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miércoles, 19 de febrero de 2014

Ricardo Burillo (1891-1940)

Marcado desde los albores de la Guerra como uno de los altos mandos implicados en el asesinato de Calvo Sotelo, siempre negará todo conocimiento de aquella acción y proclamará su inocencia hasta el día de su muerte

La sombra de Calvo Sotelo es alargada. Algo parecido debió pensar Ricardo Burillo durante los últimos años de su vida, años que transcurren a la par que una Guerra Civil asóla España. Durante todo este tiempo, su nombre siempre aparece relacionado con la muerte del político derechista, una vinculación que él negará hasta la extenuación, y cuyo peso le marcará incluso hasta sus últimas horas.

Miembro del Partido Comunista y comandante de Infantería agregado a la Guardia de Asalto, 1938 será un año de múltiples movimientos para el militar republicano. En julio, tras el triunfo nacional en la Bolsa de Mérida, Burillo deja el mando del Ejército de Extremadura a su compañero Prada. Dos meses después, el 16 de septiembre, R. Méndez, inspector general del Cuerpo de Seguridad (Grupo Uniformado) decreta su "reintegración" a las órdenes del ministro de Gobernación. El ostracismo al que es condenado por su derrota en Extremadura toca a su fin. La Guerra avanza, y la República necesita a todos sus hombres.

Ricardo Burillo Stholle nace en 1891. "Aristócrata izquierdista, puritano, anticlerical y romántico", según Hugh Thomas, sabemos gracias a la obra de Manuel Azaña que en 1937 Ricardo Burillo se confiesa "sometido a tres disciplinas: la militar, la masónica y la comunista".

Le sorprende la Guerra Civil con 45 años de edad y como comandante del Cuerpo de Seguridad. El 12 de julio de 1936 se encuentra de servicio en el cuartel de Pontejos de Madrid, de cuyo grupo de Asalto está al frente; esta circunstancia le implica indirectamente en e asesinato de José Calvo Sotelo -son los miembros de este grupo de guardias los que detienen y eliminan al líder conservador, sin orden del Gobierno republicano-.

Nunca asumiría su participación directa en dicho acto e incluso, gracias al testimonio de Rafael Sánchez Guerra en Mis Prisiones, tenemos constancia de la última confesión de Burillo sobre este episodio horas antes de su muerte. Sánchez Guerra coincide con él en prisión y Burillo, sabedor de su fatal destino, confiesa a su compañero de celda que la noche de la desaparición de Calvo Sotelo él se encontraba en su despacho de la Delegación de Orden Público "ignorante en absoluto de todo lo ocurrido". 

Rememorando aquella fatídica noche, y después de hablar con la esposa del recién detenido, Burillo asegura a Sánchez Guerra que investigó la causa de tal detención, haciendo comparecer al capitán de la compañía e "interrogando personalmente a los oficiales y guardias que se encontraban de servicio". Reproduce Sánchez Guerra las palabras de Burillo: "Mandé detener en el acto al teniente Moreno y a los guardias que habían obedecido sus órdenes y puse estos hechos en conocimiento del director general. (...) Fui el primero en lamentar y en condenar (ese hecho) que me deshonra". Confiado, Burillo clama: "Sé que me van a fusilar dentro de unas horas pero quiero que se me fusile (...) por ser un hombre de ideas avanzadas, por pertenecer al Partido Comunista, por haber combatido en defensa de la República. Todo eso me honra y lo acepto, pero nada más que por eso". Sánchez Guerra le promete sacar a la luz dicha conversación si algún día le es posible hacerlo.

Como ese defensor de la República, Ricardo Burillo actúa con mayor o menor éxito, en numerosas batallas. En las primeras jornadas de la contienda participa con sus fuerzas en el asalto al cuartel de la Montaña y días después en las luchas del Alto del León y Somosierra. Dirige las últimas operaciones fallidas del asedio al Alcázar toledano. Tras la caída de Toledo, la moral de los milicianos queda "por los suelos", según relata Jorge Martínez Reverte, y Burillo Intenta poner orden entre sus subordinados que "parecen no saber ya por qué combaten".

