Adsense

miércoles, 12 de febrero de 2014

Ramón Serrano Suñer (1901-2003)

'Mano derecha' de Franco, desde sus variados cargos políticos maneja una singular capacidad de negociación que le vuelve imprescindible para el Caudillo, de quien acabará alejándose por sus 'discrepancias' ideológicas

Intimo amigo y albacea político de José Antonio Primo de Rivera; cuñado de Franco y mano derecha suya durante los años de Guerra Civil. Son éstos algunos de los condicionantes de la trayectoria política y personal de Ramón Serrano Suñer. El cuñadísimo es, para muchos, la viva imagen de la intriga política y el afán de poder. De aspecto frágil y elegancia innata, Serrano Suñer tenía, en palabras del historiador Paul Preston, "el conocimiento legal, la capacidad intelectual y las credenciales políticas para llevar a cabo lo que se propuso".

Su papel resulta fundamental en la creación del nuevo Estado que surge de la Guerra y que tiene su origen en la forzosa unificación de los partidos de derechas. Asimismo, su determinación para evitar la entrada de España en la Segunda Guerra Mundial será su mayor orgullo como ministro de Asuntos Exteriores. Pero en septiembre de 1942, Franco decide destituir a su cuñado, el único hombre que en ese momento puede hacerle sombra. El general republicano Vicente Rojo declarará en 1966: "Entre las personalidades civiles del bando adverso, estimo que debo brindar mis mayores respetos a don Ramón Serrano Suñer, porque en un momento crucial de la de España supo colocar sobre su conveniencia, su conciencia".

La Universidad y su amistad con José Antonio Primo de Rivera, que todavía no es el hijo del dictador, marcarán los días más felices de la vida de Serrano Suñer. Ambos estudian en la Universidad Central, son vecinos del madrileño barrio de Salamanca y comparten la misma visión de la vida. Después de licenciarse con matrícula de honor en todas las asignaturas de la carrera -un logro sólo conseguido hasta entonces por Niceto Alcalá Zamora-, obtiene una beca para ampliar estudios en Bolonia. Allí tendrá la oportunidad de conocer las reformas políticas del primer fascismo y de escuchar a Mussolini. "En la Universidad de mi época", explicaría Suñer después, "creo que la mayoría de los estudiantes éramos liberales y vivíamos en un ambiente familiar liberal; el mismo general Primo de Rivera, luego dictador, no era un reaccionario. La aparición de Mussolini en la política de Europa nos deslumhró".

Serrano Suñer y Franco se conocen en Zaragoza en 1928, Franco es a la sazón director de la Academia General Militar y Serrano Suñer un brillante abogado del Estado. A través del contacto con el matrimonio Franco, conoce a Zita Polo, hermana de Carmen -mujer del futuro Caudillo-, con quien se casa en 1931. En esa boda se llevará a cabo la primera toma de contacto entre Franco y José Antonio Primo de Rivera. Su relación nunca será cordial, como recuerda Serrano Suñer: "Respecto al mismo José Antonio no será gran sorpresa, para los bien informados, decir que Franco no le tenía simpatía. Había en ello reciprocidad, pues tampoco José Antonio sentía estimación por Franco y más de una vez me había yo, como amigo de ambos, sentido mortificado por la crudeza de sus críticas".

Llega entonces la Segunda República y con ella la primera actuación política de Serrano Suñer como diputado de la Unión de Derechas de Zaragoza, que luego se integraría en la CEDA. A pesar de la oferta de su amigo José Antonio para unirse a Falange, la rechaza por no sentirse "lo suficientemente revolucionario". En los meses anteriores a la sublevación del 36, Serrano Suñer actuará como enlace entre Franco, en Canarias y José Antonio Primo de Rivera, a quien visita en la prisión de Alicante.

En los primeros días de Guerra Civil, Serrano Suñer es capturado y trasladado a la cárcel Modelo de Madrid tras un amago de fusilamiento en el Parque del Oeste. Aquí será testigo de las sacas y de los asesinatos de personalidades políticas, compañeros y amigos, como su admirado Melquíades Álvarez. Sobre estos sucesos Serrano cita en sus Memorias en varias ocasiones a Indalecio Prieto, "hombre de gran humanidad", asegurando que durante esos días ninguna voz sonó tan claramente como la suya cuando se dirigió a los milicianos para pedirles "pechos acerados para el combate y piedad para la retaguardia".

