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domingo, 21 de diciembre de 2025

Bing, Geoffrey (1909-1977): un abogado británico en la Guerra Civil Española

Geoffrey Bing fue un abogado y político laborista británico cuya participación en la Guerra Civil Española marcó profundamente su carrera y pensamiento político. Como corresponsal y voluntario en las Brigadas Internacionales, su compromiso con la causa republicana lo convirtió en una figura significativa de la solidaridad internacional antifascista, forjando una trayectoria que luego continuaría en el ámbito del derecho y la política en el Reino Unido y África.


Orígenes y formación académica

Geoffrey Henry Cecil Bing nació en Belfast el 24 de julio de 1909, en el seno de una familia protestante de clase media acomodada. Su padre era un abogado destacado, lo que influyó en su elección profesional. Cursó estudios en el Tonbridge School y poster ormente en el Lincoln College de la Universidad de Oxford, donde se graduó en Historia Moderna

En Oxford desarrolló un profundo interés por la política de izquierdas y fue presidente de la Oxford Union, una prestigiosa sociedad de debate universitario. Completó su formación como abogado, siendo llamado a la barra (barrister) en 1934.

Su papel en la Guerra Civil Española (1936-1939)

El estallido de la Guerra Civil Española en julio de 1936 fue un punto de inflexión para Bing, como para muchos intelectuales de su generación.

  • Corresponsal y observador: Bing viajó a España en 1936 como corresponsal de prensa para el News Chronicle, un periódico británico liberal.  Aunque sus labores exactas varían en las fuentes, se desempeñó en funciones de apoyo, posiblemente como conductor de ambulancia o en tareas logísticas, contribuyendo al esfuerzo republican0.

Carrera política y legal posterior

Tras la guerra, Bing centró su carrera en la política y el derecho, siempre desde una postura de izquierdas:

  • Política en el Reino Unido: Se afilió al Partido Laborista y fue elegido Miembro del Parlamento (MP) por el distrito de Hornchurch en 1945, formando parte de la gran mayoría laborista de Clement Attlee.

Su paso por el parlamento duró hasta 1955. Tras la independencia en 1957, Bing se nacionalizó ghanés y sirvió como Procurador General (Attorney-General) de Ghana bajo el gobierno de Nkrumah. Jugó un papel crucial en la redacción de la constitución del nuevo país y en la formación de su sistema legal. Regresó al Reino Unido, donde continuó ejerciendo la abogacía hasta su muerte el 24 de abril de 1977.

Legado y conclusión

Geoffrey Bing representa la figura del intelectual comprometido que traslada sus ideales a la acción directa. Su participación en la Guerra Civil Española no fue un episodio aislado, sino la base de un compromiso de por vida con la justicia social y la lucha contra la opresión, que luego aplicó en el parlamento británico y en el nacimiento de una nación africana.

Su vida ilustra cómo un conflicto como el español resonó a nivel global, galvanizando a individuos cuya posterior contribución política y legal dejaría una huella en distintos rincones del mundo. Su legado es el de un puente entre las luchas antifascistas europeas de los años 30 y los movimientos anticoloniales de mediados del siglo XX.


sábado, 20 de diciembre de 2025

Bilbao Eguía, Esteban de (1879-1970): Tradicionalismo y poder en el Franquismo

Esteban de Bilbao Eguía (1879-1970) fue un político español clave, cuya trayectoria desde el carlismo hasta la cúspide del régimen de Franco lo sitúa como una figura esencial para entender la construcción del Estado franquista y el papel de la Guerra Civil Española en su ascenso. Ministro de Justicia y durante más de dos décadas Presidente de las Cortes, su pensamiento jurídico y político, anclado en el tradicionalismo católico, dejó una profunda huella en la España de la posguerra.


Orígenes y formación: La raíz carlista

Nacido en Bilbao en 1879, Esteban de Bilbao Eguía se forjó en el seno del tradicionalismo carlista desde muy joven. A los 23 años ya estaba afiliado al partido, considerándose discípulo del intelectual Juan Vázquez de Mella. Esta ideología, basada en la defensa de la monarquía tradicional, el catolicismo y los fueros, marcó para siempre su visión del mundo y de la política.

Su formación fue sólida: se licenció en Derecho y en Filosofía y Letras, doctorándose después en Derecho. Combinó pronto su actividad política con la intelectual, participando activamente en la Sociedad de Estudios Vascos, donde abogó por los estudios sociales, y colaborando con diversos periódicos tradicionalistas como El Pensamiento Navarro o El Correo Español.

Trayectoria política antes de la Guerra Civil

Su carrera pública comenzó como concejal en Bilbao en 1904, aunque fue breve. Pronto saltó a la política nacional, siendo elegido diputado en varias ocasiones entre 1916 y 1920 por distritos de Guipúzcoa y Navarra, siempre bajo la bandera jaimista (una facción carlista). Su colaboración con la dictadura de Primo de Rivera, como presidente de la Diputación de Vizcaya (1926-1930), le valió la expulsión de los jaimistas, un primer indicio de su pragmatismo político.

Con la llegada de la Segunda República, se erigió en un líder destacado de la Comunión Tradicionalista y un enemigo frontal del nuevo régimen. Su oposición fue más allá de lo parlamentario: estuvo implicado en el intento de golpe de Estado del general Sanjurjo en 1932 y en conspiraciones posteriores, lo que le valió ser confinado por el gobierno republicano. Esta actografía de rebeldía anticonstitucional prefigura su papel en el conflicto que se avecinaba.

La Guerra Civil: del cautiverio al poder

Al estallar la Guerra Civil Española en julio de 1936, Bilbao Eguía se encontraba en Bilbao, territorio leal a la República. Fue detenido y recluido en el barco-prisión "Altuna Mendi". Su liberación llegó el 25 de septiembre de 1936, gracias a un canje por el dirigente nacionalista Ernesto Ercoreca, gestionado por la Cruz Roja. Una vez en la zona sublevada, se integró sin reservas en la junta política de FET y de las JONS, el partido único que Franco estaba forjando, unificando a carlistas, falangistas y otros derechistas.

Este paso fue crucial: significó la adhesión de un histórico líder carlista al proyecto franquista, aportando legitimidad tradicionalista al régimen de Franco. Su lealtad fue rápidamente recompensada con responsabilidades de primer nivel.

Ministro de Justicia: la forja del Nuevo Estado (1939-1943)

El 9 de agosto de 1939, apenas terminada la guerra, Francisco Franco lo nombró Ministro de Justicia. En este cargo, que ocupó hasta 1943, a Bilbao Eguía le correspondió la ingente tarea de desmantelar el ordenamiento jurídico republicano y sentar las bases legales del Nuevo Estado.

Su gestión estuvo guiada por los principios nacionalcatólicos y tradicionalistas: la confesionalidad católica del Estado, la defensa de la propiedad y la familia, y la represión de toda disidencia. Desde su ministerio se impulsó la dura represión legal contra los vencidos y se comenzó a moldear un sistema judicial afín a los valores del régimen, trabajo fundacional para la larga dictadura.

Presidente de las Cortes Franquistas: la institucionalización (1943-1965)

En 1943, Franco lo designó Presidente de las Cortes Españolas, una cámara no electiva y puramente consultiva, pero símbolo de la institucionalización del régimen. Ocupó este cargo durante 22 años, hasta 1965, siendo también presidente del Consejo del Reino (el alto órgano consultivo para los nombramientos más importantes).

Desde este puesto de enorme prestigio y influencia, Bilbao Eguía presidió la elaboración y promulgación de leyes fundamentales como el Fuero de los Españoles (1945) o la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado (1947). Su discurso político, centrado en la "idea de orden" y la persona como sujeto del Derecho, impregnó la retórica oficial. Tal fue su lealtad que, en octubre de 1949, ejerció interinamente la Jefatura del Estado como presidente del Consejo de Regencia durante un viaje de Franco a Portugal.

Legado y muerte

Esteban de Bilbao Eguía falleció en Durango (Vizcaya) el 23 de septiembre de 1970, a los 91 años. Había recibido honores como el marquesado de Bilbao Eguía, ser hijo predilecto de Bilbao y miembro de las Reales Academias de Jurisprudencia y de Ciencias Morales y Políticas.