Capitanea algunas columnas de milicias republicanas, hasta que a finales de 1936 se organizan las Brigadas Mixtas y asume el mando de la 9ª División. En febrero de 1937, cuando los nacionales intentan rodear Madrid, combate en la Batalla del Jarama al frente de un comando que depende del Ejército del Centro. En marzo de 1937, ya como coronel, es nombrado jefe del 3º Cuerpo de Ejército.

Este mismo año, apunta Hugh Thomas, Ricardo Burillo asume el cargo de jefe superior de la policía de Barcelona. Desde su puesto, lleva a cabo la campaña represiva contra el POUM, un proceso impulsado por el Gobierno de Negrín. Así, el 16 de junio es clausurada, a instancias de Burillo, la sede del POUM en el Hotel Falcón que es habilitado extraoflcialmente, explica Andrés Suárez en El proceso contra el POUM, como "oficina policíaca donde se interrogaba y coaccionaba a sus militantes". También el 16 de junio son detenidos miembros del Partido; entre ellos, su máximo dirigente, Andreu Nin, que es acusado de espionaje a favor de Franco y asesinado en los días posteriores. La orden de su detención está firmada por el ya coronel Burillo,. Tres meses después, Ricardo Burillo dejará su puesto.

El coronel, según Rubio Cabeza, no va a permanecer en estado inactivo. Ese mismo mes se crea el Ejército de Extremadura y Burillo queda al mando del mismo. Según Puche Maciá, esta unidad interviene en contadas ocasiones y en julio de 1938 Burillo es relevado de su cargo.

Cuando la contienda fratricida toca a su fin, cuenta Hugh Thomas que Ricardo Burillo, como otros tantos militares, parece apartarse de su pasado comunista y se muestra partidario de negociar la paz con Burgos y el Ejército franquista. Añade el investigador inglés que estos militares republicanos habían resuelto definirse tan sólo como "amigos coyunturales de los comunistas". Es entonces cuando Burillo se pone en manos del Consejo Nacional de Defensa, en nombre del cual, tal y como señala el investigador Mariano Rubio, dirige en Alicante la evacuación de militares y políticos republicanos más comprometidos, siempre velando por el mantenimiento del orden público.      

En 1940 es apresado por las fuerzas del Régimen. Se le acusa, entre otros delitos, de ser responsable directo del asesinato de Calvo Sotelo. Burillo es juzgado por un consejo de guerra y condenado a tres penas de muerte. La misma noche de la condena, recuerda Sánchez Guerra en Mis Prisiones, Burillo intenta suicidarse ingiriendo grandes cantidades de veramón (un analgésico). A la mañana siguiente le encuentran en estado muy grave pero consiguen reanimarle. A raíz de este acontecimiento, queda sometido a una férrea vigilancia sin permitirle abandonar la celda. Pronto conoce a Sánchez Guerra y se produce la conversación entre ambos; apenas 24 horas después de que el coronel Burillo encomiende su confesión a su compañero de celda, es sacado de la prisión con destino al paredón, Burillo Stholle será fusilado al amanecer.

2 comentarios:

  1. El comunista renegado Burillo este tuvo muy mala suerte. Primero sospechoso del asesinato de Calvo Sotelo, después del de Andreu Nin... y además masón. Decía luchar por una república que dejó de existir mucho antes del golpe de estado del 18 de Julio. Hacía tiempo que el Frente Popular la había hecho desaparecer. Una lástima que lo fusilaran. Seguro que fue culpable de muchos más crímenes. Bien es cierto que a Carrillo jamás se le juzgó. Ni siquiera el juez Garzón se atrevió, alegando la ley de amnistía, cuando aún estaba vivo, sin embargo intentó juzgar a Franco que llevaba 30 años muerto... :-D

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    1. Estudia mas historia, el coronel Ricardo Burillo Stolle negó haber participado en ese delito y que yo sepa jamas mato a nadie, por las cartas que escribió a su mujer negó cualquier participación en aquel hecho por el que vilmente se le asesino el 21 de julio de 1939. Fue un militar integro que se mantuvo fiel a la república. Es mi tioabuelo cuando hables de él lavate la boca M. Burillo.

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