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viernes, 8 de febrero de 2013

Agustín Muñoz Grandes (1896-1970)

Militar africanista, su ajetreada vida comienza con una incipiente afección a la República para acabar conspirando junto a Mola y, tras destacar en el Frente Norte, ostentar el mando de la División Azul


Considerando la frecuencia con que el capitán general Agustín Muñoz Grandes acompañaba al anterior jefe del Estado en los desfiles conmemorativos y en los actos oficiales, o la efusión con que los dos militares se abrazaban en las numerosas fotografías de ambos que publicó la prensa durante el anterior régimen, choca leer aquello que escribe Franco Salgado-Araujo en su libro Mis conversaciones privadas con Franco: "El Generalísimo ha nombrado capitán general a Muñoz Grandes por tenerle algo de miedo y quererle contento, ya que cree que arrastra una gran opinión civil y militar".

A diferencia de la gran mayoría de los militares africanistas, Agustín Muñoz Grandes no pertenecía a una familia de soldados. Vecino del Carabanchel Bajo que le vio nacer en 1896, tras pasar su infancia en este popular barrio madrileño, en 1910 ingresa en la Academia de Infantería de Toledo. Estudiante aplicado y buen compañero, en 1915 sale teniente del viejo Alcázar donde se forma la oficialidad del Ejército español. Su primer destino es Marruecos. Al igual que el resto de sus compañeros de armas, que con posterioridad participarán en la sublevación del 18 de julio, serán muchas las condecoraciones que Muñoz Grandes ganará en distintos combates defendiendo lo que entonces se consideraba el África española, y casi todas irán acompañadas de alguna herida. La más grave de todas ellas es la que recibe en el pecho durante el desembarco de Alhucemas (1925).

Ascendido por méritos de guerra -comandante en 1924, teniente coronel en 1926-, cuando el militar regresa a la Península se le considera de espíritu liberal y republicano.

Si bien en una primera apreciación esas inclinaciones del futuro comandante en jefe de la División Azul pueden chocar, no difieren mucho de las de Gonzalo Queipo de Llano y no pocos generales, entre los que se encuentra incluso Emilio Mola.

Éstos, tras sintonizar en un primer momento con el nuevo régimen, comienzan a distanciarse de él a medida que la República empieza a poner en marcha reformas en el Ejército. Antes de que eso suceda, Muñoz Grandes es tan afecto al nuevo orden que, en estrecha colaboración con Miguel Maura -entonces ministro de la Gobernación- es el encargado de crear la Guardia de Asalto, la más republicana de las fuerzas de seguridad del nuevo Estado. Como tal participa en la represión de la Revolución de Asturias de 1934.

El distanciamiento del Estado surgido de las urnas en abril de 1931 comienza a producirse a medida que la República va inclinándose hacia la izquierda. Aunque no colabora con los gabinetes de derechas que la gobiernan entre 1933 y 1935, tras el triunfo electoral del Frente Popular en 1936, Muñoz Grandes, ya coronel y destacado en Madrid, comienza a conspirar desde la Unión Militar Española a las órdenes del general Mola.

Tras el pronunciamiento militar del 18 de julio, Muñoz Grandes, que se sabe perseguido por el Frente Popular, consigue esconderse durante los primeros días, tras los cuales es hecho prisionero y confinado en la cárcel Modelo de Madrid. Entre otros destacados derechistas, serán compañeros suyos de reclusión Ramón Serrano Suñer, el futbolista Ricardo Zamora y los dirigentes falangistas Rafael Sánchez Mazas, Raimundo Fernández Cuesta y Miguel Primo de Rivera. Salvado de un primer intento de fusilamiento cuando ya se encontraba delante del pelotón por el entonces director general de Seguridad, Alonso Mallol, días después, el coronel Muñoz Grandes tendrá un nuevo benefactor en la persona del anarquista Melchor Rodríguez García, el Ángel Rojo para los reclusos derechistas de la Modelo. Fue el 8 de diciembre de 1936, cuando tras un bombardeo de los sublevados en el aeródromo de Alcalá de Henares, los republicanos intentaron asaltar la cárcel y dar muerte a los 1.532 simpatizantes del alzamiento allí detenidos. Rodríguez García, a la sazón director general de Prisiones, tras discutir durante varias horas con los milicianos, amenaza con dar armas a los presos si intentan asaltar la prisión, consiguiendo así que las turbas exaltadas cejaran en su propósito.

Acabado el conflicto, cuando Rodríguez García se enfrentó al consejo de guerra al que se sometió a casi todos los vencidos, el presidente del tribunal, antes de dictar sentencia, se dirigió a los asistentes a la vista para preguntarles si alguien tenía que decir algo a favor o en contra del acusado. Al punto, un tipo enjuto, de rostro alargado y vestido de paisano se levantó y dijo: "Soy el general Muñoz Grandes y este hombre me salvó la vida lo mismo que a miles de personas". Las palabras del soldado -y de tantos otros simpatizantes de los alzados que testificaron a favor del anarquista- consiguieron que el Ángel Rojo fuera condenado a 30 años de reclusión en vez de a la pena capital que sin duda alguna le hubiera correspondido.

Finalmente, según algunas teorías que contradicen la de Franco Salgado-Araujo el tercer benefactor del coronel durante su cautiverio fue el entonces jefe del Estado, quien hubiera realizado las gestiones necesarias para el canje del héroe de Alhucemas. Si bien no faltan autores que sostienen que Agustín Muñoz Grandes logra huir después de haber sido trasladado a un hospital por encontrarse enfermo.

Fuera como fuese, lo cierto es que, en marzo de 1937, apenas llega a zona nacional, se incorpora al servicio activo. Se le ordena sustituir al coronel Cayuela en el mando de una de las brigadas navarras o lo que es lo mismo: una de las fuerzas más combativas de los sublevados.

Al frente de su unidad, el aún coronel juega un papel decisivo en la ofensiva del Norte. Tras participar en la campaña de Santander, en Asturias, comandando conjuntamente la 2ª y 3ª Brigadas Navarras, rompe la línea del Campo de Caso tras librar un duro combate en inferioridad de condiciones frente al enemigo. Todo parece indicar que esta acción es la que le vale el ascenso al generalato.

Mandando la 61ª División del 2ª Cuerpo de Ejército participa en la Batalla de Teruel, una de las más cruentas de todo el conflicto. Meses después, cuando el general Franco reorganiza sus fuerzas para el asalto final, Muñoz Grandes es nombrado jefe del Cuerpo de Ejército de Urgel, a cuyo mando participa en la toma de Cataluña.

En 1939, apenas acabada la contienda, obedeciendo al propósito de Franco de mantener el partido único bajo el mando directo de un militar, el general es nombrado ministro secretario general del Movimiento y jefe de las milicias de FET y de las JONS, cargos que simultanea con el de gobernador militar del campo de Gibraltar.Tal vez sea su importante puesto en la dirección del partido único lo que hace que algunos comentaristas le consideren el más falangista de cuantos militares integran el generalato de Franco.

Pero a decir verdad, hay generales mucho más próximos a la camisa azul que Muñoz Grandes. Juan Yagüe, sin ir más lejos, falangista de primera hora, miembro del Consejo Nacional del partido e incluso defensor de sus camaradas que se han opuesto al Decreto de Unificación de abril de 1937, es uno de ellos. Si Muñoz Grandes es nombrado ahora, en 1941, comandante en jefe de la División Española de Voluntarios en Rusia, la ya citada División Azul, integrada principalmente por falangistas, ello se debe al cargo que ocupa y, sobre todo, a su sintonía con algunos miembros de la Wehrmacht -las Fuerzas Armadas alemanas-.

Sin ir más lejos, Muñoz Grandes ha sido asesor táctico del almirante Wilhelm Canaris, responsable de la Abwehr -el servicio de inteligencia del Estado Mayor alemán-, quien desde su puesto se ha convertido en el organizador de la ayuda del Reich a Franco y amigo personal de este último.