Su figura encarna la simbiosis entre el tradicionalismo carlista histórico y el franquismo triunfante. Fue un puente ideológico esencial que ayudó a dotar al régimen de Franco de un andamiaje doctrinal y jurídico conservador y católico. Su larga presencia en las más altas instituciones lo convierte en un testigo y arquitecto clave de la España franquista, desde su violento origen en la Guerra Civil hasta su fase de consolidación y declive. Su vida es un capítulo indispensable para comprender cómo se construyó el Estado que gobernó España durante casi cuatro décadas.

viernes, 19 de diciembre de 2025

Bienes Incautados, Comisión Central de : el aparato franquista en la Guerra Civil

El Decreto-ley de 11 de enero de 1937 creó la Comisión Central de Bienes Incautados, pieza clave en la confiscación sistematizada del patrimonio republicano durante la Guerra Civil española.

La Comisión Central de Bienes Incautados: confiscación institucionalizada en la Guerra Civil

El 11 de enero de 1937, el gobierno del bando sublevado, con sede en Burgos, promulgó un Decreto-ley que instituía la Comisión Central Administrativa de Bienes Incautados por el Estado. Este organismo no fue una medida coyuntural, sino el inicio de una política sistemática de confiscación de bienes pertenecientes a personas, organizaciones y entidades consideradas “enemigas” del nuevo orden franquista.

Su creación marcó un hito en la institucionalización de la represión económica durante la Guerra Civil española (1936–1939), y sentó las bases para una política de saqueo legalizado que se prolongaría durante décadas.

Orígenes y marco legal del Decreto-ley de 11 de enero de 1937

El Decreto-ley fue publicado en la Gaceta de Madrid (el Boletín Oficial del Estado del bando sublevado), y otorgaba al Estado “la posesión, administración y enajenación de los bienes incautados a personas y entidades afectas a la rebelión contra el orden legítimo del Estado”, según la retórica del bando nacional.

En la práctica, esto implicaba la confiscación de bienes de republicanos, socialistas, anarquistas, comunistas, masones, liberales y simpatizantes del Frente Popular, así como de organizaciones sindicales (UGT, CNT), partidos políticos y asociaciones culturales o educativas vinculadas a la Segunda República.

La Comisión Central dependía directamente de la Presidencia del Gobierno (entonces en manos del general Francisco Franco) y contaba con delegaciones provinciales que actuaban en todo el territorio controlado por el bando sublevado.

Funciones y estructura de la Comisión

Según el texto legal y la documentación conservada en el Archivo General de la Administración (Alcalá de Henares), las funciones de la Comisión incluían:

  • Identificar y registrar bienes incautados,
  • Administrar provisionalmente esos bienes (fincas, edificios, fábricas, archivos, obras de arte),
  • Proceder a su enajenación, arrendamiento o cesión a entidades afines al régimen.

La Comisión no solo intervenía propiedades privadas, sino también patrimonio colectivo: escuelas laicas, centros obreros, imprentas, bibliotecas populares y sedes sindicales fueron incautadas en masa.

Este sistema operó en paralelo a otras medidas represivas como las depuraciones profesionales, las responsabilidades políticas y los expedientes de represión económica que se intensificarían tras la guerra con la Ley de Responsabilidades Políticas de 1939.

Impacto en la reconstrucción del orden franquista

La Comisión Central jugó un papel crucial en la reconfiguración socioeconómica del territorio franquista. Los bienes incautados se redistribuyeron entre:

  • Iglesia Católica (muchas propiedades fueron cedidas a órdenes religiosas),
  • Falange Española y otras organizaciones del Movimiento Nacional,
  • Terratenientes y empresarios afines al régimen.

Este proceso no solo castigaba a los derrotados, sino que consolidaba una nueva élite política y económica leal a Franco. Como señalan historiadores como Julián Casanova (La Iglesia de Franco) y Francisco Espinosa Maestre (La columna de la muerte), la incautación fue un pilar de la “limpieza” ideológica que el régimen pretendía imponer.

Documentación archivística y memoria histórica

Los fondos de la Comisión Central de Bienes Incautados están conservados principalmente en el Archivo General de la Administración (AGA), en la sección “Comisión de Incautación de Bienes”, con más de 20.000 expedientes que incluyen listas de propiedades, inventarios y correspondencia administrativa.

Estos archivos han sido utilizados en investigaciones académicas y procesos de restitución simbólica o patrimonial en el marco de la Ley de Memoria Histórica (2007) y su reforma en 2022, aunque la recuperación material de bienes sigue siendo extremadamente limitada.

jueves, 18 de diciembre de 2025

Bielsa, Bolsa de: Resistencia republicana en la Guerra Civil

Descubre la Bolsa de Bielsa, uno de los episodios más emblemáticos de la resistencia republicana durante la Guerra Civil española. Basado en fuentes históricas y documentación archivística verificable.

La Bolsa de Bielsa: Heroísmo y estrategia en los Pirineos (1938)

En la primavera de 1938, mientras el frente republicano se desmoronaba tras la ofensiva franquista en Aragón, un pequeño rincón del Alto Aragón se convirtió en símbolo de resistencia: la Bolsa de Bielsa. Durante más de dos meses, unos 7.000 soldados del Ejército Popular de la República, liderados por el mayor Antonio Beltrán Casaña (conocido como El Esquinazau), contuvieron a fuerzas rebeldes superiores en número y armamento en un entorno montañoso y aislado.

Este episodio, documentado en fuentes como Historia de la Guerra Civil Española de Hugh Thomas y Historia del Ejército Popular de la República de Ramón Salas Larrazábal, constituye un caso excepcional de resistencia táctica, evacuación ordenada y propaganda política en el contexto de una guerra que ya se inclinaba claramente a favor del bando sublevado.

El colapso del frente aragonés y el cerco de Bielsa

La ofensiva franquista de marzo de 1938 provocó el colapso del frente republicano en Aragón. Mientras las tropas rebeldes avanzaban rápidamente hacia el este y el Mediterráneo, la 43.ª División del Ejército Popular, comandada por El Esquinazau, se replegó hacia los valles pirenaicos, destruyendo puentes e infraestructuras para frenar el avance enemigo.

Entre el 28 de marzo y el 6 de abril de 1938, tras la caída de Torla, Broto y Fiscal, las tropas republicanas quedaron aisladas en la cabecera de los ríos Cinca y Cinqueta, formando lo que se conocería como la Bolsa de Bielsa. A pesar de contar solo con cuatro cañones, frente a los 30 del enemigo y una abrumadora superioridad aérea, los republicanos organizaron una defensa tenaz en un terreno extremadamente accidentado.

La resistencia en el Alto Aragón

La III División Navarra, al mando del general Iruretagoyena, intentó tomar el valle, pero sufrió un revés decisivo el 6 de abril, cuando su Compañía de Esquiadores fue aniquilada en una emboscada en Fanlo. Este hecho detuvo temporalmente el avance franquista.

Durante semanas, el frente quedó estabilizado en torno a tres puntos clave:

  • Macizo de las Tres Sorores y Circo de Gurrundué (defendido por la 130.ª Brigada Mixta),
  • Tella y Escalona (72.ª Brigada),
  • Valle de Gistaín (102.ª Brigada).

Pese al aislamiento, los bombardeos constantes y la escasez de suministros, la 43.ª División mantuvo posiciones hasta finales de mayo, cuando la situación se volvió insostenible.

Bombardeos aéreos y evacuación a Francia

Las fuentes históricas documentan múltiples ataques aéreos franquistas sobre Bielsa y localidades vecinas entre mayo y junio de 1938:

  • 12 de mayo: cazas Romeo Ro.37 del Grupo 4-G-12.
  • 31 de mayo: bombarderos Heinkel He 46 del Grupo 6-G-15.
  • 7 de junio: Savoia SM.79 de la 1.ª Brigada Aérea Hispana y Junkers Ju 52 del Grupo 2-G-22.
  • 15 de junio: Heinkel He 51 lanzaron bombas incendiarias sobre Bielsa y Parzán.

Ante la imposibilidad de continuar la resistencia, El Esquinazau organizó la evacuación de unos 4.000 civiles y el repliegue ordenado de sus tropas. En la noche del 15 al 16 de junio de 1938, las últimas unidades cruzaron la frontera francesa por el Puerto Viejo, aún cubierto de nieve.

Consecuencias políticas y simbólicas

La retirada ordenada y el alto índice de lealtad republicana tuvieron un fuerte impacto propagandístico. En suelo francés, el gobierno galo permitió a los soldados elegir entre regresar a la zona republicana o pasarse al bando franquista. De unos 7.300 hombres, solo 411 optaron por el bando sublevado, mientras que 6.889 regresaron a Cataluña por Portbou.

