Adsense

viernes, 8 de febrero de 2013

Agustín Muñoz Grandes (1896-1970)

Militar africanista, su ajetreada vida comienza con una incipiente afección a la República para acabar conspirando junto a Mola y, tras destacar en el Frente Norte, ostentar el mando de la División Azul


Considerando la frecuencia con que el capitán general Agustín Muñoz Grandes acompañaba al anterior jefe del Estado en los desfiles conmemorativos y en los actos oficiales, o la efusión con que los dos militares se abrazaban en las numerosas fotografías de ambos que publicó la prensa durante el anterior régimen, choca leer aquello que escribe Franco Salgado-Araujo en su libro Mis conversaciones privadas con Franco: "El Generalísimo ha nombrado capitán general a Muñoz Grandes por tenerle algo de miedo y quererle contento, ya que cree que arrastra una gran opinión civil y militar".

A diferencia de la gran mayoría de los militares africanistas, Agustín Muñoz Grandes no pertenecía a una familia de soldados. Vecino del Carabanchel Bajo que le vio nacer en 1896, tras pasar su infancia en este popular barrio madrileño, en 1910 ingresa en la Academia de Infantería de Toledo. Estudiante aplicado y buen compañero, en 1915 sale teniente del viejo Alcázar donde se forma la oficialidad del Ejército español. Su primer destino es Marruecos. Al igual que el resto de sus compañeros de armas, que con posterioridad participarán en la sublevación del 18 de julio, serán muchas las condecoraciones que Muñoz Grandes ganará en distintos combates defendiendo lo que entonces se consideraba el África española, y casi todas irán acompañadas de alguna herida. La más grave de todas ellas es la que recibe en el pecho durante el desembarco de Alhucemas (1925).

Ascendido por méritos de guerra -comandante en 1924, teniente coronel en 1926-, cuando el militar regresa a la Península se le considera de espíritu liberal y republicano.

Si bien en una primera apreciación esas inclinaciones del futuro comandante en jefe de la División Azul pueden chocar, no difieren mucho de las de Gonzalo Queipo de Llano y no pocos generales, entre los que se encuentra incluso Emilio Mola.

Éstos, tras sintonizar en un primer momento con el nuevo régimen, comienzan a distanciarse de él a medida que la República empieza a poner en marcha reformas en el Ejército. Antes de que eso suceda, Muñoz Grandes es tan afecto al nuevo orden que, en estrecha colaboración con Miguel Maura -entonces ministro de la Gobernación- es el encargado de crear la Guardia de Asalto, la más republicana de las fuerzas de seguridad del nuevo Estado. Como tal participa en la represión de la Revolución de Asturias de 1934.

El distanciamiento del Estado surgido de las urnas en abril de 1931 comienza a producirse a medida que la República va inclinándose hacia la izquierda. Aunque no colabora con los gabinetes de derechas que la gobiernan entre 1933 y 1935, tras el triunfo electoral del Frente Popular en 1936, Muñoz Grandes, ya coronel y destacado en Madrid, comienza a conspirar desde la Unión Militar Española a las órdenes del general Mola.

Tras el pronunciamiento militar del 18 de julio, Muñoz Grandes, que se sabe perseguido por el Frente Popular, consigue esconderse durante los primeros días, tras los cuales es hecho prisionero y confinado en la cárcel Modelo de Madrid. Entre otros destacados derechistas, serán compañeros suyos de reclusión Ramón Serrano Suñer, el futbolista Ricardo Zamora y los dirigentes falangistas Rafael Sánchez Mazas, Raimundo Fernández Cuesta y Miguel Primo de Rivera. Salvado de un primer intento de fusilamiento cuando ya se encontraba delante del pelotón por el entonces director general de Seguridad, Alonso Mallol, días después, el coronel Muñoz Grandes tendrá un nuevo benefactor en la persona del anarquista Melchor Rodríguez García, el Ángel Rojo para los reclusos derechistas de la Modelo. Fue el 8 de diciembre de 1936, cuando tras un bombardeo de los sublevados en el aeródromo de Alcalá de Henares, los republicanos intentaron asaltar la cárcel y dar muerte a los 1.532 simpatizantes del alzamiento allí detenidos. Rodríguez García, a la sazón director general de Prisiones, tras discutir durante varias horas con los milicianos, amenaza con dar armas a los presos si intentan asaltar la prisión, consiguiendo así que las turbas exaltadas cejaran en su propósito.

Acabado el conflicto, cuando Rodríguez García se enfrentó al consejo de guerra al que se sometió a casi todos los vencidos, el presidente del tribunal, antes de dictar sentencia, se dirigió a los asistentes a la vista para preguntarles si alguien tenía que decir algo a favor o en contra del acusado. Al punto, un tipo enjuto, de rostro alargado y vestido de paisano se levantó y dijo: "Soy el general Muñoz Grandes y este hombre me salvó la vida lo mismo que a miles de personas". Las palabras del soldado -y de tantos otros simpatizantes de los alzados que testificaron a favor del anarquista- consiguieron que el Ángel Rojo fuera condenado a 30 años de reclusión en vez de a la pena capital que sin duda alguna le hubiera correspondido.

