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sábado, 10 de noviembre de 2012

Antonio Buero Vallejo (1916-2000)


Pintor vocacional reciclado en dramaturgo y creador de piezas clave del teatro de posguerra como "Historia de una escalera", es un defensor a ultranza de la legalidad republicana, ya sea con fusiles o con plumas y pinceles

Antonio Buero Vallejo nace en Guadalajara en 1916, el segundo de los tres hijos de una pareja de clase media. Su padre, Francisco Buero, había seguido la carrera militar y, en la época de su nacimiento, ostentaba el grado de capitán y trabajaba como profesor de Cálculo en la Academia de Ingenieros del Ejército. Desde muy pequeño, Antonio demuestra una gran pasión por el dibujo, aunque también se revela como un lector precoz, gracias a la nutrida biblioteca de su padre.

En 1933, tras finalizar los estudios en el Instituto de Segunda Enseñanza, ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, con la intención de convertirse en pintor. Sus padres, conscientes de su vocación, oponen poca resistencia a su decisión, a pesar de que consideran el arte una profesión inestable. El primer año, vivirá alojado en casa de unos parientes mientras sigue el curso preparatorio, pero poco después su padre será destinado a la capital y toda su familia se trasladará a Madrid, a una vivienda situada en la calle General Díaz Porlier.

Los primeros años de la década de los 30 son de gran efervescencia política, y más aún en la capital de España. Durante su época universitaria, Buero frecuenta los teatros más que los mítines políticos, especialmente cuando se estrenan obras de Casona o García Lorca. Pero, en este periodo, también ingresa en la Federación Universitaria de Estudiantes (FUE), de clara ideología progresista e izquierdista. Dentro de la organización de Bellas Artes, llegará a ocupar el cargo de secretario, además de colaborar con varios centros de capacitación del obrero, en los que se contribuía a elevar el nivel cultural de los trabajadores.

El estallido de la Guerra Civil le obliga a abandonar los estudios en segundo curso. El conflicto causará una terrible conmoción en el seno de la familia de Buero desde el principio, puesto que el cabeza de familia es fusilado. Tras el primer asedio a Madrid por las columnas de Franco, Francisco Buero es arrestado de manera preventiva por las tropas republicanas. El traslado del Gobierno a Valencia deja la capital sumida en el caos y varias organizaciones descontroladas se presentan en las cárceles, con listas de prisioneros a los que se llevan para ejecutarlos. En una de estas listas figura el padre del dramaturgo.

Pese al terrible golpe sufrido a manos de su propio bando, Buero Vallejo no renuncia a sus convicciones y permanece del lado de la República. "A mi ver, lo más justo estaba en la lealtad a la República, al poder legal y del lado del pueblo. Y con ellos estuve", diría al final de su vida. Por fortuna, su hermano Francisco, también militar de carrera y detenido junto a su padre, logra salvar la vida. Con 19 años, Buero intenta alistarse como voluntario en el frente, pero el resto de la familia se opone debido a su juventud. Durante los primeros meses, trabaja en el taller de propaganda de la FUE, hasta que su quinta es movilizada y le destinan a un batallón de Infantería.

Comienza su entrenamiento en un cuartel de instrucción de Madrid, desde donde le trasladan a la base de Villarejo de Salvanés. El comisario de su batallón, Bejarano, se da cuenta que Buero puede serle útil debido a su formación y, necesitado de auxiliares, le elige junto a dos compañeros para su oficina. Buero desempeña una labor administrativa en el Frente de Madrid, hasta que su trayectoria se cruza con la del comandante Goryan, un médico húngaro, jefe de Sanidad de la 15ª División.

Impresionado por su talento, Goryan le reclama para incorporarse al puesto de clasificación Grozeff del Frente del Jarama, en donde el joven soldado pasará los primeros meses de la Guerra, convirtiéndose en un valioso colaborador del Internacional y en el articulista y dibujante de la revista La voz de la sanidad. Cuando el Frente del Jarama se estabiliza, el húngaro se traslada al Ejército de Maniobra y Buero le sigue. En este periodo de trabajo en diversos hospitales, coincidirá por primera vez con el poeta Miguel Hernández, de quien se hace amigo.

Tras la derrota republicana, Buero intenta regresar a Madrid en tren, pero es detenido en la estación de Valencia por la Guardia Civil. Tras varios días de encierro, le envían al campo de concentración de Soneja, en Castellón, donde es liberado al cabo de un mes. Regresa al hogar familiar en Madrid, junto a su madre y su hermana Carmen.

Tras reponerse de varios problemas de salud, se pone en contacto con sus antiguos camaradas políticos e inicia un pequeño grupo de resistencia, falsificando avales y sellos, y albergando en su domicilio a compañeros prófugos. Pero un chivatazo no tarda en dar al traste con sus actividades clandestinas y es arrestado, juzgado y condenado a muerte por "adhesión a la rebelión", junto a otros seis o siete miembros del grupo. La pena le será conmutada ocho meses después; sin embargo, para Buero Vallejo este periodo se convierte en uno de los más terribles de su vida.

El primero de sus destinos carcelarios es la plaza del Conde de Toreno, donde se reencuentra con Miguel Hernández, con quien desde entonces le unirá una profunda amistad. Durante este largo encierro, Buero realiza numerosos retratos de sus compañeros de cautiverio, de un realismo sobrecogedor. No obstante, la experiencia de la cárcel contribuirá a apartarle de la pintura y a desviar su vocación a la de autor teatral. "Pensé que tenía que escribir. No empecé a hacerlo en prisión, pero empecé allí a fraguar el primer argumento que luego iría desarrollando una vez puesto en libertad", relataría años más tarde.

Tras un largo peregrinar por diversas cárceles, Buero sale en libertad condicional en 1946. De inmediato comienza a rehacer su vida y acude a diversas tertulias de escritores, en especial la del café Gijón. Entre 1946 y 1948 escribe varias obras, entre ellas Las palabras en la arena, En la ardiente oscuridad y la exitosa Historia de una escalera, obteniendo en 1949 el premio Lope de Vega. Desde entonces, su carrera como autor teatral se consolida y sus obras se suceden en las carteleras. El concierto de San Ovidio, El tragaluz, El sueño de la razón o La fundación, ente otras, cosecharán los mayores aplausos.

En 1959 se casa con la actriz Victoria Rodríguez Clavijo. El matrimonio tendrá dos hijos, Carlos y Enrique. Durante la dictadura de Franco, muchos escritores españoles optan por el exilio, pero Buero decide quedarse para, como después explicaría, pelear desde dentro a través de su teatro. Sus obras siempre tendrían un componente social y muchas de ellas sufrirían la censura y la prohibición del régimen. En 1971, ingresa en la Real Academia Española y en 1986, recibe el premio Cervantes. Fallece en Madrid en el año 2000.

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