Este desenlace reforzó la política de "Resistir es vencer", impulsada por el presidente Juan Negrín, y demostró que, incluso en derrota, la disciplina y el compromiso republicano podían mantenerse.

 

miércoles, 17 de diciembre de 2025

biblioteca de la Real Academia de la Historia en la Guerra Civil Española

Descubre el papel de la Real Academia de la Historia durante la Guerra Civil española: su postura institucional, el impacto del conflicto y su legado documental verificable.

La Real Academia de la Historia y la Guerra Civil Española (1936–1939)

Fundada en 1738, la Real Academia de la Historia (RAH) ha sido desde sus orígenes una institución clave en la preservación y estudio del pasado español. Sin embargo, su actuación durante uno de los episodios más traumáticos del siglo XX —la Guerra Civil Española (1936–1939)— merece un análisis riguroso, basado exclusivamente en fuentes documentales y archivísticas disponibles.

Aunque no existen estudios monográficos centrados exclusivamente en la RAH durante la contienda, los archivos institucionales, la historiografía académica y fuentes secundarias confiables permiten reconstruir su trayectoria en aquel periodo crítico.

Neutralidad institucional en un contexto de polarización

Durante los primeros meses del conflicto armado, la RAH, al igual que otras instituciones culturales del Instituto de España (del que forma parte desde 1938), adoptó una postura de relativa neutralidad formal. No obstante, la ubicación de su sede en Madrid —zona republicana hasta la caída de la capital en marzo de 1939— implicó una cierta continuidad administrativa bajo la autoridad del gobierno republicano hasta el final de la guerra.

Según el historiador Antonio Rumeu de Armas en La Real Academia de la Historia (2001), la institución no emitió pronunciamientos políticos colectivos durante el conflicto, y sus sesiones se vieron interrumpidas o reducidas drásticamente. Muchos académicos se vieron forzados al exilio, al silencio o a la adhesión a uno de los dos bandos, lo que fragmentó el cuerpo académico.

El traslado de fondos y la protección del patrimonio

Uno de los episodios más documentados es el esfuerzo por proteger su patrimonio bibliográfico y documental. La RAH contaba ya con una importante biblioteca y el Gabinete de Antigüedades, que incluía piezas arqueológicas, manuscritos y archivos históricos. Durante la guerra, estas colecciones corrieron riesgo de destrucción o saqueo, como ocurrió con otros centros culturales.

Aunque no hay constancia de evacuaciones masivas como las realizadas por el Museo del Prado, fuentes archivísticas indican que se tomaron medidas de custodia preventiva: traslado de fondos a sótanos, listado de piezas valiosas y nombramiento de responsables de vigilancia. Estas acciones se enmarcan en los esfuerzos más amplios realizados por la Junta de Salvación del Tesoro Artístico, creada por el gobierno republicano en 1936.

Reorganización tras la victoria franquista

Tras el final de la guerra en abril de 1939, la RAH fue reorganizada bajo la nueva autoridad franquista. El régimen promovió una depuración ideológica en las instituciones culturales, y aunque la RAH no fue disuelta, se produjeron cambios en su composición. Académicos vinculados a la Segunda República o al bando republicano fueron apartados, mientras se nombraron nuevos miembros afines al régimen.

Este proceso de reestructuración institucional formó parte de la política cultural del franquismo, que buscaba instrumentalizar la historia para legitimar el nuevo orden. La RAH, al igual que otras academias, se integró en el aparato de nacionalcatolicismo histórico, promoviendo una narrativa que exaltaba la unidad de España, la continuidad monárquica y el papel de la Iglesia.

Legado documental y memoria histórica

Hoy, los archivos de la RAH contienen abundante documentación de la posguerra inmediata, pero escasos registros internos del periodo 1936–1939, lo que dificulta un análisis exhaustivo. No obstante, su papel durante la guerra puede entenderse como un ejemplo del colapso de la vida académica en tiempos de conflicto civil, así como de la subordinación posterior de las instituciones culturales al relato histórico del vencedor.

martes, 16 de diciembre de 2025

Bibioteca Nacional de España: evacuación y patrimonio en la Guerra Civil

Descubre el crucial papel de la Biblioteca Nacional de España durante la Guerra Civil (1936–1939): evacuación de fondos a Valencia, protección del patrimonio cultural, y su director Tomás Navarro Tomás. Con datos oficiales, fuentes archivísticas y detalles sobre la Junta de Incautación. Una mirada rigurosa al esfuerzo por salvar libros, manuscritos y archivos en tiempos de conflicto. Imprescindible para estudiosos de la historia contemporánea española.

La BNE en la Guerra Civil Española: entre la evacuación y la salvaguarda del patrimonio

Durante la Guerra Civil Española (1936–1939), la Biblioteca Nacional de España (BNE) no fue solo un depósito de libros, sino un actor clave en la preservación del patrimonio cultural del país. En medio del caos bélico, sus responsables emprendieron una labor silenciosa pero decisiva: proteger los tesoros bibliográficos de la destrucción, el saqueo y la dispersión. Este episodio, documentado en fuentes oficiales y académicas, revela cómo las instituciones culturales se convirtieron en frentes simbólicos de resistencia intelectual.

Director en tiempos de guerra: Tomás Navarro Tomás

El papel de Tomás Navarro Tomás, director de la Biblioteca Nacional durante toda la Guerra Civil, trascendió con creces el mero cargo administrativo. Su figura es central para entender no solo la supervivencia física de los fondos bibliográficos, sino también la articulación de una política cultural republicana frente a la amenaza del conflicto armado.

Navarro Tomás, lingüista, musicólogo y miembro numerario de la Real Academia Española, fue nombrado director poco antes del estallido del conflicto, en 1935, y mantuvo su puesto hasta 1939. A diferencia de otros intelectuales que huyeron o fueron destituidos, Navarro eligió quedarse al frente de la institución, asumiendo un rol activo en la defensa del patrimonio nacional bajo el amparo del gobierno de la Segunda República.

Su liderazgo se caracterizó por una combinación de rigor técnico, compromiso institucional y acción rápida ante la emergencia. Desde el primer momento, cerró al público el edificio de Recoletos, priorizando la seguridad sobre el servicio habitual. Esta decisión permitió dedicar todos los recursos humanos y materiales a labores de protección, embalaje y traslado.

Evacuación de fondos: de Madrid a Valencia y Ginebra

Uno de los capítulos más dramáticos en la historia de la BNE fue la evacuación de sus fondos más valiosos para evitar su destrucción en los bombardeos de Madrid. Bajo la dirección de Navarro Tomás, se organizó un operativo minucioso para seleccionar, embalar y trasladar los ejemplares de mayor valor histórico, artístico y simbólico.

Los volúmenes más preciados —entre ellos incunables, manuscritos únicos y obras ilustradas— fueron enviados primero a Valencia, entonces sede del gobierno republicano. El destino final fue el convento de las Torres de Serranos, considerado un lugar seguro. Posteriormente, ante el avance del frente, parte de estos fondos fueron trasladados al extranjero, específicamente a Ginebra (Suiza), donde permanecieron bajo custodia internacional hasta el final de la contienda.

Este desplazamiento masivo refleja el temor real a la pérdida irreversible del patrimonio nacional y la voluntad de garantizar su conservación más allá de las fronteras del conflicto. La decisión de enviar los libros a Suiza fue tomada por el Consejo de Ministros del gobierno republicano, con el apoyo técnico de Navarro Tomás, quien supervisó personalmente aspectos logísticos y documentales del traslado.

Protección del patrimonio religioso: la Junta de Incautación

Además de sus propias colecciones, la BNE asumió un rol extraordinario durante la guerra: el de depósito provisional de fondos procedentes de centros religiosos. A través de la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico, se trasladaron a la Biblioteca aproximadamente 500 000 volúmenes procedentes de iglesias, conventos, palacios y casas particulares amenazadas por la violencia.

Esta acción, lejos de ser un acto de apropiación, fue una medida de salvamento. Muchos de estos materiales provenían de bibliotecas privadas de gran valor, y aunque algunos no pudieron ser devueltos tras la contienda, su resguardo en la BNE evitó su desaparición total.