Sin embargo, todas esas teorías que enfrentan al anterior jefe del Estado con su primer capitán general -el segundo habría de ser Camilo Alonso Vega- tienen uno de sus principales argumentos en un episodio protagonizado por Muñoz Grandes cuando comanda la División Azul. Corre el mes de junio de 1942 y la División 250 de la Wehrmacht lleva casi un año batiéndose en el frente ruso. Es entonces cuando una carta de su comandante en jefe llega al cuartel general del Reich en Rastenburg (Prusia oriental), también conocido como la Guarida del Lobo al ser la residencia oficial de Hitler.

El contenido del mensaje no ha trascendido, pero todo parece indicar que en él se trataba sobre una posible prolongación del mandato de Muñoz Grandes al frente de la División Azul. Franco ya había decidido sustituirle por el general Esteban Infantes, quien aguardaba en Berlín para tomar el mando de los voluntarios españoles el día 14.

Apenas llega la misiva a Rastenburg, el almirante Canaris parte hacia Madrid para intentar convencer a Franco de la permanencia de Muñoz Grandes al frente de los divisionarios falangistas. "Franco no pareció percibir ninguna segunda intención y dio su aquiescencia", escribe César Vidal. En cualquier caso, tras la entrevista de Canaris en Madrid, Muñoz Grandes visita la Guarida del Lobo. Los alemanes consideran que el general español está descontento con la política exterior franquista, que pretende una mayor implicación de España en la Guerra. Se dice incluso que el general, mediante un divisionario que con el correr de los años se convertirá en uno de los responsables del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, Jaime Milans del Bosch, ha enviado un mensaje a Serrano Suñer en que le amenaza de muerte -junto a toda su camarilla- cuando regrese a España.

Según Vidal, desde 1941 Joachim von Ribbentrop -ministro de Exteriores del Reich-y Walter Schellenberg -uno de los máximos responsables de su seguridad- acarician la idea de derrocar a Franco y sustituirlo por un general germanófilo que bien podría ser Agustín Muñoz Grandes.

En cualquier caso, el 11 de julio de 1941, cuando el comandante en jefe de la División Azul se entrevista con el Führer-según consta en un informe elaborado por Ribbentrop el 31 de agosto de 1942-, Muñoz Grandes no oculta su descontento ante la falta de ideologización de los nuevos reemplazos que van llegando a la división, que ya no son mayoritariamente falangistas. Según las mismas fuentes, en dicho encuentro, el general asegura no tener ningún inconveniente en permanecer al frente de la división si Hitler lo considera oportuno, pero también comenta que sus verdaderos propósitos consisten en regresar a España con el apoyo alemán y llevar a cabo, con ayuda de Falange, una limpieza de cuantos elementos no tienen cabida en el supuesto orden que el general cavila. Para ello no hará falta quitar de en medio a Franco, bastará con relegarle a un puesto honorífico, será suficiente con convertirlo en jefe del Estado honorífico mientras Muñoz Grandes es nombrado presidente del Gobierno.

Quienes apoyan esta teoría sostienen que, en aras del prestigio que el comandante en jefe de la División Azul necesita para regresar a España y llevar a cabo su maniobra, la unidad juega un papel determinante en la Batalla de Leningrado -actual San Petersburgo-, Se cuenta que en aquellos días Hitler comentaba con frecuencia al general Alfred Jold, uno de sus más estrechos colaboradores: "Tenemos que impulsar todo lo posible la popularidad del general Muñoz Grandes porque la División Azul puede, en un momento dado, desempeñar un papel decisivo cuando suene la hora de derribar este régimen controlado por curas".

Los españoles entran en combate -según todos los comentaristas- con el coraje que se espera de ellos en la noche del 5 al 6 de octubre. Unas semanas después, cuando ya empieza a ser evidente que Leningrado no va a ser conquistada tan rápidamente como se ha calculado, todos los planes referidos a Muñoz Grandes comienzan a ser olvidados.

Aun así, antes de que el general regrese a España a finales de 1942, Hitler le distingue con la Cruz de Hierro con Hojas de Roble, la máxima condecoración de Reich, raramente concedida a un soldado no alemán.

En contra de esas teorías que hablan de los recelos existentes entre los dos militares, Franco concede a Muñoz Grandes la Palma de Plata, máxima condecoración falangista, y le asciende a general de división. Se dice que el antiguo jefe del cuerpo expedicionario español en Rusia mantiene contactos secretos con Hitler y que en la Nochevieja de 1942 convence al Generalísimo de la conveniencia de la entrada de España en la Guerra. No fue así, pero el antiguo héroe de Alhucemas sí alcanza las cimas más altas del anterior régimen. En 1943, Franco le nombra jefe de su Casa Militar; en el 45 -el mismo año en que es condenado por crímenes de guerra en el proceso de Nuremberg- se le confía la capitanía general de la Primera Región Militar.

Ya en 1951 es nombrado ministro del Ejército y en el 57, al cesar en dicho cargo, asciende a capitán general, rango que hasta entonces sólo ostenta Franco.

Vicepresidente del Gobierno, jefe del Alto Estado Mayor y de la Junta de Defensa Nacional desde 1962, en 1967 al ser aprobada la Ley de Sucesión y siendo el capitán general un reconocido antimonárquico -a don Juan ni siquiera le considera español-, Agustín Muñoz Grandes es destituido como vicepresidente del Gobierno, pero sigue ocupando todos sus cargos militares hasta su muerte, acaecida el 11 de julio de 1970.

jueves, 7 de febrero de 2013

Joaquín Ascaso Budría (1906-1977)

Su profesión de albañil le lleva a militar en el movimiento anarcosindicalista del que se convierte en auténtico héroe llegando a ocupar el cargo de presidente del Consejo de Aragón para posteriormente ser tachado de villano


La disolución del Consejo de Aragón, acontecida el 11 de agosto de 1937, supone el final del proyecto libertario en la región y el hundimiento de la persona que ha presidido este organismo en apenas esos 10 meses: Joaquín Ascaso.

La presidencia del Consejo de Aragón le llegaba, en octubre de 1936, de la mano de importantes dirigentes como Miguel Chueca o Antonio Ortiz, y gracias al prestigio que el apellido Ascaso le concedía. Era hermano de Domingo y Francisco Ascaso, este último un gran líder del anarcosindicalismo español, que había sido abatido a tiros el 20 de julio de 1936 en el asalto del cuartel de Atarazanas en Barcelona. Sin duda sus contactos y amistades en la cúpula regional ayudaron a que alcanzara este puesto, aunque Joaquín Ascaso era también un fiel y antiguo militante.

Su militancia comienza en el importante sindicato confederal zaragozano de construcción, al cual pertenece por su condición de peón de albañil. Se forma en la agrupación de los Indomables y colabora con el grupo de los Solidarios, al que pertenecen nombres tan destacados como Durruti, García Oliver o su propio hermano Francisco.

Ya en 1924 tiene que exiliarse a Francia tras un encarcelamiento y no volverá a España hasta la proclamación de la República. Durante el periodo republicano milita de manera muy activa. Se convierte en líder de los parados en las manifestaciones de agosto de 1931 y, junto con Chueca y Ramón Andrés, participa en la comisión de la CNT para discutir con las autoridades soluciones al paro.

Detenido en varias ocasiones, entra a formar parte del Comité de las recién creadas Juventudes Revolucionarias en Zaragoza y se convierte en representante del sindicato de la construcción en el congreso cenetista de 1936. En contra de la moderación de Abós, su predecesor, define los métodos violentos de resistencia.

La sublevación militar le sorprende en Barcelona, donde participa en su sofocamiento. Sin embargo, rápidamente acude al Frente de Aragón, enrolado en las columnas anarquistas, primero en la de Durruti y posteriormente en la Columna Ortiz.

Ya en Zaragoza, encabeza el pleno de dirigentes cenetistas en Caspe y participa en la Asamblea de Bujaraloz y en el pleno de Alcañiz, en los que se acuerda la creación del Consejo de Defensa de Aragón y su propia designación como presidente del mismo.

