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lunes, 24 de febrero de 2014

Asensio Cabanillas (1896-1969)

Oficial africanista, su fidelidad inquebrantable a Franco le lleva a formar parte de la causa nacional desde el levantamiento de julio del 36 en Tetuán hasta el comienzo de la ofensiva a Cataluña en diciembre de 1938

La trayectoria de Carlos Asensio Cabanillas demuestra hasta qué punto una arraigada identidad profesional puede trascender al ámbito personal. Su carrera militar está tan claramente definida que llega a convertirse en su proyecto de vida.

Nacido en Madrid en 1896, pertenece al grupo de militares africanistas cuyo prestigio se forja en la colonias españolas para más tarde experimentar un ascenso en sus carreras, impulsadas, en gran medida, por el transcurso de la Guerra Civil. Su trayectoria se inicia con la entrada en la Academia de Infantería de Toledo a la edad de 15 años, pero será su participación durante más de un lustro en la Guerra de Marruecos donde encuentra una primera oportunidad para formarse en el arte militar Precisamente, sus méritos al mando del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas número 1 de Tetuán le convierten en comandante en 1930.

Diplomado en Estado Mayor en la Escuela Superior de Guerra, a diferencia de otros de sus compañeros permanece en el Ejército al proclamarse la República. En abril de 1936, es teniente coronel y, meses después, con 40 años, se adhiere junto a Francisco García Escámez, Eduardo Sáenz de Buruaga y José Enrique Varela, entre otros, al grupo de dirigentes castrenses que apoyan el alzamiento nacional.

Su experiencia común en el continente africano imprime a estos militares un particular concepto de fraternidad regido por un incontestable espíritu de jerarquía: un orden entregado a la subordinación ante la figura principal de un único líder responsable de todos los actos de guerra

El historiador y coronel de Caballería Carlos Blanco Escolá incluye, en Falacias de la Guerra Civil: un homenaje a la causa republicana, la argumentación de Asensio Cabanillas con respecto al levantamiento, durante una conferencia universitaria celebrada en Zaragoza en 1961: "Recién proclamada la (Segunda) República en España, su Gobierno comenzó a señalar la marcha hacia un objetivo que se iba viendo con claridad por día. Se trataba de implantar el marxismo en nuestro suelo, y a esta tenaz idea respondía el ataque sistemático a la religión y la excitación a la lucha de clases, en las ciudades y en el campo. Se necesitaba también proceder a la destrucción de nuestro instrumento militar que no podía permitirse por España, que se desembocase en un final tan desastroso (...). la situación llegó a tal punto que nuestros generales más prestigiosos consideraron que no se podía perder más tiempo sin aplicar el único remedio que España necesitaba, la fuerza. Y los generales Sanjurjo. Franco y Mola, como máxima cabeza de todos nosotros empezaron a preparar el Movimiento".

Blanco Escolé define al grupo africanista como "esos ególatras sin escrúpulos acostumbrados a hacer valer sus intereses por encima de todo, esos intransigentes pretorianistas forjados en el especial clima de violencia de la guerra sucia marroquí, que de inmediato empezaron a conspirar, apoyados por los partidos conservadores que habían salido derrotados en las elecciones".

El 17 de julio de 1936, Asensio Cabanillas se reúne con Sáenz de Buruaga y Juan Beigbeder Atienza en el cuartel de regulares de Tetuán para dirigir la ocupación de la ciudad como parte del alzamiento en Marruecos. Ese mismo verano, el creciente protagonismo del general Franco le ha llevado a establecer su cuartel general en Sevilla. Será allí, desde donde surja el avance de Asensio Cabanillas hacia Madrid, al frente de una de las columnas rebeldes del Ejército de África dirigido por Juan Yagüe. Paralelo a la frontera portuguesa, el militar madrileño realiza el trayecto flanqueado por la Columna de Antonio Castejón sin encontrar apenas resistencia, por lo que consigue avanzar más de 300 kilómetros en tan sólo ocho días, la localidad extremeña de Almendralejo supone la primera resistencia real a su columna. En sólo tres meses, los hombres de Castejón y Asensio consiguen llegar a las puertas de Madrid.

Los africanistas acreedores de una reputación tan exultante como su propia juventud, cuentan con una experiencia limitada a unidades no superiores al batallón, pero el fervoroso orden inculcado por su ya mencionado concepto colonial de mando, que pronto se extiende por todo el territorio español, impone un ritmo en los primeros pasos del conflicto que arrolla a un Ejército republicano aún por organizar. A medidoa que avanza la  Guerra, lo hace también la hegemonía de oficiales africanistas en los puestos de mando del Ejército sublevado y de Franco como su principal dirigente.

Precisamente, es esa fidelidad al líder la causa principal del fulgurante progreso de sus oficiales, tanto en su participación militar durante la contienda como su posterior incorporación política con la instauración del Régimen, la resistencia de Madrid supone para el británico Antony Beevor "el fracaso final del golpe de Estado, que, a partir de ese momento, se convirtió definitivamente en una guerra civil". La continua actividad de Asensio en la carretera de La Coruña; la ofensiva del Jarama, con la ayuda del CTV italiano; Brunete, ya convertido en general de Brigada, y Teruel, desembocará en una participación más que activa en la toma de Tarragona -el 15 de enero de 1939- como jefe de la 12ª División del Ejército de Navarra, bajo las órdenes del general José Solchaga.

Pero antes de eso, a finales de diciembre de 1938, inicia el avance sobre Cataluña y el 26 de enero de 1939 se reincorpora a las órdenes de Yagüe en el Cuerpo de Ejército marroquí para la ofensiva final sobre Barcelona. Las principales calles de la ciudad son testigo junto a Asensio Cabanillas del avance triunfal del Ejército franquista así como de los últimos compases de la contienda.

Finalizada la Guerra, su lealtad a Franco le favorecerá una permanente versatilidad a la hora de ocupar cargos de elevado rango en las primeras décadas del Régimen. En agosto de 1939, es nombrado Alto Comisario de España en Marruecos, y dos años más tarde cesa en el cargo para ocupar la Jefatura del Estado Mayor Central. En 1942, sustituye a José Enrique Varela como ministro del Ejército, tras la dimisión de éste al sufrir un intento de asesinato por parte de unos falangistas.

Es durante el transcurso de su labor como ministro (septiembre de 1942-julio de 1945) cuando informa personalmente a Franco del deseo de un grupo de altos oficiales de reinstaurar la Monarquía, lo que le vale la destitución. Tras su salida del Ejecutivo, su labor vuelve a centrarse en el ámbito militar al ocupar la Capitanía General de Baleares y, posteriormente, la Jefatura de la Casa Militar del Generalísimo (1958), ya como teniente general. Su reconocimiento como estrecho colaborador de la causa franquista deriva en la Medalla Militar Individual con la que corona una carrera profesional cuyo fin llega en el preciso instante en que lo hace su vida, en 1969.

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