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viernes, 25 de enero de 2013

Wilhelm Von Faupel (1873-1945)

Embajador del III Reich en la España nacional, su predilección hacia Manuel Hedilla y las desavenencias que mantiene a lo largo de su mandato con el Generalísimo terminan por apartarle del cargo


General alemán, con sed de medallas y triunfos, en septiembre de 1937 es finalmente destituido como embajador de la Alemania nazi en la España franquista. Su participación en los sucesos de abril, donde trata de impedir la fusión entre Falange y los tradicionalistas; su apoyo a Manuel Hedilla como nuevo jefe del partido falangista, y las diferencias que mantiene con Franco casi desde su llegada a España, instan al Generalísimo a solicitar al Führer la sustitución de Von Faupel. Su cargo pasará a manos de su compatriota Eberhard von Stohrer, ese mismo mes.

Escribir la verdadera historia de Wilhelm von Faupel es una ardua tarea. La destrucción de los archivos nazis tras la caída del III Reich (mayo de 1945) y su actitud sibilina a la hora de promocionarse impiden determinar con exactitud dónde termina la realidad y dónde comienza el mito de Von Faupel. Su nombramiento como director del Instituto Iberoamericano (1934) -que le sirvió de escaparate para introducir el ideario nazi en los países de habla hispana- difumina su rastro en la historia. Oliver Gleich, investigador en activo del departamento de Historia Política y Económica de la Universidad Libre de Berlín, resume en un artículo, correspondiente al libro Ein Instituí und sein General, una de las monografías más completas sobre un "hombre conflictivo pero disciplinado" que supo jugar sus cartas y aprovechar al máximo las circunstan das que le tocaron vivir.

Von Faupel nace el 29 de octubre de 1873 en Lindenbusch, en la región histórica de Silesia, en el seno de una familia de clase media -su padre era médico-. Al respecto, Oliver Gleich comenta que Faupel "sentía alergia por los individuos de cuna alta o religiosos, y de éstos últimos, en especial, los católicos". Quizá este sentimiento de repulsa que genera desde niño tenga que ver con las desavenencias postreras que el diplomático alemán sentirá por Franco, al que llega a denominar como "un hombre que seduce en seguida por su carácter franco y cortés; pero cuya formación y experiencia militar no están a la altura requerida por la dirección de las operaciones, en su actual amplitud".

Su pasión militar le sorprende desde muy joven y es notable la determinación que tiene a la hora de alcanzar una posición influyente en el Ejército. En marzo de 1892, con tan sólo 19 años, ingresa como alférez en el Regimiento de Artillería, para en menos de un año conseguir el grado de teniente.


La defensa de los intereses coloniales de su patria le lleva a partir de 1901 a viajar por Siberia, Mongolia y el Tíbet, después de realizar sus estudios orientales en el Instituto Geodésico de Postdam y formarse como intérprete ruso. Tras su supuesta participación en el exterminio de tribus africanas, bajo el mando del oficial Ludwig von Erstoff, y los años que trabaja en Latinoamérica -Perú, Argentina y Brasil- como instructor técnico de diversos ejércitos, impulsa con acierto su carrera profesional hacia la diplomacia y la política.

Éste es el único camino de ascensión posible, a la espera de participar en la gesta épica que va a forjar su leyenda: la Primera Guerra Mundial. Su paso por la Gran Guerra, ya como general del Ejército alemán, despega su prestigio e influencia, obteniendo la exclusiva condecoración Pour-le-Merité, adjudicada a unos 680 combatientes de los miles de hombres que participaron en el frente. Von Faupei porta esta medalla del mérito con una distinción honorífica añadida: la simbolizada por una flor de tilo, asignada tan sólo a medio centenar de hombres. A partir de este momento, según Gleich, antes de que alguien entre en su despacho obliga a su secretaría a poner en conocimiento de las visitas el hecho de ser poseedor de tal distinción y de un falso título de barón del que en realidad no goza, pero que no duda en arrogarse en un delirio de grandeza y estatus social. El título nobiliario no deja de ser una mera anécdota, frente al hecho de haber sido el mentor de buena parte de los dictadores militares hispanoamericanos, como el mismo Perón, quien una vez retirado de la vida política llegó a afirmar con orgullo el haber pertenecido al "círculo de discípulos del barón Faupel".

Por lo tanto, Von Faupel deja de ser un oficial anónimo para convertirse en un héroe de guerra, cada vez más radicalizado e influenciado por la extrema derecha. Una ideología nazi que probablemente pudo adquirir en las "brutales masacres de las razas inferiores africanas", apunta Gleich, y por su adhesión a organizaciones extremistas tales como Volksbund für Arbeitsdienst y La Sociedad para el Estudio del Fascismo, a la que se afilia tras su regreso forzado a Alemania desde Perú (1929), ante la sospecha de estar preparando un golpe militar contra el presidente peruano Augusto Bernardino Leguía.

Tras su reaparición en Berlín, está a punto de encargarse de la gestión de la crisis en China. Pero en vez de convertirse en el apoyo de Chang Kai-Chek, y por tanto en rival directo de Mao Zedong, es nombrado director del Instituto Iberoamericano (1934). Un nombramiento con una clara finalidad: expandir la ideología nazi en Latinoamérica y España, a través de una prestigiosa organización de ámbito cultural. Una manera sutil de atenazar el choque bélico contra EEUU, Francia e Inglaterra.

La experiencia internacional le sirve para hacerse un hueco dentro de la cúpula militar nazi, al igual que a Ernst Röhm -jefe de las SA-. Aunque en los años 20 las carreras de Von Faupel y Ernst Röhm recorren trayectorias paralelas, el que fuera uno de los artífices en la creación de la Legión Cóndor sabe mantenerse en la cresta de la ola, mientras Röhm es traicionado por Himmler -jefe de las SS- y Göring -mariscal del III Reich en 1940-, quienes preparan su caída acusándole de complot junto al también dirigente nazi Gregor Strasser.

Ya comenzada la Guerra Civil, y a pesar de sus 60 años de edad, Von Faupel consigue cuajar sus ambiciones políticas cuando Hitler le convierte en máximo representante de la diplomacia alemana en la España nacional. Asignado al cargo al constituirse la Junta de Burgos, en octubre de 1936, se convierte oficialmente en embajador tras la entrega de credenciales junto a su homólogo italiano, Roberto Cantalupo, el 3 de marzo de 1937, en Salamanca. Su misión pasa entonces por favorecer la victoria de los nacionales con el fin de distraer a Inglaterra y Francia mientras el nazismo se propaga por el este de Europa.

Su cese como diplomático devuelve a Von Faupel a la presidencia del Instituto Iberoamericano y, tras unos años de obligado ostracismo, termina suicidándose tras la caída de Berlín a manos de las fuerzas aliadas. Von Faupel morirá junto a su mujer, Edith, al igual que muchos otros dirigentes nazis, incluido Adolf Hitler. 

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