Adsense

sábado, 16 de febrero de 2013

José María Pemán (1897-1981)


Poeta y dramaturgo gaditano, se convierte en el escritor propagandista de la 'cruzada nacional', una labor que desarrolla por tierras peninsulares ya sea cantando a la epopeya de la lucha o bien como corresponsal en el frente

El carácter antiintelectual del golpe de Estado del 18 julio de 1936 provoca que pocos hombres de letras se adhieran a la causa de los generales Franco y Mola. Entre quienes lo hacen, el más destacado es José María Pemán, poeta, dramaturgo y ensayista gaditano que preside la Comisión de Cultura y Enseñanza de la Junta Técnica de los insurgentes durante el periodo en que se encuentra activa, de octubre de 1936 a enero de 1938.

Sin embargo, el verdadero campo de acción de Pemán es el frente. Desde allí lanza sus arengas y discursos radiofónicos, o bien escribe los versos del Poema de la Bestia y el Ángel (1938), una epopeya propagandística que ensalza los valores de la cruzada por Dios y por España frente a los valores antiespañoles de la República.

José María Pemán Pemartín había nacido en la capital gaditana el 8 de mayo de 1897 dentro de una familia acomodada y tradicional. Su padre era abogado y llegó a ocupar un escaño en las Cortes como miembro del Partido Conservador. Su madre procedía de una próspera familia de origen francés. Estudió Derecho en Sevilla y, en aquellos años de formación, comenzó a cultivar su faceta literaria. Sus poemas alcanzaron notable éxito en Andalucía y, en 1920, fue nombrado académico de número de la Real Academia Hispano Americana de Cádiz.

Con la llegada de la dictadura de Primo de Rivera, y al mismo tiempo que amplía su terreno literario con obras en prosa, Pemán entra a formar parte de la Unión Patriótica creada por el dictador para intentar aglutinar al mayor número posible de fuerzas políticas. Dentro de su labor propagandística, Pemán empieza a dar discursos en los que se descubre la gran capacidad oratoria del joven andaluz.

Aquellos años de Dictadura cristalizaron en Pemán de dos formas. Por un lado, se convierte en un ferviente monárquico y defensor de las ideas de la España católica. Por el otro, apuesta de forma resuelta por la literatura tradicional de claras raíces andaluzas. O lo que es lo mismo, costumbrismo, neopopularísmo y cachondeíto que impregnan poemarios como A la rueda, rueda... (1929) y El barrio de Santa Cruz.

La llegada de la República supone para Pemán una invasión de valores totalmente rechazables, como el anticlericalismo o el interés por las ideas del extranjero. No es de extrañar, por tanto, que el escritor entre a formar parte del grupo de colaboradores de la revista Acción Española y comience a dar conferencias como La traición de los intelectuales. El gaditano se convierte así en la cabeza literaria de la propaganda monárquica. Gran parte de sus obras publicadas en tiempos de la República atacan a ésta en mayor o menor medida. Así lo demuestran su primera novela, De Madrid a Oviedo pasando por las Azores, (1931) y su debut como autor dramático, El divino impaciente (1933), sobre la vida de San Francisco Javier en un momento en que la República llevaba a cabo diversas acciones contra los jesuítas.

Resulta curioso comprobar cómo antes de la sublevación militar de 1936, Pemán ya emplea buena parte de la terminología y los argumentos que se establecerán como dogmas del glorioso movimiento durante la Guerra Civil y la posterior Dictadura. Habla de conspiraciones masónicas y sionistas, de traición al espíritu de España y de necesidad de unidad corporativa. Al igual que con Ramiro Ledesma, se pueden rastrear las influencias del pensador en la posterior estructura del régimen, aunque a veces no quede muy claro qué es aportación suya y qué es confluencia de ideas.

Poco a poco, y gracias a la significación política, los montajes teatrales de Pemán empiezan a cosechar un éxito notable. Cuando las Cortes de Cádiz (1934) y Cisneros (1934) popularizan al gaditano en Madrid, San Sebastián y Barcelona. El empeño propagandístico del escritor le lleva a impulsar, junto con Acción Católica, la productora cinematográfica madrileña ECE (Ediciones Cinematográficas Españolas), fundada en 1935, un empeño que continúan las Cartas a un escéptico en materia de formas de gobierno (1935).

En los meses previos al golpe del 18 de julio de 1936, Pemán estrena Noche de Levante en calma, donde se defienden los valores tradicionales y la honra femenina, y la comedia Julieta y Romeo, repleta de alusiones contra la República. En esta época ingresa en la Real Academia Española, institución que llegará a presidir en los periodos 1939-1940 y 1944-1947.

Cuando llega la sublevación de Mola y Franco, Pemán apoya de forma activa a los militares y comienza su nueva tarea propagandística. Ésta se traduce en dos cauces de trabajo principales. En primer lugar, viaja de un frente a otro para entrevistarse con los generales y espolear a las tropas que luchan contra la República. Algunos de estos discursos y artículos quedan recogidos en el libro ¡Atención!... ¡Atención!... Arengas y crónicas de guerra de José María Pemán (1937), uno de los documentos clave, junto con sus diarios, para comprender al intelectual gaditano. La segunda vía de trabajo consiste en la elaboración de los tres cantos del Poema de la Bestia y el Ángel, una epopeya apocalíptica sobre la lucha entre ambos bandos.

En la introducción al libro, el autor cuenta su visita al Frente de la Casa de Campo de este modo: "Frente a nosotros estaban, recién llegadas, las Brigadas Internacionales. Aullaban durante los combates mil acentos varios en las líneas enemigas. Una mañana, la Casa de Campo amaneció regada de cadáveres cosmopolitas: había rusos, franceses, belgas, senegaleses, argelinos. Por los jardines reales y dieciochescos desaguaban todas las madronas morales de Europa y sus colonias. Yo vi en el suelo el inmenso cráneo rapado de aquel ruso y la oreja de aquel negro con una argolla de oro".

La inspiración para hacer un poema épico le llegó a Pemán en ese momento: "Frente a esto, nuestras tropas recibían allí en aquellos días, la noticia del reconocimiento de la España nueva, por Italia y Alemania. Roma y Germania, los dos componentes integrantes de Europa, tornaban a fundirse en el crisol de España. (...) Por donde quiera que se mirase, todo estaba lleno de enormes perspectivas y dilatadas trascendencias. Todo estaba listo para grandes cosas. Nos tocaba sufrir otra vez gloriosamente. Teníamos otra vez medio mundo detrás y medio delante. Estaban, otra vez, frente a frente, como Apolo y Vulcano en la fragua velazqueña, las dos únicas fuerzas del mundo: la Bestia y el Ángel».

Una vez que arranca el poema, las imágenes líricas se mezclan con las proclamas. El Romance de los muertos en el campo dice así: "Y aquellos héroes caídos / ¡qué humildes entre las hierbas / y entre las flores, qué dulces! / ¡Cómo la anchura del campo / y el cielo los disminuye! / ¡Y cómo iguala la muerte / los rojos y los azules! / ¡Qué amor del sol los acerca! / ¡Qué paz de tierra los une!", para luego puntualizar: "Pero Dios sabe los nombres / y los separa en las nubes".

