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martes, 22 de enero de 2013

Sebastián Pozas Perea (1876-1946)

General fiel a la República, forja junto a Miaja la vanguardia del Ejército leal y, como responsable último del mando militar en Cataluña, intenta acabar con la pugna entre estalinistas y anarquistas en Barcelona


Este general de brigada, procedente del arma de Caballería, está al frente de la ofensiva hacia Zaragoza y es uno de los protagonistas más significativos de los enfrentamientos de mayo de 1937 en Barcelona. Bajo presión del PCE, Largo Caballero designa a Sebastián Pozas -ex jefe de la Guardia Civil y secretamente afiliado con los comunistas- para hacerse cargo del mando militar en Cataluña a la vez que ordena a su ministro de la Gobernación el envío inmediato de varios miles de guardias de asalto a la región para calmar la revuelta. Otra de las misiones que Pozas debe cumplir en Cataluña es la de controlar todos los servicios de Orden Público de la Generalitat como jefe de la Cuarta división orgánica, desplegada por todo el Frente de Aragón.

Para algunos autores, Sebastián Pozas es uno de los militares profesionales más capacitados del bando republicano durante toda la contienda. Estuvo a cargo de los ejércitos fieles al Gobierno en los principales frentes de batalla y fue el responsable de que gran parte de la Guardia Civil permaneciera junto a la República en los primeros momentos del alzamiento. Se trata, según afirma Jorge Martínez Reverte en La Batalla de Madrid, "de un nombre clave en la resistencia a la sublevación. A él se debe que la mitad del cuerpo permaneciera leal a la República. Pozas fue uno de los miles de españoles que vivieron situaciones desgarradoras. Su hermano menor, el teniente coronel de Infantería Gabriel Pozas, se unió a los sublevados el 17 de julio en Pamplona y fue ayudante del general Mola. Los dos hermanos están frente a frente en la sangrienta pugna por Madrid".

De joven tiene una participación muy activa en la Guerra de Marruecos, en la que logra varios ascensos por méritos de guerra y una medalla militar individual. En plena dictadura de Primo de Rivera asciende a general. En febrero de 1936 es nombrado Director General de la Guardia Civil y Franco, en aquellos momentos jefe del Estado Mayor Central del Ejército, ante la victoria del Frente Popular, se pone en contacto con él para que presione al jefe del Gobierno, Manuel Pórtela Valladares, y declare el estado de guerra. En los momentos previos e inmediatamente posteriores al golpe, la fidelidad de Pozas al Gobierno republicano tiene una considerable influencia en el fracaso de la sublevación en algunas ciudades de las más importantes como Barcelona, Madrid o Valencia. De su pluma sale la orden que conmina a sus tropas a que cumplan "con absoluta lealtad el precepto reglamentario de permanecer fieles a su deber por el honor de la Institución", y en la que se muestra acorde "con la distribución de armas entre los afiliados a los partidos políticos" durante los días del conflicto.

A pesar de que, según afirma Michael Alpert en El Ejército republicano en la Guerra Civil, "la mayoría de los generales no eran leales a la República, o más bien al Gobierno frentepopulista", forma junto a los generales Queipo de Llano, Martínez Monge, Gámir, Miaja, Cabrera y Bernal, la vanguardia de las tropas tricolores, aunque todos ellos superan con creces los 60 años de edad.

En aquellos primeros días del conflicto, los franquistas le atribuyen este telegrama (sin aportar pruebas) que supuestamente envía Pozas al primer jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Huelva: "Salga para Sevilla columna Guardia Civil, Asalto y Mineros. Sofoque rebeldía como sea. Incendien templos. Violen mujeres sinvergüenzas fascistas y destruyan la ciudad con dinamita".

Es nombrado ministro de Gobernación el 19 de julio de 1936, dentro del Gabinete que preside José Giral, pero retiene el mando sobre las tropas de la Guardia Civil, en cuyo funcionamiento introduce una serie de reformas, entre ellas el cambio de nombre, que pasa a ser el de Guardia Nacional Republicana, aunque algunos historiadores han valorado negativamente su actuación al frente de este departamento ministerial durante este periodo. Ante el avance de las tropas nacionales hacia Madrid, Pozas es designado jefe del Ejército del Centro, pero va distanciándose cada vez más del presidente del Gobierno, Largo Caballero, con quien se niega, junto a Miaja, a entrevistarse en Valencia alegando que la grave situación militar en la capital impide que abandonen sus puestos de combate.

El 30 de septiembre ordena la militarización de las milicias, y el 10 de octubre, Pozas dirige la creación de las seis primeras brigadas mixtas que entran en combate enseguida.

Mientras que el Gobierno republicano sale de Madrid y los franquistas alcanzan la línea Retamares-Carabanchel-Villaverde, una anécdota, recogida por el historiador Manuel Tuñón de Lara en su obra La Guerra Civil española 50 años después, pone de manifiesto el descontrol y la confusión que se vive en los frentes de batalla en aquellos instantes. Largo Caballero deja, antes de salir de Madrid, dos sobres lacrados con órdenes para sus generales Miaja y Pozas, pero las órdenes contenidas en la carta de Miaja son para Pozas y viceversa. A Pozas se le encomienda dirigir el repliegue de tropas, en caso de que la capital caiga, hacia Cuenca. A Miaja se le pide que la ciudad resista hasta las últimas consecuencias. Los asesores soviéticos no dejan de quejarse durante las operaciones por la descoordinación entre las columnas de Infantería de Pozas, al que consideran un inepto, y los carros de combate del coronel Krivoshein. Esa ausencia de entendimiento provoca varios desastres en el frente. Los franquistas destruyen varios tanques soviéticos y capturaron otros tantos blindados.

Pozas prepara la Batalla del Jarama, donde diseña la ofensiva republicana. El Estado Mayor del Centro, dirigido por el general Martínez Cabrera, planea un avance, que partiendo del sector del Jarama, debe cortar las comunicaciones del Ejército franquista entre Toledo y el Frente de Madrid. La operación a cargo de Sebastián Pozas se completaría con otra hacia Navalcarnero y Brunete dirigida por Miaja. Después, también participa en la Batalla de Guadalajara.

Cuando estalla en Barcelona el enfrentamiento de mayo de 1937, Pozas es nombrado jefe del Ejército del Este con sede en Barcelona. Por entonces ya es miembro del PCE. El Gobierno central le encomienda incautarse de todos los servicios de Orden Público de la Generalitat para terminar con las revueltas de los estalinistas y los anarquistas en la capital catalana.

En agosto de 1937 Pozas comanda la toma de Belchite, como general jefe del Ejército del Este, participando en la liquidación de las colectividades anarcosindicalistas y disolviendo el Consejo de Aragón. Pero su fracaso en la ofensiva global de Zaragoza y la ineficacia de la sangrienta Batalla de Teruel llevaron a Negrín a sustituirle.

En el ocaso de la contienda ocupa la comandancia militar de Girona y Figueres. Perdida ésta se exilia a México donde muere en 1946.

lunes, 21 de enero de 2013

Frederic Escofet (1898-1987)

Militar vocacional, luchará al lado de la República destacando en el sometimiento de la sublevación militar en Barcelona y participando, al frente del Arma de Caballería, en batallas clave como la de Belchite


Frederic Escofet Alsina nace en Barcelona en 1898 en el seno de una familia burguesa acomodada, próxima a la aristocracia, de la que recibe una educación conservadora.

En sus raíces encuentra la tradición artística de su familia materna y la industrial de la paterna, aunque sus intereses acaban por apuntar hacia otro lado. El deseo de su padre pasa porque Frederic continúe con la empresa familiar, por lo que cuando a los 18 años su hijo le pide autorización para ingresar en la Academia de Caballería de Valladolid se lo concede bajo la condición de que también comience estudios de Ingeniería en la Escuela Industrial de Terrassa -donde aprueba tres cursos-. Al término de su instrucción castrense alcanza el grado de alférez y solicita su traslado al Grupo de Regulares de Larache en la contienda marroquí. En el frente será herido en tres ocasiones y será la última de ellas la que le devuelve a la Península malherido. La labor desempeñada allí le proporciona numerosas condecoraciones que pesan, sin lugar a dudas, para su ascenso a capitán en 1926.

