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sábado, 16 de febrero de 2013

José María Pemán (1897-1981)


Poeta y dramaturgo gaditano, se convierte en el escritor propagandista de la 'cruzada nacional', una labor que desarrolla por tierras peninsulares ya sea cantando a la epopeya de la lucha o bien como corresponsal en el frente

El carácter antiintelectual del golpe de Estado del 18 julio de 1936 provoca que pocos hombres de letras se adhieran a la causa de los generales Franco y Mola. Entre quienes lo hacen, el más destacado es José María Pemán, poeta, dramaturgo y ensayista gaditano que preside la Comisión de Cultura y Enseñanza de la Junta Técnica de los insurgentes durante el periodo en que se encuentra activa, de octubre de 1936 a enero de 1938.

Sin embargo, el verdadero campo de acción de Pemán es el frente. Desde allí lanza sus arengas y discursos radiofónicos, o bien escribe los versos del Poema de la Bestia y el Ángel (1938), una epopeya propagandística que ensalza los valores de la cruzada por Dios y por España frente a los valores antiespañoles de la República.

José María Pemán Pemartín había nacido en la capital gaditana el 8 de mayo de 1897 dentro de una familia acomodada y tradicional. Su padre era abogado y llegó a ocupar un escaño en las Cortes como miembro del Partido Conservador. Su madre procedía de una próspera familia de origen francés. Estudió Derecho en Sevilla y, en aquellos años de formación, comenzó a cultivar su faceta literaria. Sus poemas alcanzaron notable éxito en Andalucía y, en 1920, fue nombrado académico de número de la Real Academia Hispano Americana de Cádiz.

Con la llegada de la dictadura de Primo de Rivera, y al mismo tiempo que amplía su terreno literario con obras en prosa, Pemán entra a formar parte de la Unión Patriótica creada por el dictador para intentar aglutinar al mayor número posible de fuerzas políticas. Dentro de su labor propagandística, Pemán empieza a dar discursos en los que se descubre la gran capacidad oratoria del joven andaluz.

Aquellos años de Dictadura cristalizaron en Pemán de dos formas. Por un lado, se convierte en un ferviente monárquico y defensor de las ideas de la España católica. Por el otro, apuesta de forma resuelta por la literatura tradicional de claras raíces andaluzas. O lo que es lo mismo, costumbrismo, neopopularísmo y cachondeíto que impregnan poemarios como A la rueda, rueda... (1929) y El barrio de Santa Cruz.

La llegada de la República supone para Pemán una invasión de valores totalmente rechazables, como el anticlericalismo o el interés por las ideas del extranjero. No es de extrañar, por tanto, que el escritor entre a formar parte del grupo de colaboradores de la revista Acción Española y comience a dar conferencias como La traición de los intelectuales. El gaditano se convierte así en la cabeza literaria de la propaganda monárquica. Gran parte de sus obras publicadas en tiempos de la República atacan a ésta en mayor o menor medida. Así lo demuestran su primera novela, De Madrid a Oviedo pasando por las Azores, (1931) y su debut como autor dramático, El divino impaciente (1933), sobre la vida de San Francisco Javier en un momento en que la República llevaba a cabo diversas acciones contra los jesuítas.

Resulta curioso comprobar cómo antes de la sublevación militar de 1936, Pemán ya emplea buena parte de la terminología y los argumentos que se establecerán como dogmas del glorioso movimiento durante la Guerra Civil y la posterior Dictadura. Habla de conspiraciones masónicas y sionistas, de traición al espíritu de España y de necesidad de unidad corporativa. Al igual que con Ramiro Ledesma, se pueden rastrear las influencias del pensador en la posterior estructura del régimen, aunque a veces no quede muy claro qué es aportación suya y qué es confluencia de ideas.

Poco a poco, y gracias a la significación política, los montajes teatrales de Pemán empiezan a cosechar un éxito notable. Cuando las Cortes de Cádiz (1934) y Cisneros (1934) popularizan al gaditano en Madrid, San Sebastián y Barcelona. El empeño propagandístico del escritor le lleva a impulsar, junto con Acción Católica, la productora cinematográfica madrileña ECE (Ediciones Cinematográficas Españolas), fundada en 1935, un empeño que continúan las Cartas a un escéptico en materia de formas de gobierno (1935).

En los meses previos al golpe del 18 de julio de 1936, Pemán estrena Noche de Levante en calma, donde se defienden los valores tradicionales y la honra femenina, y la comedia Julieta y Romeo, repleta de alusiones contra la República. En esta época ingresa en la Real Academia Española, institución que llegará a presidir en los periodos 1939-1940 y 1944-1947.

