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lunes, 1 de octubre de 2012

Ramiro de Maeztu (1874-1936)

Uno de los intelectuales más admirados y criticados de la época, evoluciona desde la defensa de una nueva España enfrentada a la de la Restauración hacia un pensamiento tradicionalista fundamentado en el catolicismo 

Maeztu, uno de los inte­lectuales más admira­dos, pero también más criticados de su época, pasa sus últimos días de vida en la cárcel de Las Ventas de Madrid, donde la casua­lidad quiere que se encuentre con otro Ramiro, Ledesma Ramos, con el que ha compartido algunos ideales pero del que le separan otros. Ledesma afirma en el pri­mer número de la revista teórica JONS que le considera “uno de los pocos españoles capaces de ofrecer los valores de España”, pero a la vez añade que “éste es el único aspecto de Maeztu que nos interesa. Ningún otro. La política de las JONS no es su política”. 

El mismo día en que comienza la gue­rra, Ramiro de Maeztu y Whitney, obsesio­nado con la idea de que lo van a matar -su compañero en la revista Acción Española, Vegas Latapié, afirma que un día llega a interrumpir un discurso de Prieto en el Parlamento gritándole: “Me doy por muerto”- se refugia en casa de su amigo José Luis Vázquez Dodero. Allí per­manece unos días, hasta que el 28 de ese mismo mes de julio entran en el domicilio unos milicianos, buscando a religiosos. 

Maeztu cree que están allí por él y se presenta espontáneamente dando a conocer su nombre, por lo que es llevado a la comisaría de Buenavista. Una vez en las dependencias, según cuenta César Vidal en su libro Checas en Madrid, un inspector lo pone en libertad al no encontrar causa para detenerlo. Pero son ya las once de la noche y a la puerta espera un coche de milicianos, por lo que el propio Maeztu solici­ta que lo vuelvan a de­tener. Entonces es envia­do a la cárcel de Las Ventas. 

En prisión pasa tres meses hasta que el 29 de octubre del 1936 es trasladado, junto con el líder fas­cista Ledesma Ramos, al cementerio de Aravaca, donde pese a los esfuerzos de la Embajada inglesa por salvarlo, muere ase­sinado. Tiene 62 años y ha pasado ya por muy diferentes etapas a lo largo de su vida: desde sus inicios como defensor e impulsor de una nueva España enfrentada a la tradicional, hasta su evolución hacia un pensamiento tradicionalista fundamen­tado en el catolicismo. 

Esta conversión le hace objeto de innu­merables críticas, tanto de la derecha como de la izquierda. Él mismo llega a decir en una autobiografía escrita en ter­cera persona y publicada en Alma Espa­ñola que “de Maeztu se ha dicho cuanto pueda decirse de un escritor [...]; aunque no es político, ni ha hecho libros ni obras de teatro, no hay periódico en España que no se haya ocupado de su nombre”. 

Según su amigo Juan Ignacio Luca de Tena, director de ABC, “a los 20 años era anarquista, a los 30 republicano y su firma veíase frecuentemente en El Sol. Yo no recuerdo exactamente cuándo empezó su evolución hacia la derecha”. 

Sus concepciones políticas y filo­sóficas se van modificando con los años. Nace en Vitoria el 4 de mayo de 1874 en una familia distinguida, hijo de padre vasco y madre ingle­sa. Cursa bachillerato y obtiene unas notas brillantes, pero la ban­carrota familiar no le permite acceder a la Universidad. 

Así, a los 16 años marcha a París, donde intenta aprender el oficio de comerciante, pero ante su falta de habilidad, tiene que volver a casa. Entonces decide ir a Cuba, donde pasa cuatro años trabajando en los más diversos oficios y viajando por América Central y del Norte, Tres años des­pués regresa a Vitoria y, tras la muerte de su padre, la familia se traslada a Bilbao. 

En esta ciudad empieza su carrera periodística que es en realidad la vocación de su vida; comienza en un pequeño periódico, El Porvenir Vascongado y se da a conocer con sus artículos sobre el pro­blema cubano, coincidiendo con los pri­meros intentos de insurrección en la que todavía era isla española. 

En 1897 se traslada a Madrid, donde entra de lleno en la vida literaria y forma, junto a Azorín y Baroja el Grupo de Los Tres, el primer núcleo de la célebre Generación del 98. Es precisamente en ese año cuando Maeztu publica su primer libro, con el título de Hacia otra España

En él se hace una dura crítica al sistema de la Restauración y se presenta el desas­tre del 98 como un punto de partida para derribar todos los obstáculos y crear una España distinta. Tan sólo unos años más tarde dice, en referencia a esta obra, que “todas sus páginas merecen ser quema­das, pero el título responde al ideal de entonces y de ahora”. 

Esta frase deja entrever que el objetivo siempre es el mismo: cambiar España, pero la idea de cómo llevar a cabo esta regeneración se modifica con los años. A principios de 1905 marcha a Londres como enviado de La Correspondencia de España, y los 15 años que reside allí le marcan para siempre y le hacen afianzar­se en su defensa de la autoridad. Las ideas presentes en este periodo de su vida que­dan reflejadas en su libro Authority, Liberty and Function in the Light of War, publicado en España como La crisis del Humanismo

En 1916 se casa con la inglesa Alice Mabel Hill y nace su único hijo. Para cuan­do regresa a España, en 1919, ya es una figura consagrada y se vincula a la redac­ción del El Sol. Pero la férrea defensa de Maeztu del general Primo de Rivera hace que pronto tenga que abandonar el perió­dico, que adopta una línea pro republica­na. Desde 1927 pertenece a la Unión Patriótica -único partido durante la Dictadura-y escribe en La Nación, órgano oficial del régimen. Al año siguiente es nombrado embajador de España en Argentina, de donde regresa el 19 de enero de 1930. 

Tras el advenimiento de la República, Maeztu comienza una etapa combativa y en diciembre empieza a colaborar con la revista Acción Española, publicación de la que luego llega a ser director. En esta últi­ma fase de su pensamiento recoge por un lado la línea tradicional española de Menéndez Pelayo y, por otro, algunas influencias del pensamien­to fascista que recorre toda Europa. 

En 1932 es nombrado académi­co de Ciencias Morales y Políticas y en 1933 es elegido diputado por Guipúzcoa de Renovación Española. Al año siguiente ingresa en la Academia de la Lengua Española y publica uno de sus libros más afamados, Defensa de la Hispanidad, que es en realidad una reco­pilación de artículos en la que Maeztu ofrece su definición de Hispanidad: “Hispánicos son, pues, todos los pueblos que deben la civilización o el ser a los pue­blos hispánicos de la Península”. 

Cuando edita este libro comunica a sus amigos que tiene el propósito de completar esta obra con otras dos más, llamadas Defensa del Espíritu y Defensa de la Monarquía de tal modo que corres­pondan sus libros a los términos del tra­dicional lema carlista: Dios, Patria y Rey. La primera de estas obras la intenta ter­minar en la cárcel, pero las cuartillas que­darán en poder de sus guardianes, y la segunda no llegará a pasar de un proyecto.

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