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sábado, 9 de febrero de 2013

Adolfo Prada Vaquero (1883-1962)


Militar leal a la República, ostenta diversos puestos de máxima responsabilidad entre los sucesivos desmoronamientos de los frentes y, distanciado ya del comunismo acaba apoyando el golpe de Casado

El 29 de agosto de 1937 Adolfo Prada Vaquero, afamado coronel, es nombrado jefe del Ejército republicano del Norte, tras la reciente caída de Santander en manos nacionales. De esta forma, el coronel Prada ve premiada su labor desde que el 18 de julio de 1936 la Guerra viera su inicio.

Durante el reinado de Alfonso XIII, este militar vocacional había ocupado el cargo de Capitán del Arma de Infantería. En 1931 queda en situación de reserva y ya no se reincorporará a filas hasta el estallido de la Guerra, momento en que muestra total lealtad por la causa republicana. Según el historiador Vicente Talón, "al estallar la Guerra hacía ya bastantes años que Prada se encontraba de supernumerario, dirigiendo una academia que llevaba su nombre y que preparaba para el ingreso en las academias militares (...). Quienes le conocieron dicen de él que era un hombre de actuación discreta y sin interés alguno por la política".

En un primer momento, Prada combate enérgicamente a las afueras de Madrid, en la zona de Toledo, dirigiendo una columna que lleva su nombre. Los sucesivos reajustes llevados a cabo por el general Miaja, durante la Batalla de Madrid, van otorgando a Prada -que por entonces era aún teniente coronel- los mandos de la 36ª Brigada y, a finales de año, de la 7ª División del Ejército de Madrid.

Tras la ofensiva sobre el Jarama se crea el Nuevo Ejército del Centro en el que Prada, ya ascendido a coronel, asumirá el mando del 6º Cuerpo.

La delicada situación en el Norte hace que, el 20 de julio, Prada deje oficialmente su cargo para participar en la defensa de Santander. En este destino le acompaña, según Talón, un hijo suyo, capitán de milicias, que hace las veces de su ayudante.

El historiador Salas Larrazábal sostiene que, "al parecer, en esta época tonteaba con el Partido Comunista, pero luego se apartó claramente de él y su final casadista (apoyará el golpe de Estado de Segismundo Casado) le ha relegado al montón de los oficiales incapaces o traidores".

A su llegada le es confiado el 14° Cuerpo del Ejército del Norte -formado por miembros del antiguo Ejército vasco-.

Un mes después, debido al imparable avance enemigo, el propio Prada da la orden de retirada de la capital cántabra.

En un informe, recogido por Martínez Bande, enviado por Prada a Prieto al final de la Campaña del Norte, en octubre de 1937, el coronel explica que "el balance de Santander arroja un resultado negativo (...) pérdidas que en su mayor proporción corresponden a deserciones y sublevación de nacionalistas (...)".

El 24 de agosto el Consejo de Asturias y León se autoproclama soberano y su máximo dirigente, el socialista Belarmino Tomás, nombra a Prada máximo jefe del Ejército del Norte, creando un conflicto de intereses con el general Gámir, designado por la República para dirigir al Ejército en esta misma zona.

Éste asume dicho mandato a pesar de que miembros del Ejército le proponen sublevarse contra dicho Consejo. Sin embargo, según explica Prada en su citado informe "el mando militar no podía eclipsar en momento tan crítico la soberanía del Consejo para sustituir a éste".

En palabras de Salas Larrazábal, tras aceptar dicho cargo "Prada se lanzó a una profunda reorganización del Ejército" para intentar defender Asturias.

El coronel contaba con "el fervor político de las masas, el clima, el terreno y la industria", como así hace constar en su informe. Sin embargo, la indisciplina de algunos de sus militares le llevará a tomar medidas tan drásticas como el fusilamiento de algunos jefes de brigadas o de diversos políticos.

El día 20 de octubre, con Gijón prácticamente en manos nacionales, los miembros del Consejo anuncian a Prada su intención de huir y éste decide marcharse también. Lo hace al día siguiente en el torpedero número 3 junto a su hijo.

Vicente Talón añade que "huyó de Gijón a Francia, pasando de inmediato a territorio gubernamental".

Tras regresar al sector Centro, en diciembre de 1937, Prada recibe un nuevo cargo: la jefatura del Ejército de Andalucía.

Durante este periodo, Prada condena a algunos militares a la pena de muerte. Es el caso, según el socialista Máximo Muñoz, que fue comisario del 9º Cuerpo de Ejército de Andalucía, del anarquista Maroto: "El Tribunal permanente del Ejército de Andalucía, a petición del coronel Prada y de los hijos de éste, miembros de las Juventudes Comunistas como ya se ha dicho, condenó a muerte a un jefe de la CNT: Maroto".

Meses después, en marzo de 1938, Prada es enviado a Murcia para ocupar la comandancia militar. En esta ciudad, según explica Salas Larrazábal, el "carácter apacible" del coronel hace que los murcianos le conozcan como El Vaticano.

En julio es nombrado jefe del Ejército de Extremadura y, por tanto, encargado de contener la ofensiva nacional que se desarrolla en la zona. En octubre finalizan los ataques y Prada cesa de su cargo.

A finales de 1938, ya distanciado de los comunistas, pasa a ocupar una subinspección para la zona centro-sur.

Tras apoyar el golpe de Estado de Casado -en marzo de 1939- es nombrado nuevo jefe del Ejército del Centro.

Cipriano Mera cita una interesante confesión que el propio Prada le hace tras recibir noticias de su reciente designación: "Parece que estoy condenado a hacerme cargo de puestos de responsabilidad máxima cuando ya todo está perdido. Eso me ocurrió en el Norte y es lo que me toca ahora en el Centro (...)".

Según el análisis que Luis Español realiza de los últimos días de la Guerra, "el día 27 Prada da su beneplácito al repliegue de las tropas (...). Ese mismo día se entrevista con el coronel nacional Eduardo Losas y acuerdan la rendición incondicional (...). Al día siguiente el propio Prada iza la bandera roja y gualda en el Ministerio de Hacienda -sede del Consejo Nacional- y, a continuación, se entrega en las trincheras de la Ciudad Universitaria".

Finalizada la contienda, y en palabras de Luis Español, "Prada y sus hijos fueron detenidos y tratados, con la mayor desconsideración y falta de delicadeza". No es ésta la opinión de Vicente Talón, quien afirma que "no sólo no lo fusilaron, sino que poco después estaba muy tranquilo en una finca que su mujer poseía en la provincia de Toledo".

Mera, en su biografía, constata que, en septiembre de 1939, Prada permanece aún en prisión: "Me crucé al honesto coronel Prada, a quien, para que rabiaran los carceleros, dije en alta voz: 'a sus órdenes, coronel'. 'Suerte, Mera', me contestó". Tras ser juzgado y condenado por un consejo de guerra, es indultado y puesto en libertad. Clandestinamente, actuará a través de la Agrupación de Fuerzas Armadas Republicanas Españolas hasta su fallecimiento en 1962.

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