Aunque una vez recuperado de sus lesiones se propone volver al campo de batalla, las presiones de su esposa, Josefina Rahola, unidas a las de quien sería su superior, el coronel Ramón Puig, le convencen de lo contrario.

Escofet es destinado entonces al Regimiento de Cazadores Treviño 26°, en Vilafranca del Penedés, donde permanece hasta 1930; un largo periodo que aprovecha para ampliar su formación militar.

Esta etapa de su vida coincide con la dictadura de Primo de Rivera, un régimen que, aunque en principio no le despierta especial interés, le conduce a una "tragedia moral", como él mismo lo denomina en sus memorias Al Servei de Catalunya i de la República: "Me dio ocasión de descubrir la desacertada y falaz actuación del Rey, en su papel de jefe de Estado, como el estudio de la verdadera Historia de España me había revelado ya cuán nefastas habían sido para mi Patria las dinastías de los Habsburgos y de los Borbones".

Escofet se encuentra ante una encrucijada: de un lado, ha jurado como militar la defensa del Rey y del resto de instituciones; pero por otro, "callar y aceptar la situación tal como era representaba traicionar a mi pueblo»"

Solicita entonces su ingreso en el Cuerpo de Mossos d'Esquadra, donde a partir de noviembre de 1930 asume el mando de la Escuadra de La Garriga.

Así, cuando se proclama la República, Escofet acude a Barcelona, e improvisadamente acaba tomando el mando del Cuerpo de Mossos d'Esquadra de la ciudad Condal.

Aunque una vez normalizada la situación vuelve a La Garriga, el presidente de la Generalitat, Francesc Maciá le nombra su ayudante y su sucesor, Lluís Companys, ya no le relegará.

Cuando en octubre de 1934 comienza la revuelta popular independentista en Barcelona, Escofet se encarga de la defensa del Palacio Presidencial pero el curso de los acontecimientos le llevan a decidir, junto a Companys, la entrega las armas para evitar un mayor derrramamiento de sangre. Escofet es dertenido y llevado al Castillo de Montjuïc, donde el 12 de octubre es condenado a muerte. Al general Pozas no le tiembla la mano al firmar la sentencia a pesar de haberle conocido cuando, unos años antes, ambos coinciden en la organización masónica Democracia de la Gran Logia.

La intervención del presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, convierte la pena capital en 30 años de cárcel de los que sólo cumple dos por la amnistía general que decreta el Frente Popular a su llegada al poder.

A su vuelta, ya en junio de 1936, Companys le nombra comisario general de Orden Público. El alzamiento es inmínente y los movimientos de Escofet han de ser rápidos. Se asegura el apoyo de la Guardia Nacional Republicana e intenta hacer lo mismo con el Ejército, aunque no recibe una respuesta tan clara del general Llano de la Encomienda. Por otro lado, prepara también la defensa de la ciudad previendo, casi al milímetro, cual será la estrategia que seguirán los insurrectos para la toma de Barcelona. Así, cuando en la madrugada del 19 de julio se produce el levantamiento y el general Goded se traslada a la ciudad Condal, las fuerzas republicanas ponen en marcha el dispositivo ideado y consiguen controlar la situación rápidamente: "Creo que podemos estar contentos de lo que hicimos". A Goded no le queda más salida que capitular.

Cuando las fuerzas cenetistas se hacen con el control de Barcelona, Escofet empieza a ayudar a escapar a numerosas personas a Francia, entre las que se encontraban algunos religiosos. Esto llega a oídos de la FAI y el caos se hace aún mayor. A pesar de sus esfuerzos, Escofet no consigue controlar la situación y se niega entonces a ser "Comisario General del Desorden Público", por lo que dimite y decide cruzar los Pirineos.

Su primer exilio en Francia dura apenas unos meses, pues su sentido del deber como militar le obliga a regresar. En junio de 1937 acude como jefe del Estado Mayor de Caballería del Frente de Aragón a la Batalla de Belchite, donde es herido en el pecho. Cuando consigue restablecerse, organiza una nueva brigada en el Frente de Levante con la que acude a la Batalla de Teruel. En el bando contrario se encuentra uno de sus hermanos a quien, unos meses antes, había ayudado a exiliarse pero que también había decidido retornar para luchar al lado de los nacionales. Durante el sitio de la ciudad una bala explosiva le destroza la mano obligándole a volver a Barcelona.

El 29 de diciembre de 1937 el periódico El día Gráfico dice: "Federico Escofet es un ejemplo de caballerosidad, de catalanidad, de patriotismo, de republicanismo, de entereza y de dignidad".

Companys le nombra jefe de las Escuadras de Cataluña y a partir de enero de 1939 ayuda a exiliarse a Francia a las autoridades republicanas. Él también cruza los Pirineos, pero acompañado de sus escuadras, lo que le lleva a estar recluido en torno a un mes en el campo de concentración de Argelés-sur-Mer.

Consigue llegar a Bélgica con unos cuantos sellos que le sirven para abrir una tienda filatélica que más tarde se convierte en una tienda de alimentación de productos españoles llamada Costa Brava.

Desde allí ocupa diferentes cargos en el Gobierno que se organiza en el exilio y es ascendido al grado de teniente coronel.

En marzo de 1980, Frederic Escofet regresa a Barcelona, en vísperas de las elecciones al Parlamento catalán, donde fallece en 1987.

domingo, 20 de enero de 2013

Agustín de Foxá (1903-1959)

Su nombre ya aparece entre los compositores del himno falangista 'Cara al sol', pero su gran aportación literaria se produce este mes, cuando se publica 'Madrid de corte a checa', novela de referencia sobre la Guerra Civil


"Soy conde. Soy gordo. Soy diplomático. Soy académico. ¿Cómo no voy a ser reaccionario?". Sus propias palabras hacen honor a la verdad, porque en unos años en los que la política va unida a cualquier expresión artística, Agustín de Foxá, al igual que tantos escritores, es también militante en activo en el bando nacional, en concreto, dentro de Falange. Y muestra de tal fusión de fuerzas es Madrid de corte a checa, la novela más representativa de la bibliografía de este diplomático y escritor de poesía, ensayo y teatro. Y no sólo es su obra más recordada, sino también una de las que más eco tiene entre las de la época, ya que supone un retrato en primera persona de la sociedad y los pensamientos que circulan por las calles en tiempos prebélicos y bélicos.

Conde de Foxá y marqués de Armendáriz, nace en Madrid en 1903 y crece en el seno de una familia tradicional y distinguida. En la capital estudia la carrera de Derecho al tiempo que se convierte en un ávido lector de la poesía del 27 y en un joven con intereses políticos que, de acuerdo con la educación que había recibido, se identifica con la monarquía y el más afilado conservadurismo. Su preocupación por la instauración de la Segunda República le acerca a los intelectuales que siguen los pasos de Primo de Rivera, fundador de Falange Española.

El comienzo de la Guerra Civil lleva a la familia Foxá a Salamanca, viaje que inspira a este joven instruido y convertido en diplomático a escribir Madrid de corte a checa. Es durante su estancia salmantina, sobre las mesas del café Novelty entre 1936 y 1937, donde se dedica a redactar las andanzas, casi autobiográficas, de José Félix Carrillo, un joven burgués de clase alta y descendiente de una familia monárquica que decide alejarse del Madrid revolucionario.

La nostalgia de tiempos pasados y la tendencia política pueden con el autor y, por defecto, con su personaje, que constantemente intenta encontrar las causas de la actual situación de España, que, según relata, está en manos de unos hombres, los republicanos, que "no podían sentir a España. [...] Eran unos reaccionarios del siglo XIX, cantonales y declamatorios, envidiosos y pedantes".

Dividida en tres partes, la novela repasa el Madrid monárquico, el frenlepopulista y el revolucionario. La primera parte, titulada Flores de Lis, es la que recibe mejores críticas, puesto que Foxá demuestra en ella sus cualidades literarias tocando lo mínimo el tema político. Virtud que olvida en las páginas que le siguen, en las que se pueden leer apreciaciones como la que hace sobre Manuel Azaña, que es para Foxá "un lírico del odio"; sobre Rafael Alberti, "un mal poeta, cantando al cemento, las turbinas, el canal de Kiev o al plan quinquenal"; o sobre los autores republicanos, llamándoos "tristes Homeros de una Iliada de derrotas".