Su actuación en este órgano estuvo repleta de luces y sombras, aunque estas últimas sólo aparecieron después de la liquidación del organismo. Durante el tiempo que permanece en el Consejo de Aragón, la prensa será benévola con él, recibirá elogios públicos, a pesar de las discrepancias con el Comité Nacional de CNT en cuanto a la organización, será elegido presidente del Comité Regional y ni sus actuaciones ni su puesto serán nunca cuestionados, salvo desde sectores muy radicales de la CNT.

Sin embargo, la entrada de los grupos del Frente Popular en la dirección del citado Consejo, en enero de 1937, minimiza su poder.

El carácter de este organismo cambia y se convierte en una mera unidad administrativa más del Gobierno de Valencia. Además, los comunistas inician un ataque hacia las actuaciones cenetistas de Aragón, y también hacia su persona, que continuará tras la disolución del Consejo en agosto de 1937.

Con el fin del Consejo de Aragón llega también la decadencia de Joaquín Ascaso: no sólo pierde su poder, sino también su prestigio. Un día después de la disolución, Ascaso es encarcelado acusado de robar joyas. Nunca pudo demostrarse si la acusación era veraz o sólo una estrategia más de la campaña de descrédito lanzada desde los sectores estalinistas.

Ascaso pasa 32 días en la cárcel y a su salida no es recibido como un héroe por los suyos, sino que desde la propia CNT se comienzan a extender acusaciones de corrupción durante su presidencia. Se propaga la idea de que el departamento de Orden Público, que recauda dinero de multas e inspecciones para pagar las nóminas de los guardias de seguridad, se servía de una parte de este presupuesto para propaganda y asuntos propios. Estos puntos oscuros de su administración son difícilmente contrastables debido a la eliminación de los archivos de la Presidencia. Las acusaciones nunca serán probadas, pero crean la sospecha de que detrás del personaje público se esconde una doble moral. Las actuaciones de algunos de sus colaboradores tampoco le serán de mucha ayuda. Ezequiel Erla, su secretario, admite en una carta del 2 de octubre de 1937, que las nóminas del departamento de Orden Público de noviembre y diciembre del 36 están en su poder: "El dinero que estos compañeros pretenden saber dónde está, está en mi poder, y como yo al Estado tengo que responder con recibos o dinero, no soltaré ni una sola peseta mientras vosotros y yo, de común acuerdo, no hayamos encontrado una solución por medio de la cual no se perjudique ni a la organización, ni a Ascaso, ni a mí".

Ascaso pasa de héroe a villano. Los dirigentes de los comités aragoneses adoptan una actitud muy crítica hacia su figura y le excluyen de la actividad política y organizativa de la CNT en la región. El anarcosindicalista denuncia este aislamiento en tres informes donde solicita comparecencias ante los militares para explicar su actuación en el Consejo de Aragón. El Comité Nacional se opuso siempre a debatir el asunto.

A pesar de todo, Ascaso no cesa en su empeño, y en marzo de 1938, con un frente aragonés casi perdido, escribe una carta al Comité Regional poniéndose a disposición de la organización. Juan García Oliver le reclama en Andalucía, y dada la situación en Aragón, Ascaso se marcha con el veterano revolucionario Antonio Ortiz, para organizar la guerilla andaluza.

En julio de 1938 ambos abandonan España por Andorra, desde donde pasarán a Francia. Este gesto es visto por los milicianos como una deserción y su figura será definitivamente repudiada. Su estancia en Francia no es precisamente tranquila. Pasa siete meses en una cárcel de Marsella y sufre un intento de asesinato.

Finalmente marcha a Latinoamérica, primero a Bolivia, en 1947, y un año más tarde a Venezuela. Allí fija su residencia y se establece como trabajador en una fábrica de muebles.

A pesar del exilio al que se ve forzado, no sólo por la situación política de España sino por el olvido y abandono de sus propios compañeros, que le consideran un traidor, no deja de militar en el anarquismo activo. Hacia 1960 funda en Venezuela, junto a Ortiz y otros compañeros, el grupo Fuerza Única. Nunca volverá a España, falleciendo en Caracas en marzo de 1977.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Teniente José Castillo (1901-1936)

El asesinato del teniente Castillo, partidario de la República y simpatizante socialista, la noche del 12 de julio de 1936, convulsiona España y lleva a sus compañeros de la Guardia de Asalto a pedir venganza

José del Castillo Sáenz de Tejada nace en Alcalá la Real (Jaén) el 29 de junio de 1901. A los 18 años ingresa en la Academia militar de Toledo y una vez licenciado es destinado a Marruecos. En 1925 consigue ser ascendido a teniente y su nuevo destino se fija en el regimiento de Infantería de Alcalá de Henares. Con la proclamación de la República comienza a participar en la vida política, y sus simpatías se dirigen hacia la corriente socialista.

Cuando tiene lugar la Revolución de Octubre de 1934, el teniente se encuentra al mando de una sección de morteros destinada en Cuatro Caminos, cuya misión es sofocar una manifestación de apoyo a los revolucionarios asturianos. Las órdenes de sus superiores son claras: disolver la concentración. A pesar de ello y de la gravedad de la situación, el teniente no interviene y, tal como detalla el historiador Marino Aguilera Peñalver, Castillo proclama en voz alta: "Yo no tiro sobre el pueblo".

Su desacato es juzgado en consejo de guerra y Castillo es condenado a un año de cárcel. Pero el teniente cada vez se identifica más con la República y quiere jugar un papel más efectivo en su defensa. Por ello, al salir de prisión ingresa inmediatamente en la Guardia de Asalto, y de nuevo es destinado a Madrid.

El 16 de abril de 1936 se ve obligado a intervenir durante el entierro de un guardia civil fallecido dos días antes durante la celebración del 5º aniversario de la República. El entierro se transforma en una manifestación antigubernamental de la derecha y en el altercado el teniente mata a Andrés Sáenz de Heredia, primo de José Antonio Primo de Rivera, y dispara contra un estudiante de Medicina, que queda gravemente herido. Según la reconstrucción de los hechos hecha por lan Gibson, Castillo había perdido los nervios. A partir de ese día el teniente se convierte en uno de los principales objetivos de Falange.

Pese a los esfuerzos de la Guardia de Asalto por apartar al teniente del punto de mira de los falangistas, Castillo sufre dos intentos de asesinato, de los que sale ileso pero que obligan a las milicias socialistas que él entrena a escoltarle permanentemente.

La premonición se cruza en su camino el 12 de julio de 1936. José Castillo recibe una advertencia de boca de una compañera y militante socialista, Leonor Menéndez, durante la celebración de una corrida de toros en la plaza de Las Ventas. Menéndez le pide que tenga cuidado. Castillo, incomodado, replica: "No conseguirán que me esconda".

Esa noche, cuando se dirige hacia el cuartel de Pontejos, donde presta servicio, es abatido por cuatro encapuchados. Su cadáver es trasladado a la Dirección General de Seguridad. En el cuartel se comienzan a concentrar paisanos y guardias. La palabra que más se escucha es "venganza".

Noticias:

. El teniente de Asalto don José del Castillo fue muerto en la calle Augusto Figueroa (14/07/1936)
. En la madrugada del lunes fue secuestrado y muerto el señor Calvo Sotelo (14/07/1936)
. De la muerte del teniente de Asalto don José Castillo (14/07/1936)
. Entierro del cadáver del teniente de Asalto don José del Castillo (15/07/1936)
. "Si la reacción sueña con un golpe de Estado incruento, se equivoca" Indalecio Prieto (16/07/1936)

martes, 5 de febrero de 2013

Constancia de la Mora (1906-1950)

Nacida en la alta burguesía, culta y políglota, pronto comienza su militancia comunista y en noviembre de 1937 se convierte en la responsable de la Oficina republicana para la Prensa Extranjera


La responsabilidad de la organización y control de la oficina para la prensa extranjera del Gobierno republicano recae, desde noviembre de 1937, en una mujer, Constancia de la Mora. Militante comunista, culta y políglota, su función es tratar de convencer, sin demasiado éxito, a las democracias occidentales de la injusticia que cometían con su política de No Intervención y denunciar el apoyo que continuaban prestando Alemania e Italia al general Franco.

