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jueves, 4 de octubre de 2012

Pedro Muñoz Seca (1879-1936)

Gran dramaturgo e inventor del género cómico conocido como el “astracán”, es detenido en Barcelona por escribir “obras antirrepublicanas” y, tras ser trasladado a Madrid, es fusilado el 28 de noviembre de 1936 en Paracuellos 

“Me podéis quitar todo, menos el miedo”. Esa frase, a modo de epitafio, la pronuncia Muñoz Seca delante de sus captores, justo antes de ser fusilado por sus ideas políticas y religiosas, el 28 de noviembre en Paracuellos del Jarama, en uno de los episodios más siniestros de los primeros meses de una Guerra Civil en la que inte­lectuales de los dos bandos son elimina­dos sin juicio previo, a veces en matan­zas masivas, por simpatizar con un parti­do o una ideología. Su nombre ilustra, junto al de Federico García Lorca, el trá­gico destino que la Guerra Civil tenía reservado a muchos de los mejores escri­tores de la época. 

El escritor, profundamente religioso y devoto de La Virgen de los Milagros, patraña de El Puerto de Santa María, sostiene ideas tradicionales y conserva­doras y, según la biografía que hace de él la Fundación Pedro Muñoz Seca, es un monárquico convencido, amigo de Alfonso XIII, y que no oculta su contra­riedad ante el advenimiento de la Segunda República en 1931. 

Cuando comienza la Gue­rra Civil se encuentra en la ciudad de Barcelona, donde el día 17 ha estrenado su obra La tonta del rizo

A los pocos días del alza­miento es detenido por las milicias republicanas que, según el historiador Manuel Rubio Cabeza, “le recriminan haber escrito obras antirrepubli­canas como La Oca”, en la que ridiculiza a obreros republicanos y cuyo título parece ser que corresponde a las siglas de Libre Asociación de Obreros Cansados y Aburridos. Más tarde es trasladado a Madrid. Según cuenta el historiador César Vidal, Pedro Muñoz Seca se encuentra en la cárcel de San Antón, donde las sacas se inician el 7 de noviembre. El día 28 moriría. 

Pedro Muñoz Seca, uno de los drama­turgos más conocidos y aplaudidos de su generación, nace en El Puerto de Santa María (Cádiz) el 20 de Febrero de 1879, aunque le gusta afirmar que el año de su nacimiento fue 1881, debido a su afición por los números capicúa. Hijo de José Muñoz Cesari, procurador muy famoso en dicha ciudad, y de María Seca Miranda, es el cuarto de 10 hermanos de una familia acomodada y muy religiosa. 

Estudia en el colegio San Cayetano hasta 1894 y cursa enseñanza secunda­ria en el tradicional centro jesuita de San Luis Gonzaga, donde coincide con el que será otro ilustre escritor de la época, Juan Ramón Jiménez. Para desgracia de sus padres, no resulta ser un buen estu­diante, pero pasa sus exámenes de revá­lida en el instituto de Jerez de la Frontera. 

Finalizado el Bachillerato, hace las maletas y viaja con su hermano Francisco a Sevilla para matricularse en la Universidad. Aquí, cursa, a la vez, las carreras de Derecho y Filosofía y Letras, entre 1896 y 1901. 

Pedro Muñoz Seca tuvo, desde muy pequeño, inquietudes litera­rias y gran afición por el teatro y la poesía. Además, su talento le sirve para comenzar a colaborar desde joven en revistas de El puerto con poemas, artículos literarios, obras teatra­les y cuentos 

Sus primeras obras juveniles son La república estudiantil, Un perfecto de pasivas o El Señor Pilili, aunque su pri­mer éxito es Las Guerreras, escrita en colaboración con el autor José Luis Montoro, que se representa por primera vez en Sevilla, en el teatro del Duque, el 20 de Marzo de 1901. 

En este ambiente bohemio e intelec­tual de principios del siglo XX, Muñoz Seca gusta de participar en tertulias y actos culturales. Pronto le llegan los pre­mios: en 1904 obtiene el galardón Rosa de Oro a la mejor poesía en el concurso floral celebrado en el colegio San Luis Gonzaga, en su ciudad natal. 

Ese mismo año viaja a Madrid a buscar trabajo. Con unas monedas en el bolsillo y 100 pesetas que su madre le cose en el interior del chaleco, sus comienzos en la capital no son nada fáciles. A la vez que intenta ganarse la vida, se va introducien­do como puede en el ambiente teatral. 

Después de unos meses de penurias, en la tertulia del café Nueva España conoce al dramaturgo Sebastián Alonso, que decide darle una oportunidad. Juntos ponen en escena El Contrabando, su primer estreno en Madrid, en 1904, con un notable éxito de crítica y público. Animado por este pequeño triunfo, representa varias obras en colaboración con Alonso o en solitario. También consi­gue hacerse un hueco como columnista en importantes revistas de la época, como Blanco y Negro, La Ilustración Española y Americana y Nuevo Mundo

Gracias a la influencia del político An­tonio Maura, ex presidente del Gobierno durante la etapa de la Restauración, que lo contrata como pasante de abogado en su bufete, se hace cada vez más conocido entre el público y los círculos gubernamentales. En 1908, ocupa el puesto de jefe de negociado en la Comisaría General de Seguros del Minis­terio de Fomento, un empleo que nunca dejará y que le permite poseer la sufi­ciente estabilidad económica para dedi­carse a escribir obras teatrales en sus ratos libres. 

Dos años más tarde, se casa con Asunción Ariza, con la cual va a tener nueve hijos. En 1948 nacerá su nieto, el periodista Alfonso Ussía, al que Muñoz Seca no llega a conocer. La jornada de trabajo para él comienza muy temprano en estos años. Con disciplina metódica, tiene tiempo para llevar a cabo su labor creativa, los ensayos, asistir a estrenos y representaciones y, por supuesto, aten­der las obligaciones de la vida familiar. Por las tardes asiste cuando puede a ter­tulias, óperas, pases de cine y, en tempo­rada, a corridas de toros. Los veranos los disfruta en la playa y las terrazas de San Sebastián. 

En una época en la que la esce­na española goza de gran presti­gio, Muñoz Seca se da a conocer pronto como autor cómico. Su nombre se identifica pronto con el de un género teatral nuevo, el astracán. Se trata de obras cómi­cas que sólo pretenden hacer reír al público con un humor sencillo y accesi­ble. Se convierte, gracias a su astracán, en el autor teatral más aplaudido y respetado durante 10 años seguidos. 

Con dominio de la técnica y una pluma prodigiosa, en 1912 escribe la famosa Trampa y cartón antes de llegar al apo­geo con El verdugo de Sevilla, La ven­ganza de Don Mendo, la más conocida de sus obras, y Los extremeños se tocan

Con otras piezas como El último peca­do y El conflicto de Mercedes, se introdu­ce en la alta comedia y consigue repre­sentar sus obras en todos los teatros importantes de la época. 

Su carácter abierto le convierte en una persona carismática y accesible a todos en Madrid. Los periódicos de la capital lo describen como pulcro y elegante, a veces un poco extravagante en la vesti­menta, pero siempre amable con los que le rodean.

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