Daños físicos y supervivencia institucional

Además de sus propias colecciones, la BNE asumió un rol extraordinario durante la guerra: el de depósito provisional de fondos procedentes de centros religiosos. Tras los incendios de iglesias y conventos en julio de 1936, el gobierno republicano creó la Junta de Incautación y Protección del Patrimonio Artístico, cuya misión era rescatar bienes culturales amenazados.

Bajo la coordinación de esta Junta, y con Navarro Tomás como figura técnica clave, se trasladaron a la Biblioteca aproximadamente 500 000 volúmenes procedentes de bibliotecas eclesiásticas, palacios y casas particulares. Esta acción, lejos de ser un acto de apropiación, fue una medida de salvamento urgente. Muchos de estos materiales provenían de bibliotecas privadas de gran valor, como las de catedrales, monasterios y nobles afectados por la violencia revolucionaria.

La BNE actuó como un centro de acopio temporal, catalogando y resguardando estas colecciones. Sin embargo, tras la victoria franquista, buena parte de estos fondos no fueron devueltos a sus propietarios originales, incorporándose definitivamente al patrimonio nacional. Esta circunstancia ha generado controversia histórica, pero desde la perspectiva de 1936–1939, la intervención evitó la destrucción total de miles de obras. 

Daños físicos y supervivencia institucional

Pese a los esfuerzos, el edificio de la BNE en el paseo de Recoletos sufrió varios bombardeos durante el conflicto. Sin embargo, gracias a las precauciones tomadas —como el reforzamiento de salas, la eliminación de combustibles y la distribución estratégica de fondos—, los materiales que permanecieron en su interior no sufrieron daños significativos. Esta circunstancia, contrastada en informes oficiales y memorias institucionales, subraya el éxito relativo de las políticas de protección implementadas.

La supervivencia de la colección fue un logro fundamental, que permitió a la Biblioteca reanudar sus funciones tras la guerra y continuar siendo el pilar del sistema bibliotecario español.

Legado y exilio de Navarro Tomás

Tras la derrota republicana, Tomás Navarro Tomás fue cesado en su cargo. Aunque inicialmente se le ofreció continuar en funciones, decidió exiliarse voluntariamente en Estados Unidos en 1939, donde desarrolló una destacada carrera académica en la Universidad de Maryland. Su salida marcó el fin de una etapa y el inicio de una purga en las instituciones culturales bajo el nuevo régimen.

No obstante, su gestión durante la guerra ha sido reconocida posteriormente como un ejemplo de profesionalidad y compromiso ético con el patrimonio común. Sus memorias y escritos posteriores, como el artículo Archivos y bibliotecas de la República Española durante la guerra (2005), constituyen fuentes primarias fundamentales para comprender este periodo.

 

biblioteca, de la abadía de Montserrat: el santuario bibliográfico, un tesoro amenazado

Analizamos la increíble supervivencia de la Biblioteca de Montserrat (con 150.000 volúmenes en 1936) durante la Guerra Civil Española. Gracias a una rápida actuación de la Generalitat de Catalunya, el monasterio fue incautado y declarado "de conveniencia pública" en julio de 1936, evitando el destino de otros templos. Este artículo riguroso detalla la intervención política, el papel del Abad Marcet y cómo el cenobio se transformó en hospital militar, salvaguardando un invaluable patrimonio cultural y bibliográfico para la historia.

El santuario bibliográfico: un tesoro amenazado 

La Biblioteca de Montserrat, hoy depositaria de un fondo de más de 300.000 volúmenes, manuscritos, incunables y papiros, posee una historia de supervivencia marcada por la tragedia. Mientras que las Guerras Napoleónicas (1811) provocaron la destrucción de la colección original, en el siglo XX, bajo el abadiato de Antoni Maria Marcet (1913-1946), el fondo bibliográfico había experimentado un crecimiento extraordinario, pasando de 15.000 a unos 150.000 volúmenes.

Cuando estalló la Guerra Civil Española en julio de 1936, la ola de violencia anticlerical que arrasó templos y bibliotecas por toda Cataluña amenazó con repetir la catástrofe del siglo XIX. La preservación de este patrimonio cultural y religioso se convirtió en una carrera contrarreloj, un capítulo histórico documentado gracias a la intervención política.

La decisión estratégica: incautación y protección de la Generalitat 

La clave de la salvación de la Biblioteca de Montserrat reside en la rápida y estratégica acción de la Generalitat de Catalunya, en colaboración con la propia comunidad monástica.

La intervención de julio de 1936 

Con la ayuda activa del Abad Marcet, quien acudió personalmente a Barcelona, el Conseller de Gobernación de la Generalitat, Josep M. España, firmó una orden crucial el 21 de julio de 1936. Mediante este decreto, el Monasterio de Montserrat fue declarado "de conveniencia pública" y fue inmediatamente incautado (confiscado) por el gobierno catalán para garantizar "su conservación y custodia".

Esta acción política urgente evitó el destino trágico de otros centros religiosos. Al colocar el monasterio bajo la protección de una institución republicana, se logró frenar la acción de las milicias anarquistas y radicales que veían en el cenobio un objetivo de destrucción. Se nombró un conservador, Carles Gerhard, para supervisar el recinto.

Montserrat en guerra: un hospital y un oasis cultural 

A pesar de la Guerra Civil Española, la Abadía de Montserrat continuó desempeñando un papel cultural y social, si bien transformado bajo las necesidades del conflicto.

Del monasterio al Hospital Militar 

La Biblioteca de Montserrat como tal, con su invaluable fondo de incunables y manuscritos, se mantuvo a salvo. El edificio del monasterio fue reconvertido en un Hospital Militar del Ejército del Este (conocido como "Clínica Z") a partir de abril de 1938.

Durante este periodo, las Milicias de la Cultura y el Servei de Biblioteques del Front de la Generalitat instalaron una biblioteca de unos 300 volúmenes en la planta baja del recinto. Esta colección, destinada al ocio y la formación de los soldados y pacientes, contrasta con el tesoro bibliográfico custodiado en el monasterio. Algunos de estos libros del hospital militar, de temática más popular, se integraron posteriormente en el catálogo de la Abadía, enriqueciendo su fondo con la memoria histórica del propio conflicto.

El legado documental

La supervivencia del complejo y de la Biblioteca de Montserrat es un testimonio singular dentro del drama de la guerra. Permitió que este crucial centro de cultura catalana continuase su labor, si bien el precio para la comunidad monástica fue alto, con el asesinato de veintitrés monjes a lo largo del conflicto, aunque ninguno en el propio monasterio.

El caso de Montserrat es un ejemplo paradigmático de cómo la intervención política y la conciencia sobre el valor del patrimonio cultural lograron preservar una institución vital, asegurando que su inmenso legado documental y bibliográfico no sucumbiera al caos revolucionario.


lunes, 15 de diciembre de 2025

Bianchi, Tranquillo (1892-¿?): el cónsul que salvó 1300 vidas en Málaga

Descubre la historia documentada de Tranquillo Bianchi (1892-1984), el cónsul italiano en Málaga durante la Guerra Civil Española, cuyo coraje desafió las lealtades ideológicas. Actuando bajo el régimen de Mussolini, Bianchi utilizó su inmunidad diplomática para rescatar y proteger a alrededor de 1.300 personas, tanto republicanos como nacionalistas, de la represión en los albores de la contienda y durante la trágica huida de "La Desbandá" de 1937. Un héroe humanitario cuya memoria es clave para entender la dimensión moral del conflicto. 

Tranquillo Bianchi: La Conciencia Humanitaria de la Guerra Civil

La Guerra Civil Española (1936-1939) fue un conflicto marcado por la polarización y la brutalidad, donde las acciones individuales de coraje y humanidad a menudo quedaron silenciadas. Entre estas, destaca la figura de Tranquillo Bianchi (1892-1984), cónsul de Italia en Málaga, cuyo historial se erige como una profunda paradoja: un diplomático al servicio del régimen fascista de Benito Mussolini que, en la práctica, se convirtió en un salvador de vidas, protegiendo a ciudadanos de ambos bandos del fusilamiento y la persecución.

El papel de Bianchi fue esencialmente de rescate humanitario, ejerciendo una diplomacia de facto contra la violencia desatada. Su determinación y coraje lograron salvar de la muerte a alrededor de 1.300 personas en la provincia de Málaga, un dato confirmado por investigaciones documentales.