Serrano Suñer logra el traslado desde la Modelo a la clínica España debido a una dolencia estomacal. Su único pensamiento en ese momento es la fuga, que finalmente conseguirá gracias a su amistad con el doctor Gregorio Marañón, El plan se desarrolla según lo previsto: logra salir de la clínica disfrazado de mujer con la ropa que le ha llevado su hermana. A la salida le espera un coche, proporcionado por Marañón, que le llevará a Alicante. Desde allí, en el buque Tucumán de la Armada argentina, viajará a Francia, desde donde se dirigirá con su mujer e hijos a Salamanca, base de los sublevados. "Al llegar allí y encontrarnos libres y seguros, la esperanza ilusionada de aquellos tiempos, tremendos y prometedores, y el velo de horror tras el que contemplábamos a nuestros adversarios, no permitía ver otros aspectos más sombríos de su realidad que sólo una información más completa y tardía y una reflexión más desilusionada nos haría conocer".

Comienza en esta fecha, marzo de 1937, un duro periodo de la vida de Ramón Serrano Suñer. En Salamanca conoce la noticia que nadie se había atrevido a confesarle: la muerte de sus hermanos José y Fernando al inicio de la sublevación en Madrid. Mientras intenta reponerse del choque emocional que supone la nueva información, su progresión política da un paso adelante en el Estado campamental al que llega el territorio nacional. Allí, Francisco Franco, ayudado por su hermano Nicolás, ha logrado auparse a la jefatura militar y política. La amistad de Suñer con Primo de Rivera y su temple le convierten en el personaje adecuado para aunar a falangistas y carlistas, desplazando a Nicolás Franco y sus manejos. Los vínculos familiares le otorgan además ante Franco mayor seguridad, una garantía de fidelidad que sus adversarios interpretan como una carrera sibilina hacia el poder. En sus Memorias, Ramón Serrano Suñer recuerda el punto de partida de estas relaciones políticas con su cuñado, a quien intenta transmitir una realidad más allá de lo puramente militar: "La Guerra Civil es un sacrificio horrible. Tú no sabes lo que hemos pasado nosotros en Madrid, lo que hemos sufrido, no sólo yo, sino miles de este lado y del otro. Todo este sacrificio y dolor, o si se quiere heroísmo, o miseria, todo esto no tendrá justificación más que si de aquí sale de verdad algo que sea mejor que lo que había antes".

A la pérdida de sus hermanos se une ahora la incertidumbre acerca del estado del líder de Falange, su amigo José Antonio. Los falangistas más auténticos y más reticentes a la continua absorción de poder por parte de Franco comienzan a dudar de los esfuerzos de éste por lograr su liberación. La noticia de su asesinato es un rumor que va cobrando fuerza. Serrano Suñer, que conoce las tensas relaciones entre ambos personajes, narra esta curiosa conversación con el Generalísimo: "Sin duda, la supervivencia de José Antonio no representaba una perspectiva agradable (para Franco) desde el punto de vista político. Incluso llegó a dudar de su muerte. 'Probablemente', me dijo un día asombrándome esta ocurrencia, 'lo han entregado a los rusos y es posible que éstos lo hayan castrado'".

Muerto Primo de Rivera, Serrano Suñer será el encargado de manejar los hilos de la frágil unión entre las distintas facciones derechistas. Se siente ahora obligado a guardar fidelidad a dos concepciones que se demostrarán bien distintas: el testamento ideológico del líder de Falange y la dictadura personalista que comienza a modelarse. Preston destaca su figura como la de "un idealista cuyas tragedias personales lo empujaron a ciertos extremismos, pero también un hombre cuya formación jurídica y ejercicio ministerial hicieron de él un pragmático".

En esta difícil tarea encontrará a Dionisio Ridruejo, con quien mantendrá una profunda amistad y admiración a lo largo de su vida: "Muchos falangistas creían aún entonces", dirá Ridruejo, "con fervorosa sinceridad en una verdadera revolución capaz de integrar a los españoles, barriendo los intereses egoístas". Falange vive inmersa en luchas de poder que se perpetuarán más allá de la Guerra Civil: "Aquel prurito de convertir Falange en un club de puros y ultrapuros, de apóstoles de la primera hora, de herederos legítimos, era la actitud menos falangista que cabía adoptar. Muchos de ellos no tardarían en instalarse cómodamente en el poder y en su disfrute durante casi 40 años".

En diciembre del 37 es nombrado consejero nacional de FET de las JONS, y el 31 de enero de 1938, ministro del Interior del primer Gabinete franquista. Este año promueve la Ley de la Administración Central y la Ley de Prensa, la cual instaura la censura que presidirá España durante las siguientes décadas. Será también uno de los inspiradores del Fuero del Trabajo. Finalizada la Guerra se convierte en el presidente de la Junta Política de FET de las JONS.