A esta crítica a la República y a sus seguidores se suman otras tantas que, mezcladas con la historia de José Félix Carrillo, dan lugar a una novela de elevado tono político. Un ejemplo más es la referencia a los milicianos republicanos: "Llevaban una vida divertida. Por las mañanas tomaban el aperitivo en el Chicote. Así se comprobaba que no odiaban a los señoritos, sino que querían ser ellos los señoritos: en realidad no eran marxistas sino envidiosos».

La publicación en 1938 de Madrid de corte a checa genera un gran revuelo en la zona nacional y, con el paso de los años, su lectura ha despertado también odios y pasiones elevando a Foxá, por un lado, a la calidad de uno de los mejores escritores de la época y reduciéndolo por otro, a la altura de aprendiz. Tal vez la mejor apreciación sea la realizada por Trapiello: "Es una obra básica para :cola visión que la derecha se hizo de la Guerra durante muchos años".

Una visión que Foxá tenía bien aprendida. Entre otras cosas, porque su amistad con intelectuales de la derecha le lleva a unirse a Falange y a participar muy de cerca en sus actividades, tanto que figurará como uno de los autores del himno falangista Cara al sol.

Foxá es autor además del himno de la División Azul y del poema bélico escrito en 1937 Himno de la juventud o Canción de Flecha. Firma numerosos artículos en periódicos como ABC y revistas de la época como Jerarquía y Vértice. Su poesía bélica se recoge en El almendro y la espada. Poemas de paz y de guerra (1940). Y también ensaya sus dotes de dramaturgo con algunas obras de teatro poético. Aparece además como coautor de los versos y recuerdos en los libros Corona de sonetos en honor de José Antonio Primo de Rivera y Dolor y memoria de España en el segundo aniversario de la muerte de José Antonio, publicados en 1939. De esta profusa creación literaria -o de circunstancias políticas aún desconocidas- se deriva el nombramiento de Foxá como miembro de la Real Academia Española el 6 de diciembre de 1956.

Muerto Foxá y desaparecido Franco, salen a la luz sus Obras Completas (1976), las únicas editadas entre los autores de Falange, donde se incluyen sus Diarios íntimos (1976), "uno de los documentos más interesantes para conocer la España nacional de esos tres años de Guerra", en palabras de Trapiello.

Gracias a estos diarios se puede saber más sobre la vida profesional de Foxá como diplomático, faceta que comienza a ejercer una vez iniciada la contienda civil. El 29 de agosto de 1936 viaja a Bucarest como encargado de negocios tras firmar una adhesión formularia y colectiva al régimen republicano. Nunca llegará allí, aunque su amistad con el ministro de la España de Franco en Bucarest, Pedro de Prat y Soutzo, le valdrá de salvoconducto. Éste testificará al Gobierno de Madrid la presencia de Foxá en destino.

Sus distintos traslados diplomáticos le permitirán conocer Rumania, Bulgaria, Estambul, Atenas, Roma, Finlandia, Montevideo, Buenos Aires, La Habana o Manila. En noviembre de 1939 es nombrado jefe de Falange en Italia, donde permanece hasta 1941, año en el que Mussolini pide la expulsión del escritor ante las sospechas de que Foxá fuera un espía.

En 1947 recibe el cargo de consejero cultural en Buenos Aires. Desde allí se une a Leopoldo Panero, Antonio Zubiarre y Luis Rosales en un viaje por Hispanoamérica ofreciendo conferencias y recitales poéticos con gran trasfondo propagandístico para borrar cualquier recelo intelectual y político contra el régimen de Franco. Tres años después, en abril de 1950, es nombrado secretario de la embajada de España en La Habana, de donde regresará cinco años después por problemas de salud; su último trabajo será como ministro plenipotenciario en Manila (Filipinas) en 1958. De allí retornará, enfermo, a Madrid para morir el día 30 de junio de 1959.

sábado, 19 de enero de 2013

Dionisio Ridruejo (1912-1975)

Poeta y escritor, es nombrado responsable del aparato de Propaganda de los rebeldes, un cargo del que dimitirá tras la victoria nacional al considerar que los ideales falangistas han sido supeditados a la voluntad de Franco


En marzo de 1938 Dionisio Ridruejo, joven poeta y miembro de Falange Española desde su fundación, ocupa el cargo de responsable de Propaganda en el bando nacional, merced a un nombramiento hecho por recomendación directa de su amigo Serrano Suñer, a la sazón ministro del Interior. Con un presupuesto menor del necesario por la escasez de medios, y rodeado de un nutrido grupo de intelectuales, Ridruejo pondrá en marcha la rueda que difundirá las ideas del nuevo régimen en la España resultante tras la Guerra y será uno de los políticos civiles con más poder dentro del régimen franquista hasta febrero de 1941, cuando dimita de su puesto. En su mente empiezan a aparecer las dudas, lo que ve a su alrededor se aleja de los postulados falangistas que pensaba que debían regir la vida española.

Tras luchar con la División Azul en Rusia, vuelve a España lleno de interrogantes. Toma la decisión de escribir al Generalísimo para comunicarle la renuncia de todos sus cargos y su insatisfacción por el papel irrelevante que estaba jugando Falange en el nuevo régimen. Sus críticas no pasarán desapercibidas: será condenado a confinamiento por rebeldía en Ronda. A partir de 1942 iniciará una nueva etapa en lo que sería llamada la oposición consentida. Pese a estar en contra de la Dictadura, criticar abiertamente la falta de libertad y, a partir de los años 60, liderar la creación de movimientos políticos clandestinos destinados a democratizar España, el peso de su pasado hará que sea respetado y admirado en su papel de literato y poeta.

Los historiadores y sus biógrafos nunca han tenido muy claro si en realidad Ridruejo había sido un poeta que se había dedicado a la política, o un animal político con alma de poeta. En los dos terrenos hay argumentos para destacarle. Fue uno de los protagonistas de la poesía española del siglo XX dentro de la Generación del 35, y un político cuyo pensamiento tuvo especial importancia tanto en los años 30 dentro de Falange, como cuando pasó a la oposición luchando por la democracia. En una de sus últimas entrevistas, concedida en 1975 a la londinense BBC, ante la pregunta de si le gustaría ser recordado como político o como poeta, respondió de una forma que muestra a las claras cuál era su compromiso: "Si he de elegir entre el destino de un poeta cuyos versos serán repetidos dentro de cinco siglos o el de un ciudadano que ha ayudado a que sus vecinos hayan podido vivir un poco mejor, aunque parezca mentira, elijo esta última aspiración".

Ridruejo nace dentro de una familia conservadora castellana en Burgo de Osma (Soria), el 12 de octubre de 1912. Huérfano de padre cuando apenas tiene tres años, su educación se enmarca dentro de unos valores tradicionales y cristianos. Sus estudios los cursa en un colegio de maristas, para pasar, en el bachillerato, a un centro de los jesuítas en Valladolid, en todos los casos siempre como interno. Con 16 años escribe sus primeras poesías, las cuales suman cierto prestigio cuando en 1933 empieza a colaborar en las páginas de cultura del semanario Blanco y Negro.

En 1928 inicia sus estudios de Derecho en la Universidad de los agustinos de El Escorial (Madrid), aunque los concluye en Segovia, localidad donde en ese momento residía su familia. Un punto importante en su formación es el curso de Periodismo que Ángel Herrera Oria impartía a través del diario El Debate. Una parte esencial de los conocimientos enseñados se centraban en técnicas de propaganda y activismo político, muy necesarias en plena confrontación dialéctica como la que se vivía en la Segunda República, y se aleccionaba a los alumnos en una línea editorial próxima a la CEDA y, especialmente, de defensa de España y la Iglesia.

Con apenas 20 años cumplidos, Ridruejo empieza a dar sus primeros pasos en política. Junto a toda su familia, incluidas sus tres hermanas, ingresa en la recientemente creada Falange Española. Aunque no aspira a ocupar puestos de dirección, según él comenta en sus memorias, su don de palabra y su oratoria le hará ascender rápidamente. En sus escritos de aquellos años afirma que no consideraba Falange como un partido ni de derechas ni de izquierdas, sino simplemente fascista, al igual que lo eran todos sus afiliados.