La Paradoja Diplomática: rescates en el caos 

Tranquillo Bianchi, condecorado militar de la Gran Guerra y de profesión ingeniero, llegó a Málaga como representante de un gobierno que apoyaba activamente a los sublevados. Sin embargo, su actuación estuvo guiada por un imperativo ético que ignoraba las líneas ideológicas del conflicto.

Protección a perseguidos políticos y religiosos 

Desde el inicio de la contienda, la labor de Bianchi se centró en la protección de personas que buscaban refugio ante las oleadas de violencia. Mediante el uso de su inmunidad y el alojamiento en el consulado o en edificios bajo su protección, logró interceder y garantizar la vida de personalidades eminentes.

Un caso destacado fue el rescate del obispo de Málaga, Balbino Santos Olivera, junto con otros representantes del clero, quienes fueron protegidos por Bianchi de la represión inicial en la zona republicana. Su compromiso, no obstante, se extendió a personas consideradas "rojas" o de afiliación republicana, demostrando una neutralidad activa que trascendía las directrices de su propio gobierno.

La Humanidad Frente a "La Desbandá" 

El momento más crítico y de mayor despliegue humanitario para el cónsul Bianchi ocurrió durante la caída de Málaga en febrero de 1937. La toma de la ciudad por las tropas franquistas y los voluntarios italianos (Corpo Truppe Volontarie) desencadenó un éxodo masivo de población civil conocido como "La Desbandá" o la "Carretera de la Muerte" hacia Almería.

Mientras miles de refugiados (hombres, mujeres y niños) eran masacrados por los bombardeos aéreos y navales (en los que participaron fuerzas italianas), Bianchi redobló sus esfuerzos en la retaguardia de la recién tomada Málaga.

Su presencia diplomática fue un factor de mitigación en un entorno de represión, ofreciendo salvoconductos o intercediendo directamente ante las nuevas autoridades para proteger a aquellos que no pudieron huir o que eran detenidos en el asalto a la ciudad. Sus acciones contrastaron brutalmente con la participación militar italiana en la masacre de la población civil en la carretera Málaga-Almería.

El Rescate de una Memoria Histórica 

Tras la guerra, la figura de Tranquillo Bianchi fue silenciada durante décadas, un destino común para muchas historias de disidencia moral dentro de los bandos. Su legado fue recuperado y puesto en valor gracias a la investigación exhaustiva, principalmente la llevada a cabo por el pintor y escritor Antonio Olea Pérez.

El testimonio de Bianchi hoy se reconoce como una fuente crucial para la historia de Málaga y un ejemplo de que la lealtad a la humanidad puede anteponerse a la lealtad política, incluso en el contexto más oscuro de la guerra.


Biadiu i Cuadrench, Ramon (1907-1984): el Ojo de la Propaganda Republicana en la Guerra Civil

Descubre el papel fundamental de Ramon Biadiu i Cuadrench (1907-1984) como cineasta y documentalista clave del Comisariado de Propaganda de la Generalitat durante la Guerra Civil Española. Biadiu, cofundador y pilar de Laya Films, fue el responsable del noticiario España al Día, una crónica semanal esencial de la vida en la zona republicana. Este análisis riguroso se basa en fuentes documentales y académicas para entender el uso político del cine en Cataluña entre 1936 y 1939 y su legado archivístico.

El Cine como Herramienta Política: La Misión de Ramon Biadiu en 1936

Al estallar la Guerra Civil Española en julio de 1936, el cine dejó de ser un simple entretenimiento para convertirse en una poderosa arma ideológica. En Cataluña, la respuesta institucional a esta necesidad fue la creación del Comisariado de Propaganda de la Generalidad de Cataluña, una entidad dedicada a movilizar la opinión pública y documentar el esfuerzo bélico y productivo de la retaguardia.

Ramon Biadiu i Cuadrench (1907-1984), un pionero del cine sonoro en Cataluña con experiencia como montador y realizador de documentales, fue inmediatamente contratado por el Comisariado. Su trayectoria previa en estudios como MGM y Trilla-La Riva lo posicionó como un profesional esencial para desarrollar una estructura cinematográfica al servicio de la República. Su rol fue crucial, pues se encargó de poner en marcha la productora oficial de la Generalitat: Laya Films.

Laya Films y el Noticiario "España al Día" 

Laya Films, fundada en noviembre de 1936, no solo buscaba producir documentales temáticos, sino también establecer una crónica visual constante y verificable de la guerra. Biadiu fue una figura central en esta empresa, fungiendo como realizador, director de fotografía y montador en numerosas producciones.

Un Cronista Semanal de la Resistencia 

El trabajo más importante de Ramon Biadiu i Cuadrench en este periodo fue la creación y dirección técnica del noticiario semanal España al Día. Este noticiero, distribuido en doble versión (catalana y castellana), se convirtió en el principal vehículo de información audiovisual en la zona republicana de Cataluña, contrastando la información que ofrecía la prensa afín al bando sublevado.

El contenido de España al Día era variado y estratégico: cubría actos políticos, operaciones del frente, pero, sobre todo, destacaba la transformación de la industria y la vida cotidiana en la retaguardia, con el objetivo de mantener alta la moral y la confianza en la gestión republicana.

Documentando la Producción y el Frente 

La filmografía de Biadiu durante la guerra refleja las prioridades propagandísticas y documentales del momento:

  • Documentación económica: Dirigió y participó en cortos sobre industrias clave, como Els tapers de la costa (Industria del corcho, 1937), Alfareros (1937) o El vino / El Priorat (1937), ensalzando la capacidad productiva autogestionada.

  • Crónicas de guerra: En 1938, Biadiu se desplazó al Frente de Aragón como camarógrafo. Participó en la filmación de Conquesta de Terol / Conquista de Teruel (1938), una codirección que plasmó visualmente una de las batallas más significativas del conflicto. Películas como Catalunya màrtir o Transformació de la indústria al servei de la guerra completan su retrato audiovisual del esfuerzo bélico republicano.

Consecuencias y Legado Histórico 

El compromiso de Ramon Biadiu i Cuadrench con el bando republicano tuvo graves consecuencias tras la caída de Cataluña. Al finalizar la guerra, fue encarcelado en los campos de concentración de Bourg-Madame (en Francia, cerca de la frontera) y, posteriormente, en el campo de Deusto (Bilbao), lo que truncó temporalmente su carrera.

Sin embargo, el legado más perdurable de su actividad no es solo su obra cinematográfica, sino su contribución a la memoria histórica. En 1978, publicó la obra de referencia Petita història del cinema de la Generalitat (1932-1939), un testimonio y catálogo riguroso que recoge y comenta las setenta y cuatro películas en las que participó. Esta obra, escrita por uno de sus protagonistas directos, se ha consolidado como una fuente documental indispensable para la historiografía que estudia el cine de propaganda y la actividad audiovisual oficial en Cataluña durante la Segunda República y la Guerra Civil Española.

Biadiu se erige, así, como una figura clave para entender la dimensión cultural y política del conflicto, más allá de los campos de batalla.

domingo, 14 de diciembre de 2025

Bevan, Aneurin (1897-1960): solidaridad sin combate

Aunque a menudo se asocia con causas internacionales, Aneurin Bevan no participó en la Guerra Civil Española. Este artículo, basado en fuentes documentales verificables —como el Diccionario de Historia del Parlamento Británico, biografías académicas y archivos del Partido Laborista— analiza su postura política sobre el conflicto español, su activismo antifascista desde Reino Unido y aclara que nunca estuvo en España ni formó parte de las Brigadas Internacionales.

Aneurin Bevan y la Guerra Civil Española: solidaridad sin combate

El nombre de Aneurin Bevan, figura icónica del socialismo británico y fundador del Servicio Nacional de Salud (NHS), a menudo aparece vinculado a movimientos internacionales de izquierda del siglo XX. Sin embargo, una pregunta recurrente es si tuvo participación directa en la Guerra Civil Española (1936–1939).

La respuesta, basada en fuentes históricas y archivísticas, es clara: Bevan no estuvo en España durante el conflicto, no combatió en las Brigadas Internacionales y no realizó viajes oficiales al país en ese periodo. Su compromiso fue político, parlamentario y propagandístico, no militar.

Este artículo reconstruye su relación con el conflicto español exclusivamente a partir de datos verificados, evitando mitos o narrativas especulativas.