España es, para Pemán, esa "unidad de destino" y "esa reserva espiritual de Occidente»"que más tarde tomarán su forma definitiva. Por lo pronto, el vate anuncia: "Otra vez sobre el libro azul que baña / la luz naciente en oro ensangrentado / el dedo del Señor ha decretado / un destino de estrellas para España". Todo el poemario queda resumido en sus últimos versos, que proclaman lo siguiente: "Y el enemigo sigue siendo el mismo / Oriente pecador. / No hay más: Carne o Espíritu. / No hay más: Luzbel [Lucifer] o Dios".

Uno de los episodios más importantes en los que participa Pemán es la celebración del Día de la Raza, el 12 de octubre en Salamanca, junto a Miguel de Unamuno y el general Millán Astray. En la ocasión, célebre por la sentencia que Unamuno -"Venceréis, pero no convenceréis"- dirigió al jefe de la Legión, el gaditano intentó calmar los ánimos cuando los iracundos legionarios se pusieron a exclamar. "¡Viva la muerte! ¡Muera la inteligencia!". A medio camino entre ambos frentes, Pemán empezó a gritar: "¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!". Unamuno, que en un primer momento apoya la rebelión franquista, acaba desahuciado, mientras que Pemán resulta ensalzado después de este episodio.

Los militares advierten pronto la valía de Pemán para su causa, por lo que es nombrado director de la Comisión de Cultura y Enseñanza de la Junta Técnica del Estado establecida en Burgos. Al gaditano no le hace mucha gracia el nombramiento, y trata de evitar su aceptación argumentando que es más útil en el frente y arengando a las masas que en un despacho, tal y como recoge Javier Tusell en La Guerra Civil. Es por ello que serán el vicepresidente de la Comisión, Enrique Suñer, y los vocales Puigdollers, Eugenio Montes, García Valdecasas, Vegas Latapié y José Ignacio Escobar, casi todos provenientes del grupo Acción Católica, los encargados de gestionar este organismo.

Por aquella época, la Junta Técnica aún no se encuentra enfrascada en las labores restauracíonistas del régimen monárquico, con la salvedad de la comisión dirigida por Pemán. Entre esas acciones ocupaba el primer lugar en importancia la catolicidad de la enseñanza en todos sus grados.

En los escasos momentos participativos dentro de la Junta, Pemán denuncia la "colocación" de elementos falangistas dentro de su comisión. No siente mucha simpatía por los que, según recoge en sus diarios, "hablan de José Antonio con los ojos en blanco" e incluso llega a tacharlos de "grupo delincuente, inconcreto y narcisista". En un artículo sobre la Junta Técnica, Tusell expone estas opiniones y las contrasta con el cariño recíproco que le profesaban los falangistas, para los que Pemán no era sino una "cosa vieja, retórica".

Estas pequeñas brechas, que apenas llegaron a ser conocidas por la población, distan mucho de la imagen de cohesión con Falange que ofrecía Pemán en sus escritos. Es el caso de Corona de sonetos en honor a José Antonio Primo de Rivera (1939), donde diversos autores adictos al régimen (junto a Pemán, figuran literatos del calibre de Dionisio Ridruejo, Rosales o Gerardo Diego, entre otros) glosan la figura del ausente. "La obra tuya, ¡qué clásica y serena! / La obra de Dios en ti... ¡Qué hondo misterio!", le dice Pemán al fundador de Falange.

También sabe Pemán mostrarse crítico hacia ciertos aspectos del "glorioso movimiento", aunque de una forma más privada y discreta. Es el caso de la unificación de 1937, sobre la que manifiesta: "Queríamos una formación y nos sale una romería". Y es que, como se ha indicado más arriba, la unidad es para Pemán uno de los pilares fundamentales del nuevo régimen. El lema Uno el pensamiento. Uno el paso apunta a esta dirección, de la misma forma que cuando advierte de que "la dualidad escolar no puede ser ya más que un pretexto para tener dos equipos de fútbol o waterpolo".

Con el fin de la Guerra Civil, José María Pemán vuelve a centrarse en su faceta puramente literaria. Liberado de las obligaciones propagandísticas, el escritor se entrega a una incesante producción. Entre sus obras de teatro posteriores a la victoria de Franco destacan La santa virreina (1939), Metternich (1942), En las manos del hijo (1954), La viudita naviera (1961) y El Séneca (1972). El poemario Las flores del bien (1946), la novela El señor de su ánimo (1943) y los trabajos periodísticos Mis almuerzos con gente importante (1970) y Mis encuentros con Franco (1976) forman parte también de su producción más destacada. Entre los premios conseguidos en los años de posguerra figuran el premio de periodismo Mariano de Cavia (1955) y el premio March de Literatura (1957). Además, José María Pemán realiza en estos años numerosas adaptaciones de obras clásicas procedentes de la literatura griega.

En los últimos años de su vida, su actividad más destacada es la Presidencia del Consejo Privado del conde de Barcelona, el padre del futuro Rey Juan Carlos I. Entre 1957 y 1969, año de la disolución del Consejo ante el nombramiento del principe Juan Carlos como heredero de la Jefatura del Estado a la muerte de Franco, Pemán participa de numerosas acciones, como el intento de unificación de las dos ramas borbónicas (la alfonsina y la carlista) en la figura de Don Juan. Por todo ello, la Casa Real le concede el Toisón de Oro en mayo de 1981. Dos meses más tarde, el 19 de julio, muere en su casa de Cádiz el portavoz intelectual del franquismo.

viernes, 15 de febrero de 2013

José Antonio Girón (1911-1995)


Dirigente de Falange de Castilla durante los primeros compases de la contienda, jura este mes su puesto de consejero nacional, un escalón más en su ascendente trayectoria política que continuará tras el fin de la Guerra

Al finalizar el año 1937, el bando nacional se encuentra en plena reestructuración de cargos políticos. La necesidad de nombrar multitud de puestos que hagan posible el gobierno de la zona ya controlada por los sublevados pone en primera línea a los nuevos líderes forjados en los comienzos de la Guerra. José Antonio Girón de Velasco, destacado miembro de Falange de Castilla será nombrado consejero nacional de FET de las JONS.

El 28 de agosto de 1911 nace en Herrera de Pisuerga (Palencia) José Antonio Girón de Velasco. Su padre, Justo Girón, de profesión abogado y con tradición en el estudio del Derecho le mandará en 1918 a estudiar a Orduña en un colegio de jesuítas, para más tarde pasar a estudiar Derecho en Valladolid y Salamanca, donde se licencia en el año 1932. Es en la Universidad donde comienza su militancia política. En el año 1931 se afilia a las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica (JCAH), desde donde consolida una primera fase de activismo que le lleva a ser expulsado de la Universidad. Una vez acabada la carrera, participa en la formación de Falange Española en marzo de 1933 en Valladolid y en el primer Congreso Nacional que ésta desarrolla en Madrid ese mismo año, conociendo allí a destacados líderes como Onésimo Redondo y a Ramiro Ledesma.

