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sábado, 5 de enero de 2013

Pablo Martín Alonso (1896-1964)

Responsable del triunfo de la sublevación en La Coruña, este ferrolano dirige en dos ocasiones el avance nacional desde Galicia hacia Asturias, y participa en abril de 1938 en la ruptura de la zona republicana por Vinaroz

Cuando en los primeros compases de la sublevación las provincias gallegas se mantienen en estado de indefinición, un coronel de Infantería del Regimiento Zamora, encuadrado en la guarnición de La Coruña, subleva a sus tropas y arresta al general Caridad Pita, dejando de esta forma el noroeste de la Península en manos de los rebeldes. Se trata de Pablo Martín Alonso, hombre fuerte del general Mola en Galicia y encargado de ponerle en contacto con la oficialidad coruñesa.

No era la primera vez que Martín Alonso se veía implicado en una sublevación. Nacido en Ferrol (La Coruña) en 1896-en la misma ciudad que Franco, cuatro años después que el Generalísimo-, a los 15 años ingresa en la Academia Militar y, tras graduarse como oficial, es destinado a Ceuta, donde comienza su carrera como ayudante del general Sanjurjo, con quien mantiene una estrecha relación personal y política que le lleva a participar en el pronunciamiento que dicho general organiza en agosto de 1932. Hasta entonces, su filiación monárquica -fue ayudante de órdenes de Alfonso XIII desde 1928 hasta su huida de España- no le había impedido continuar en las Fuerzas Armadas con su cargo de teniente coronel bajo la República. Pero tras la sanjurjada es apartado del Ejército y deportado a Villa Cisneros, en el Sáhara occidental.

A los tres meses consigue evadirse de su destierro, y cuando los radicales y la CEDA alcanzan el poder es amnistiado y reintegrado a la vida militar. En 1936 se le nombra coronel jefe del Regimiento Zamora. Sus ademanes elegantes favorecen su integración en la alta sociedad de La Coruña, y las simpatías de que goza entre los militares coruñeses le convierten en un miembro clave de la Unión Militar Española en la ciudad. De hecho, es uno de los jefes más jóvenes de entre los que se han de encargar de sublevar una capital de provincia. Sus contactos le permiten poner de acuerdo a Mola con los oficiales de la Armada de cara a una posible rebelión, y cuando ésta se produce cuenta con el apoyo de sus compañeros de regimiento y de los subordinados de los generales Caridad Pita y Salcedo, fieles a la República, que son destituidos mientras se proclama el estado de guerra en la ciudad. Durante algunos días las tropas intercambian tiroteos en la calle, hasta que el 23 de julio la sublevación triunfa definitivamente en La Coruña.

Tres semanas después, Martín Alonso toma el mando de las columnas que avanzan hacia Oviedo para romper el cerco que los mineros republicanos mantienen sobre la ciudad. Temiendo que los sublevados en Oviedo y Gijón no pudieran resistir el sitio durante mucho tiempo, decide unificar todas las columnas en una sola más potente que sea capaz de avanzar con las mínimas interrupciones posibles. Para ello, hace coincidir a todas las tropas en el cruce de carreteras de La Espina, para desde allí marchar sobre Oviedo. Consigue romper el cerco y enlazar con el coronel Aranda el 17 de octubre de 1936, tras lo cual le es confiado el mando de las fuerzas nacionales en Asturias. Poco después, la explosión de un polvorín le deja gravemente herido. Consigue recuperarse y, sin estar curado del todo, es ascendido a general de brigada y vuelve a incorporarse al frente asturiano en septiembre de 1937.

En la Asturias del 37 su avance no es tan fulgurante como el año anterior. Las montañas asturleonesas frenan las incursiones de sus tropas y conforman una defensa excelente para las posiciones republicanas. Además, Martín Alonso, según el historiador Gabriel Cardona, es un militar curtido en las campañas de Marruecos, acostumbrado al mando de pequeñas unidades de regulares y legionarios con las que empleaba tácticas de guerra colonial. En las primeras operaciones de la Guerra Civil había suplido esta falta de adaptación a un modo distinto de guerra imprimiendo un gran ritmo y energía a sus ataques. Pero en septiembre del 37 se encuentra con la resistencia en las montañas de los mineros asturianos y tiene que cambiar sus tácticas, adaptándolas a la orografía y a la encarnizada lucha casa por casa de sus adversarios. Aun así, el proceso de conquista de la provincia es duro y se debe más a la división en el seno de las unidades republicanas que a la superioridad técnica de las fuerzas de Martín Alonso y Aranda. Pero finalmente, el 21 de octubre caen Avilés y Gijón, y se rinden los pocos sitiadores que quedan en torno a Oviedo. Después de lograr la pacificación de Asturias, y una vez acabada la Campaña del Norte, Martín Alonso regresa a Galicia para organizar una división.

Será la División 83, encuadrada en el Cuerpo de Ejército de Galicia, dirigido por el ya general Aranda, que es enviada al mando de Martín Alonso al frente aragonés. Dentro de la Campaña de Teruel, participa en la batalla del río Alfambra, en febrero de 1938, donde ocupa 20 kilómetros cuadrados de territorio republicano entre Concud y Castralvo.

Después de la victoria nacional en Teruel, Martín Alonso interviene con la División 83 en el Frente de Aragón. Así, parte de Vivel del Río Martín, al norte de Teruel, y toma Montalbán el 13 de marzo. El avance continúa hacia el Mediterráneo: el 15 de marzo entra en Ejulve y el 2 de abril en Morella, ya en la provincia de Castellón. Entre el 2 y el 13 de abril, consigue llegar hasta Chivert, y el 15 del mismo mes forma parte de las primeras tropas nacionales que alcanzan las playas del Mediterráneo, con la conquista de Vinaroz.

El último año de la Guerra lo pasa Martín Alonso en el Frente de Levante. El 14 de junio de 1938 ocupa Castellón de la Plana, y en julio rechaza una ofensiva republicana sobre el sector de Nules. Poco después embarca con sus soldados con dirección a Cartagena. Sus últimas acciones militares concluyen con la participación en la toma de Sagunto y Valencia.

Su labor en la Guerra será bien recompensada en tiempos de paz. En 1939 obtiene el ascenso a general de división. Tras el nombramiento, ocupa la Dirección General de Enseñanza Militar. En menos de 30 años, Martín Alonso había pasado de alumno de la Academia a máximo responsable de la formación militar en España. Pocos años más tarde, en 1946, es ascendido a teniente general y se le designa para ocupar la Capitanía General de la 1ª Región, con sede en Madrid, para luego ser nombrado director de la Guardia Civil. De Madrid pasa a Cataluña, donde también ejerce el cargo de capitán general. Pero el puesto más importante será el último que ocupe. Es nombrado ministro del Ejército en julio de 1962, cartera que desempeñará hasta que la muerte le alcance en febrero de 1964.

4 comentarios:

  1. Solo un apunte: el retrato del general fue obra de uno de los dibujantes más extraordinarios de España, el mítico Pepe González, durante su servicio militar. Le valió una condecoración mmuy inusual, la Cruz de Plata al mérito militar con distintivo blanco, que normalmente se otorga a fallecidos

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  2. 13.º de Artillería Ligera23 de septiembre de 2015, 2:28

    La contraofensiva de Nules fue en noviembre.

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  3. muy buena me sirvio gracias

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