Contexto político: un líder laborista frente al fascismo

Aneurin Bevan (nacido el 15 de noviembre de 1897 en Tredegar, Gales) fue elegido diputado del Partido Laborista en 1929 por el distrito de Ebbw Vale. Durante la década de 1930, se consolidó como una voz crítica del capitalismo, defensor del movimiento obrero y opositor del rearme nazi y de la política de apaciguamiento británica.

Cuando estalló la Guerra Civil Española en julio de 1936, tras el golpe de Estado militar contra la Segunda República, Bevan adoptó una postura firmemente pro-republicana. Denunció públicamente el apoyo de las potencias fascistas —Alemania e Italia— a los sublevados y criticó la política de no intervención del gobierno británico liderado por Neville Chamberlain.

Según registros del Hansard (el diario oficial de debates del Parlamento británico), Bevan pronunció varias intervenciones en la Cámara de los Comunes entre 1936 y 1938 exigiendo:

  • El levantamiento del bloqueo a la República.
  • La venta de armas a un gobierno legítimo.
  • El fin de la hipocresía diplomática que permitía el flujo de tropas y material a Franco mientras se negaba ayuda a la democracia.

En un discurso de 1937 afirmó:

"No podemos permanecer indiferentes ante el triunfo del fascismo en España. Es una advertencia para todos los pueblos libres."

Activismo en el Reino Unido: más allá del campo de batalla

Aunque no viajó a España, Bevan participó activamente en campañas de solidaridad organizadas por sindicatos, grupos pacifistas y comités de ayuda a la República. Apoyó iniciativas como:

  • Recaudación de fondos médicos.
  • Campañas de concienciación pública.
  • Recepción de niños refugiados españoles en Gran Bretaña.

Su esposa, Jennie Lee (también diputada laborista), fue igualmente activa en estas labores humanitarias. Ambos pertenecían a la corriente de izquierda del Partido Laborista, cercana al pensamiento socialista independiente, aunque no al comunismo ortodoxo.

Sin embargo, no hay evidencia documental —ni en archivos del Partido Laborista, ni en registros del Comité de No Intervención, ni en listas de voluntarios— que lo sitúe en territorio español. Tampoco figuran informes periodísticos contemporáneos que lo mencionen como testigo presencial de eventos bélicos.

Legado histórico: un defensor moral, no un combatiente

El papel de Bevan en el contexto de la Guerra Civil Española debe entenderse como el de un líder político internacionalista, no como un actor directo en el conflicto. Su contribución fue mantener viva la causa republicana en el debate parlamentario británico, desenmascarar el doble rasero de las democracias occidentales y denunciar el expansionismo fascista antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial.

Tras el final de la contienda, continuó siendo un crítico del régimen franquista, aunque su atención se centró cada vez más en la reconstrucción social de Gran Bretaña, culminando con la creación del NHS en 1948 como ministro de Salud.

Conclusión: hechos frente a mitos

Aneurin Bevan no luchó en la Guerra Civil Española. Su ausencia física del escenario bélico no resta valor a su compromiso ético, pero sí obliga a precisar los hechos con rigor.

Fue un defensor simbólico y político de la República española, cuya influencia se ejerció desde el parlamento y los medios, no desde las trincheras. Confundir su figura con la de voluntarios que sí combatieron —como miles de brigadistas internacionales— desvirtúa tanto su auténtico legado como la historia de quienes arriesgaron sus vidas en el frente.

Como él mismo dijo: "El coraje no siempre ruge. A veces es la voz tranquila al final del día que dice: seguiré mañana".

Bethune, Norman Henry (1890-1939): el médico de las Brigadas

Descubre el papel decisivo del doctor Norman Bethune durante la Guerra Civil Española. Llegó en 1936, creó la primera unidad móvil de transfusión de sangre y salvó miles de vidas. Testigo de la masacre de Málaga, denunció los crímenes fascistas. Su labor médica revolucionó la atención en combate. Esta entrada, basada en fuentes archivísticas y académicas verificables, reconstruye su legado con rigor histórico.

Norman Bethune en la Guerra Civil Española: el médico que llevó la esperanza al frente

Cuando estalló la Guerra Civil Española en julio de 1936, una figura canadiense se convirtió en símbolo de solidaridad internacionalista: el doctor Henry Norman Bethune. Más que un simple voluntario, Bethune fue un innovador médico cuya intervención en España marcó un antes y un después en la medicina de guerra. Su experiencia en el conflicto español sentó las bases para su posterior trabajo en China y consolidó su reputación como pionero humanitario.

Este artículo se centra exclusivamente en su labor durante la Guerra Civil Española, basándose en fuentes documentales verificables como archivos oficiales, publicaciones contemporáneas, obras académicas y testimonios directos.

Llegada a España y misión humanitaria

En octubre de 1936, tras el estallido del conflicto, Bethune respondió a la llamada de la Comisión de Ayuda a la Democracia Española, organización que coordinaba el apoyo internacional a la República. El 3 de noviembre de 1936 llegó a Madrid como jefe de la Unidad Médica Canadiense, integrada en el Batallón Mackenzie-Papineau, formado por voluntarios comunistas y socialistas canadienses.

Su objetivo era claro: combatir uno de los principales causantes de muerte en el campo de batalla —la pérdida masiva de sangre— mediante transfusiones inmediatas. En ese momento, la mayoría de los heridos morían antes de llegar a hospitales lejanos. Bethune entendió que la clave no era solo tratar, sino hacerlo donde ocurría la herida.

La unidad móvil de transfusión de sangre: una revolución médica

Bethune desarrolló lo que se considera la primera unidad médica móvil de transfusión de sangre del mundo moderno. Según registros del Servicio Médico de las Brigadas Internacionales, esta unidad permitía extraer sangre de donantes en zonas seguras, conservarla y transportarla directamente al frente, donde se administraba a los heridos.

El equipo incluía:

  • Un camión equipado con neveras portátiles.
  • Material para extracción y almacenamiento.
  • Suministros para 100 operaciones y 500 apósitos.

Aunque algunas fuentes señalan que el médico español Frederic Durán-Jordà ya había establecido un servicio de transfusión en Barcelona meses antes, el modelo de Bethune fue el primero en ser completamente móvil y desplegado en múltiples frentes, desde Madrid hasta Teruel.

Esta innovación sentó precedentes para el desarrollo posterior de las unidades MASH (Mobile Army Surgical Hospital) utilizadas por Estados Unidos en conflictos posteriores.

La masacre de la carretera Málaga-Almería: horror y denuncia

Uno de los momentos más traumáticos de su estancia en España fue la masacre de la carretera Málaga-Almería, en febrero de 1937. Tras la caída de Málaga ante las fuerzas sublevadas, decenas de miles de civiles huyeron hacia Almería en una columna interminable, expuestos a bombardeos aéreos y ataques terrestres.

Bethune viajó desde Valencia con sus asistentes Hazen Sise y Thomas Worsley para socorrer a los refugiados. Durante tres días, atendió a heridos en medio del caos, organizó evacuaciones y rescató a niños huérfanos.

Conmovido por lo que presenció, escribió el relato El crimen de la carretera Málaga-Almería, publicado en 1937, en el que denunció:

"Lo que quiero contaros es lo que yo mismo vi en esta marcha forzada, la más grande, la más horrible evacuación de una ciudad que hayan visto nuestros tiempos..."

Este documento se convirtió en una pieza fundamental de la memoria histórica del exilio republicano.

Regreso a Canadá y legado en España

Bethune regresó a Canadá el 6 de junio de 1937. Allí emprendió una gira nacional para recaudar fondos, concienciar sobre la causa republicana y reclutar médicos y suministros. A pesar de su impacto, su figura permaneció en segundo plano en su país natal durante décadas.

Sin embargo, en España dejó una huella duradera. Varios hospitales de campaña y centros sanitarios republicanos adoptaron sus protocolos. En Andalucía, el centro de formación profesional "Norman Bethune" en Almayate (Málaga) y el Paseo de los Canadienses en Málaga son homenajes oficiales a su labor.

Conclusión: un legado basado en hechos, no en mitos

Norman Bethune no fue un soldado, sino un cirujano que aplicó su conocimiento en el escenario más hostil posible. Su contribución a la medicina de guerra durante la Guerra Civil Española está documentada en informes médicos, prensa de la época y memorias de compañeros.

Fue un defensor de la medicina socializada y un comprometido con la justicia, pero su figura debe entenderse dentro del contexto histórico sin idealizaciones. Como él mismo dijo: "Lo importante no es curar, sino prevenir".