Finalmente, según algunas teorías que contradicen la de Franco Salgado-Araujo el tercer benefactor del coronel durante su cautiverio fue el entonces jefe del Estado, quien hubiera realizado las gestiones necesarias para el canje del héroe de Alhucemas. Si bien no faltan autores que sostienen que Agustín Muñoz Grandes logra huir después de haber sido trasladado a un hospital por encontrarse enfermo.

Fuera como fuese, lo cierto es que, en marzo de 1937, apenas llega a zona nacional, se incorpora al servicio activo. Se le ordena sustituir al coronel Cayuela en el mando de una de las brigadas navarras o lo que es lo mismo: una de las fuerzas más combativas de los sublevados.

Al frente de su unidad, el aún coronel juega un papel decisivo en la ofensiva del Norte. Tras participar en la campaña de Santander, en Asturias, comandando conjuntamente la 2ª y 3ª Brigadas Navarras, rompe la línea del Campo de Caso tras librar un duro combate en inferioridad de condiciones frente al enemigo. Todo parece indicar que esta acción es la que le vale el ascenso al generalato.

Mandando la 61ª División del 2ª Cuerpo de Ejército participa en la Batalla de Teruel, una de las más cruentas de todo el conflicto. Meses después, cuando el general Franco reorganiza sus fuerzas para el asalto final, Muñoz Grandes es nombrado jefe del Cuerpo de Ejército de Urgel, a cuyo mando participa en la toma de Cataluña.

En 1939, apenas acabada la contienda, obedeciendo al propósito de Franco de mantener el partido único bajo el mando directo de un militar, el general es nombrado ministro secretario general del Movimiento y jefe de las milicias de FET y de las JONS, cargos que simultanea con el de gobernador militar del campo de Gibraltar.Tal vez sea su importante puesto en la dirección del partido único lo que hace que algunos comentaristas le consideren el más falangista de cuantos militares integran el generalato de Franco.

Pero a decir verdad, hay generales mucho más próximos a la camisa azul que Muñoz Grandes. Juan Yagüe, sin ir más lejos, falangista de primera hora, miembro del Consejo Nacional del partido e incluso defensor de sus camaradas que se han opuesto al Decreto de Unificación de abril de 1937, es uno de ellos. Si Muñoz Grandes es nombrado ahora, en 1941, comandante en jefe de la División Española de Voluntarios en Rusia, la ya citada División Azul, integrada principalmente por falangistas, ello se debe al cargo que ocupa y, sobre todo, a su sintonía con algunos miembros de la Wehrmacht -las Fuerzas Armadas alemanas-.

Sin ir más lejos, Muñoz Grandes ha sido asesor táctico del almirante Wilhelm Canaris, responsable de la Abwehr -el servicio de inteligencia del Estado Mayor alemán-, quien desde su puesto se ha convertido en el organizador de la ayuda del Reich a Franco y amigo personal de este último.

Sin embargo, todas esas teorías que enfrentan al anterior jefe del Estado con su primer capitán general -el segundo habría de ser Camilo Alonso Vega- tienen uno de sus principales argumentos en un episodio protagonizado por Muñoz Grandes cuando comanda la División Azul. Corre el mes de junio de 1942 y la División 250 de la Wehrmacht lleva casi un año batiéndose en el frente ruso. Es entonces cuando una carta de su comandante en jefe llega al cuartel general del Reich en Rastenburg (Prusia oriental), también conocido como la Guarida del Lobo al ser la residencia oficial de Hitler.

El contenido del mensaje no ha trascendido, pero todo parece indicar que en él se trataba sobre una posible prolongación del mandato de Muñoz Grandes al frente de la División Azul. Franco ya había decidido sustituirle por el general Esteban Infantes, quien aguardaba en Berlín para tomar el mando de los voluntarios españoles el día 14.

Apenas llega la misiva a Rastenburg, el almirante Canaris parte hacia Madrid para intentar convencer a Franco de la permanencia de Muñoz Grandes al frente de los divisionarios falangistas. "Franco no pareció percibir ninguna segunda intención y dio su aquiescencia", escribe César Vidal. En cualquier caso, tras la entrevista de Canaris en Madrid, Muñoz Grandes visita la Guarida del Lobo. Los alemanes consideran que el general español está descontento con la política exterior franquista, que pretende una mayor implicación de España en la Guerra. Se dice incluso que el general, mediante un divisionario que con el correr de los años se convertirá en uno de los responsables del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, Jaime Milans del Bosch, ha enviado un mensaje a Serrano Suñer en que le amenaza de muerte -junto a toda su camarilla- cuando regrese a España.