Esta vital y estratégica labor la inicia Constancia con tan sólo 30 años. Hasta ese momento había vivido una transformación personal, ligada íntimamente a los cambios sociales y políticos, que la lleva a situarse en el polo opuesto de lo que se esperaba de una mujer de su tiempo y de sus circunstancias. Nieta del político conservador Antonio Maura, De la Mora nace en 1906 en el seno de una familia de la alta burguesía madrileña y su infancia transcurre entre algodones. Se educa en los mejores colegios españoles y extranjeros con una meta clara, convertirse en la esposa de algún miembro de su clase social.

Son años de estrictas convenciones sociales en los que De la Mora comienza a desarrollar una incipiente conciencia social. Recuerda en sus memorias, Doble esplendor la visita de una amiga inglesa, a la que había invitado a la finca familiar en Segovia, y su encuentro con unos campesinos: "Traté de explicar a Ramón y a Higinia que Ann no comprendía nuestra lengua porque venía de un país extranjero en donde se hablaba de distinta manera, pero esto ellos no lo podían comprender. ¿Que no entendía lo que decíamos? Entonces es que la pobre señorita era sorda. Ramón e Higinia hablaban a gritos, tratando de hacer comprender a mi amiga inglesa (...). Yo sentí de repente una vergüenza terrible. Hasta entonces no había comprendido la profunda y trágica ignorancia de los campesinos analfabetos que labraban las tierras de mi padre. Y sentí vergüenza, no por ellos, sino por mi familia, por mí misma, pues sin saber todavía por qué, comprendí que nosotros éramos en gran parte responsables".

Sus veraneos en Zarauz (Guipúzcoa), y sus años en Cambridge comienzan a perfilar la visión crítica de De la Mora sobre todo lo que la rodea. A ello se une su matrimonio con un ocioso burgués malagueño, (curiosamente el hermano de Luis Bolín, quien será el encargado de la oficina de prensa extranjera en la zona nacional) que la hace profundamente infeliz. Enfrentándose a su mundo y con un poder notarial que le asegura la tutela de su hija Luli, Constancia le abandona. "Llegué a Madrid en marzo de 1931 para empezar una nueva vida, y me di cuenta de que España entera se disponía a hacer algo muy parecido".

Su ruptura con el pasado coincide políticamente con la proclamación de la Segunda República. De la Mora se convierte así en una mujer trabajadora e independiente con el apoyo de algunas amistades, entre ellas Zenobia Camprubí, esposa del poeta Juan Ramón Jiménez, en cuya tienda de artesanía de Madrid trabaja durante un tiempo. La apertura política republicana le permite convertirse en una de las primera mujeres españolas que se beneficia de la Ley del Divorcio, aprobada en 1932.

Con su independencia recuperada, se casa de nuevo, ahora con Ignacio Hidalgo de Cisneros, jefe de la Aviación republicana durante la Guerra Civil y compañero de lucha. Con él viaja a Roma, donde Ignacio ocupa el cargo de agregado aeronáutico en la embajada española y allí conoce a Rafael Alberti y a su esposa María Teresa León. A su regreso a Madrid les sorprende la sublevación militar de julio de 1936.

Al inicio de la Guerra, Constancia se pone al servicio de la República en la evacuación de niños procedentes de asilos hacia el Levante y su propia hija es evacuada a Rusia. Pero su contribución a la causa republicana resultará mucho más útil en la oficina de prensa extranjera. A comienzos de 1937 ofrece sus servicios a la Oficina de Prensa Extranjera, dirigida por Luis Rubio Hidalgo, y empieza a trabajar como censora. Un compañero le explica cual será su función: "Tendrá usted que emplear su mejor criterio (,..). El periodista le entrega su copia. Lo primero es leerla para asegurarse de que está escrita claramente en el idioma que sea y sin palabras que puedan tener doble sentido; en fin, que lo que está usted leyendo no tiene clave. Después (...), si el despacho trata de noticias corrientes o de carácter político, enterarse de si la noticia ha sido confirmada o es un mero rumor, en cuyo caso no deberá usted cursarlo, pues cuando se autoriza que un rumor pase por la censura del Gobierno es lo mismo que darle confirmación oficial".

Meses más tarde, en noviembre, el Gobierno se traslada a Barcelona y con él marcha la oficina de prensa. Entonces, el responsable, Luis Rubio Hidalgo, es enviado a la Agencia España, Oficina de Prensa Republicana en el extranjero, situada en París, y De la Mora le sustituye. Su trabajo le permite conocer a escritores y periodistas de todo el mundo a los que facilita los medios materiales necesarios durante su estancia en España. En sus memorias critica duramente a los que llama "buscadores de sensaciones... me parecía monstruoso que algunas personas distrajesen el aburrimiento de sus vidas viendo cómo moría nuestro pueblo". Constancia de la Mora habla del torrente de visitas que acoge España durante la Guerra: "Políticos en busca de una plataforma para conseguir los votos de sus compatriotas que creían así reparar la injusticia de sus gobiernos con el pueblo español y políticos que arribaron sin comprender nada y regresaron a sus países dispuestos a defender la causa de nuestro pueblo; poetas y escritores que vinieron a inspirarse y escribir la verdad, y otros que nos visitaron porque (...) se puso de moda".

Recién llegada a EEUU, en marzo de 1939, sigue en busca de ayuda para la causa republicana y decide comenzar a escribir su autobiografía en inglés, convirtiéndose en uno de los primeros testimonios de primera mano sobre la contienda, una obra elogiada en su momento por Hemingway y revisada más tarde por su primo, el escritor y ex militante socialista Jorge Semprún, sobre la que opina que "adolece de esa mezcla de buena conciencia y de mala fe en que consiste la ceguera habitual del militante comunista de aquellos tristes y ardorosos años".

Desde Nueva York sigue ayudando a los españoles que han tenido que refugiarse en los campos de concentración franceses y no pierde su ánimo combativo. "La Guerra en España no era una contienda civil, ni un conflicto de ideologías, sino la invasión de una nación pacífica y que quería ser independiente y democrática, con la connivencia de los Gobiernos reaccionarios de Francia e Inglaterra", dice. Constancia de la Mora muere a los 44 años, en Guatemala.

lunes, 4 de febrero de 2013

Enrö Gerö (1898-1980)

Militante comunista desde su juventud, en 1937 es enviado por Moscú a España para encargarse de la policía estalinista en Cataluña e informar a los dirigentes soviéticos sobre la situación del país


Asesor soviético de origen húngaro, acaba convirtiéndose en el enviado de Stalin en Cataluña y, como tal, bien podría ser definido como el hombre de las mil caras. Pocos son los que conocieron su verdadero nombre, Ernst Moritsovich Gere. Perfectamente camuflado bajo los seudónimos de Ernst Singer, Gere, Fierre o Ernö Gerö, en España se mueve bajo el nombre falso de Pedro Rodríguez Sanz.

Según la descripción de Caries Gerhard, comisario de la Generalitat en Montserrat, Gerö es un "hombre alto, de buena presencia, con rasgos eslavos, labios gruesos, facciones angulares, ojos sesgados y algo sanguinolentos, con una pose reservada y sobria, que hablaba poco y en un castellano correcto, pero no demasiado fluido".

Nacido en 1898 en Terbeguets, una pequeña localidad húngara incorporada años después a Checoslovaquia, y perteneciente a una familia de clase media, cursa dos años en la Facultad de Medicina de la Universidad de Budapest, donde ocupa un cargo de dirigente en la organización de la Juventudes Comunistas.