"Mi vida política quedó prendida en dos instancias irrenunciables: el sueño de rehacer España desde sus cimientos, según la propuesta joseantoniana, y la inmediata tarea de no permanecer indiferente al toque de guerra que se avecinaba", reconocerá posteriormente el propio Girón.

Una vez iniciado su activismo conspirativo, será detenido en San Sebastián junto a otros cuatro falangistas en abril de 1936 y llevado a prisión. Falange -en estos momentos ilegalizada-, está reforzando la acción callejera para desestabilizar el régimen republicano. Girón, jefe de las milicias de Valladolid en 1936, una vez
comenzada la Guerra será el encargado de tomar el Alto del León dentro la Bandera de Castilla de voluntarios falangistas. Esta acción le dará un gran reconocimiento dentro de Falange y le llevará a escalar posiciones de la mano del propio Hedilla. El 1 de enero de 1937 alcanzará la jefatura territorial de Falange. Esta fase es, sin duda, una de las más controvertidas de su vida, ya que tanto en el inicio de la Guerra como en los meses posteriores está en el centro de lo que se ha denominado "terror caliente y terror legal" en Valladolid, como expresa el historiador Jesús María Palomeras: asesinatos provocados por las milicias falangistas en los primeros meses de Guerra y juicios políticos sumarísimos realizados desde principios del año 1937.

Abandonado ya este primer momento, pasa a desempeñar funciones a nivel nacional, siendo nombrado en octubre de 1937 consejero nacional de FET de las JONS, puesto que revalidaría en septiembre de 1939 como segundo consejero nacional, y nombrado a su vez el 1 de septiembre de 1939 como delegado nacional de ex combatientes. Durante este periodo, en el que irá tomando cada vez mayores responsabilidades dentro de las estructuras de la inminente Dictadura, viajará a Roma en marzo de 1939 con la misión de entrevistarse con el Papa y con Mussolini, un viaje que servirá para estrechar lazos políticos y desde donde la delegación hispánica, encabezada por Raimundo Fernández Cuesta, se enterará del final de la Guerra Civil.

Al consolidarse el régimen franquista, Girón de Velasco es designado ministro de Trabajo en mayo de 1941, un cargo que desempeñará hasta 1957. Su labor en estos años se centrará en conformar un mínimo sistema de relaciones laborales en torno a los sindicatos verticales y en la promulgación de una serie de decretos que establecen ayudas al muy retrasado mundo laboral hispánico. Así, en 1942 se aprueban el decreto de seguro obligatorio por enfermedad y el plus de cargas familiares.

En 1944 forma el Instituto de Higiene y Seguridad del Trabajo, y tres años después promulga la Ley de Jurados de Empresa, la Ley de Seguros de Invalidez y la creación de las Universidades Laborales. Estas medidas no quedan exentas de polémica, ya que si bien hay quienes ven en su aplicación un progreso significativo, sobre todo en lo que se refiere a las ayudas familiares, desde otras ópticas se perciben unos efectos muy limitados y que dejan muy lejos al sistema sociolaboral hispánico del que se forma en toda la Europa de posguerra en cuestiones como la libertad de sindicación, de reunión, huelga o protección sanitaria.

Tras este periodo, Girón de Velasco quedaría retirado del Gobierno después del cambio de ministros de 1957, momento en el que entrarán los denominados tecnócratas, aunque Girón tendría un puesto en el Consejo del Reino y seguiría siendo consejero nacional. Otro cargo que desempeñará desde 1974 será el de presidente de la Confederación Española de Ex combatientes, un puesto de prestigio que le permite seguir teniendo amplia notoriedad pública.

Esta actividad la compaginará con multitud de negocios inmobiliarios en la Costa del Sol, en especial en Fuengirola, lo que le convertirá en un gran promotor. Su distanciamiento parcial será simplemente nominal, ya que, desde la distancia malagueña, se significa como uno de los máximos representantes del denominado bunker o sector conservador del franquismo, opuesto a todo proceso de apertura de la Dictadura. Este posicionamiento lo expresa de manera muy clara en el denominado Gironazo, un llamamiento publicado en el periódico Arriba en el que realiza un alegato contra el proceso de reformas que el Gobierno de Arias Navarro pretende emprender en 1974 y que será conocido como el espíritu del 12 de febrero. Desde la muerte de Franco, Girón se destaca en sus críticas a las reformas de Adolfo Suárez, aunque su opinión irá perdiendo influencia según va cambiando el signo político del país.

En todos estos años escribe numerosos artículos en la prensa de la Dictadura y se editan muchos de sus discursos, pero será en el año 1994 cuando publique su libro de recuerdos bajo el título Si la memoria no me falla, un texto en el que realiza un balance de toda su labor pública, en especial de sus años al frente del Ministerio de Trabajo. En 1995 muere en Fuengirola. José Antonio Girón cierra con su muerte el ciclo de toda una generación de falangistas crecida políticamente en el alzamiento militar y que fue paulatinamente desplazada por las nuevas generaciones reformadoras nacidas después de la Guerra.

jueves, 14 de febrero de 2013

Juan Beigbeder (1888-1957)


Militar nacional, es el responsable de la estabilidad en la zona marroquí durante la Guerra Civil y del constante flujo de refuerzos africanos hacia territorio peninsular, un logro que Franco reconoce en el Consejo Nacional de FET-JONS

Con las tropas procedentes de Marruecos avanzando sobre toda la Península, uno de los personajes determinantes para comprender la estabilidad marroquí en el conflicto bélico español entra a formar parte del Consejo Nacional de FET de las JONS. Entre noviembre y diciembre de 1937, Juan Beigbeder Atienza se asienta como persona de referencia en el norte de África.

Nacido en Madrid en 1888, cuenta con una férrea vocación militar desde muy joven, entrando como cadete en la Academia de Ingenieros y diplomándose en la Escuela Superior de Guerra. Su primer puesto importante lo desarrolla en Berlín entre los años 1929 y 1933, pero el rasgo que le define como militar es su unión indisociable con Marruecos. Militar africanista atípico, es uno de los pocos españoles que aprende árabe y se interesa por la cultura del Rif, unos aprendizajes que le servirán para las constantes negociaciones de las que se hará cargo a lo largo de la Guerra.

El alzamiento del 18 de julio cuenta en Marruecos con la alianza de distintos coroneles que se encargarán de controlar la zona. En Tetuán, el coronel Asensio, al mando de los regulares que ocupan el aeródromo, se instala en el gabinete telegráfico de la Alta Comisaría, donde también se encuentra Sáenz de Buruaga; el teniente coronel Juan Beigbeder, por su parte, toma la Delegación para Asuntos Indígenas (DAI). El 19 de julio el general Franco aterriza en Tetuán, comenzando así el proceso de control de la zona marroquí. El principal objetivo en este momento para Beigbeder es garantizar el cumplimiento de la orden que pretende diseñar un sistema de reclutamiento que, a la vez de eficaz, sea compatible con la gobernabilidad del territorio, el orden público y las instituciones de gobierno.

