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domingo, 13 de enero de 2013

García Escámez (1893-1951)

Héroe sobresaliente de la Guerra de Marruecos, es uno de los militares con los que cuenta Franco desde el estallido de la contienda civil para llevar a cabo algunas de las más importantes ofensivas nacionales


Marzo de 1938. Las fuerzas nacionales están asediando el Frente aragonés, rompiendo las líneas republicanas y preparando aquellos la que será sin duda una de las más crueles y duras batallas de la Guerra Civil española: la Batalla del Ebro. Entre los generales que participan en la ruptura del frente se encuentra García Escámez. Definido por el historiador Hugh Thomas como "un andaluz sutil y encantador" y por el escritor José María Pemán como "un tipo de héroe culto, humano y constructivo", García Escámez es ante todo un profesional de la guerra.

Hijo de militar, Francisco García Escámez e Iniesta nace en Cádiz en 1893. Ingresa a los 16 años en la Academia de Infantería de Toledo. Algunos años después es enviado a Marruecos, donde participa activamente en la guerra, en principio como escolta de convoyes, para más tarde situarse en primera línea de combate. Participa en el desembarco de Alhucemas y en la defensa de Tetuán destacando por su comportamiento heroico. De hecho, su actuación  en Marruecos le supone el ascenso a teniente coronel y la concesión, en 1925, de una de las máximas distinciones del Ejército español: la Cruz Laureada de San Fernando.

Con la proclamación de la República es enviado a Ceuta donde permanecerá hasta junio de 1934. Durante unas vacaciones en Estados Unidos estalla la Revolución de Asturias. García Escámez se entera de los sucesos y de que sus hombres han sido enviados para participar en la pacificación de la zona y regresa inmediatamente de América para hacerse cargo de la situación.

Cuando en enero de 1936 es destinado a la 2ª Brigada de Montaña de Pamplona, pocos saben que es allí donde se fraguará un golpe de Estado que acabará en Guerra. Y eso que la situación en el Ejército no es precisamente tranquila. Ya hay bloques claros a uno y otro lado y sobre todo muchos recelos. La labor oficial de García Escámez en Navarra apenas durará unos meses, puesto que el general Domingo Batet, sospechando de su disconformidad con la política del Gobierno, decide apartarlo de su cargo. Aún así, García Escámez permanece en Pamplona y pasa a convertirse en el brazo derecho de Mola en la organización del alzamiento. A sus órdenes inicia negociaciones con los carlistas y consigue reforzar el apoyo de Navarra al levantamiento. Además, transporta a Marruecos y Andalucía, zonas que conoce muy bien, documentos comprometidos con la causa nacional y mantiene contactos con los militares leales al movimiento golpista.

Pero como ya se ha señalado, García Escámez es ante todo un hombre de acción y su actuación durante los primeros días de la contienda no estará en los despachos sino en el frente. Al estallar la sublevación, Mola le encarga tomar el mando de la 1a Columna Motorizada de Navarra, formada por requetés, falangistas y compañías de regimiento de América. Con ella, García Escámez marcha hacia la capital, con el fin de consolidar la situación en La Rioja y Soria y llegar hasta Guadalajara, punto estratégico para la toma de Madrid.

Al pasar por Logroño, los hombres de García Escámez se encuentran con una mayor resistencia de la prevista: grupos de izquierdas se han adueñado de la ciudad. La columna de García Escámez no tiene más remedio que apoyar a la Artillería de Guarnición de la ciudad hasta conseguir reducir al adversario.

El tiempo empleado en la capital riojana, así como en las poblaciones de Alfaro y Nájera, al sur de Logroño, suponen un retraso en los planes de García Escámez aunque son al mismo tiempo un importante triunfo, al poner en comunicación Burgos -que pronto se perfilará como la capital del alzamiento- con La Rioja. El siguiente destino del ya general García Escámez es Soria, donde la situación es favorable a los nacionales. De ahí parte a Guadalajara, donde los sublevados tienen que hacer frente a un regimiento de 10.000 hombres venidos desde Madrid para defender la República. Sin hombres suficientes para hacerles frente, García Escámez varía su itinerario ocupando la zona entre Aranda del Duero y Burgo de Osma.

El 25 de julio, García Escámez es enviado por Mola a Somosierra, donde él mismo será el encargado de organizar los ataques de la sierra de Madrid. Los nacionales alcanzan el puerto de Somosierra, y aunque no consiguen avanzar hacia la capital mantienen sus líneas defensivas en la sierra de Guadarrama. Tras marchar a Soria y tomar Sigüenza, García Escámez vuelve a Madrid unos meses más tarde, en noviembre de 1936, para hacerse cargo de las fuerzas del sector derecho que marchan sobre la ciudad, en una operación que sigue sin llevarles a la toma de la capital española, pero en la que se van conquistando los territorios de los alrededores. Precisamente en Madrid permanecerá García Escámez algún tiempo más tratando de asegurar las posiciones nacionales y de debilitar a las fuerzas republicanas.

Pero si importante es su labor durante los primeros meses de la Guerra, destacable es también la actuación de García Escámez en el Frente aragonés. En marzo de 1938 lanza una serie de operaciones ofensivas al sur del río Ebro que culminan con la entrada, el 10 de dicho mes, en Belchite tras la derrota total de la 35ª División de las Brigadas Internacionales. A partir de aquí su labor será fundamentalmente de apoyo. Algunos días más tarde, García Escámez se integra en el Cuerpo de Tropas Voluntarias italiano bajo el mando del general Mario Berti. Con ellos luchará hasta el 20 de abril, fecha en que los nacionales ocupan la ciudad de Tortosa. Después, junto con su unidad, García Escámez pasará a formar parte del Cuerpo de Ejército de Castilla que bajo el mando del general Varela marcha al Frente de Teruel. Sus acciones en el campo aragonés le son recompensadas con el ascenso a general de brigada el 7 de mayo de 1938, con 45 años.

Terminada la Guerra, el general García Escámez viaja a Italia, el 27 de abril de 1939, al frente de una misión militar que tiene entre otros objetivos reunirse con el rey Alfonso XIII.

A su vuelta es destinado a Barcelona como gobernador militar, donde permanecerá hasta septiembre de 1940, cuando es designado por Franco gobernador militar y jefe de las fuerzas de las islas Canarias. Durante 1941 y 1946 regentará además el mando económico del archipiélago. En las islas, que como toda España viven una profunda crisis económica, realiza una importante labor, tanto a nivel burocrático como civil. Reorganiza la administración, incentiva las obras públicas y crea colegios. Al poco tiempo de morir, en 1951, a la edad de 58 años, Franco le concede, a titulo postumo, el marquesado de Somosierra.

1 comentario:

  1. Gloria a todos los heroes, independiente de su ideologia, solo a su valor personal.

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