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miércoles, 27 de febrero de 2013

Vicente Uribe (1897-1961)


Político e ideólogo comunista, este bilbaíno escala hasta la cúpula del PCE para, más tarde, ostentar la cartera de Agricultura en los gobiernos republicanos de Largo Caballero y Negrín hasta el fin de la Guerra

El 23 de mayo de 1938, el Comité Central del PCE ratifica su apoyo a los Trece Puntos de Negrín.

Vicente Uribe Galdeano, ministro de Agricultura durante los gobiernos republicanos de Francisco Largo Caballero y Juan Negrín, es uno de los principales impulsores de este manifiesto a favor de la unidad entre las diversas facciones que se enfrentan en la España republicana.

También a Uribe puede atribuírsele la reforma agraria promovida por el Partido Comunista en plena Guerra Civil así como su lucha particular por dotar a España de un federalismo igualitario.

Nacido en Bilbao en 1897, este político e ideólogo comunista entra en contacto con las ideas revolucionarias que llegan de la URSS durante su juventud cuando ejerce como obrero metalúrgico.

Vicente Uribe milita en el Partido Comunista desde 1923. Sin embargo, a pesar de su juventud, apenas tarda cuatro años en formar parte de la cúpula directiva. Desde ella alienta al incipiente partido a ascender ideológicamente según las doctrinas que llegaban del Este. Prueba de ello es su apoyo en la elaboración del manifiesto electoral del Frente Popular para las elecciones de 1936, así como su contribución a la hora de dar a España una solución ante el conflicto histórico de los nacionalismos y regionalismos.

De hecho, su aportación ideológica y política más importante quizá fuese su escrito, en 1938, sobre El problema de las nacionalidades en España a luz de la guerra popular por la independencia de la República Española. En él, según el escritor José Ignacio Gracia Noriega, Uribe no admite, como comunista estalinista, "que haya disgregación de intereses frente al interés, común, de la gran patria. Para Uribe", continúa Gracia Noriega, "los separatismos, nacionalismos o federalismos son un paso. Nunca una meta".

Vicente Uribe pretende explicar en su manifiesto sobre las particularidades de España que las distintas nacionalidades debían integrarse y luchar conjuntamente hacia la derrota del fascismo, principal yugo opresor de los pueblos españoles: "En la guerra contra la República, los generales traidores y sus amos buscan el exterminio de las conquistas nacionales de Cataluña, Vasconia y Galicia, la supresión de sus Estatutos, destruyendo todos los elementos de la cultura nacional propia de estos pueblos".

La lucha de la Guerra Civil estaba encaminada, para este ideólogo comunista, a lograr una gran España, republicana y democrática. Todos los pueblos unidos y las nacionalidades, movidas por el mismo impulso, orientando sus esfuerzos a una misma dirección: "Ayudar al máximo desarrollo y florecimiento de cada nacionalidad; ayudar en grado superlativo al ascenso general y al progreso de todo el país; fortalecer, por encima de todo, la patria española", concluye Uribe.

La entrada de los comunistas en los gobiernos republicanos durante el conflicto se debió, en gran medida, a su reorientación hacia un partido de masas. Además de Uribe, Dolores Ibárruri y Antonio Mije, fueron los motores del Partido tras el IV Congreso, en 1932.

La fuerza y popularidad que adquiere el Partido Comunista obliga a Largo Caballero a incluir a algunos de sus miembros en su primer Gobierno, que contó con una coalición entre socialistas, comunistas y republicanos.

Como titular de la cartera de Agricultura durante prácticamente toda la Guerra (desde septiembre de 1936 hasta abril del 39), Uribe fue el precursor de una reforma agraria sometida a los principios de Stalin, al que consideraba "el cerebro más genial de nuestra época". De esta manera, transcurrida apenas una semana de la entrada del Partido Comunista en el Gobierno de Largo Caballero, Uribe presenta al Consejo de Ministros su proyecto de reforma que contemplaba la entrega gratuita y en propiedad a los campesinos y jornaleros de la tierra confiscada a los terratenientes comprometidos con la sublevación militar. A raíz de las discusiones entre socialistas y comunistas, estos últimos fuerzan algunas cláusulas y obligan a decretar la confiscación en favor del Estado, es decir, la nacionalización de la tierra.

Tras la derrota del Frente Popular y el consiguiente exilio de los comunistas, Uribe, junto con otros miembros del PCE, se instala en México, desde donde se erige como el máximo dirigente del partido en el exilio suramericano. Como presidente del Secretariado en América, Uribe encargó a Carrillo las tareas de organización del partido.

En mayo de 1946 Uribe ya ocupa el segundo puesto en la jerarquía del Partido tras la expulsión de Jesús Hernández, y se traslada a París junto con Antonio Mije, donde se irá fraguando un enfrentamiento entre la pareja Antón-Carrillo y Mije-Uribe.

Como señala el periodista Gregorio Morán en su obra Miseria y grandeza del Partido Comunista de España, Uribe y Mije reúnen en París a los hombres fuertes del PCE y del PSUC para hacer una reorientación de la cuestión sindical. "Uribe", explica Morán, "que por convicciones estaba muy lejos del estilo voluntarista a ultranza de Carrillo, se descolgó con un ataque a la política de masas que había llevado el partido en los años anteriores".

La revisión crítica de Uribe ante las nuevas orientaciones del partido le conduce a un enfrentamiento con Fernando Claudín, máximo responsable del Buró Político. A juicio de Uribe, la organización del partido carecía de una unidad dentro de la realidad política y no constituía una fuerza suficiente para luchar en favor de la revolución democrática. Ante estas primeras desavenencias, explica Morán, "Claudín y Carrillo vieron en Uribe la imagen del derrotismo y de la falta de entusiasmo revolucionario".

La escisión definitiva entre Uribe y el resto de miembros de la plana mayor del partido tendrá lugar en el Pleno del Buró Político celebrado en Bucarest en 1956. Carrillo, Claudín y el resto de los hombres fuertes del PCE defendieron las tesis de Dolores Ibárruri sobre la reorganización de los comunistas. "La intervención autocrítica de Dolores" explicaba Carrillo "es un ejemplo de la actitud que debe tomar un dirigente ante sus errores". Claudín, por su parte, señalaba que "en las intervenciones de Mije y Uribe hay una sobreestimación de las fuerzas del enemigo y una subestimación de la amplitud de la lucha de masas y de las fuerzas políticas de oposición".

Acusado por sus propios camaradas de ser "el Stalin del PCE", Uribe se convierte en el chivo expiatorio en pleno proceso depurador posestalinista. La eliminación definitiva de Uribe, capitaneada por Santiago Carrillo, queda consumada en el Pleno del Comité Central en la RDA el 25 de julio de 1956. Cinco años más tarde, Vicente Uribe moría en Praga a los 64 años de edad. 

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