Por esta razón, desde el 22 de julio Beigbeder entabla conversaciones con todas las autoridades locales afines para establecer un sistema de reclutamiento -voluntario y forzoso- que nutra a las tropas que habrán de componer el frente de guerra en la Península. Al mismo tiempo, en la tarde del mismo día 22, Beigbeder lleva a cabo un plan de arresto masivo de todos los dirigentes de facciones contrarias a este reclutamiento de marroquíes para la Guerra. De este modo, el 25 de julio Beigbeder manda una carta al líder del movimiento nacionalista marroquí Abdeljalak Torres, que permanece bajo estricta vigilancia del mando español, para pedir su colaboración. Se trata de evitarse complicaciones, y el principal objetivo ahora es que el líder nacionalista no se oponga a que sus hombres se integren en las unidades de guerra que poco a poco va configurando el bando golpista.

"Quiero que estés seguro de que el nuevo régimen español desea cooperar con los nacionalistas, y en primer lugar contigo", comunica Beigbeder a Abdeljalak Torres en una misiva remitida en estas fechas. "El general Franco, quien ya sabes cuanto quiere a Marruecos, desea practicar una política distinta a la de los regímenes monárquico y republicano; política que es un deseo que esté acorde con la que es su propósito seguir con los estados árabes en particular y con los estados musulmanes en general".

El emplazamiento de Beigbeder, confirmado en su cargo de delegado de Asuntos Indígenas el 27 de julio, tiene rápida contestación. El líder nacionalista marroquí escribe el 1 de agosto el texto Actitud de la República española frente a nuestro movimiento, en el que pide a Beigbeder que se reconozcan los derechos de la población marroquí y se permita formar un partido político, una idea a la que Franco dará el visto bueno. La estrategia de Beigbeder parte de tres supuestos: mantener el orden público, prevenirse de invasiones de terceros países y, ante todo, proporcionar a cualquier precio un flujo amplio y constante de tropas marroquíes que mandar hacia territorio peninsular, como explica el historiador Abdelamjid Benjelloun.

El 6 de agosto de 1936 Beigbeder va a ser nombrado secretario general de la Alta Comisaría de Marruecos, al tiempo que mantendrá su cargo al frente de la DAI. Pero en estos momentos el proceso de reclutamiento de tropas, perfectamente diseñado por Beigbeder, sufre un contratiempo, ya que Abdeljalak Torres se opone a la incorporación a filas nacionales de fuerzas vinculadas al espectro religioso, una oposición a la que hay que sumar el hecho de que, a finales de agosto, una lluvia de pasquines empapa Marruecos posicionándose en contra del reclutamiento de sus ciudadanos.

Ante esta situación, el general Orgaz, a la sazón alto comisario en Marruecos, llama a Torres y le amenaza con ser presentado ante un tribunal militar. La actuación de Orgaz pone en pie de guerra al jalifa Mulay el Hasan y al borde de la desestabilización a todo el proceso levantado por Beigbeder. Éste, con firmeza y prometiendo cumplir los requisitos de autonomía, solventa el problema. El general Franco, una vez enterado del incidente, destituirá a Orgaz en marzo del 37 y el 13 de abril situará como alto comisario a Juan Beigbeder.

Tras el verano de 1936 comienza el proceso político prometido para Marruecos. Así, se inauguran la madraza coránica Hasania, el nuevo edificio de la madraza Al Ahlía, se legaliza el Partido Reformista Nacionalista -tras un informe favorable presentado por Beigbeder el 20 de noviembre- y el 1 de febrero de 1937 se legaliza el Partido de la Unidad Marroquí. Durante este periodo también se permiten diversas publicaciones y periódicos, reuniones públicas y distintos centros de estudios árabes. Estas medidas significan -según Beigbeder- un duro golpe a las críticas francesas sobre el autoritarismo hispánico en Marruecos y una buena propaganda ante el mundo árabe y musulmán.

En el año 1938 se consolida un sistema de Gobierno en Marruecos en el que se permite una gran autonomía del sistema educativo y judicial, llegándose incluso a crear Casas de Marruecos en El Cairo, Granada y Madrid. El pacto de reconocimiento al que se llega con las élites de Marruecos permite que el reclutamiento sea sencillo entre una población que quiere escapar del 90% de paro que sufren en aquel momento las cabilas y el 60% de las ciudades, según los datos recogidos por el investigador e historiador Mohammad Ibn Azzuz Hakim. La realidad de esta situación queda reflejada en el total de 62.271 marroquíes reclutados.

La labor de Juan Beigbeder como delegado de Asuntos Indígenas, alto comisario en Marruecos y consejero nacional de FET de las JONS entre 1936 y 1939 tiene su reconocimiento el 9 de agosto de 1939 cuando es nombrado ministro de Asuntos Exteriores, si bien en octubre de 1940 es sustituido por Serrano Suñer. Finalizada su labor, Juan Beigbeder Atienza es ascendido a general, pero queda prácticamente retirado de la vida pública hasta su fallecimiento en el año 1957.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Joan Peiró (1887-1942)


Destacado anarcosindicalista, este vidriero de profesión llega a ostentar la cartera del Ministerio de Industria con Largo Caballero desde donde intenta, a pesar de los comunistas, llevar a cabo reformas colectivizadoras

En el verano de 1937 el diario Catalunya, dirigido en esos momentos por el ex ministro de Industria Joan Peiró, todavía se plantea los problemas que desde mayo de este año acechan al bando republicano. Cuestiones como la ilegalización del POUM y el enfrentamiento armado en los sucesos de mayo se venían a unir al derrumbamiento del Frente Norte.

Peiró, que en estos momentos había apostado por formar una cooperativa de vidrio, seguía abriendo los interrogantes que quedaron pendientes tras su salida del Gobierno junto a los otros tres ministros anarquistas.

Rodeado por una realidad de pobreza, nace en 1887 Joan Peiró Belis. Condenado al analfabetismo y a los trabajos más duros, desde los ocho años entra como aprendiz en un horno de vidrio. A los 15, ya trabaja en un taller vidriero de Poblé Nou. Tras una infancia en la que su única ilusión es la de llegar a ser torero, se traslada en su adolescencia a Badalona, lugar donde toma el primer contacto con el movimiento obrero y en el que se afilia a la Sociedad Obrera, aficionándose al teatro y a la política.

Es en Badalona donde forma la Federación Local de sindicatos y el periódico La Colmena Obrera, enmarcados en una primera fase activista que le costaría la cárcel en 1909. En este periodo de reclusión, el vidriero acaba con su analfabetismo y comienza un proceso autodidacta de gran magnitud.

Al año siguiente, y tras ser excarcelado, Peiró participa como observador en el congreso fundacional de la CNT, una organización a la que ligaría su vida hasta el día de su muerte.

Entre 1916 y 1920 sería nombrado Secretario de la Federación española del vidrio, llegando a dirigir el periódico del ramo, El Vidrio.

Desde estos momentos, Joan Peiró se convierte en un columnista habitual en distintos medios escritos y en un hombre de prestigio dentro de la CNT.