En 1935 es nombrado jefe provincial dentro de la Universidad de Segovia, y el propio José Antonio Primo de Rivera le encarga la labor de organizar dentro del Ejército un grupo de militares simpatizantes con Falange, pero no obtiene mucho éxito. Cuenta que cuando conoció al fundador, éste empezaba a sentirse inseguro sobre si él seria la persona indicada para soportar en sus hombros el futuro del fascismo en España.

En junio de 1936, Ridruejo es ascendido a jefe absoluto de Falange en Segovia, y tras producirse el alzamiento, asume la propaganda de Falange en Castilla La Vieja. Su papel como gran orador le hace ser muy redamado para dar numerosos mítines en la retaguardia, hasta el punto de que en enero del 37 Manuel Hedilla -ya jefe provisional de Falange- le nombra jefe provincial de Valladolid.

Durante aquellos meses se muestra fiel al nuevo líder de Falange, lo cual le sitúa entre los viejos camisas que no están a favor del Decreto de Unificación ni con el nuevo partido único creado por Franco. Ridruejo desconfía de esta unión, y considera lo sucedido como un "golpe de Estado a la inversa", en donde el Estado se levanta contra sus partidos. Su papel empieza a ser el de interlocutor a través del cual el resto de líderes provinciales se intentan dirigir a Serrano Suñer, quien lidera la nueva Falange de facto. En esos meses nacerá una estrecha colaboración y una gran amistad que les acompañará el resto de sus días.

Así, cuando en el primer Gobierno de Franco de enero de 1938 Serrano Suñer es nombrado ministro, la primera persona en quien piensa para dirigir el aparato de Propaganda nacional es en Ridruejo. La censura en todo momento permanece en manos de los militares, así que sus campos de actuación serán la propaganda exterior, la de retaguardia y la de terreno enemigo. Para ello crea departamentos de radio, cine, teatro, música, artes plásticas, propaganda directa y en los frentes... planes muy ambiciosos cuando el presupuesto con el que cuentan apenas alcanzan las 180.000 pesetas mensuales (incluyendo salarios, carteles, material, artos públicos, películas, compañías de teatro...).

El detalle más importante de los casi tres años en los que está encargado de la propaganda nacional es la confección del equipo de intelectuales con los que llevará a cabo su tarea de total dirigismo cultural -en el sentido más autoritario posible- y una organización de instrumentos de comunicación públicos que cubriesen todos los campos.


El encargado de las ediciones es Pedro Laín (a la postre uno de sus más fieles amigos y su maestro a partir de entonces), y junto a él trabajarán Luis Rosales o Gonzalo Torrente Ballester. El teatro se lo encomienda a Luis Escobar. Y dentro del largo grupo de colaboradores que aportarán algo en aquel proyecto se puede añadir a Eugenio d'Ors, Agustín de Foxá, Manuel Machado, Edgar Neville...

En su autobiografía, Casi unas memorias, Ridruejo relata cómo nunca podrá llevar a cabo con libertad sus ideas o iniciativas, pues sus departamentos sufren una constante presión y censura militar. Al año de acabar la Guerra, intuye que comienza una etapa de gobierno militar, que no se trata de un periodo de transición. Sus ideales han triunfado, pero no observa los cambios en la sociedad que su falangismo desea. Por ello, en febrero de 1941 abandonará su puesto, dando inicio a unos meses que serán "los más contradictorios, desgarrados y críticos de mi vida".

Funda con su amigo Laín la revista Escorial con la que pretende acabar con el clima de intolerancia hacia los intelectuales que se vive en España e incluso mostrar una cierta comprensión hacia los perdedores. No obstante, aún sigue teniendo claro que la miseria en la que se ve atrapada España se debe a un complot anglo-francés, contra el cual sólo se puede luchar apoyando al fascismo europeo en guerra. Aprovecha la ocasión y se alista en la División Azul.

Cuenta que va a luchar cargado con todos sus prejuicios nacionalistas, pero que en verdad se trata de una excusa para huir de la contradicción y disgusto que la política española le está causando. Su campaña en Rusia le sirve para dejar a un lado su idealismo juvenil (acababa de cumplir 30 años), volver a España con la conciencia libre de recelos, y, tras su visita a Alemania, desconfiar de lo que el triunfo del nazismo podría significar.

Según relata, la represión alcanza proporciones absurdas, Falange está aborregada e incluso se vive un proceso de depuración interna: "Mi partido ya jamás podría imponer las reformas que España necesitaba".

Tras unos días de debate interior, se decide a escribir "al jefe del Partido (Franco) para mostrarle mi desafección a la causa en la que había estado implicado". En una histórica misiva dirigida al jefe del Estado con fecha 7 de julio de 1942, Ridruejo intenta limpiar su conciencia, defender la Falange con la que él había soñado, y criticar la labor de Franco. "Seguir viviendo silencioso como un elemento, aunque insignificante, del régimen, me parece un acto de hipocresía. (...) Llegué a pensar que, dentro del régimen, Falange terminaría por ser el instrumento del pueblo español para la realización histórica refundidora que habíamos pensado. Pero no ha resultado así y lleva camino de que no resulte nunca. (...) El régimen entero debería ser ocupado por auténticos falangistas y el jefe del régimen debería ser un auténtico jefe de esa Falange. Falange gasta estérilmente su nombre. Y he aquí la verdadera realidad del régimen: 1º. Fracaso del plan de gobierno y de la autoridad económica. 2º. Debilidad del Estado al utilizar una política excluyente de estilo conservador. 3º. Confusión y arbitrariedad de la justicia con los rojos. 4º. Conspiración incesante de los sectores reaccionarios. 5º. Olvido total de la verdad fundacional falangista...".

En total, cinco folios de durísimas críticas. Presentará su renuncia a todos sus cargos políticos y culturales -como la dirección de la revista Escorial- y pocos días después mandará otra misiva similar a Serrano Suñer. La respuesta no iba a tardar mucho en llegar y será fulminante: confinamiento en Ronda, Málaga. A través de orden gubernamental se le condenaba a residencia forzosa bajo vigilancia policial. A partir de ese momento iniciará la llamada oposición consentida.

Vivirá unos años confinado en Cataluña y Baleares, escribiendo en numerosas revistas y publicando varios libros. A finales de 1948 se le levanta la pena de destierro. En 1950 publica un libro recopilatorio de sus poesías llamado En once años, gracias al cual es galardonado con el Premio Nacional de Literatura. En 1951 es nombrado director de Radio Intercontinental de Madrid, y en 1954 es premiado con el galardón periodístico Mariano de Cavia.

Nunca había simpatizado con la política franquista, y a partir de 1955 empieza a hacer oposición directa. Se propone utilizar cualquier debate, cualquier tribuna a su alcance para comunicar sus ideas renovadoras. Detenido en 1957 tras una charla, a su salida de la cárcel funda de forma ilegal y clandestina el Partido Social de Acción Democrática. Con él planea conducir a la sociedad española hacia una futura convivencia democrática. Para ello no renuncia a contar con ningún sector de a sociedad del cual puedan surgir iniciativas que expresen el inconformismo y reclamen la libertad. Llama a la resistencia y protesta civil y, cuando sea posible, a que se asista a manifestaciones pacíficas, apelando además a la unión de todos los grupos políticos.

En 1962, participa al frente de su partido en un congreso del movimiento europeo en Múnich, donde se reúnen varias asociaciones de oposición a Franco. El acuerdo final expresa la necesidad de que España se integre en Europa, para lo cual deben transformarse sus organizaciones políticas en estructuras democráticas. En el manifiesto final se pide la garantía de los derechos de la persona, y en especial los de libertad individual, de opinión y la supresión de la censura gubernamental. Por primera vez, la oposición al régimen se organiza. La reacción franquista no se hace esperar. Quince de los 80 asistentes al Cotuberni de Múnich son desterrados y se moviliza a las bases falangistas para pedir la cabeza de los líderes. Los resultados en cuanto a cambios sociales, evidentemente, son nulos.

