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sábado, 6 de octubre de 2012

Vicente Aleixandre (1898-1984)

Poeta sevillano, miembro de la Generación del 27 y premio Nobel de Literatura, apoya la causa republicana y, tras la guerra, decide quedarse en España y dedicarse a la escritura desde su “exilio interior” en la sierra madrileña 

Cuando estalla la guerra, aunque el poeta Vicente Aleixandre no milita en ningún partido político, decide prestar su apoyo a la causa repu­blicana y el 20 de noviembre de 1936 suscribe, junto con otros escritores, his­toriadores y gente de letras, un manifies­to dirigido a los “antifascistas de todo el mundo”. En él se puede leer: “Nuestros combatientes, con los dientes apretados, resisten en silencio, y con su gesto son ya una exigencia de responsabilidades his­tóricas para todos aquellos que, estando obligados a mantener una conducta, la eluden ahora cobardemente... Pero queremos haceros saber, para que vues­tra palabra, a su vez, lo proclame por todos los rincones del mundo, la calidad humana que lucha a cada uno de los lados que hoy se enfrentan en España”. 

El año en que comienza el conflicto, Aleixandre paraliza su actividad literaria, aunque colabora ocasionalmente, junto con otros miembros de la Generación del 27, a la que pertenece el poeta, en las revistas literarias patrocinadas por las autoridades republicanas, como Hora de España y El Mono Azul, donde escribe entre otros artículos, el Romance del fusilado y El miliciano desconocido

Durante el tiempo que dura la contienda, Aleixandre, a pesar de su identificación con la izquierda, decide no exiliarse, sino que se retira a su casa de Miraflores, en la sierra de Madrid. 

Vicente Aleixandre nace el 26 de abril de 1898 en Sevilla. En 1900, su padre, ingeniero de ferrocarriles, es trasladado a Málaga, y es en esta ciu­dad donde transcurre toda su infancia. A los trece años se va ya defi­nitivamente a Madrid y allí se lleva el recuerdo imborrable del mar Mediterráneo. En esta ciudad escri­be casi toda su obra, aunque algunos de sus libros deben mucho al paisaje de Miraflores de la Sierra, donde el poeta, desde su juventud, pasa los veranos. 

En 1914 entra en la Facultad de Derecho, donde se licencia en 1919. Durante esos años no abandona su pasión por la lectura, hábito que adquie­re gracias a la biblioteca de su abuelo, y además comienza a escribir. Aleixandre se había iniciado ya en la poesía, a par­tir de su amistad con Dámaso Alonso y su descubrimiento de Rubén Darío, Gustavo Adolfo Bécquer y los simbolistas franceses. Sin embargo, en principio pre­firió mantener en secreto su espíritu creador. Entre 1919 y 1920 es nombrado profesor de Derecho Mercantil en la Escuela de Comercio, aunque por inter­cesión de su padre acaba trabajando en las oficinas de los ferrocarriles. 

En 1926, la Revista de Occidente da a conocer sus primeros versos y en 1927 se publican otros de sus textos inéditos en la revista Verso y prosa. Así, por pri­mera vez, su verdadera vocación se hace pública. En estos años entra en contacto con otros autores, aque­llos que más adelante serán cono­cidos, junto al propio Aleixandre, como la Generación del 27: Federico García Lorca, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre. 

Este grupo adquiere dicho nombre por celebrar ese año, 1927, el tercer cente­nario de la muerte de Góngora, enfren­tándose públicamente, por primera vez, con la crítica oficial y académica que había menospreciado a este poeta barroco. En 1928 escribe su primer libro, Ámbito, una recopilación de poemas en torno al amor y la naturaleza. 

En 1933, Aleixandre publica La des­trucción o el amor. Con esta obra se lleva a cabo su confirmación poética y es galardonado con el Premio Nacional de Literatura. El año anterior y como consecuencia de la enfermedad que padece le es extirpado un riñón. Y es que la vida de este poeta está marcada por su frágil salud. 

El dolor ante la situación que se vive en España, la pérdida de muchos de sus amigos, unos muertos y otros que se ven forzados al exilio, le provoca una recaída de su enfermedad. Una enfermedad que ya viene arrastrando desde 1925, cuan­do sufre una nefritis tuberculosa que le obliga a abandonar su trabajo en los Ferrocarriles Andaluces, pero que le abre el camino para poder escribir, una pasión que Aleixandre mantuvo oculta durante muchos años. 

Una vez acabada la Guerra Civil, Aleixandre permanece en su “exilio inte­rior”, como él mismo lo llama, de la sie­rra madrileña. Durante los primeros años del franquismo, como consecuencia de su postura durante la contienda, sus libros son prohibidos y su nombre, veta­do por la censura. 

Sólo a partir de la publicación de su libro Sombra del Paraíso, en 1944, comienzan a difundirse sus obras y se convierte en un referente para las nue­vas promociones de escritores. Así, el 30 de junio de 1949, la Real Academia Española decide elegirle académico de número, donde ocupa el sillón 0. En 1950 Aleixandre lee su discurso de ingreso titulado En la vida del poeta, el amor y la poesía

En esta década Aleixandre es un poeta ya reconocido, recorre numerosas ciuda­des de España y del extranjero pronun­ciando conferencias, asistiendo a varia­dos actos públicos y recibiendo numero­sos reconocimientos. Debido a esta etapa en la que entra en contacto direc­to con gente diversa, retoma el tema de la condición humana como algo funda­mental. El hombre es el centro de sus poemas y, como escribe el filólogo Sergio Arlandis, su objetivo es “llegar a la gran masa haciendo de lo cotidiano materia poética, reconocible para el hombre común”. Se convierte en un personaje muy popular no sólo en España, sino también en el ámbito internacional, dán­dose el caso, por ejemplo, de colaborar con una emisora de radio che­coeslovaca, donde pide abierta­mente el desarme militar de las potencias, en 1958, justo en el momento de mayor crispación de la Guerra Fría. 

En 1977 recibe el Premio Nobel de Literatura. El poeta no puede ya acu­dir a la ceremonia de entrega y en su lugar, el también poeta Justo Jorge Padrón, recoge el premio. El evento tiene lugar el 6 de octubre de 1977, el mismo año en el que se ponía fin a un largo exi­lio de los opositores de la dictadura, entre ellos, algunos de sus compañeros de generación, a quienes dedica este premio: “Nos interesó vivamente todo cuanto tenía valor, sin importarnos donde éste se hallase. Y si fuimos revo­lucionarios, si lo pudimos ser, fue porque antes habíamos amado y absorbido incluso aquellos valores contra los que ahora íbamos a reaccionar”. 

En ese mismo año se publica su defi­nitiva obra completa. Es un año cumbre en su carrera poética, sin embargo, su vida, se va apagando (pérdida de visión agudización de sus molestias renales...), y el 14 de diciembre de 1984 muere en Madrid.

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