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martes, 4 de febrero de 2014

Toribio M. Cabrera (1874-1939)

Jefe del Estado Mayor republicano y encargado del Frente Norte, tras la caída de Gijón es acusado de traición y enviado a Madrid donde toma posición a favor de Casado y termina siendo ejecutado por el bando nacional

El general Toribio Martínez Cabrera es uno de los militares más capaces de la República pero también uno de los más sañudamente perseguidos por los dirigentes del PCE.

Nacido en 1874, Martínez Cabrera comienza su carrera militar a los 18 años. En Marruecos se convierte en uno de los militares españoles más hábiles y valerosos, logrando multitud de éxitos y ascensos. Su militancia republicana y su posible pertenencia a la masonería no empañan su trayectoria. En 1933 es ascendido a general por el Gobierno radical-cedista.

Cuando estalla la Guerra, ya como general de brigada y comandante militar de Cartagena, se opone a la sublevación. Su actitud favorece el control de la base y el arsenal por los leales a la República. Días después, sale de Murcia al mando de una columna hacia Granada, atravesando Lorca y Guadix. A finales de noviembre de 1936, es nombrado jefe del Estado Mayor Central del nuevo Ejército republicano formado tras la militarización de las milicias. Su nombramiento da un mayor peso a los socialistas del ala caballerista frente a los comunistas y prietistas en la organización del Alto Mando.

Con pocos hombres y escaso material consigue estabilizar el frente del sur, y en enero de 1937, ya instalado en Valencia, planea la Batalla del Jarama. Pero mantiene frecuentes enfrentamientos con el coronel José Villalba, jefe republicano de Málaga antes de la caída de la ciudad; Sebastián Pozas, jefe del Ejército del Centro; y los generales José Miaja y Vicente Rojo, de la Junta de Defensa de Madrid, lo que dificulta las acciones militares, acaba por dañar su imagen y le coloca en el blanco de los dirigentes políticos y militares afines al PCE.

El 13 de marzo de 1937 es cesado de la Jefatura del Estado y sustituido por Vicente Rojo, entonces jefe del Estado Mayor de la Defensa de Madrid. En esta situación, Largo Caballero lo traslada a Bilbao donde pasa a ser inspector general del Ejército del Norte. Pero Cabrera no es bien recibido por los nacionalistas vascos.

El 30 de junio de 1937, es destituido de su nuevo cargo y queda "a las órdenes del Ministerio de Defensa Nacional". Tras la caída de Gijón, en octubre de 1937, es detenido y acusado de traición. Su buena relación con el para entonces defenestrado Largo Caballero refuerza su descrédito, y es encarcelado en San Miguel de los Reyes (Valencia). Aunque demuestra su inocencia, es relevado y enviado a Madrid como gobernador militar.

En los últimos días de la Guerra, Martínez Cabrera presta su apoyo al golpe encabezado por el coronel Segismundo Casado. Cuando los nacionales entran en la capital el día 28, Cabrera se niega a huir al exilio y es capturado. Juzgado en un consejo de guerra y condenado a muerte, su ejecución se cumple ese mismo mes de abril de 1939. 

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