A Ridruejo se le da a elegir entre un nuevo confinamiento en Canarias o exiliarse. Elige el destierro en París. Hace un intento clandestino de volver en 1964, con el cual sólo consigue ingresar en Carabanchel. Sigue publicando libros de poemas y políticos. Profesor en varias universidades estadounidenses, también vive algunos meses en México, combinando estos años con algunas estancias en España. Su última aportación al mundo político es la creación en 1974 de la Unión Social-Demócrata Española. El 29 de junio de 1975 fallece de un ataque cardiaco en Madrid.

viernes, 18 de enero de 2013

Otto Katz (1895-1952)

Hombre fuerte del aparato propagandístico de la Komintern, divulga un bulo de sublevación contra Franco en Tetuán para conseguir un golpe de efecto que varíe la postura de apaciguamiento de Francia en la Guerra


En la afamada película Casablanca (1942), rodada por Michael Curtlz en plena Segunda Guerra Mundial, aparece un personaje con unas características poco menos que mitológicas: luchador contra el nazismo, héroe de la resistencia checa, viajero por toda Europa en su huida de la Gestapo y, a la vez, defensor de los movimientos antifascistas de los países que visita. Víctor Lazslo es el prototipo de aventurero idealista que tan bien queda en todo filme romántico que se precie. Pero, ¿tiene el personaje de Casablanca un trasunto con la realidad?

Según Diana McLellan, investigadora de las relaciones mantenidas entre revolucionarios y artistas en la Alemania de entreguerras, Otto Katz, agente checo de la Komintern, es un héroe real en el que Curtiz bien podía haberse inspirado para su personaje. Pero no todo lo que rodea a Katz -personaje bastante enigmático, por otra parte- es tan heroico.

Otto Katz, nacido en Praga (Checoslovaquia) a finales del siglo XIX (1895), es uno de los principales responsables de la red de propaganda creada por la Komintern en los años 20 y dirigida por Willi Münzenberg, para difundir las ideas socialistas por todo el mundo, especialmente entre los grupos de intelectuales y artistas.

Al comenzar la Guerra Civil española, Katz, a caballo entre París y Madrid, monta la Agence Espagne, la agencia de noticias del Gobierno republicano. Al frente de la misma, cruza en repetidas ocasiones la delgada línea que separa la información de la propaganda. La más llamativa, y la que podía haber tenido consecuencias más importantes, sucede a principios de marzo de 1938, con la invención de un falso levantamiento del Ejercito de África contra Franco en Tetuán, con el objetivo de lograr la apertura de la frontera francesa al tráfico de armas para la República.

Pero las actividades propagandísticas de Katz no empiezan, ni mucho menos, en la Guerra Civil. Otto Katz había entrado una década antes en la red mundial, fundada por Münzenberg, de comités, asociaciones y publicaciones destinada a extender las ideas de la Revolución soviética, conocida como Innocents Clubs. Katz comienza a trabajar como ayudante. Posteriormente, asciende puestos en la organización -controlada primero por Lenin y después por Stalin- hasta convertirse en la mano derecha de Münzenberg. El escritor norteamericano Stephen Koch va más allá y afirma en su libro El fin de la inocencia que en España, Katz es el verdadero jefe de la maquinaria propagandística creada por Münzenberg.

En un principio Katz trabaja en Alemania, donde subvenciona a Bertold Brecht y mantiene una relación con la actriz Marlene Dietrich. Sus actividades, contrarias al régimen de Hitler, suponen un riesgo para la actriz y para él mismo, por lo que decide adoptar el nombre de André Simone y marchar a París.

De París salta a Ginebra, y de ahí a Londres. En Inglaterra, Katz pone en marcha el Left Book Club con la intención de difundir las bondades del régimen soviético y convertir el comunismo en la ideología de moda entre las capas intelectuales de la sociedad británica. Su cenáculo, al que pertenece un joven George Orwell, organiza campamentos, conferencias y rutas propagandísticas por la URSS, y Katz continúa explotando sus habilidades sociales, que le granjean colaboradores y contactos incluso entre los lores conservadores.

De Inglaterra salta a EEUU y llega a Los Ángeles (1935) bajo el apodo de Rudolphe Breda, donde funda la Liga Antinazi de Hollywood, a cuyo frente coloca a la escritora Dorothy Parker. Allí retoma su historia con Dietrich, de la que nace su hija. Ambos se mueven en un ambiente subversivo que les pone en el punto de mira del FBI.

Cuando estalla la Guerra Civil española, Katz abandona Estados Unidos y se desplaza al cuartel de la Komintern en París, desde donde planea la estrategia a seguir, consistente en vincular la causa republicana con el antifascismo internacional. El escritor Arthur Koestler, por entonces funcionario de la Komintern, desvela que Katz tergiversa informaciones y, a menudo, se inventa historias sobre las atrocidades del bando nacional.

En marzo de 1938, según cuenta Claud Clockburn, compañero de Katz en las labores de información y propaganda durante la Guerra y colaborador de Hugh Thomas en sus estudios sobre el conflicto, Katz le pide su colaboración para preparar un golpe de efecto que haga variar la postura de No Intervención del Gobierno francés de Léon Blum. En esos momentos, comenzada la ofensiva de Franco en Aragón, un importante cargamento de material bélico aguarda al otro lado de la frontera la autorización del presidente galo. La izquierda del Frente Popular francés presiona al Léon Blum para que deje pasar el cargamento, pero éste se muestra reacio a disgustar a sus aliados británicos.

Sin embargo, la perspectiva de una derrota plausible de Franco podía inclinar su decisión hacia las propuestas de la izquierda francesa y convencer al resto del Gabinete de que valía la pena abrir la frontera. Para ello, según los planes de Katz, sería conveniente poner en marcha el rumor de un levantamiento contra Franco en el Marruecos español, concretamente en Tetuán. Así, Clockburn y Katz preparan con todo lujo de detalles -algunos no muy reales- el relato de un testigo de los supuestos disturbios en la ciudad norteafricana. La falsa noticia tiene su efecto. El 17 de marzo, el Gobierno francés abre la frontera y las armas atraviesan los Pirineos. Sin embargo, la intervención francesa queda sólo en esto, y no entra abiertamente en el conflicto, como habrían deseado Katz y Clockburn.

Además, el descubrimiento del bulo causa un profundo disgusto en algunos sectores de la izquierda de toda Europa. El diputado laborista inglés R. H. Crossman llega incluso a calificarlo de "propaganda negra". Pero estas acusaciones no hacen mucha mella en Katz, quien, según Clockburn, carece de escrúpulos a la hora de mentir.

Después de concluir la Guerra, vuelve a América. Cuenta Richard Newbury que tras la firma del pacto germano-soviético (agosto de 1939), al que Katz se opone, el dramaturgo inglés Noel Coward le recluta para la Inteligencia británica. Sea o no verdad, Katz sigue trabajando para la Komintern. Cuando Alemania es derrotada por los aliados y se instaura un Gobierno comunista en Checoslovaquia, Katz vuelve a su país de origen. Su pasado le avala, y todo hace pensar que le espera un futuro prometedor en el régimen checo. Sin embargo, los rumores en torno a su condición de agente doble no sientan muy bien en los países satélites de la URSS.

En 1952, Otto Katz es detenido en Praga bajo órdenes de Stalin y, tras confesar actividades antisoviéticas, se abre un proceso en el que se le condena a morir ahorcado. 

jueves, 17 de enero de 2013

Eugenio Vegas Latapié (1907-1985)

Consejero nacional de FET de las JONS, monárquico y católico, luchará en el Frente de Lérida, el último lugar desde el que combate a favor del Caudillo, pues tras la victoria final, y decepcionado con él, abandonará España


Apenas dudó en abandonar su cargo de consejero nacional de FET de las JONS y enrolarse como voluntario en la 11ª Compañía de la 4ª Bandera de la Legión, para combatir en el Frente de Lérida por todo aquello en lo que creyó firme e invariablemente a lo largo de su vida. Era marzo de 1938. Pero en esos momentos, el itinerario de Eugenio Vegas Latapié está a punto de cambiar una lucha por otra. De la militancia activa por el triunfo de una monarquía católica, Vegas Latapié iba a emprender, con el final de la Guerra Civil, otra lucha más amarga contra el desencanto y la incomprensión durante la dictadura militar del general Francisco Franco.

