigadas, constituidas fundamentalmente por anarquistas- toma Brihuega (Guadalajara) junto a la División italiana Garibaldi -voluntarios que apoyan al Ejército popular-, y hace huir a las tropas italianas enviadas por Mussolini, establecidas allí hasta ese momento.

Mera nace en Madrid, en el popular barrio de Tetuán el 4 de noviembre de 1897. De familia humilde, a los 11 años se ve en la obligación de trabajar en la construcción, primero como aprendiz y después como peón.

La construcción es un sector conflictivo por las malas condiciones de trabajo, lo que origina continuas huelgas en las que participa. Tras diversas detenciones actúa como portavoz de su gremio en la CNT, ocupando el puesto de presidente de la construcción en Madrid. Como representante de la organización sindical anarquista ingresa varias veces en prisión, ya en tiempos de la Segunda República, debido a diversas revueltas como la huelga de la construcción en la primavera de 1936. El inicio de la Guerra Civil le sorprende en la cárcel Modelo de Madrid, aunque es puesto en libertad al día siguiente. Inmediatamente después, participa en los combates que se suceden en la zona de Campamento -en las afueras de Madrid- durante esos días.

A partir de ese momento, avanza al frente de un grupo de hombres hacia las provincias de Guadalajara y Cuenca. Ya de regreso a Madrid, se dirige a la sierra, donde forma parte de una columna de trabajadores dirigida por el teniente coronel Del Rosal, con el objetivo de defender los embalses que sirven de abastecimiento a la capital. En noviembre, toma parte en la defensa de Madrid, combatiendo en campañas de la Casa de Campo, Aravaca y Ciudad Universitaria como responsable político de una columna que defiende los posibles accesos a la capital. En pocos días su columna pierde la mitad de los efectivos, por lo que hace un reclutamiento de emergencia, y consigue parar los avances del Ejército Nacional.

Durante los meses posteriores, Mera se va granjeando una fama de valor inquebrantable. Este prestigio hace que se le tenga un respeto máximo desde sus filas, donde sus combatientes le apodan cariñosamente El Viejo pese a tener apenas 40 años. Según diversos autores, Cipriano Mera piensa que la única forma de poder hacer frente al enemigo es la militarización de las unidades de voluntarios y la creación de un verdadero Ejército popular, en contra de sus principios anarquistas. "¿Que la militarización de nuestras milicias suponía hacer dejación de nuestras más caros principios? Cierto, pero esos principios ya habían sido violados con la entrada de militantes de la CNT en el Gobierno", manifiesta Mera.

En un principio se niega a aceptar los cargos militares que se le ofrecen. Sin embargo, debido a la presión de los mandos militares y a las necesidades que se van produciendo durante la Guerra, el 10 de febrero de 1,937 acepta el mando de la 14ª División anarquista, con la que combate en las batallas del Jarama y de Guadalajara.

Tras los repetidos fracasos en el intento de entrar en Madrid por el noroeste, el Ejército nacional cambia de táctica y realiza una maniobra de envoltura: inician los ataques por la zona del Jarama y la carretera de Valencia. La última maniobra para rodear Madrid se inicia en Guadalajara el 3 de marzo. Las tropas que intentan tomar este enclave para el bando nacional pertenecen al Cuerpo de Tropas Voluntarias (CTV) -formado por regulares y camisas negras- y la División Soria del general Moscardó. Como respuesta, los gubernamentales reestructuran sus fuerzas formando el 4º Cuerpo del Ejército republicano entre cuyas tropas se encuentra la división comandada por Cipriano Mera, a cuyo cargo está también la 12ª Brigada Internacional encabezada por el general Luckacs, y el batallón italiano Garibaldi, con un papel decisivo en la victoria republicana de Guadalajara. El 18 de marzo la 14ª División toma Brihuega, punto neurálgico de la zona y provoca el inicio de la huida de las tropas nacionales.

Después de esta victoria, Mera toma parte en los combates en torno a Brúñete. Debido a sus méritos de guerra, le ascienden a teniente coronel y le encomiendan el mando del 4º Cuerpo del Ejército.

Tras la caída de Cataluña, -marzo de 1939- secunda el golpe del coronel Casado contra el Gobierno de Negrín. A finales de ese mes, se traslada a Valencia y de ahí parte hacia Argelia, donde es retenido en un campo de trabajo junto a un gran número de refugiados. Tras ser liberado, se trasladará a Marruecos.

Sin embargo, la caída de París -12 de junio de 1940-en manos del Ejército nazi hace que las autoridades españolas pidan la extradición de figuras relevantes republicanas que se encuentran en suelo francés, incluyendo los protectorados de Argelia y Marruecos. Mera es repatriado a España el 20 de febrero de 1942. Es condenado a muerte, pero se le conmuta la pena a los pocos meses, condenándole a 30 años de prisión.

En todo caso, no cumple toda la condena ya que se le concede la libertad condicional en uno de los indultos que se conceden durante la posguerra.

Mera vuelve a su antiguo trabajo en la construcción, aunque no disfrutará de una vida tranquila, ya que su posición de antiguo alto cargo militar republicano le hace ser siempre blanco de las sospechas de la policía. Tras un pleno secreto de la CNT, le preparan el viaje al exilio para intentar el restablecimiento de la unión confederal. Consigue traspasar la frontera francesa, clandestinamente, el 11 de febrero de 1947 y termina por trasladarse definitivamente a París donde continuará trabajando como albañil hasta más allá de los 60 años, rechazando ofertas económicas provenientes de los fondos administrados de los exiliados.

Según coinciden algunos autores, Cipriano Mera no acepta estas ayudas al considerarlas una limosna. Durante los últimos años de su vida es pensionista del estado francés hasta el 24 de cctubre de 1975, día en el que fallece.

A su entierro en París asiste un gran número de ex-combatientes y simpatizantes de la Segunda República española, entre los que se encuentra el presidente de la República en el exilio -elegido en 1970-, José Antonio Maldonado. En silencio y emocionados, según relatan los testigos, los allí reunidos dan su último adiós al albañil anarquista que pudo llegar a general.

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