Alejado voluntariamente de la represión de la posguerra, redama la vuelta de inteleduales como Marañón, Menéndez Pidal o Azorín, ante generales como Varela, que prometía "descerrajarles un tiro" en cuanto cruzasen la frontera. De él parte la iniciativa de crear la Agencia Efe (un impulso que se data en este mes, noviembre de 1938, procedente de su Ministerio del Interior y con el apoyo de la Sección de Propaganda) o la ONCE. A pesar de sus crecientes críticas sobre el culto al Caudillo, Franco decide nombrarle ministro de Asuntos Exteriores, en una decisión en la que pesa mucho su más que probada valía para la negociación al crear el Movimiento Nacional y su germanofilia.

Tal y como relata el historiador Ignacio Merino, la postura de Serrano Suñer como jefe de la diplomacia española será mantener una política de "amistad y resistencia" ante la Segunda Guerra Mundial. Serrano Suñer será el hombre de confianza de Franco en sus históricas entrevistas con Hitier en Hendaya y con Mussolini en Bordighera (Italia). Él llevará el peso de las cruciales negociaciones con las potencias en guerra. Hitier, que se aburre y bosteza en Hendaya ante el larguísimo monólogo del Caudillo exponiendo las pretensiones españolas en África, presiona sin resultados a un Serrano Suñer que ha viajado solo al refugio del Führer en Berchtesgaden. El general Jodl recoge en sus diarios el malestar de Hitier ante las reiteradas negativas del ministro de Exteriores español de unirse a la contienda. Llega a decir de él que es "el enterrador de la Nueva España" y que "el espíritu más siniestro es, sin duda alguna, Serrano Suñer, cuya tarea es preparar el camino de la unión latina". Convencidos como estaban tanto militares como políticos de la victoria de Hitier, Serrano Suñer reconoce que "había que preparar, para después de la victoria alemana, la constitución de un frente latino formado por Francia, Italia y España; porque era ésta la única manera de moderar el exceso de germanismo, el dominio de Alemania en el Viejo Continente". El miedo a que España se convirtiera en un mero satélite, productor de materias primas para el régimen alemán, y el progresivo convencimiento de que la alianza con Alemania e Italia estrangularía la economía española fueron finalmente los argumentos exhibidos para retrasar cualquier compromiso bélico.

A lo largo de estos primeros años de posguerra, Serrano Suñer, empeñado en mantener vivos los ideales de Primo de Rivera, se irá granjeando no pocos enemigos. El 3 de septiembre de 1942, Franco le destituye tomando como excusa los incidentes provocados por un grupo de falangistas radicales que se enfrentan a los militares en el santuario de Begoña (Bilbao). Él es por entonces jefe nacional de Falange. Un joven capitán de navío llamado Carrero Blanco proporciona la idea a Franco: "¿No comprende V.E. que si Serrano no sale también del Gobierno, todo el mundo dirá que quien manda es él y no V.E.?".

Las relaciones con su cuñado se enfriarán y prácticamente se limitarán al ámbito familiar. Serrano Suñer vuelve a ejercer a partir de este momento como abogado del Estado. En 1945 regresa al centro de la actualidad política cuando escribe una carta al Caudillo de España conminándole a hacer ciertas reformas bajo este análisis: "Ahora la realidad es que el signo político entonces en auge ha sido destruido con la derrota militar del Eje y que las democracias han quedado triunfantes aunque amenazadas por otros males. Entonces hicimos lo que convenía al ser y poder de España". Le pide un Gobierno de concentración nacional, "desde la extrema derecha hasta la izquierda moderada".

Su libro Entre Hendaya y Gibraltar sobre su paso por Exteriores publicado en 1947 fue otro bombazo político que a punto está de provocar su destierro. A partir de este momento Serrano Suñer contemplará desde la distancia el lento suicidio político de Franco: "El fallo grave del Régimen es un fallo político. Se cometió el error increíble -en el mundo irreal en que se vivía- de confundir la temporalidad irremediable de todo aquello con la eternidad; el fin tenía que llegar un día, cada vez más próximo. No se buscó seriamente, pasados los primeros años, el camino del futuro ni se pensó profundamente en que siendo inexorable el tránsito de una sociedad autoritaria y carismática a otra plural y democrática, había que trabajar todos los días, con sentido realista y con autenticidad, para que así se hiciera de verdad, y con orden". Serrano Suñer fue testigo tardío de este cambio y otros muchos. Murió en septiembre de 2003, con 102 años, en Madrid. 

2 comentarios:

  1. Serrano Suñer no nació en Zaragoza. Lo hizo en Cartagena (Murcia) donde estaba su padre trabajando. Era hijo de tarraconenses. Cambió su segundo apellido de Sunyer a Suñer.

    ResponderEliminar
  2. Damaris gracias por tu apreciación, ya está solucionado. Gracias por visitarnos y por aportar información.

    ResponderEliminar