Eugenio Vegas Latapié nace en Irún (Guipúzcoa) el 20 de febrero de 1907 en el seno de una familia sencilla. Su madre, de origen francés, ejercía de maestra en Santander mientras que su padre era teniente del Ejército. Al explicar su posterior trayectoria política, él mismo aclarará que no debe sus ideales al hecho de haber nacido "en un ambiente de viejos aristócratas, ni de encendidos fervores monárquicos", sino a un profundo y reflexionado convencimiento personal.

Merced a un traslado de la familia hacia tierras cántabras, Vegas Latapié cursará sus estudios primarios y el bachillerato en Santander, dentro de un ambiente jesuíta. Ésta pudo ser probablemente una de las influencias más determinantes que marcarían su vida en todas las dimensiones. Convencido a consagrar cada una de sus actividades al servicio de Dios y de la monarquía, Vegas Latapié inicia muy pronto su andadura en el terreno político, llegando a ocupar, con tan sólo 16 años, la dirección de la revista de las juventudes del Partido Integrista, Cruz y Verdad.

En poco más de dos años acaba la carrera de Derecho en la Universidad de Oviedo y se traslada a Madrid, donde prepara las oposiciones al Cuerpo Jurídico Militar, que aprobaría un año más tarde. Es destinado a Melilla y con posterioridad a Burgos. En 1930 se instala definitivamente en Madrid, tras aprobar unas nuevas oposiciones al Consejo de Estado.

Con los años, su entusiasmo por la causa católico-monárquica va fortaleciéndose, por lo que recibe con gran satisfacción su nuevo cargo en la capital, espacio que concibe como el único escenario eficaz para cualquier actuación política. Empieza a desarrollar, por tanto, un intenso trabajo en dicho plano, impulsado en buena medida por el creciente antimonarquismo que se asienta en España tras la caída de la dictadura de Primo de Rivera. En estos momentos, Vegas Latapié va conociendo a importantes intelectuales católicos. Será con una de dichas amistades, Ramiro de Maetzu, con quien funde en 1931 la asociación cultural Acción Española y la revista homónima. Ambas influirán marcadamente en la trayectoria de la derecha política española y a ambas dedicará su fundador gran parte de su energía durante su vida.

El 6 de agosto de 1932, cuatro días antes del levantamiento de Sanjurjo contra la República, Acción Española es clausurada bajo acusaciones de conspiración. Vegas Latapié es expulsado del Consejo de Estado y debe emigrar a Francia. Durante su exilio, de poco más de un año, se entrevistará en dos ocasiones con Alfonso XIII y viajará a Roma para visitar a altos cargos eclesiásticos también desterrados.

Conforme se va acelerando la marcha hacia la confrontación armada en España, todos sus esfuerzos se centran en el proyecto de intentar que el Príncipe de Asturias, don Juan de Borbón, regrese a su patria y pueda encarnar la restauración de una monarquía católica. Su intento estaba condenado al fracaso desde el principio.

Con el estallido de la Guerra Civil, Vegas Latapié quiso en todo momento luchar en el frente, al servicio de sus ideales. Hasta en tres ocasiones decidió presentarse voluntario. En 1936 parte al Frente de Somosierra. Un año más tarde se integra en las filas de la Bandera de Falange de Marruecos y en marzo de 1938 abandona el cargo de consejero nacional de FET de las JONS para marchar con la Legión a Lérida.

Cuando la Guerra termina, Vegas Latapié toma la decisión de apartarse de las esferas de poder del nuevo régimen. Sus motivos los apunta el historiador Emilio de Diego en el prólogo de sus memorias: "[Eugenio] tiene pronta conciencia de que Franco no propiciaría la llegada de don Juan al trono (...) y reconoce el escaso número de monárquicos en la España de la Guerra Civil y la inmediata posguerra". Él mismo encabeza su testamento militar con la siguiente declaración de principios: "Declaro que muero por mis ideales, y no por el general Franco. Y no es que tenga ninguna animadversión inicial contra el Generalísimo, pero vista la dirección de los asuntos públicos, (ésta) me parece francamente desacertada. La actitud del Estado Nacional frente a la cuestión monárquica es muy clara. Ahoga e impide toda propaganda de este tipo para quizá otro día poder alegar que la restauración no se ha hecho por no haber ambiente", afirma Eugenio Vegas en sus Memorias políticas.

A este hombre, que coloca sus principios por encima de toda otra consideración, le toca vivir la parte más amarga de la victoria: el desencanto y la frustración. Por eso se aparta del régimen franquista, para iniciar una intensa actividad de defensa y difusión de sus ideas. Dicha labor le costará una segunda expulsión del Consejo de Estado y un nuevo exilio en Francia.

En esta ocasión, se establece en Lausanne, donde reside el conde de Barcelona, del que será su secretario político por más de cinco años. Abandona el cargo para dedicarse a la formación del infante Juan Carlos, de quien es su preceptor hasta que su educación queda bajo la dirección de Francisco Franco.

En 1949 regresa a España y es readmitido en su cargo del Consejo de Estado. De frenética puede calificarse su labor de propaganda ideológica en las décadas siguientes por medio de la constitución de, entre otras, la Asociación Amigos de la Ciudad Católica, de la Editorial Speiro y de la revista Verbo. En 1963 es elegido miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Su talante contrarrevolucionario, un sentido religioso de la política, su intransigencia ideológica y, derivado de todo ello, una estricta coherencia en todas sus actividades pueden quedar como rasgos que perfilen la figura de Eugenio Vegas Latapié. Él mismo pidió que en su epitafio figurasen las siguientes palabras: "Vivió y murió fiel a sus ideales". De ello se encargará su esposa Leonor, al fallecer su marido el 19 de septiembre de 1985.

miércoles, 16 de enero de 2013

Fernando Barrón Ortiz (1892-1953)

Veterano de la Guerra de Marruecos, al mando de una columna del Cuerpo de Ejército marroquí participa en numerosas batallas durante la Guerra Civil, llegando a cruzar este mes el río Ebro por la zona de Caspe


De Badajoz a los Pirineos, es conocido como el mando táctico de las mil batallas. Fernando Barrón forma parte del Cuerpo de Ejército africano, la élite del bando franquista, participando en la toma de Badajoz y Toledo, el asedio de Madrid, la defensa de Gandesa en el Ebro o la toma de Barcelona.

Veterano de la Guerra de Marruecos y oficial de Caballería, en 1910 es uno de los primeros cinco pilotos titulados de la Aviación española, junto a Kindelán, Echagüe, Arillaga y Emilio Herrera. En 1918 ya es capitán en Tetuán y en julio de 1936, en Melilla, el entonces teniente coronel Barrón Ortiz es uno de los jefes de las tropas nativas de la Legión que, bajo el mando del general Yagüe, se une al alzamiento militar, junto a los oficiales Asensio y Delgado Serrano, y toma el aeródromo de Tauima. El oficial de las mil batallas dirigirá durante toda la Guerra a las tropas de élite del Ejército insurgente. Su cohorte de soldados, cumplidamente fogueados en África, está compuesta por regulares, legionarios y marroquíes que, por ser una de las fuerzas más crueles -según algunos autores- de ambos bandos, goza de un alto protagonismo en las batallas más decisivas de la Guerra, desde Badajoz a Belchite, Aragón y Cataluña, pasando por Toledo y, especialmente, Madrid, siempre bajo las órdenes de los generales Yagüe y Varela. La Columna Barrón, una de las de mayor trayectoria durante la contienda, pero también de las que más bajas causa en el bando rebelde, será conocida en combate como la mano negra.

Al frente de una bandera de la Legión, en agosto de 1936 participa en el avance del Ejército golpista por Extremadura hacia el norte, de la mano de Yagüe. El 26 de septiembre, en Talavera de la Reina, la Columna Barrón crea la 13ª División a partir de las banderas legionarias y tabores, y se pone en manos del general Varela, -sustituto de Yagüe- quien se dirige hacia Toledo. Nace así una de las unidades franquistas más bregadas de la contienda. Allí, el 28 de septiembre, los milicianos republicanos romperán filas huyendo hacia Madrid mientras los soldados de Barrón penetran por el norte de la ciudad, donde exhiben una extrema crueldad, tal y como relatará Fitzpatrick, oficial nazi de la Legión extranjera a las órdenes de Varela. Tras esto, Barrón es condecorado con la Medalla Militar individual.