Después de una agitadísima actividad política a favor de la causa comunista en varios países europeos -es secretario de la Unión de Juventudes Comunistas de Checoslovaquia, secretario en la Oficina de Relaciones Extranjeras de la Unión de Juventudes Comunistas de Austria y militante de los partidos comunistas de Hungría, Francia y de la Unión Soviética-, desembarca en España, donde ejerce una sofisticada labor de espionaje durante la primera mitad de la Guerra Civil.

Su primer contacto con España tiene lugar en 1934, cuando comienza a trabajar asiduamente en el país como enviado de la Internacional Comunista (IC), según explica el historiador Agustín Guillamón. Durante los años siguientes continúa su labor en España: en agosto de 1936 permanece 10 días en el país para informar a los altos cargos moscovitas sobre la situación en que se encuentra "la cuestión española". En octubre del mismo año es enviado a Cataluña para informar sobre la entrada del líder del POUM, Andreu Nin, en el Consejo de la Generalitat.

A partir de 1937 es destinado exclusivamente a España, donde ejerce de consejero del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) y delegado de la Internacional Comunista o Komintern en el partido. Ambos cargos los compagina además con el de responsable de la NKVD (policía política estalinista) en Cataluña, a las órdenes del coronel Alexander Orlov, dirigente de la institución a nivel nacional.

Gerö tiene su despacho en el último piso de la emblemática Casa Milá (La Pedrera), donde vive Joan Comorera, secretario general del PSUC, y donde se se ha instalado una de las muchas checas que proliferan por toda Barcelona. Según varios testimonios, trabaja sin descanso -hasta 14 y 16 horas diarias- y siempre que puede lee la prensa extranjera.

Desde su puesto de consejero de la IC en el PSUC, según Guillamón, "dirigía el partido, señalaba la línea estratégica y política a seguir y preparaba con Comorera las intervenciones de éste". Esta posición le convierte en un elemento clave en la persecución llevada a cabo contra las bases anarquistas y el POUM durante los conocidos sucesos de mayo de la capital catalana.

Su puesto privilegiado en Barcelona le sirve para informar a Moscú a a través de varias cartas en las que analiza la evolución de la situación española. En la tercera de estas misivas, fechada el 22 de mayo de 1937, defiende la tesis de dar prioridad absoluta a ganar la Guerra frente a las intenciones anarquistas de hacer la revolución. A pesar de ello, hace una clara distinción dentro del movimiento anarquista entre "los elementos más irresponsables de la CNT, la FAI y las Juventudes Libertarias" -a los que acusa de haber "preparado el putsch de mayo"- y la burocracia de los comités superiores de las mismas, que no se muestran partidarios del golpe. Gérö identifica a esos "elementos irresponsables" en los comités de defensa, y en concreto en el Comité de Defensa del Centro y en la agrupación radical de los Amigos de Durruti.

Lo que Geró plantea es una política selectiva frente al movimiento anarquista a base de una implacable represión del sector critico (Amigos de Durruti, Juventudes Libertarias y algunos grupos revolucionarios) a la vez que se procede a la integración en el aparato de Estado a la burocracia dirigente. Esta carta concluye con el firme propósito de fortalecer el nuevo Gobierno de Negrín y conseguir la participación directa del PSUC en el Gobierno de la Generalitat, objetivo que se conseguirá el 29 de junio del 37. Para entonces, la CNT ya ha perdido su hegemonía a favor del PSUC y en Cataluña empiezan a crearse Tribunales de Espionaje y Alta Traición para perseguirá los revolucionarios de la CNT y el POUM.

El 30 de agosto de ese mismo año, Gerö envía su cuarto informe a los servicios de Inteligencia soviéticos. En él, analiza la política económica y la situación de los frentes militares, haciendo gala de sus conocimientos económicos y de táctica militar, a la vez que vuelve a insistir en la necesidad de un gobierno fuerte de unidad "antifascista", capaz de ganar la Guerra, en el que considera imprescindible la participación de los anarquistas.

Según las investigaciones de Agustín Guillamón, Gérö participa personalmente en el asesinato de Nin, orquestado por el general Orlov dentro de la conocida como operación Nicolaí. «Orlov, Juzik, Pedro (Gérö), Víctor y tres agentes españoles sacaron a pasear a Nin en automóvil. A mitad de la carretera de Alcalá de Henares a Perales de Tajuña (...) lo asesinaron y enterraron, según consta en una nota del propio Orlov, dirigida a Moscú con fecha del 24 de julio de 1937, conservada en los archivos del KGB".

El papel desempeñado por Gerö en la contienda española responde al poder de control que las altas jerarquías soviéticas ejercen en España, articulado en una pirámide de mando (más allá de los militares) y que también incluye como primera autoridad al búlgaro Stoyán Mínev (alias Stepánov) y al coronel Orlov, máximo responsable de la NKVD.

Ern Gerö abandona España a través de Estocolmo y llega a Moscú el 14 de septiembre de 1938. En la Unión Soviética goza de gran consideración, y en 1956 alcanza la dirección del Partido Comunista húngaro. En octubre del mismo año, ordena disparar sobre la multitud, decisión que desencadena una insurrección contra el régimen estalinista, aplastada con ayuda de tanques rusos. Poco después huye a la URSS, y no regresa a Hungría hasta 1961, donde es expulsado del partido, y donde permanece hasta su fallecimiento en 1980.

domingo, 3 de febrero de 2013

Julio Álvarez del Vayo (1891-1975)

Ministro de Estado en los gobiernos de Largo Caballero y Negrín, a lo largo de la Guerra se acerca progresivamente a posiciones comunistas y se muestra partidario de continuar la contienda a toda costa


El 18 de noviembre de 1937, Julio Álvarez del Vayo se ve obligado a dimitir de su cargo de comisario general de Guerra de la República -puesto al que ha llegado hace tan sólo algo más de un año- al encontrarse con la oposición de numerosos miembros del Partido Socialista, al que él mismo pertenece, que le acusan de "acercarse cada vez más a posiciones comunistas".

Periodista, escritor y diplomático, Álvarez del Vayo nace en Villaviciosa de Odón, Madrid, en 1891. Comienza la carrera de Derecho y a los 20 años obtiene una beca concedida por la Junta de Ampliación de Estudios que le permite trasladarse a Inglaterra, a la London School of Economics. Allí conoce a Sydney y Beatrice Webb, una pareja de sociólogos con los que mantiene largas conversaciones sobre el socialismo que finalmente le llevan a ingresar en el Partido Socialista Obrero Español.

Continúa sus estudios en Alemania, en la Universidad de Leipzig, donde traba amistad con Karl Liebknecke y Rosa Luxemburgo, la cual, según sus palabras, le influye muchísimo en sus pensamientos políticos. Así lo escribe en su libro de memorias, Dadme combate: "De las conversaciones que tuve con Rosa aprendí que la primera tarea de un verdadero socialista es la de no desesperar nunca, no parar jamás, luchar incluso cuando la situación parece de lo más adversa. Tampoco hay que tener miedo a quedarse aislado, el aislamiento desaparecerá gradualmente y el grupo se transformará en algo fértil si mantiene la perseverancia y el entusiasmo. No todo pueden ser éxitos".

En Alemania participa en la campaña contra la guerra imperialista que lleva a cabo este país en África y en las movilizaciones de masas que tienen lugar por el asesinato del dirigente socialista francés Jean Jaurés. Como consecuencia de su participación en el movimiento revolucionario es expulsado del país, y en 1914 se marcha a EEUU donde comienza su carrera periodística como corresponsal de El Liberal. Años más tarde vuelve a Alemania, desde donde trabaja también como corresponsal para varios periódicos: el argentino La Nación, el inglés Manchester Guardian, y el madrileño El Sol. Su primer viaje a la URSS lo realiza como miembro de la misión Nansen, creada para organizar la ayuda al pueblo ruso, y en este país escribe La nueva Rusia y La senda roja. En estos libros, Vayo defiende la Revolución de Octubre y la construcción del socialismo. De Lenin, a quien tiene la oportunidad de conocer en Alemania apunta: "el camarero del café donde Lenin iba una vez por semana no le daba mucha importancia. El café era frecuentado por jóvenes estudiantes, escritores y pintores. Yo era el único que conocía a Lenin. Un día el camarero nos dijo: '¿Ven a ese hombre, el de la pequeña barba que está sentado en el rincón? Pues está loco. Dice que uno de estos días va a volver a Rusia a hacer la revolución y que la va a ganar'".