Según Vidal, desde 1941 Joachim von Ribbentrop -ministro de Exteriores del Reich-y Walter Schellenberg -uno de los máximos responsables de su seguridad- acarician la idea de derrocar a Franco y sustituirlo por un general germanófilo que bien podría ser Agustín Muñoz Grandes.

En cualquier caso, el 11 de julio de 1941, cuando el comandante en jefe de la División Azul se entrevista con el Führer-según consta en un informe elaborado por Ribbentrop el 31 de agosto de 1942-, Muñoz Grandes no oculta su descontento ante la falta de ideologización de los nuevos reemplazos que van llegando a la división, que ya no son mayoritariamente falangistas. Según las mismas fuentes, en dicho encuentro, el general asegura no tener ningún inconveniente en permanecer al frente de la división si Hitler lo considera oportuno, pero también comenta que sus verdaderos propósitos consisten en regresar a España con el apoyo alemán y llevar a cabo, con ayuda de Falange, una limpieza de cuantos elementos no tienen cabida en el supuesto orden que el general cavila. Para ello no hará falta quitar de en medio a Franco, bastará con relegarle a un puesto honorífico, será suficiente con convertirlo en jefe del Estado honorífico mientras Muñoz Grandes es nombrado presidente del Gobierno.

Quienes apoyan esta teoría sostienen que, en aras del prestigio que el comandante en jefe de la División Azul necesita para regresar a España y llevar a cabo su maniobra, la unidad juega un papel determinante en la Batalla de Leningrado -actual San Petersburgo-, Se cuenta que en aquellos días Hitler comentaba con frecuencia al general Alfred Jold, uno de sus más estrechos colaboradores: "Tenemos que impulsar todo lo posible la popularidad del general Muñoz Grandes porque la División Azul puede, en un momento dado, desempeñar un papel decisivo cuando suene la hora de derribar este régimen controlado por curas".

Los españoles entran en combate -según todos los comentaristas- con el coraje que se espera de ellos en la noche del 5 al 6 de octubre. Unas semanas después, cuando ya empieza a ser evidente que Leningrado no va a ser conquistada tan rápidamente como se ha calculado, todos los planes referidos a Muñoz Grandes comienzan a ser olvidados.

Aun así, antes de que el general regrese a España a finales de 1942, Hitler le distingue con la Cruz de Hierro con Hojas de Roble, la máxima condecoración de Reich, raramente concedida a un soldado no alemán.

En contra de esas teorías que hablan de los recelos existentes entre los dos militares, Franco concede a Muñoz Grandes la Palma de Plata, máxima condecoración falangista, y le asciende a general de división. Se dice que el antiguo jefe del cuerpo expedicionario español en Rusia mantiene contactos secretos con Hitler y que en la Nochevieja de 1942 convence al Generalísimo de la conveniencia de la entrada de España en la Guerra. No fue así, pero el antiguo héroe de Alhucemas sí alcanza las cimas más altas del anterior régimen. En 1943, Franco le nombra jefe de su Casa Militar; en el 45 -el mismo año en que es condenado por crímenes de guerra en el proceso de Nuremberg- se le confía la capitanía general de la Primera Región Militar.

Ya en 1951 es nombrado ministro del Ejército y en el 57, al cesar en dicho cargo, asciende a capitán general, rango que hasta entonces sólo ostenta Franco.

Vicepresidente del Gobierno, jefe del Alto Estado Mayor y de la Junta de Defensa Nacional desde 1962, en 1967 al ser aprobada la Ley de Sucesión y siendo el capitán general un reconocido antimonárquico -a don Juan ni siquiera le considera español-, Agustín Muñoz Grandes es destituido como vicepresidente del Gobierno, pero sigue ocupando todos sus cargos militares hasta su muerte, acaecida el 11 de julio de 1970.

2 comentarios:

  1. La iniciativa de actuar a favor de Muñoz Grandes y gestionar su liberación mediante canje cuando estaba preso de la República en Madrid, surgió del comandante republicano José Pérez Martínez.

    Pérez Martínez era ayudante de campo de Miaja. Con anterioridad había sido comandante de la Guardia de Asalto teniendo a Muñoz Grandes como jefe directo. Tenían una relación muy cercana, hasta el punto de que Muñoz Grandes era padrino de bautizo de la hija menor de Pérez Martínez.

    Pérez Martínez intercedió ante Miaja y Muñoz Grandes fue trasladado de la prisión al hospital. Posteriormente los propios mandos militares de la República facilitaron su ingreso en una embajada y, finalemnte, el canje.

    ResponderEliminar
  2. ¿como murio muñoz grandes?

    ResponderEliminar