Barrón y sus tropas marroquíes y legionarias se instalan en Illescas hasta finales de octubre, a la espera de una ofensiva. Hugh Thomas explica cómo desde aquella plaza de la localidad, Barrón pudo ver cómo 15.000 soldados de las tropas republicanas, gran parte trasladados desde Madrid en autobuses de dos pisos del servicio urbano, se apostaban frente a la localidad. Illescas quedará destrozada ante el empuje de la Artillería y Barrón habrá de retroceder, aunque no por mucho tiempo. El 21 de octubre entrará en Navalcarnero.

En noviembre de 1936, es uno de los oficiales que se ocupa de cercar Madrid, penetrando por Carabanchel y Usera y haciendo creer que el grueso de las tropas nacionales entraría por el suroeste. Entre el 5 y el 13, sus hombres luchan calle a calle en el suroeste, llegando hasta la zona de los cementerios. El 17 de noviembre, los oficiales Delgado Serrano -que cae herido- y Barrón y sus africanos tienen orden de alcanzar la Ciudad Universitaria y avanzar hasta la plaza de España por el paseo de Pintor Rosales. A las dos de la tarde alcanzarán la zona universitaria con cerca de 2.000 soldados, pero quedan encerrados. Al cabo de dos días llegarán hasta el monumento de los Héroes de Cuba, en el parque del Oeste. La incursión supone el máximo nivel de penetración de las tropas alzadas en la capital.

El 23 de noviembre, Franco, tras reunirse en la localidad de Leganés con varios mandos relevantes de la batalla, entre ellos Mola, Saliquet y Varela, desiste de continuar sus infructuosos ataques y suspende el intento de ocupar Madrid por asalto.

Barrón vuelve a la primera línea de combate a principios de 1937. Después de un breve periodo de merodeos por la sierra madrileña, cerca de El Escorial y Villanueva de la Cañada, el 7 de enero entra en Pozuelo de Alarcón. A mediados de mes, sus soldados actúan de punta de lanza: atacando desde Carabanchel, entre Alonso y Telia, llegarán hasta el Hospital Militar, donde serán repelidos desesperadamente. El Frente noroeste de Madrid queda estabilizado.

Franco se ha propuesto acabar la Guerra ese mismo invierno, por lo que mantiene las tropas de Varela a las puertas de Madrid. En febrero de 1937, coincidiendo con la toma de Málaga, Varela y sus oficiales, al mando de legionarios y marroquíes, avanzan por el valle del Jarama, de nuevo sobre Madrid, esta vez con el objetivo de cortar las comunicaciones entre la capital y Valencia. Se trata de la primera batalla en campo abierto de la Guerra, con estrategia y despliegue de tropas.

El 12 de febrero, Barrón, Sáenz de Buruaga y Asensio llegarán a cortar la carretera entre Arganda y Chinchón en varios puntos, tomado el vértice del Pingarrón, clave en la batalla. Pero al cabo de cinco días, los republicanos contraatacan en dos frentes. Los tiroteos se suceden entre tapiales y olivares y las tropas africanas pierden hasta un 80% de sus efectivos pero logran recuperar el alto del Pingarrón. Tres días después, Barrón recibe refuerzos, los regulares de Ceuta. Entre el 23 y el 27 de febrero, ambos bandos sumarán miles de muertos en un intercambio bélico tan intenso como inútil, ya que la zona se estabiliza, construyéndose trincheras y fortificaciones que se unen con el amplio Frente de Madrid.

Estos días de la Batalla del Jarama resultarán determinantes para Barrón, quien ve mermado su prestigio como estratega; sus maniobras habían costado 10.500 muertos al Ejército franquista -8.000 cayeron en el bando republicano-. En adelante, volverá a protagonizar episodios de gloria militar para la causa nacional, pero siempre de manera subordinada y en situaciones de máximo riesgo.

Durante toda la primavera de 1937, su columna se mantiene en los alrededores de la capital, realizando incursiones en el sur. El 18 de julio, Varela recibe la orden de contraatacar en el sector de Brunete, donde los republicanos habían lanzado una ofensiva hacía dos semanas. La 13ª División y la 150ª marroquí tienen la misión de contener a su oponente a la altura de Brunete y a las fuerzas de el Campesino en Perales de la Mina. Las Brigadas Navarras y las tropas de Barrón se lanzan sobre el pueblo, en cuyo cementerio les esperan las tropas de Líster, resistiendo una semana, hasta el 23 de julio. La batalla se había prolongado bajo unas condiciones climáticas extremas de calor. Brunete será reconquistado mientras los republicanos conservarán Quijorna, Villanueva de la Cañada y Villanueva del Pardillo, una superficie de unos seis kilómetros de profundidad, pagando por ello un precio de 20.000 muertos y 100 aviones. Los nacionales lamentan 17.000 muertos y 23 aviones. Según quien relate la batalla, se magnifica o resta importancia al repliegue rebelde. Lo cierto es que el asalto estaba respaldado por la élite del Ejército nacional, con Barrón y sus marroquíes, todo lujo de artillería y aviación y, tras una semana de combates, tan sólo se alcanza una posición menor, la cota 672. El 24 de julio, Franco ordena reconquistar a toda costa Brunete, convertido en símbolo y bandera, momento en el que los moros de Barrón penetran de manera incontestable en el pueblo de la mano de la Aviación alemana.

Llegado este punto, Varela se encuentra en condiciones de avanzar hasta Madrid, pero Franco ordena frenar el ataque -Juan I. Luca de Tena, ayudante de Varela, sostiene que las razones de Franco para parar a Varela fueron que éste no obtuviera demasiada gloria-. Las prioridades se trasladan de Madrid a Aragón. Barrón, convertido ya en coronel, aumenta considerablemente el número de efectivos a su cargo. En pleno invierno, las tropas de Barrón y el resto bajo el mando de Varela se trasladan hacia el este, coincidiendo con una fuerte ofensiva aérea nacional. Mientras Sáenz de Buruaga camina hacia Belchite, Barrón dirige el ataque al norte de Zaragoza.

En marzo de 1938 cruza el Ebro por Caspe, llegando hasta Fraga, y se dirige hacia Lérida, donde arrebatará la ciudad a las tropas mandadas por el Campesino en abril. El Frente de Aragón se encuentra estabilizado y durante semanas apenas se producen movilizaciones.

Se preparaba la Batalla del Ebro. Como describe Jorge Reverte, la 13ª División que manda Barrón cuenta entre sus unidades con dos banderas de la Legión, tres tabores de regulares -cada tabor se compone de 250 soldados-, uno de tiradores de Ifni, una bandera de Falange, además de otros cuatro batallones, cuatro baterías de artillería convencional y de montaña y los correspondientes servicios de ingenieros, transmisiones y zapadores. A finales de julio, Barrón, al mando del dispositivo de defensa del centro, se apuesta por orden de Yagüe en Gandesa, localidad de gran valor estratégico en las operaciones del Frente del Ebro por encontrarse en la confluencia de Aragón, Cataluña y Valencia. Será él quien se encargue de frenar el desesperado ímpetu del Ejército republicano.

Los africanos de Barrón se erigen como uno de los más firmes bastiones de la batalla, como lo demuestra un comunicado del 2 de agosto de 1938, recogido por Reverte: "Sus hombres se lanzan al asalto como fieras, algunos con bombas de mano únicamente, pero se estrellan contra nuestras líneas. Repiten los ataques una y otra vez sin conseguir más que dejarse racimos de muertos ante nuestras posiciones... Menos mal que nuestra artillería y la del Cuerpo de Ejército, que se ha desplegado desde el primer momento en situación más que precaria, da claras muestras de sus excelentes condiciones". Muchos autores coinciden en la crueldad y eficacia de estos hombres en emboscadas nocturnas y al abatir al enemigo durante su retirada o ante cualquier descuido del mismo.

El 3 de septiembre, uno de sus batallones sale de sus posiciones logrando, después de un violentísimo combate, romper el frente enemigo, ocupando la cota 349 y el Cerro de los Gíroneses. Son los episodios clave de la batalla.