Cuando llega la sublevación de Mola y Franco, Pemán apoya de forma activa a los militares y comienza su nueva tarea propagandística. Ésta se traduce en dos cauces de trabajo principales. En primer lugar, viaja de un frente a otro para entrevistarse con los generales y espolear a las tropas que luchan contra la República. Algunos de estos discursos y artículos quedan recogidos en el libro ¡Atención!... ¡Atención!... Arengas y crónicas de guerra de José María Pemán (1937), uno de los documentos clave, junto con sus diarios, para comprender al intelectual gaditano. La segunda vía de trabajo consiste en la elaboración de los tres cantos del Poema de la Bestia y el Ángel, una epopeya apocalíptica sobre la lucha entre ambos bandos.

En la introducción al libro, el autor cuenta su visita al Frente de la Casa de Campo de este modo: "Frente a nosotros estaban, recién llegadas, las Brigadas Internacionales. Aullaban durante los combates mil acentos varios en las líneas enemigas. Una mañana, la Casa de Campo amaneció regada de cadáveres cosmopolitas: había rusos, franceses, belgas, senegaleses, argelinos. Por los jardines reales y dieciochescos desaguaban todas las madronas morales de Europa y sus colonias. Yo vi en el suelo el inmenso cráneo rapado de aquel ruso y la oreja de aquel negro con una argolla de oro".

La inspiración para hacer un poema épico le llegó a Pemán en ese momento: "Frente a esto, nuestras tropas recibían allí en aquellos días, la noticia del reconocimiento de la España nueva, por Italia y Alemania. Roma y Germania, los dos componentes integrantes de Europa, tornaban a fundirse en el crisol de España. (...) Por donde quiera que se mirase, todo estaba lleno de enormes perspectivas y dilatadas trascendencias. Todo estaba listo para grandes cosas. Nos tocaba sufrir otra vez gloriosamente. Teníamos otra vez medio mundo detrás y medio delante. Estaban, otra vez, frente a frente, como Apolo y Vulcano en la fragua velazqueña, las dos únicas fuerzas del mundo: la Bestia y el Ángel».

Una vez que arranca el poema, las imágenes líricas se mezclan con las proclamas. El Romance de los muertos en el campo dice así: "Y aquellos héroes caídos / ¡qué humildes entre las hierbas / y entre las flores, qué dulces! / ¡Cómo la anchura del campo / y el cielo los disminuye! / ¡Y cómo iguala la muerte / los rojos y los azules! / ¡Qué amor del sol los acerca! / ¡Qué paz de tierra los une!", para luego puntualizar: "Pero Dios sabe los nombres / y los separa en las nubes".

España es, para Pemán, esa "unidad de destino" y "esa reserva espiritual de Occidente»"que más tarde tomarán su forma definitiva. Por lo pronto, el vate anuncia: "Otra vez sobre el libro azul que baña / la luz naciente en oro ensangrentado / el dedo del Señor ha decretado / un destino de estrellas para España". Todo el poemario queda resumido en sus últimos versos, que proclaman lo siguiente: "Y el enemigo sigue siendo el mismo / Oriente pecador. / No hay más: Carne o Espíritu. / No hay más: Luzbel [Lucifer] o Dios".

Uno de los episodios más importantes en los que participa Pemán es la celebración del Día de la Raza, el 12 de octubre en Salamanca, junto a Miguel de Unamuno y el general Millán Astray. En la ocasión, célebre por la sentencia que Unamuno -"Venceréis, pero no convenceréis"- dirigió al jefe de la Legión, el gaditano intentó calmar los ánimos cuando los iracundos legionarios se pusieron a exclamar. "¡Viva la muerte! ¡Muera la inteligencia!". A medio camino entre ambos frentes, Pemán empezó a gritar: "¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!". Unamuno, que en un primer momento apoya la rebelión franquista, acaba desahuciado, mientras que Pemán resulta ensalzado después de este episodio.

Los militares advierten pronto la valía de Pemán para su causa, por lo que es nombrado director de la Comisión de Cultura y Enseñanza de la Junta Técnica del Estado establecida en Burgos. Al gaditano no le hace mucha gracia el nombramiento, y trata de evitar su aceptación argumentando que es más útil en el frente y arengando a las masas que en un despacho, tal y como recoge Javier Tusell en La Guerra Civil. Es por ello que serán el vicepresidente de la Comisión, Enrique Suñer, y los vocales Puigdollers, Eugenio Montes, García Valdecasas, Vegas Latapié y José Ignacio Escobar, casi todos provenientes del grupo Acción Católica, los encargados de gestionar este organismo.

Por aquella época, la Junta Técnica aún no se encuentra enfrascada en las labores restauracíonistas del régimen monárquico, con la salvedad de la comisión dirigida por Pemán. Entre esas acciones ocupaba el primer lugar en importancia la catolicidad de la enseñanza en todos sus grados.

