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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Alberto Sánchez (1895-1962)


Escultor toledano, es el responsable de elaborar una pieza que reciba a los visitantes del Pabellón español en la 'Expo' de París, tarea que solventa con su obra 'El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella'

Además del Guernica, joya del Pabellón español en la Exposición Universal de París 1937, se eleva con fuerza propia. El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella, la enorme escultura de bienvenida situada a la entrada del edificio encargada por la República al escultor Alberto Sánchez, austeramente conocido como Alberto.

Alberto Sánchez Pérez nace en Toledo en 1895, siendo su madre sirvienta y su padre, panadero. Orígenes humildes para un joven llamado a grandes cotas artísticas, alejado de las variadas profesiones que ejerce para ayudar en la débil economía familiar: carretillero, panadero en el horno familiar y hasta porquerizo.

Dos hechos vienen a encauzar la trayectoria de Alberto. En 1922 conoce al pintor uruguayo Rafael Barradas, quien le introducirá en los selectos círculos intelectuales y artísticos de Madrid; en 1925, participa en la Exposición de la Sociedad de Artistas Ibéricos de ese año, un evento que según relata una reseña biográfica del autor, "le permitirá insertarse en las filas de la renovación artística peninsular".

Su plena madurez llegará en los primeros años 30, de la mano de otros dos artistas, el escultor Pancho Lasso y el pintor Benjamín Palencia. Los tres promueven "caminatas iniciático-poéticas", como Alberto las califica, con las que persiguen "una fusión del artista y el entorno". Es decir, una manera de encontrar la inspiración sin salir del barrio, en clara oposición a la moda en la época, viajar a París para ilustrarse. Con los años, será señalado como el creador de la corriente artística Escuela de Vallecas.

Tal vez sea esta original manera de discutir y crear arte lo que lleva su nombre a oídos de los comisarios responsables del edificio de la República en la Expo de París. Al escultor toledano le es encomendada la elaboración del monolito El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella, cuya gigantesca reproducción en cemento va a quedar situada a la entrada del Pabellón. En la actualidad, una réplica recibe a los visitantes del Museo Reina Sofía de Madrid, donde también se custodia a su viejo rival, el Guernica.

De firmes convicciones anarquistas (de joven estuvo afiliado a las Juventudes Socialistas), Alberto debe exiliarse a la Unión Soviética en 1938. Antiguo combatiente en el Frente de Guadarrama, su única salida para sobrevivir al avance franquista es huir. Nunca volverá a España.

En la extinta URSS se emplea como profesor de niños españoles (refugiados como él), y retoma su vena artística creando las escenografías y decorados de diversas piezas teatrales que se representan en Moscú, como la lorquiana La Zapatera Prodigiosa o La Gitanilla, de Cervantes. Fallece en octubre de 1962, siendo enterrado en Viedenskoy. Su cuerpo permanece aún exiliado en el viejo cementerio moscovita.

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