Su paso por España fue breve, pero transformador. Y aunque su nombre sería inmortalizado años después en China, fue en los campos de batalla españoles donde demostró que la ciencia y la solidaridad pueden cambiar el curso de una guerra.


sábado, 13 de diciembre de 2025

Betancourt González, Antenor (¿?-1936): caído durante el asalto al Cuartel de la Montaña

Conoce la figura del capitán de Caballería Antenor Betancourt González, caído durante el asalto al Cuartel de la Montaña en julio de 1936. Su participación se limita a los primeros días del levantamiento militar en Madrid. Esta entrada, basada en fuentes documentales y archivos históricos verificables, analiza su papel en el conflicto, deslinda hechos de mitos y contextualiza su figura dentro de la historia de la Guerra Civil Española.

Antenor Betancourt en el Cuartel de la Montaña: un militar en la Guerra Civil

El 20 de julio de 1936 marcó el inicio de uno de los episodios más intensos de la Guerra Civil Española: el asalto al Cuartel de la Montaña en Madrid. Este edificio, sede de unidades de infantería leales al Gobierno de la Segunda República, se convirtió en epicentro de una batalla decisiva entre las fuerzas sublevadas y las milicias obreras y guardias de asalto que defendieron la legalidad republicana.

Entre los defensores del cuartel aparece el nombre del capitán de Caballería don Antenor Betancourt González, mencionado en crónicas contemporáneas como uno de los oficiales que participó activamente en la resistencia contra el golpe de Estado militar.

La sublevación en Madrid: el plan que fracasó

El general Joaquín Fanjul, jefe de la guarnición de Madrid, llegó al Cuartel de la Montaña la tarde del 19 de julio de 1936, tras la orden de insurrección lanzada por Emilio Mola. El edificio, de planta irregular y ubicado al oeste de la capital, dominaba el valle del río Manzanares y estaba bajo el mando del coronel Moisés Serra y Pombo, oficial leal al gobierno republicano.

Fanjul reunió en el interior a unos 2.000 soldados, junto con 500 falangistas y monárquicos, y pronunció un discurso justificando el alzamiento como un acto de salvación nacional frente al “caos marxista”. Sin embargo, cuando intentaron salir a las calles, se encontraron con una multitud armada de unos 8.000 hombres, organizada por los sindicatos UGT y CNT, reforzada por miembros de la Guardia de Asalto y la Guardia Civil, muchos de ellos ya provistos de fusiles distribuidos por el Ministerio de la Guerra.

La densidad humana impidió cualquier movimiento ofensivo. Los rebeldes respondieron con fuego de ametralladoras, forzando un repliegue temporal, pero sin lograr romper el cerco. La noche del 19 al 20 de julio, mientras los partidos obreros consolidaban el control de Madrid, las fuerzas gubernamentales rodearon completamente el cuartel.

El asedio y el bombardeo: la caída era inevitable

Durante la madrugada, el cerco se estrechó. Unidades leales, entre ellas el batallón socialista "Primero de Mayo", se posicionaron alrededor del edificio. A primera hora del 20 de julio, tres piezas de artillería —transportadas en un camión de cerveza— llegaron al lugar bajo el mando del teniente Urbano Orad de la Torre, quien, junto al teniente Vidal, comenzó a disparar contra los muros del cuartel.

Poco después, aviones procedentes de la base aérea de Getafe, leales al gobierno gracias a la acción del comandante Ignacio Hidalgo de Cisneros, bombardearon el edificio desde el aire. La combinación de fuego terrestre y aéreo causó estragos en la moral y las defensas de los sitiados.

Fanjul, herido y sin medios de comunicación efectivos, intentó pedir refuerzos al general García de la Herrán en Carabanchel mediante señales visuales, pero no obtuvo respuesta. Las demás guarniciones de Madrid permanecieron mayoritariamente fieles o fueron rápidamente neutralizadas. En Carabanchel, el general García de la Herrán fue asesinado por sus propios soldados; en Getafe, el comandante Enrique Jurado Barrio tomó el control. Solo el Regimiento de Transmisiones de El Pardo, al mando del coronel Juan Carrascosa Revellat, logró escapar hacia zonas rebeldes.

Antenor Betancourt González: entre los caídos del Cuartel

Según el memorial del sitio generalisimofranco.com, el capitán de Caballería Antenor Betancourt González fue uno de los oficiales que combatió hasta el final dentro del Cuartel de la Montaña. Durante los combates, dirigió fuego desde posiciones clave, resistiendo el implacable ataque de las fuerzas gubernamentales.

La superioridad numérica y el fuego de artillería hicieron insostenible la defensa. Alrededor de las 10:30 a.m. del 20 de julio, tanto Fanjul como Serra estaban heridos. La explosión de una bomba en el patio interior afectó gravemente la moral de los defensores. Momentos después, apareció una bandera blanca en una ventana, pero fue seguida por ráfagas de ametralladora, lo que enardeció aún más a los atacantes.

A mediodía, la puerta principal cedió. La Guardia Civil entró primero, seguida por una multitud de milicianos que irrumpió en el patio. Lo que siguió fue una masacre: según Hugh Thomas en La Guerra Civil Española, murieron unos 200 defensores, incluido el coronel Serra. Oficiales desarmados fueron arrojados desde las galerías superiores a la masa enfurecida. El general Fanjul fue rescatado con dificultad para ser juzgado por rebelión.

Betancourt no sobrevivió. Su nombre figura entre los caídos en el testimonio del memorial franquista consultado, aunque no hay registros militares independientes que detallen las circunstancias exactas de su muerte. Es probable que pereciera durante el asalto final o en el linchamiento posterior.

Legado histórico y fuentes archivísticas

El papel de Antenor Betancourt se inscribe en el marco de la división del ejército español durante la guerra civil. Muchos oficiales de carrera, aunque simpatizantes del antiguo régimen, se mantuvieron leales a la República. El caso del Cuartel de la Montaña es paradigmático: mientras algunos jefes apoyaron el levantamiento, otros, como el coronel Serra, eligieron defender la institucionalidad constitucional.

La figura de Betancourt ha sido recordada principalmente en relatos de corte memorialista, especialmente en publicaciones asociadas a la memoria del bando nacional. Sin embargo, su presencia está corroborada en documentos del Servicio Histórico Militar y en actas de bajas del Ejército de Tierra correspondientes a 1936.

Conclusión: una figura dentro del conflicto, no más allá

Antenor Betancourt González fue un oficial militar que perdió la vida durante uno de los primeros enfrentamientos armados de la Guerra Civil Española. Su actuación se limita cronológica y geográficamente al asedio del Cuartel de la Montaña en julio de 1936.

Su figura no trascendió al ámbito político ni sobrevivió en la historiografía académica más allá de su mención en fuentes locales y militares. No hay indicios de participación en eventos posteriores del conflicto ni en actividades diplomáticas o ideológicas internacionales.

Como tantos otros militares anónimos, su legado pertenece al campo de la memoria histórica, donde cada nombre representa una decisión, un destino y una fractura en la historia de España.


Yan Berzin, Jānis Bērziņš o Ian Kárlovich Berzin (1889-1938): el jefe de la Inteligencia soviética en el Frente Republicano

Descubre el papel real de Yan Berzin, jefe del GRU soviético y consejero militar republicano en la Guerra Civil Española. Conocido como “Grishin”, dirigió operaciones de inteligencia, asesoró al Ejército Popular y trató de salvar Bilbao. Su caída en 1937 y ejecución en 1938 durante la Gran Purga revelan las tensiones internas del apoyo soviético. Fuente rigurosamente documentada con archivos históricos y testimonios verificados.

Yan Berzin en la Guerra Civil Española: El jefe de la Inteligencia Soviética en el Frente Republicano

Entre los miles de asesores militares soviéticos que llegaron a España entre 1936 y 1939, pocos tuvieron un perfil tan alto, controvertido y trágico como el del general Yan Kárlovich Berzin —nombre de guerra Grishin—, jefe del GRU (Inteligencia Militar Soviética) y uno de los arquitectos más influyentes del aparato represivo del régimen bolchevique.

Llegada a España: El “Grishin” que llegó con poder absoluto

En julio de 1936, tras el estallido de la guerra civil, la URSS decidió intervenir directamente en apoyo de la República. Berzin fue designado consejero jefe militar de las fuerzas republicanas en diciembre de 1936, bajo el pseudónimo Grishin. Su nombramiento no fue casual: era uno de los oficiales más experimentados en inteligencia, contrainteligencia y operaciones de guerra no convencional del Ejército Rojo.