El 14 de abril de 1931, día de la proclamación de la Segunda República en España, Vayo se encuentra en medio del gentío que inunda la Puerta del Sol de Madrid. Ha participado en las luchas populares contra la Monarquía y allí, en el centro de la ciudad, subido a un automóvil, ofrece un mitin a las masas republicanas que se concentran en tomo a él. En las primeras elecciones que siguen a la instauración del nuevo régimen, es elegido diputado a Cortes y el Gobierno republicano le nombra embajador en México.

Más tarde será designado para ser el primer representante de la República en la Unión Soviética, pero nunca llegará a tomar posesión de su puesto, ya que en esos momentos acaba de caer el Gobierno de Azaña, que es sustituido por una coalición de derechas liderada por Lerroux, y Vayo se niega a "ser embajador de un Gobierno prefascista".

Menos de dos años después, el 16 de febrero de 1936, Vayo, entusiasta partidario del Frente Popular, es elegido diputado a Cortes por Madrid. Desde este puesto mantiene una estrecha relación con el mundo cultural español gracias a su amistad con escritores como Machado y Valle Inclán y a su defensa a ultranza de las letras.

De esta manera, poco a poco va a convertirse en una de las figuras más importantes del ala izquierda del PSOE, partidaria de la unidad de acción con los comunistas.

En septiembre de 1936 es nombrado ministro de Estado del Gobierno de Largo Caballero y una de sus principales tareas en el cargo será la de denunciar la intervención germano-italiana en la contienda española y lo que llama la "farsa de la No Intervención", a la vez que busca apoyos para la causa republicana. Desde el 5 de noviembre de este mismo año, es también el representante de España ante la Sociedad de Naciones. En Ginebra, su sede, pronuncia una serie de discursos en los que acusa al Comité de No Intervención de situar al mismo nivel la legalidad republicana y el Gobierno de los alzados, lo que califica de "monstruosidad jurídica".

"Que el régimen normal de las relaciones comerciales de España se encuentre súbitamente interrumpido, que la exportación de la materias de guerra para el Gobierno español cese bruscamente, que los contratos firmados por el Gobierno español antes de la sublevación sean anulados, (todo ello) ha sido hecho únicamente en detrimento del Gobierno y, por consecuencia, en provecho de los rebeldes (...). Cada defensor español de la República y la libertad que cae en el frente por el fuego de estas armas importadas de la manera más cínica y en cantidad mayor, a pesar del Acuerdo de la No Intervención, es una demostración irrefutable del crimen que se comete contra el pueblo español. (...) El suelo ensangrentado de España es ya en realidad un campo de batalla de una guerra mundial".

Días después de este discurso, Antonio Machado escribiría en La Vanguardia de Barcelona: "La voz de España ha sonado serena, cortés y varonil en boca de Álvarez del Vayo".

Un poco antes, en octubre del 36, el Frente Popular había creado el Comisanado General de Guerra, organismo del que Vayo es designado comisario general, lo que le lleva a entregarse a la tarea de promocionar a los luchadores más decididos, capaces y fieles combatientes "antifascistas", por encima de cualquier otra consideración.

En un acto de homenaje al pueblo soviético, realizado en el teatro Calderón de Madrid, el 30 de este mismo mes de octubre, Vayo declara: "Es todo un pueblo el que se niega en España a caer nuevamente en un régimen de inquídad social, con un salto atrás de varios siglos, que rechaza el ser rebajado por un puñado de traidores, capaces, con tal de asegurar sus privilegios de casta, de vender en retales su propio país".

Para muchos, sus posturas se están escorando demasiado hacia la izquierda, lo que hace que algunos le acusen de entregarse al comunismo. El propio Largo Caballero dice de él: "se titulaba socialista, pero se hallaba incondicionalmente al servicio del Partido Comunista". Estas críticas le llevan, el 18 de noviembre de 1937, a presentar su dimisión irrevocable como comisario general de Guerra de la República.

A pesar de ello, desde el 5 de abril de 1938 volverá a desempeñar el puesto de ministro de Estado en el segundo Gobierno de Negrín.

Partidario de la resistencia hasta el fin, propone continuar la contienda mediante la guerra de guerrillas e intenta quedarse en España para impulsar la resistencia armada frente al franquismo, pero Negrín le da la orden de salir de España y le obliga a tomar uno de los últimos aviones republicanos que parten desde Alicante hacia Francia. Ante la inminente caída de Barcelona, organiza la evacuación de una gran parte de las obras de arte pertenecientes al museo del Prado, que se hallan en Figueras, trasladándolas a Ginebra, Suiza. También desde Francia participa en la organización de auxilio a los refugiados que habían cruzado la frontera.

En las últimas semanas de la Guerra intenta, junto al presidente del Gobierno, Negrín, lograr una paz con los nacionales, pero no logra su objetivo y tras el golpe de Estado de Casado abandona definitivamente España.

Más tarde se traslada a Nueva York, donde trabaja como redactor jefe de The Nation y escribe el libro Freedom's Battle (Las batallas de la Libertad), sobre la Guerra en España.

El presidente de México, Lázaro Cárdenas, le ofrece una alta condecoración y la nacionalidad mexicana, pero Álvarez del Vayo rechaza estos honores contestándole : "¿Tal ofrecimiento se lo hará a todos y cada uno de los refugiados republicanos españoles? Entonces, a mí tampoco, sólo aspiro a ser un combatiente, un exiliado más".

En Estados Unidos participa en la creación del periódico Free World junto a otros exiliados europeos antifascistas y recibe el premio de Periodismo Especializado en asuntos internacionales que anualmente otorga la Asociación Internacional de Periodistas. En 1950 publica El último optimista, otro volumen sobre la Guerra Civil española.

Por su carácter combatiente y sus ideales cercanos al comunismo vuelve a a tener problemas en el PSOE y funda la Unión Socialista Española (USE) y, posteriormente, en 1964, el Frente Español de Liberación Nacional (FELN). En ¡Frente!, órgano de expresión del FELN escribiría Vayo en enero del 69: "La descomposición del Régimen no basta por sí misma para poner fin a la dictadura y cerrar el paso a un franquismo sin Franco, (...) abogamos por una intensificación de la lucha en todas las direcciones".

Durante la posguerra, invitado por las autoridades de la República Popular viaja a China, a consecuencia de lo cual el Gobierno de EEUU le retira el derecho de residencia y la entrada en el país. Hasta su muerte, sólo se le permite volver a viajar allí en contadas ocasiones, siempre como periodista acreditado por Naciones Unidas.

Desde entonces, vuelca su trabajo en China, adonde viaja constantemente y escribe varios libros y trabajos periodísticos defendiendo la revolución maoísta. En 1970 escribe La marcha del socialismo y tres años más tarde Dadme combate, su libro de memorias.

Durante los años 60, Álvarez del Vayo mantiene un estrecho contacto con las fuerzas revolucionarias que surgen en oposición a la reconciliación y al abandono de la lucha. Tras el proceso de Burgos, en enero de 1971, participa en la constitución del comité coordinador del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota, el FRAP.

El FRAP se constituye el 24 de noviembre de 1973 en una conferencia nacional celebrada en París en la que Álvarez del Vayo es elegido presidente. El FRAP pretende derrocar la dictadura franquista mediante la lucha revolucionaria con el fin de establecer una República Popular y Federativa para garantizar las libertades democráticas y los derechos para las minorías nacionales, liquidar los restos del imperialismo español y fundar un nuevo ejército al servicio del pueblo.