En 1922 es elegido secretario general de la CNT, el puesto de mayor responsabilidad dentro del sindicato anarquista. Esta notoriedad política le llevará a la cárcel en otras dos ocasiones y hará que sufra dos atentados dirigidos por la patronal catalana, una situación crítica que será permanente en todo el periodo de oposición contra la dictadura de Primo de Rivera.

Llegando el final de la dictadura y ya como destacado miembro del Comité Nacional de la CNT, Peiró participa de manera activa en todos los debates internos de la organización, una cuestión que le convertiría en un personaje polémico en su defensa del sindicalismo, ya fuese estando a favor de las Federaciones Nacionales de Industria en el Congreso de la CNT de 1931 (agrupaciones de los sindicatos por sectores de producción: metal, madera, construcción, etc.) o firmando en ese mismo año el famoso Manifiesto de los Treinta en defensa del anarcosindicalismo de masas y criticando las posturas más insurreccionalistas que había en el seno de la CNT.

Estas disensiones harán que en 1933 se forme la Federación Sindicalista Libertaria, que se convertirá durante unos pocos años en una pequeña escisión de la CNT para volver a reintegrarse en 1936. Una vez inciada la Guerra, Peiró, como destacado militante anarcosindicalista ocuparía el puesto de delegado en el Consejo de economía de la Generalitat para pasar a desempeñar el cargo de ministro de Industria en el segundo Gobierno de Largo Caballero formado en noviembre de 1936.

Él mismo afirma: "Soy yo de los que creen que la organización de la base económica de la sociedad futura ha de estar confiada al sindicato y a la comuna; el primero habrá de encargarse de organizar la producción, y la distribución de ésta al consumo será función de órganos creados expresamente por la segunda".

Según recoge la historiadora Dolores Marín, su obra ministerial estaría marcada por el bloqueo impuesto por el enfrentamiento con los sectores comunistas del Gobierno, en especial con el doctor Negrín, a la sazón ministro de Hacienda y que en todo momento trató de poner cerco financiero a las propuestas políticas de Peiró. Esta obra, resumida en el decreto del 22 de febrero de 1937 de incautación e intervención de empresas imprescindibles para la Guerra, destinada a proteger la obra colectivizadora desarrollada por los sindicatos, quedaría sin efectos prácticos en muchas ocasiones por no disponer el Ministerio de Industria de los fondos necesarios para apoyar y relanzar este tejido productivo. Para Peiró este relanzamiento pasaba por hacer un nuevo decreto de colectivizaciones y nacionalizar la electricidad, pero estas ideas son desechadas por el propio Largo Caballero.

Una profunda crisis de Gobierno en el contexto de los sucesos de mayo de 1937, hacen que los cuatro ministros anarquistas abandonen sus carteras y den paso a una nueva composición ministerial. Peiró, inserto ya en nuevos proyectos como la cooperativa vidriera de Matará y como articulista, escritor político y director de Catalunya, periódico de la CNT catalana, no volvería a aceptar un cargo público hasta abril de
1938, cuando sea nombrado comisario general de energía eléctrica. Este puesto lo desempeñará durante pocos meses, ya que el propio devenir de la Guerra le obligará, ante la llegada inminente de las tropas franquistas a toda Cataluña, a dejar su casa y partir con su familia hacia Francia el 22 de enero de 1939.

Una vez instalado en el país galo sería consejero delegado de la CNT en la JARE (Junta de Ayuda a los Refugiados Españoles), cargo en el que estaría hasta la invasión nazi del territorio francés, momento en el que será detenido cuando trataba de embarcar hacia México. Una vez descubierta la identidad de Peiró por el Ejército nazi y puesto en conocimiento de Franco, Serrano Suñer reclamaría a Joan Peiró que, tras un largo viaje será puesto a disposición de las autoridades franquistas el 17 de febrero de 1942. El historiador Pere Gabriel sostiene que una vez encarcelado en España y justo antes de realizarse el Consejo de Guerra, Joan Peiró recibirá una oferta por parte del Gobierno de Franco para incorporarse a organizar las estructuras del sindicalismo franquista, algo que Peiró rechaza.

Llegado este momento, el 22 de julio de 1942 da comienzo el Consejo de Guerra que le declarara culpable, y el 24 de julio es fusilado en Paterna (Valencia).

Así acaba la vida de Joan Peiró. Entre sus libros más destacados se deben señalar Escrits 1917-1939, Trayectoria de la CNT, Ideas sobre sindicalismo y anarquismo, Perill a la retaguardia y Problemas del sindicalismo y el anarquismo. También son reseñables sus artículos en Catalunya, Solidaridad Obrera, El Vidrio, Mañana o Acción. 

martes, 12 de febrero de 2013

Pedro González Bueno (1896-¿?)


Afiliado a Falange, colabora con Mola en la sublevación y llega a ministro de Organización y Acción Sindical en el primer Gobierno de Franco, desde donde sentaría las bases de la actual Seguridad Social española

Hoy en día, cuando se habla del bando nacional y de la ideología y actos del general Franco y sus seguidores, es habitual recurrir a lugares comunes: el conservadurismo, el poder de la Iglesia, el protagonismo de los militares, el nacionalismo a ultranza... Se habla de Millán Astray como la quintaesencia del franquismo y se establece 1969 como la fecha en que sus gobiernos empiezan a tener en cuenta la realidad social española.

Pero ya en el primer Gobierno de Franco, formado el 30 de enero de 1938, durante una pausa de la Batalla de Teruel, aparece un hombre que, desde su experiencia en el mundo de la industria, se esfuerza, aunque con un éxito relativo, por añadir un componente social a los principios de un movimiento que, en orígen, era fundamentalmente nacionalista y religioso. Este hombre es Pedro González Bueno.

Presidente de la Comisión que redactó los estatutos de FET de las JONS (aprobados el 4 de agosto de 1937) y de la que se creó para instituir el Servicio Nacional del Trigo (25 de agosto), fue ministro de Organización y Acción Sindical en este primer Gobierno.

Nacido en Madrid en 1896, de profesión ingeniero, se especializa en estudios sobre electricidad y es uno de los promotores de la radiodifusión en España. Su carrera se desarrolla en el campo de la energía eléctrica y llega a ser director general de la Sociedad Ibérica de Construcciones Eléctricas y presidente de la Cámara Española de Productores y Distribuidores de Electricidad.

Durante mucho tiempo, su actividad es meramente técnica y empresarial y permanece apartado de la política. Esto cambia cuando conoce a Calvo Sotelo y se afilia al Bloque Nacional. Su orientación política, en principio, es monárquica, como corresponde al partido de Calvo Sotelo, aunque con un cierto toque liberal -que no le impide colaborar con la dictadura de Primo de Rivera-González Bueno participa en la conspiración de Mola y se traslada a Pamplona al estallar la Guerra Civil para colaborar con éste. Poco tiempo antes de la sublevación había ingresado en Falange Española, y tampoco tarda mucho en convertirse en uno de los representantes más significativos del partido. Al igual que Serrano Suñer, responde a los esquemas del neofalangismo franquista y no posee demasiados puntos en común con el purismo joseantoniano ni con los seguidores de la línea revolucionaria de Hedilla. El mismo Suñer le califica como "falangista nuevo y de los más propicios al acto de la unificación". Esta condición de falangista nuevo es el origen y el tema de una versión popular del Cara al sol dedicada al propio González Bueno y recogida en la obra de Rafael Abella: "Cara al sol, / al sol que más calienta, / me puse el mono antes de ayer. / Me hallará la muerte si me pesca / sentado en el café".