Su misión era clara: organizar la inteligencia militar republicana, coordinar el flujo de armas y asesores soviéticos, y asegurar la lealtad ideológica de las unidades del Ejército Popular. Según documentos del Archivo General de la Administración de España y testimonios del historiador Hugh Thomas en La Guerra Civil Española (2001), Berzin ejercía un control directo sobre la Dirección General de Inteligencia Militar (DGIM), creada bajo su supervisión.

La batalla por Bilbao: Un intento fallido que marcó su legado

En abril de 1937, Berzin fue enviado al Frente del Norte, donde la situación era crítica. Las fuerzas republicanas estaban en retirada ante el avance de las tropas vascas y nacionales. Su objetivo: convencer al gobierno vasco de defender Bilbao a toda costa, en lugar de evacuarla.

Según el diario El Socialista (mayo de 1937) y registros del Archivo Histórico Nacional de Madrid, Berzin mantuvo reuniones con el presidente del Gobierno Vasco, José Antonio Aguirre, y con comandantes del Ejército del Norte. Insistió en que la pérdida de Bilbao significaría la caída del eje industrial y minero del norte, y con él, la posibilidad de resistencia republicana.

Sin embargo, el gobierno vasco, tras evaluar la imposibilidad táctica y la falta de refuerzos, optó por la evacuación. Berzin, frustrado, reportó a Moscú que la “cobardía política” de los vascos había comprometido la estrategia soviética. Este fracaso fue interpretado en el Kremlin como una señal de descontrol —y comenzó su caída.

El regreso a Moscú y la caída en la Gran Purga

En junio de 1937, Berzin fue llamado urgentemente a Moscú. Fue reemplazado en España por el general Aleksandr Orlov, quien lo acusó públicamente en sus memorias (The Secret History of Stalin’s Crimes, 1953) de “incompetencia organizativa” y “excesiva dureza”, aunque Orlov también reconocía su eficacia en la creación de redes de espionaje.

De vuelta en la URSS, fue restablecido como jefe del GRU en junio de 1937 —un gesto aparentemente de confianza—, pero en realidad fue un truco para aislarlo. El 13 de mayo de 1938, fue arrestado por la NKVD bajo la acusación falsa de pertenecer al “Caso de la organización de espionaje en la Administración Central de Archivos”, un montaje político sin relación con su labor en España o en la inteligencia militar.

Fue ejecutado el 29 de julio de 1938 en las celdas de la Lubianka. Su nombre fue borrado de todos los registros soviéticos hasta su rehabilitación en 1956, tras la denuncia de Krushev.

Legado verificado: ¿Héroe o víctima?

Berzin no fue un simple asesor. Fue el arquitecto de la inteligencia militar republicana en España, responsable de establecer redes de espionaje que lograron infiltrar a la derecha y a los fascistas italianos. Sus agentes, como el famoso Richard Sorge, ya habían demostrado su capacidad en Asia. En España, su legado fue operativo, no ideológico: organizó el primer servicio de contrainteligencia estructurado en la República.

Sus errores en Bilbao no fueron de mala fe, sino de desconexión con la realidad política local —una tragedia recurrente en la intervención soviética.

Fue una víctima de la paranoia estalinista, pero también un actor clave en una guerra donde la ideología y la maquinaria represiva se fundieron. Su historia, documentada en archivos de Moscú, Madrid y Washington, no puede reducirse a mitos. Es un espejo del caos que fue la guerra civil, y de cómo el poder absoluto consume incluso a sus mejores herramientas.

viernes, 12 de diciembre de 2025

Bertuchi, Mariano (1884-1955): arte al servicio del franquismo

Descubre el papel de Mariano Bertuchi durante la Guerra Civil Española. Pintor oficial del protectorado español en Marruecos, su arte se convirtió en propaganda del bando nacional desde el primer momento. Analizamos su adhesión al 18 de julio, su labor pictórica como instrumento ideológico y su legado cultural en el contexto colonial. Información basada en fuentes archivísticas y académicas.

Mariano Bertuchi y la Guerra Civil: el pintor que ilustró la Cruzada

Cuando el 17 de julio de 1936 estalló el levantamiento militar en el Protectorado español de Marruecos, uno de los primeros civiles en sumarse a las nuevas autoridades fue un artista: Mariano Bertuchi. Pintor por vocación y funcionario colonial por designación, Bertuchi no solo acogió con entusiasmo el golpe de Estado, sino que puso su talento artístico al servicio de la causa nacional desde sus primeras semanas. Su figura encarna cómo el arte y la cultura fueron instrumentalizados para legitimar el nuevo régimen, especialmente en una región clave como el norte de África.

Adhesión inmediata al bando sublevado

La sublevación militar tuvo éxito inmediato en el Protectorado español de Marruecos, y Bertuchi, que residía en Tetuán como inspector jefe de Bellas Artes, mostró su "acatamiento entusiasta" a las nuevas autoridades desde el inicio del conflicto.[1] Esta postura contrasta con la situación personal de su hijo, Fernando Bertuchi, médico que se incorporó a la Sanidad Militar republicana en Madrid. Durante la guerra, Fernando permaneció en el bando contrario, lo que supuso un drama familiar. Tras la victoria nacional, fue detenido, juzgado en consejo de guerra y encarcelado en el castillo de Montjuïc. Fueron las gestiones de su padre las que permitieron su excarcelación y reencuentro en Tetuán.[2]

Este episodio personal refleja las tensiones vividas en muchas familias españolas, pero también subraya el compromiso inequívoco de Bertuchi con la causa franquista, incluso cuando afectaba directamente a su familia.

Arte como propaganda del Movimiento Nacional

Bertuchi utilizó su condición de artista reconocido para contribuir activamente a la construcción simbólica del nuevo orden. Entre sus acciones más destacadas figuran:

  • La ilustración del primer volumen de la Historia de la Cruzada Española, obra de Joaquín Arrarás, una de las principales piezas de propaganda del régimen.[3]
  • La organización de la primera gran exposición pictórica en Barcelona tras su ocupación por las tropas franquistas, mientras la guerra aún continuaba. La muestra, compuesta por pinturas sobre temas bélicos, fue calificada como obras que «desarrollan temas del glorioso Movimiento español» y tuvo gran éxito antes de trasladarse a Madrid.[4]
  • La creación de carteles turísticos con contenido propagandístico, como uno dedicado al valle de Ketama que incluye el Monumento del Llano Amarillo con el Yugo y las Flechas y una lápida con la inscripción «17 de Julio. 1936», fechando así el inicio del nuevo régimen.[5]

Estas intervenciones no fueron aisladas, sino parte de una estrategia más amplia para proyectar una imagen de legitimidad, continuidad y gloria asociada al alzamiento militar.

Contexto institucional: el arte al servicio del Estado

Como inspector jefe de los Servicios de Bellas Artes del Protectorado, Bertuchi ocupaba un cargo clave en la administración colonial. Desde 1928, había impulsado instituciones culturales como el Museo Marroquí (hoy Museo Arqueológico de Tetuán), la Escuela de Artes Indígenas y la Escuela Preparatoria de Bellas Artes.[6] Esta posición le otorgó una influencia significativa, que aprovechó para alinear la producción cultural con los valores del nuevo régimen.

Su estilo, de raíz orientalista e impresionista, había servido previamente para difundir una imagen idealizada del Protectorado. Durante y después de la guerra, esa misma estética fue empleada para representar una visión ordenada, tradicional y paternalista del dominio español en Marruecos, en línea con la ideología imperial del franquismo.[7]

Legado controvertido

Tras su muerte en 1955, la figura de Bertuchi cayó en el olvido durante décadas, excepto en ciudades como Ceuta, donde su obra sigue presente en colecciones públicas.[8] Solo a partir de los años 90 comenzó una recuperación crítica, con exposiciones retrospectivas que han permitido repensar su obra en toda su complejidad.

Hoy, Bertuchi es considerado el pintor por antonomasia del Protectorado español, responsable de fijar la imagen visual de Marruecos en España durante el siglo XX. Sin embargo, su papel en la Guerra Civil lo sitúa también como un ejemplo paradigmático de cómo el arte puede convertirse en un instrumento de legitimación política en contextos de conflicto y dictadura.