La declaración fundacional es firmada por muchas organizaciones políticas: Oposición Sindical Obrera (OSO), Unión Popular del Campo (UPC), Unión Popular de Mujeres (UPM), Federación Universitaria Democrática Española (FUDE), Unión Popular de Artistas (UPA) y Juventud Comunista de España (marxista-leninista) entre otras, pero esta unión de partidos es en realidad artificial, puesto que todas son entidades creadas y controladas por el PCE.

Opuesta a todo tipo de pacto, incluso con militares demócratas o la Iglesia progresista, resulta ser una organización cada vez más apartada de los movimientos políticos reales que se realizan en oposición a la Dictadura.

Desde sus orígenes, el FRAP protagoniza múltiples acciones contra la Dictadura y denuncia abiertamente la política "revisionista" seguida por la dirección del PCE y Santiago Carrillo al haberse apartado, según los marxistas-leninistas, de las teorías y dogmas generales del comunismo estalinista.

Los análisis políticos sobre la crisis de la Dictadura llevan al FRAP a la lucha armada y desembocan en varios atentados contra miembros de la policía en el verano de 1975.

Como dirigente del FRAP, Álvarez del Vayo escribe numerosos artículos, realiza entrevistas, da conferencias, y hasta en sus últimos días, sigue manifestando su fuerte postura republicana.

Dos meses antes de su muerte escribe para Acción: "El objetivo número uno que se plantea al pueblo tiende a impedir que el drama español termine en una mascarada. Es muy distinto que la Monarquía, de venir, venga en un ambiente de lucha que en un ambiente de verbena. La lucha que la acompañe será el punto de partida para la continuidad de una acción revolucionaria".

"Ello lleva consigo", continúa, "la proclamación de una huelga general en el momento mismo en que se intente instalar a Juan Carlos en el trono. Será una manifestación más del pueblo español de hacer oír su voz". El 3 de mayo de 1975, Álvarez del Vayo fallece en Ginebra.

sábado, 2 de febrero de 2013

Georges Bernanos (1888-1948)

Escritor francés, afincado en Mallorca y declarado católico, en un principio se identifica con los alzados pero, al conocer las matanzas que cometen en la isla, denuncia su actuación y la de la Iglesia, a la que acusa de encubridora


"La cifra (de muertos) que les voy a dar me ha sido facilitada por el jefe de la represión de Palma. A principios de marzo de 1937, después de siete meses de Guerra Civil, se podían contabilizar tres mil asesinatos (...)". Así describe Bernanos la situación de la isla de Mallorca al comenzar la Guerra. Pensaba el bando nacional que la llegada de Georges Bernanos a España al inicio de la contienda vendría a engrosar la lista de escritores católicos franceses que, al estilo de Paul Claudel, glorificarían las ansias de los rebeldes en su "cruzada" contra "el mal", pero se equivocaron.

Georges Bernanos, nacido en París en 1888, es para algunos un hombre polémico y para otros un cristiano muy particular. Desde luego, como periodista y escritor, no ahorra críticas para con casi ninguna familia ideológica. Definido por alguno de sus biógrafos como de derechas -término que rechaza a lo largo de toda su vida-; católico exaltado y monárquico, los textos que este estudiante de Derecho y luego agente de seguros por necesidad económica escribe en Palma de Mallorca en 1937 sirven para denunciar la "purga" de "sospechosos" por parte de los franquistas y el papel de la Iglesia española -y especialmente del obispo de la capital balear- como encubridora de los crímenes. Los grandes cementerios bajo la luna, el libro en el que se relata todo ello, es un golpe directo desde dentro a los cruzados.

Aunque en un primer momento el francés se ve seducido por el levantamiento de Franco, pronto cambia de opinión. "A decir verdad, mis ilusiones puestas en la tarea del general no duraron mucho, algunas semanas. (...) Si hace falta decirlo, recibí a los primeros aviones italianos sin disgusto".

Las caravanas de la muerte, el convencimiento de que "la población mallorquína" era, en el fondo, "indiferente a la política" y el servilismo de la Iglesia con la "misión" de los rebeldes convirtieron España, a los ojos de Bernanos, en un "país infeliz" librado a la suerte de "esta especie de demonio".

Bernanos se instala con su mujer y con sus seis hijos en Palma de Mallorca buscando una vida más económica que en Francia. "Me refugié en una isla porque el precio de la carne y las patatas son todavía abordables". Por aquel entonces era ya un escritor reputado en su país (en 1926 había escrito Bajo el sol de satán, llevada al cine 60 años más tarde, y La Impostura, 1928) y un encendido columnista en el diario Le Figaro. Desde este periódico lanza una dura crítica a otro escritor católico francés, Francois Mauriac, quien también denunciará el levantamiento franquista. Ya en España, uno de sus vástagos, Yves, se une a Falange, anécdota que incluirá en Los grandes cementerios bajo la luna para demostrar que el posicionamiento político de los mallorquines no es en sí mismo un desencadenante del conflicto en la isla: "Mi hijo ha recorrido durante un año las reuniones de propaganda (de Falange) sin que él o sus camaradas intercambiasen con sus adversarios nada más grave que puñetazos".

La insumisión de Bernanos para con causas que, en un primer momento, le podían haber parecido más o menos justas, es una constante en toda su vida. Mientras todavía cursaba estudios de Derecho y Letras, se une al movimiento de Charles Maurras, Action Française, una agrupación nacionalista antirrepublicana y antiparlamentaria, de la que sería expulsado, entre otros motivos, tras la publicación en 1930 de El gran miedo de los bien pensantes, una crítica de los extravíos de la Iglesia y del "aburguesamiento" de Action Française. Sus compañeros de armas no llegan a comprender nunca su escepticismo frente a la extrema derecha ni su denuncia a los crímenes franquistas durante la Guerra Civil. Bernanos es capaz de apoyar el antisemitismo de la Francia que vivió el caso Dreyfus y criticar ferozmente las atrocidades del racismo nazi.

La constante lucha de Bernanos contra la hipocresía y los crímenes que están teniendo lugar en la Europa de Hitler y Mussolinni le sirve también para ganarse la amistad y el respeto de escritores, como Albert Camus y políticos ideológicamente comprometidos con la izquierda.

Simone Weil, que luchó al lado de los republicanos, desencantada con el cariz que estaba tomando el conflicto, le escribe en una carta: "Tú eres monárquico, discípulo de Drumont... ¿qué me importa? Estás mucho más cerca que mis camaradas de las milicias de Aragón, camaradas que, sin embargo, yo amaba".

Bernanos deja Palma de Mallorca en la primavera de 1937, y rehace, a su llegada a Francia, el manuscrito del libro, que se extravió en la isla. Los tres años que el escritor pasa en España cuentan entre los más prolíficos de su trayectoria literaria. Además de Los grandes cementerios, Bernanos concluirá en la capital balear alguna de sus novelas más célebres. M. Ouine, Un mal sueño y especialmente la reconocida Diario de un cura rural con la que obtiene, en 1936, el Grand Prix du Román, se cuentan entre sus páginas de mayor éxito.

Tras un breve periodo en Francia, Bernanos se marcha a América Latina. Se instala primero en Paraguay y más tarde en Brasil, haciendo realidad un viaje con el que soñó toda su infancia. Cuentan sus biógrafos que la mirada del escritor impresionaba a todo el que se lo encontraba por primera vez. En ella estaba la huella del niño que nunca dejó de ser, del niño con el que se comprometió toda su vida, del niño para el que, según sus propias palabras "necesitaba escribir".

Hasta tal punto era importante la infancia en las obras de Bernanos que, en una de ellas, con el objetivo de lanzar el peor reproche a las dictaduras modernas, el escritor exclamará ofendido: "Habéis mandado a los pueblos al colegio". En una de las muchas reflexiones que sobre este tema emitirá en su obra sobre los crímenes del franquismo en Palma, llega a decir: "¿Qué importa mi vida? Sólo pretendo ser fiel al niño que fui".