A la sombra del cuñado de Franco, Bueno alcanza el cargo de ministro en el Gobierno formado en enero de 1938. Desde su cartera de Organización y Acción Sindical es el encargado de materializar una de las tareas más urgentes del órgano ejecutivo del nuevo Estado: la organización nacional-sindicalista.

Dentro de la mezcolanza de tendencias políticas que caracteriza a este Gobierno, González Bueno, junto a Raimundo Fernández Cuesta, representa a la Falange. Esta pertenencia a un grupo determinado, según el historiador Julio Gil, es la que le da acceso al cargo, aunque Fernández Cuesta, en un análisis de los primeros ministros de Franco, le cataloga como parte de "una serie de técnicos".

A pesar de su lealtad a Franco, condición sine qua non para formar parte del Ejecutivo, el general no ve con buenos ojos el nombramiento de Bueno, ya que éste, según relata Serrano Suñer, tiene ciertos vínculos pasados con la Institución Libre de Enseñanza, que no estaban precisamente bien vistos entre los sublevados. Además, arrastra una fama de monárquico liberal que en nada le favorece.

El mal concepto sobre González Bueno también es compartido por el conde de Rodezno, carlista, que en su diario le atribuye un "fondo izquierdista y espíritu ambicioso" y dice de él que no es más que un "faldero" de Serrano Suñer que presentaba en el Consejo de Ministros "proyectos avanzados y poco meditados". Es Bueno uno de los ministros más jóvenes del gabinete y de los que han conseguido un ascenso más rápido. Su juventud y su militancia en Falange le llevan a ver un peso excesivo de los militares en el nuevo Estado, demasiado clericalismo en Rodezno y a una derecha desfasada en los monárquicos.

Sin llegar a ser el revolucionario que los militares veían en él, es cierto que González Bueno defiende una política social más avanzada que el resto de sus compañeros de gabinete. Así, en febrero de 1938 se opone a un proyecto de ley que pretendía suspender la tramitación de los procesos de divorcio, argumentando que ésta era una medida "exagerada y radical".

También critica la propuesta de Rodezno de volver a colocar el crucifijo presidiendo los tribunales, aunque al final no tiene más remedio que desistir ante el apoyo de Franco a estas medidas. Tres meses más tarde, cuando se propone el restablecimiento de los jesuítas en España y la devolución de los bienes que se les había confiscado, vuelve a oponerse.

Pero es su labor como ministro de Organización y Acción Sindical por lo que González Bueno es recordado. Cuando se hace necesario definir los principios sociales del nuevo Estado, en febrero del 38, González Bueno se encierra en un castillo de Burgos para elaborar el proyecto de ley de lo que finalmente será el Fuero del Trabajo, una declaración de principios que pretendía involucrar también a la clase obrera en el movimiento de los sublevados. No obstante, el proyecto de ley elaborado por Bueno es rechazado por el Consejo de Ministros y el Consejo Nacional por ser demasiado socializador, y en su lugar se aprueba una declaración más genérica. Bajo su ministerio también se crean los subsidios familiares, uno de los orígenes de la Seguridad Social.

A pesar de su trabajo en la formación de la base social del Estado franquista, González Bueno no llega lejos en los gobiernos posteriores al fin de la guerra y verá cómo su labor es concluida por el ministro de Trabajo, José Antonio Girón. Pese a ello, nunca ha dejado de estar vinculado al franquismo y a Falange.

Formó parte del Consejo Nacional y fue miembro de la Fundación Nacional Francisco Franco. Actualmente, un centro sanitario de Santander, ciudad donde estableció su ministerio, lleva su nombre, en homenaje al hombre que sentó las bases de la Seguridad Social española.

lunes, 11 de febrero de 2013

Mariano Gámir Ulíbarri (1877-1959)


General de brigada fiel a la República, tras participar en distintos frentes, se hace responsable, por orden de Indalecio Prieto, del Ejército del Norte al mando del cual será testigo del desmoronamiento del Frente

Cuando llega la madrugada del 25 de agosto de 1937 el frente santanderino se está desplomando. Al mismo tiempo el general Gámir Ulíbarri, al mando del Ejército del Norte, y todo su Estado Mayor zarpan en un submarino seguidos de todas las tropas y armamento posibles en una maniobra que conjuga el repliegue y la huida. En poco más de 12 días, la línea de defensa cántabra diseñada por Gámir para defender Santander se desploma ante el avance de las tropas franquistas.

El general vasco Mariano Gámir Ulíbarri nace en 1877 y ya a los 15 años entra en la Academia de Infantería. Sus notables dotes técnicas y su carácter de estudioso de la historia militar harán que su carrera esté jalonada de rápidos ascensos.

En 1933 será designado general de brigada y pocos meses después nombrado director de la Academia de Infantería de Toledo. En julio de 1936 es destinado a Valencia y dirigirá la 5ª Brigada de Infantería, añadiéndose a ésta la 6ª Brigada a principios de 1937.

Al mando de estas tropas participará muy activamente en el Frente de Aragón, donde actúa en la primera parte de la Guerra Civil.

La primavera de 1937 amanece con dos mandos supremos en el Ejército vasco. Por un lado José Antonio Aguirre, presidente de Euskadi, se ha autoproclamado comandante en jefe de este Ejército. Por el otro, Francisco Llano de la Encomienda es el general en jefe del Ejército del Norte designado por la República.

La situación es trágica e Indalecio Prieto decide, el 31 de mayo de 1937, nombrar un nuevo general que ataje este problema.

El militar elegido es Mariano Gámir Ulíbarri, pero el problema que se afronta es de índole superior. Al general se le hace responsable sólo del Ejército vasco, lo que indica el reconocimiento por parte de Prieto acerca de la división de mandos dentro del Frente Norte.

Los problemas en el mando militar se multiplican y al desconcierto provocado por la división interna se suma el recrudecimiento de la lucha en el Frente Norte. El bombardeo de Guernica en abril de 1937 es la muestra del desastre que se avecina.

Llegado junio de 1937, Gámir Ulíbarri, miembro de la Junta de Defensa de Bilbao, da por perdido el País Vasco y así se lo hace saber por telegrama al ministro de Defensa Nacional. A pesar de que Prieto ordena que se extreme la defensa de Bilbao, en una reunión mantenida el 16 de junio con el Gobierno vasco y el jefe de Estado Mayor Llano de la Encomienda, el general Gámir Ulíbarri hace valer su criterio a pesar de las órdenes recibidas: el Gobierno vasco debe ser evacuado y las líneas republicanas deben retroceder.