En los meses siguientes de septiembre y octubre aún se continuará combatiendo entre Gandesa, Villalba de los Arcos y Corbera del Ebro, combates en los que poco a poco, las miles de bombas soltadas por la artillería y la Aviación alemana sobre las líneas republicanas irán permitiendo el lento avance franquista sobre estas poblaciones.

Superada la desembocadura del Ebro a mediados del otoño, Barrón participa con el Cuerpo de Ejército marroquí en el asalto a Barcelona y perseguirá al bando republicano en su retirada hacia los Pirineos.

A la sombra de los grandes generales franquistas, más allá del campo de batalla, apenas son relevantes y conocidas otras de sus actividades, si bien se sabe que Barrón es uno de los oficiales que mantiene correspondencia con el coronel Casado, el mando republicano que en marzo de 1939 protagoniza un conato de golpe de Estado dentro del Gobierno de Negrín.

Al terminar la Guerra, se instala en el seno de la burocracia militar franquista, alcanzando el rango de teniente general. En una fotografía tomada ya en la década de los 40 -Barrón fallece en 1953- por Ángel Hilario de Jalón, uno de los retratistas del régimen, se le puede contemplar ataviado con una cazadora oscura de cuero, fino de porte, con un grueso bigote y cano, fiel estampa castrense de, según muchos historiadores, uno de los mandos técnicos más efectivos del Ejército nacional.

martes, 15 de enero de 2013

André Marty (1886-1956)

Es uno de los primeros voluntarios extranjeros que llega a España y el máximo responsable de la organización de las Brigadas Internacionales. Será más recordado sin embargo por la dureza y autoritarismo que impone en este cuerpo


"Quizás sea una gloria. Pero está muy loco. Tiene la manía de fusilar a la gente". En Por quién doblan las campanas, Ernest Hemingway habla así de Massart y Massart, el trasunto literario de André Marty, comunista francés y comandante en jefe de las Brigadas Internacionales. 

Llegado a España en octubre de 1936, cuando ya ha cumplido los 50 años, es uno de los primeros hombres del cuerpo de voluntarios internacionales afincado en Albacete y máximo responsable de la organización de los interbrigadistas. No en vano ha creado, meses antes, junto a Maurice Thorez, uno de los centros más activos de reclutamiento de luchadores por la República en la rué de La Fayette parisina, sede del Partido Comunista francés.

A Marty se le conocerá por su dureza, su talante autoritario y por haber personificado, según muchos, la paranoia inquisitorial del Partido Comunista durante la Guerra española. Le apodan Le boucherd' Albacete, responsable de numerosas depuraciones, y dicen que dice que "la vida de un hombre vale 75 céntimos, el precio de un cartucho". Gustav Regler, escritor alemán y comisario de la 12ª Brigada le acusa de corrupto y cruel. Uno de los más reputados estudiosos de este cuerpo, Jacques Delperrie, le califica de brutal, autoritario, paranoide, egocéntrico y violento, aunque matiza: "En realidad Marty no es un sanguinario. Es tan verdugo como víctima de una mística que supera sus posibilidades intelectuales. Implacable con los traidores, con los espías, es decir, con quienes cree que lo son".

Le boucher siempre se ha considerado catalán de sangre caliente -ha nacido en Perpiñán, en 1886, hijo de uno de los condenados a muerte tras la Comuna de París, según apunta el historiador Andreu Castells- y tal vez por ello alcanzara el puesto de delegado de la Komintern. En este sentido, Delperrie sostiene que en un banquete durante la Guerra, cuando los convidados alzaron sus copas por Stalin, él les espetó: "Gritad mejor 'Viva la República española'. Stalin está en Moscú".

Combate en el frente catalán en octubre de 1936, y ya desde ese otoño se le considera uno de los defensores a ultranza de la disciplina férrea.

Marty, el motinero del Mar Negro desde su participación como segundo contramaestre del torpedero Protetet el motín contra la Armada francesa que iba a cargar contra los soviets en abril de 1919, es uno de los principales promotores de castigos en campos de reeducación, cuando no de juicios sumarísimos y fusilamientos.

Combatiente en la Batalla del Jarama, Marty comparte su experiencia española, sucesivamente, con las dos mujeres de su vida. Hasta 1937, ha estado casado con Pauline Marty, poseedora de un brillante historial marxista, organizadora en España del conjunto sanitario internacional y colaboradora de la italo-mexicana Tina Modotti en la organización del contraespionaje. Desde diciembre de ese año, tiene una nueva amante, Raymonde, su "mariposa", a quien lleva 30 años.

Aunque la declaración ante la Cámara francesa de Henri Store, comisario político del 13º Batallón de la 14ª Brigada, sea claramente una hipérbole ("Yo acuso a André Marty", aseveraría "de ser el responsable de la matanza de todo el 12º Batallón y de gran parte de la 14ª Brigada. Yo acuso a André Marty de haber instaurado la injusticia y la delación. Yo acuso a André Marty de ser el asesino de 40.000 jóvenes franceses"), el francés ha llenado las prisiones de brigadistas y ha enviado a muchos otros a las cárceles de Murcia, Valencia y Barcelona.

Con la aquiescencia de Marty, se han instaurado las llamadas compañías de pioneros y las de castigo, que se emplean en los frentes más duros. A los soldados encarcelados se les promete la libertad a cambio de combatir en primera línea durante un periodo de tiempo. Los indultados forman las compañías de pioneros de las que pocos salen con vida. Mientras, en la retaguardia de las unidades, se forman cuerpos adiestrados cuya misión es impedir el retroceso de los pioneros, si es necesario abriendo fuego. Sin embargo, las purgas arrecian tras las derrotas.

Tras el fracaso republicano en la Batalla de Lopera (Jaén), por ejemplo, en diciembre de 1936, Marty es uno de los principales promotores de la condena a muerte del comandante del Batallón de la Marseillaise, Gastón Delasalle, al que acusa de espionaje. La madre de Delasalle habría de interponer una querella criminal contra el comandante en jefe, que propicia su comparecencia ante la Cámara de Diputados de París, el 17 de marzo de 1939. No obstante, las mayores represalias tienen lugar tras el desastre de Teruel y el traslado de la base a Horta. De hecho, a primeros de abril de 1937 se obliga al francés a trasladarse a Moscú para justificarse ante Dimitrov y no regresa hasta fin de año, tiempo durante el que es sustituido por Frangois Billoux.

En Moscú, el que había sido ingeniero naval afirmaría que, ante los delitos, indisciplinas y espionajes de algunos internacionales, no ha dudado en "ordenar las ejecuciones necesarias" y apunta: "Estas ejecuciones, las que han sido dispuestas por mí, no pasan de 500, todas ellas fundamentadas en la calidad criminal de los acusados". A su regreso a la península Ibérica, combate en la carretera de Gandesa en abril de 1938. Y, poco después, es responsable de la orden de evacuación de las brigadas de la base de Albacete hacia Barcelona. A finales de año va a ser uno de los altos mandos que participe en la entrega de armas y el desfile que precede a la evacuación de las brigadas el 28 de octubre de 1938, por la avenida 14 de abril de Barcelona.

Pese a la retirada pública auspiciada por Negrín, el motinero del Mar Negro no se rinde e intenta cooperar en la defensa de Cataluña junto a los más de 3.000 interbrigadistas que, en enero de 1939, aún permanecen en Cataluña. En febrero de ese año, comanda un batallón sobre el Ter.

Autor de diversos panfletos y discursos sobre España como Doce meses sublimes o La guerra de independencia de los pueblos de España, su implicación con la causa española continúa tras la victoria franquista ya que incluso después de 1945, colabora en las labores de asistencia a heridos y mutilados y en el traslado de ex brigadistas a México. No en vano, en 1939 había pronunciado: "Nosotros no tomamos resoluciones, tomamos el fusil. Ahora marchamos pero no vamos a descansar. Continuaremos la lucha. Cambiamos de frente".

Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial se encuentra en la URSS y de ahí pasa a Algiers, en Francia. Su colaboración con De Gaulle durante la contienda es importante. En 1952 será expulsado del Partido Comunista, y morirá en El Rosellón cuatro años después.