En 1940 toma partido por el general De Gaulle, aunque la Francia liberada no le provoca ningún entusiasmo. Su desilusión con el rumbo político y moral de su país queda reflejado en Franceses, si supierais, un ensayo que escribió en Túnez.

Bernanos muere en Neuilly-sur-Seine en 1948 después de rechazar cuatro veces la medalla de la Legión de Honor y la propuesta como miembro de la Academia Francesa. Hasta el último momento defendió a ultranza su religión. "Ni demócrata, ni republicano, ni de izquierdas, ni de derechas, ¿qué soy acaso? -escribe en Los grandes cementerios bajo la luna- soy cristiano". Y sobre el franquismo termina diciendo: "Puede ser que un día, el autor de la futura Historia de la Iglesia utilice estas modestas páginas para (...) probar que no toda la opinión católica estaba con estas gentes".

viernes, 1 de febrero de 2013

Cardenal Pedro Segura (1880-1957)

Arzobispo de Toledo con Alfonso XIII, durante la República se radicaliza y es obligado a abandonar el país hasta que la Guerra propicia su vuelta, dedicándose a defender el catolicismo pero alejado del régimen franquista


Proveniente de una familia de clase baja, con una vida llena de privaciones, la única esperanza de futuro que sus padres, ambos maestros de una escuela rural, ven para él y sus hermanos es la carrera sacerdotal. Así, Pedro Segura Sáenz, nacido en Carazo, Burgos, el 4 de diciembre de 1880, ingresa con tan sólo 11 años en el colegio de San Pedro de Cárdena, regentado por los padres escolapios, e incorporado al seminario conciliar de Burgos.

Allí, su inteligencia le granjea la estima de sus profesores y a los 14 años es admitido en el prestigioso seminario de Comillas. Durante 12 años, el exigente plan de estudios impartido en Comillas prepara a Segura para desempeñar, no sólo las tareas de un cura de aldea, sino también las delicadas funciones reservadas a la alta jerarquía eclesiástica. En 1904, el seminario pasa a convertirse en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se imparten tres carreras: Teología, Filosofía y Derecho Canónico. Allí concluye Segura sus estudios, con la calificación de merítissimus. En esta época también cae enfermo de una dolencia hepática aguda, con la que tendrá que luchar hasta su muerte.

En 1906 recibe la orden del presbiterado y se doctora en Teología, pero continúa estudiando en Comillas, hasta que en 1908 concluye un segundo doctorado, esta vez en Derecho Canónico. Su primer destino como sacerdote es la humilde parroquia rural de Salas de Bureba, en su provincia natal, pero, apenas un año después es reclamado desde Burgos, donde el cardenal Aguirre le nombra catedrático de Derecho Canónico en la Universidad Pontificia de dicha ciudad.

En 1912, obtiene su tercer doctorado, esta vez en Filosofía y consigue la Canonjía doctoral de Valladolid. Su carrera ascendente continúa hasta que, en 1916, es nombrado auxiliar del arzobispo en Valladolid. Su brillante trayectoria comienza entonces a causar preocupación entre su círculo de allegados, conscientes de que su ya evidente falta de tacto político y diplomático podría ocasionarle problemas con las altas esferas. Efectivamente, a los 40 años, Segura experimenta el primer castigo a su brusco carácter al ser nombrado obispo de Coria (Cáceres), la diócesis más pobre de toda la Península.

En 1926, tras la muerte del arzobispo de Burgos, Segura ocupa su cargo gracias a la influencia del rey Alfonso XIII. Sin embargo, pese a su buena relación con el monarca, durante este periodo tiene un choque con el general Primo de Rivera, debido a una pastoral en la que el cardenal critica varios gestos de la dictadura hacia la Iglesia. Esto le lleva a ser sancionado y citado en Madrid, pero regresa a Burgos tras demostrar la inconsistencia de las acusaciones vertidas contra él.

Un año después, Alfonso XIII nombra a Segura arzobispo primado de Toledo y, tras ciertas dudas, éste accede al cargo, convirtiéndose en el prelado más joven en ocupar la jefatura de la Iglesia española. Tras la muerte de Primo de Rivera en 1930, Alfonso XIII asume el control del Estado, con el apoyo incondicional de Segura. El cardenal trata de extender la popularidad de la monarquía entre los fieles, alegando que "es deber primordial de todo católico intervenir activamente en política" para defender la religión.

Segura no sólo se limita a defender al rey, sino que también interviene en la propaganda contra la ideología marxista y denuncia la persecución de la Iglesia que había tenido lugar en Rusia. Con el advenimiento de la Segunda República, el cardenal se torna aún más inflexible y se posiciona políticamente a favor de los partidos de la ultraderecha española. Su antirepublicanismo provoca una grave campaña en su contra y termina siendo expulsado del país por una pastoral hecha pública el 7 de mayo, en la que alerta a sus seguidores de que "si dejamos abierto el camino a todos aquellos que intenta destruir la religión (...) no tendremos ningún derecho a quejarnos cuando la realidad nos muestre que hemos tenido la amarga victoria en nuestras manos, pero que no hemos sabido luchar (...)". Así, ese mismo mes de mayo, Segura tiene que marchar a Roma donde permanece hasta el 10 de junio. En esa fecha regresa clandestinamente a España, pero la Guardia Civil le detiene por orden del ministro de Gobernación, Miguel Maura, que le acusa de haber recomendado la enajenación de los bienes eclesiásticos antes de la revisión del concordato con la Santa Sede.

Segura es llamado de nuevo a Roma, donde permanece seis años bajo la protección del papa Pío XI. Allí asiste impotente al desarrollo de la Guerra Civil hasta que, en 1937, la muerte de su hermano Emiliano en un accidente de automóvil precipita su regreso a España. Por entonces, Pío XI hacía tiempo que deseaba otorgar a Segura un puesto en el Vaticano, pero éste se mantenía firme en su deseo de permanecer en la Península.

El 10 de agosto de ese mismo año, el fallecimiento del cardenal Ilundain deja vacante la diócesis de Sevilla y, el 14 de septiembre, ésta es ocupada por Pedro Segura. A partir de ese momento, el cardenal inicia una ardiente labor para defender el papel de la Iglesia Católica en España, pero sin respaldar las cruentas proclamas de los generales nacionales, que abogan por la "completa aniquilación del adversario" republicano. Los ideólogos del franquismo -que habían conseguido atraerse a gran parte del clero español con su defensa del nuevo nacional-catolicismo- fracasan en sus intentos de ganarse a Segura para su causa. A medida que comienza a perfilarse el régimen totalitario de Franco, el cardenal cambia sus pastorales para defender "los derechos de los católicos a crear y disponer de asociaciones profesionales".

La férrea voluntad del cardenal de Sevilla choca constantemente con la de las autoridades franquistas y el obispo se termina convirtiendo en uno de los protagonistas del soterrado enfrentamiento entre el mundo católico y la España de los nacionales. En 1938, Segura se niega por principios a celebrar misas de campaña durante los actos militares, saboteando el espíritu de cruzada religiosa que había adoptado el Generalísimo con respecto a la Guerra. En noviembre de ese año, se opone rotundamente a un decreto que establece que en los muros de todas las parroquias figure una inscripción con los caídos del bando nacional y llega a a amenazar con la excomunión a quienes se atrevan a utilizar las paredes de la catedral sevillana como propaganda política. Este hecho confiere definitivamente a Segura el título de enemigo de Falange y Franco llega a decir de él: "Es una Cruz que me ha mandado Dios". Por este motivo, las autoridades nacionales le van a retirar numerosos poderes que recaerán en el arzobispo auxiliar de la diócesis sevillana, José María Bueno. Pese a todo, el cardenal Segura se mantiene en su cargo y permanecerá en Sevilla hasta su muerte, el 8 de abril de 1957.