El 19 de junio cae Bilbao y el frente se traslada a Cantabria.

A su llegada a Santander, Gámir Ulíbarri toma el mando de todo el Ejército del Norte, mientras que Llano de la Encomienda será destinado a Gijón. Con la idea de establecer un frente sólido que permita frenar el avance de las tropas franquistas desde Bilbao, refuerza la linea que transcurre desde la costa de Ontón hasta las alturas de Ordunte (provincia de Burgos) y el Puerto de Tornos. Esta línea sería reorganizada en torno a un ejército que contaba con más de 80.000 soldados agrupados en cuatro cuerpos de ejército, casi 300 piezas de artillería, 40 aviones y 17 antiaéreos.

Al otro lado de la línea, el general Dávila, encargado de afrontar la batalla desde el bando nacional, tenía una fuerza casi tres veces superior. El frente diseñado para defender Santander era demasiado débil. Ante una situación tan compleja Gámir trata de reclutar más soldados pero ni la reorganización del Ejército ni las nuevas fuerzas reclutadas pueden superar la inferioridad de fuerzas ni el aislamiento que rodea al Ejército del Norte.

Por este motivo, Gámir diseña para el verano de 1937 un movimiento destinado a unir el Frente Norte con el de Aragón, un plan que, según el historiador David Solar, debía comenzar en julio coincidiendo con la campaña republicana en Brunete hasta unir -con un avance hacia el sureste por el Ebro- al Ejército de Aragón y al del Norte. Este plan fue desechado por el Gobierno en Valencia y nunca se llega a realizar.

Ante esta tesitura, el general se reúne el 22 de agosto en Santander con José Antonio Aguirre, la Junta Delegada del Gobierno, todos sus mandos militares y representantes de las organizaciones políticas y propone una inmediata reducción del frente. En opinión de Gámir Ulíbarri, la línea de defensa propuesta para proteger Santander es demasiado amplia. Tras largas discusiones se acepta este repliegue, aunque las tropas vascas deciden no acatarlo y se retiran del frente en el contexto de las negociaciones del polémico Pacto de Santoña.

El avance de las tropas franquistas se convierte en imparable y tres días después Santander cae derrotada. En menos de 15 días el frente cántabro había quedado descompuesto y destruido, el Estado Mayor del Ejército del Norte y el general Gámir Ulíbarri parten en submarino para seguir la defensa del Frente del Norte en su último bastión, Asturias.

La llegada del general Gámir Ulíbarri a Asturias coincide con la Declaración de Soberanía del Consejo Interprovincial de Asturias y León, una declaración que viene acompañada por un amplio debate en torno a la forma en que éste había planeado la defensa y retirada de Santander.

A finales de agosto de 1937 el general jefe del Ejército del Norte es destituido siendo reemplazado por el coronel Prada Vaquero. Gámir Ulíbarri se traslada en avión desde Gijón hasta Francia para más tarde volver a Valencia, donde se hará cargo de la 6ª Brigada de Infantería, pero las constantes críticas que habían surgido en torno a su figura, llegan a apodarle el general ahí queda eso, le llevarán a quedar apartado en puestos de menor responsabilidad y, en octubre de 1938, será nombrado general inspector de Enseñanza Militar.

Tras la caída de Cataluña se exiliará a Francia donde escribe su libro De mis memorias. La Guerra de España 1936-1939. En este relato, el general hace una valoración estratégica y militar de la Batalla del Norte, prestando especial atención a los desequilibrios de fuerzas existentes y a los planteamientos de la defensa de Bilbao y Santander, viendo en cuestiones como el defectuoso diseño del Cinturón de Hierro de Bilbao o la retirada de las compañías de gudaris en Santander algunos factores determinantes de la derrota, en un contexto de aislamiento internacional e inferioridad militar.

La controversia en torno a la defensa de Santander y el Frente del Norte le acompañaría en el exilio y en su retiro. Llegada la década de los 50, Franco le concede el permiso para regresar al territorio nacional y establecerse como agricultor en Cuenca, lugar donde muere en el año 1959.

domingo, 10 de febrero de 2013

José López-Pinto (1876-1942)


General de brigada leal al bando sublevado proclama el estado de guerra en Cádiz bajo el mando del general Queipo de Llano, desempeñando posteriormente un papel destacado en la caída del Frente Norte

Nace en Cartagena en el año 1876 y cuenta con 24 años cuando comienza su carrera militar e ingresa en la Academia General Militar. En seis años es ascendido a primer teniente de Artillería y en 1921 alcanza el grado de teniente coronel.

Recoge Ramón Puche Maciá, en su biografía, que es en esta época, durante la dictadura de Primo de Rivera, cuando López-Pinto protagoniza junto con otros compañeros la Sublevación de los Artilleros: un conflicto que estalló a raíz de la supresión de la escala cerrada y en la que los artilleros rechazaban tanto ascensos por méritos de guerra como por elección. El Arma de Artillería estimaba que no debía aceptar otra forma de ascenso que la del más riguroso escalafón.

Desde 1930, año en el que es nombrado director del Parque de Artillería de Cartagena, va ascendiendo rangos hasta que, en 1933, es promovido a general gobernador militar de esta misma ciudad.

En febrero de 1936, con la subida al poder del Frente Popular, es destinado a Cádiz como general gobernador militar.

El 18 de julio de 1936, López-Pinto se alza en armas contra el Gobierno de la República y proclama el estado de guerra en Cádiz y su provincia, bajo las órdenes del general Gonzalo Queipo de Llano, que se subleva en Sevilla, de acuerdo con las instrucciones del general Franco.

López-Pinto ofrece el mando de la dirección del alzamiento militar en Cádiz al general de brigada de Infantería José Enrique Varela Iglesias después de interceder por él y favorecer su liberación del Castillo de Santa Catalina, donde había sido puesto en arresto preventivo al ser considerado desafecto al régimen republicano por el Gobierno del Frente Popular.

Con éstas y otras fuerzas provenientes de Algeciras, se apodera del Gobierno Civil. Rendido éste y pacificada la plaza de Cádiz al amanecer del día 21 de julio de 1936 aparece sublevado el Arsenal de la Carraca que domina el mismo día.

Bajo su dirección y mando se consigue tomar los pueblos de la provincia de Cádiz, así como de la provincia de Málaga y términos limítrofes.

Por orden del general Franco marcha a Burgos en diciembre de 1936 y toma el mando de la 6ª División Orgánica.

Ya en junio de 1937 dirige, desde su puesto del cuartel general, todas las operaciones que preceden y desencadenan la rotura del Cinturón de Hierro, destinado a la defensa de Bilbao, y la entrada en esta plaza, el día 19, así como las que llevaron a la entrada en Santander el 26 de agosto de ese mismo año.