En los escasos momentos participativos dentro de la Junta, Pemán denuncia la "colocación" de elementos falangistas dentro de su comisión. No siente mucha simpatía por los que, según recoge en sus diarios, "hablan de José Antonio con los ojos en blanco" e incluso llega a tacharlos de "grupo delincuente, inconcreto y narcisista". En un artículo sobre la Junta Técnica, Tusell expone estas opiniones y las contrasta con el cariño recíproco que le profesaban los falangistas, para los que Pemán no era sino una "cosa vieja, retórica".

Estas pequeñas brechas, que apenas llegaron a ser conocidas por la población, distan mucho de la imagen de cohesión con Falange que ofrecía Pemán en sus escritos. Es el caso de Corona de sonetos en honor a José Antonio Primo de Rivera (1939), donde diversos autores adictos al régimen (junto a Pemán, figuran literatos del calibre de Dionisio Ridruejo, Rosales o Gerardo Diego, entre otros) glosan la figura del ausente. "La obra tuya, ¡qué clásica y serena! / La obra de Dios en ti... ¡Qué hondo misterio!", le dice Pemán al fundador de Falange.

También sabe Pemán mostrarse crítico hacia ciertos aspectos del "glorioso movimiento", aunque de una forma más privada y discreta. Es el caso de la unificación de 1937, sobre la que manifiesta: "Queríamos una formación y nos sale una romería". Y es que, como se ha indicado más arriba, la unidad es para Pemán uno de los pilares fundamentales del nuevo régimen. El lema Uno el pensamiento. Uno el paso apunta a esta dirección, de la misma forma que cuando advierte de que "la dualidad escolar no puede ser ya más que un pretexto para tener dos equipos de fútbol o waterpolo".

Con el fin de la Guerra Civil, José María Pemán vuelve a centrarse en su faceta puramente literaria. Liberado de las obligaciones propagandísticas, el escritor se entrega a una incesante producción. Entre sus obras de teatro posteriores a la victoria de Franco destacan La santa virreina (1939), Metternich (1942), En las manos del hijo (1954), La viudita naviera (1961) y El Séneca (1972). El poemario Las flores del bien (1946), la novela El señor de su ánimo (1943) y los trabajos periodísticos Mis almuerzos con gente importante (1970) y Mis encuentros con Franco (1976) forman parte también de su producción más destacada. Entre los premios conseguidos en los años de posguerra figuran el premio de periodismo Mariano de Cavia (1955) y el premio March de Literatura (1957). Además, José María Pemán realiza en estos años numerosas adaptaciones de obras clásicas procedentes de la literatura griega.

En los últimos años de su vida, su actividad más destacada es la Presidencia del Consejo Privado del conde de Barcelona, el padre del futuro Rey Juan Carlos I. Entre 1957 y 1969, año de la disolución del Consejo ante el nombramiento del principe Juan Carlos como heredero de la Jefatura del Estado a la muerte de Franco, Pemán participa de numerosas acciones, como el intento de unificación de las dos ramas borbónicas (la alfonsina y la carlista) en la figura de Don Juan. Por todo ello, la Casa Real le concede el Toisón de Oro en mayo de 1981. Dos meses más tarde, el 19 de julio, muere en su casa de Cádiz el portavoz intelectual del franquismo.

3 comentarios:

  1. ¿Pocos hombres de letras se adhieren al bando nacional? Pemán, Foxá, Sánchez Mazas, Santamarina, Giménez Caballero, Manuel Machado, Eugenio Montes, Dámaso Alonso, Legaz Lacambra, Eugenio D´Ors, Dionisio Ridruejo, Samuel Ros, Pedro Laín Entralgo, Luis Rosales, Antonio Tovar, Santiago Montero Díaz, Vivanco, Cunqueiro, Leopoldo Panero... Muy pocos. ¿Seguimos?

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  2. ¿Al bando nacional? Nacional es no matar, así de simple. ¿Quién se alzó? Pues esta clase de tipejos a los que les gusta la acción escrita y los gloriosos movimientos. Y luego el conde de Barcelona intenta pasearse por España vestidito de arco y flechas. Increible.

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  3. La ll republica fue lo peor que le ha ocurrido a España, corrupción, asesinatos, quema de conventos, asesinatos de monjas, hambre, lo que quieren traer estos tipejos de Podemos y los comunistas. La vida en España era un caos, por eso se levanto el ejercito español y el pueblo y, a pesar de la ayuda de Rusia que se llevo todo nuestro oro y las brigadas internacionales que vinieron a ayudar a esa mierda de Republica y la Pasionaria jaja y el genocida asesino de Carrillo fueron vencidos y desarmados. Yo estudie formación del espíritu nacional y lo que me enseñaron fue respeto, educación disciplina y amor a mi patria y a mi bandera, eso que, ahora, con la dictadura que tenemos, esta prohibido. Paul.

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