Durante la Dictadura ocupa diversos cargos, llegando a ostentar la Capitanía General de la 6ª Región Militar. Durante una acción en Ceuta contrae el tifus y se le aplica una licencia de enfermo; ésta es la única ocasión en que se ausenta de su puesto hasta su fallecimiento, en 1942.

sábado, 9 de febrero de 2013

Adolfo Prada Vaquero (1883-1962)


Militar leal a la República, ostenta diversos puestos de máxima responsabilidad entre los sucesivos desmoronamientos de los frentes y, distanciado ya del comunismo acaba apoyando el golpe de Casado

El 29 de agosto de 1937 Adolfo Prada Vaquero, afamado coronel, es nombrado jefe del Ejército republicano del Norte, tras la reciente caída de Santander en manos nacionales. De esta forma, el coronel Prada ve premiada su labor desde que el 18 de julio de 1936 la Guerra viera su inicio.

Durante el reinado de Alfonso XIII, este militar vocacional había ocupado el cargo de Capitán del Arma de Infantería. En 1931 queda en situación de reserva y ya no se reincorporará a filas hasta el estallido de la Guerra, momento en que muestra total lealtad por la causa republicana. Según el historiador Vicente Talón, "al estallar la Guerra hacía ya bastantes años que Prada se encontraba de supernumerario, dirigiendo una academia que llevaba su nombre y que preparaba para el ingreso en las academias militares (...). Quienes le conocieron dicen de él que era un hombre de actuación discreta y sin interés alguno por la política".

En un primer momento, Prada combate enérgicamente a las afueras de Madrid, en la zona de Toledo, dirigiendo una columna que lleva su nombre. Los sucesivos reajustes llevados a cabo por el general Miaja, durante la Batalla de Madrid, van otorgando a Prada -que por entonces era aún teniente coronel- los mandos de la 36ª Brigada y, a finales de año, de la 7ª División del Ejército de Madrid.

Tras la ofensiva sobre el Jarama se crea el Nuevo Ejército del Centro en el que Prada, ya ascendido a coronel, asumirá el mando del 6º Cuerpo.

La delicada situación en el Norte hace que, el 20 de julio, Prada deje oficialmente su cargo para participar en la defensa de Santander. En este destino le acompaña, según Talón, un hijo suyo, capitán de milicias, que hace las veces de su ayudante.

El historiador Salas Larrazábal sostiene que, "al parecer, en esta época tonteaba con el Partido Comunista, pero luego se apartó claramente de él y su final casadista (apoyará el golpe de Estado de Segismundo Casado) le ha relegado al montón de los oficiales incapaces o traidores".

A su llegada le es confiado el 14° Cuerpo del Ejército del Norte -formado por miembros del antiguo Ejército vasco-.

Un mes después, debido al imparable avance enemigo, el propio Prada da la orden de retirada de la capital cántabra.

En un informe, recogido por Martínez Bande, enviado por Prada a Prieto al final de la Campaña del Norte, en octubre de 1937, el coronel explica que "el balance de Santander arroja un resultado negativo (...) pérdidas que en su mayor proporción corresponden a deserciones y sublevación de nacionalistas (...)".

El 24 de agosto el Consejo de Asturias y León se autoproclama soberano y su máximo dirigente, el socialista Belarmino Tomás, nombra a Prada máximo jefe del Ejército del Norte, creando un conflicto de intereses con el general Gámir, designado por la República para dirigir al Ejército en esta misma zona.

Éste asume dicho mandato a pesar de que miembros del Ejército le proponen sublevarse contra dicho Consejo. Sin embargo, según explica Prada en su citado informe "el mando militar no podía eclipsar en momento tan crítico la soberanía del Consejo para sustituir a éste".

En palabras de Salas Larrazábal, tras aceptar dicho cargo "Prada se lanzó a una profunda reorganización del Ejército" para intentar defender Asturias.

El coronel contaba con "el fervor político de las masas, el clima, el terreno y la industria", como así hace constar en su informe. Sin embargo, la indisciplina de algunos de sus militares le llevará a tomar medidas tan drásticas como el fusilamiento de algunos jefes de brigadas o de diversos políticos.

El día 20 de octubre, con Gijón prácticamente en manos nacionales, los miembros del Consejo anuncian a Prada su intención de huir y éste decide marcharse también. Lo hace al día siguiente en el torpedero número 3 junto a su hijo.

Vicente Talón añade que "huyó de Gijón a Francia, pasando de inmediato a territorio gubernamental".

Tras regresar al sector Centro, en diciembre de 1937, Prada recibe un nuevo cargo: la jefatura del Ejército de Andalucía.

Durante este periodo, Prada condena a algunos militares a la pena de muerte. Es el caso, según el socialista Máximo Muñoz, que fue comisario del 9º Cuerpo de Ejército de Andalucía, del anarquista Maroto: "El Tribunal permanente del Ejército de Andalucía, a petición del coronel Prada y de los hijos de éste, miembros de las Juventudes Comunistas como ya se ha dicho, condenó a muerte a un jefe de la CNT: Maroto".

Meses después, en marzo de 1938, Prada es enviado a Murcia para ocupar la comandancia militar. En esta ciudad, según explica Salas Larrazábal, el "carácter apacible" del coronel hace que los murcianos le conozcan como El Vaticano.

En julio es nombrado jefe del Ejército de Extremadura y, por tanto, encargado de contener la ofensiva nacional que se desarrolla en la zona. En octubre finalizan los ataques y Prada cesa de su cargo.

A finales de 1938, ya distanciado de los comunistas, pasa a ocupar una subinspección para la zona centro-sur.

Tras apoyar el golpe de Estado de Casado -en marzo de 1939- es nombrado nuevo jefe del Ejército del Centro.

Cipriano Mera cita una interesante confesión que el propio Prada le hace tras recibir noticias de su reciente designación: "Parece que estoy condenado a hacerme cargo de puestos de responsabilidad máxima cuando ya todo está perdido. Eso me ocurrió en el Norte y es lo que me toca ahora en el Centro (...)".

Según el análisis que Luis Español realiza de los últimos días de la Guerra, "el día 27 Prada da su beneplácito al repliegue de las tropas (...). Ese mismo día se entrevista con el coronel nacional Eduardo Losas y acuerdan la rendición incondicional (...). Al día siguiente el propio Prada iza la bandera roja y gualda en el Ministerio de Hacienda -sede del Consejo Nacional- y, a continuación, se entrega en las trincheras de la Ciudad Universitaria".

Finalizada la contienda, y en palabras de Luis Español, "Prada y sus hijos fueron detenidos y tratados, con la mayor desconsideración y falta de delicadeza". No es ésta la opinión de Vicente Talón, quien afirma que "no sólo no lo fusilaron, sino que poco después estaba muy tranquilo en una finca que su mujer poseía en la provincia de Toledo".

Mera, en su biografía, constata que, en septiembre de 1939, Prada permanece aún en prisión: "Me crucé al honesto coronel Prada, a quien, para que rabiaran los carceleros, dije en alta voz: 'a sus órdenes, coronel'. 'Suerte, Mera', me contestó". Tras ser juzgado y condenado por un consejo de guerra, es indultado y puesto en libertad. Clandestinamente, actuará a través de la Agrupación de Fuerzas Armadas Republicanas Españolas hasta su fallecimiento en 1960.