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miércoles, 24 de diciembre de 2014

Sagardía Ramos (1880-1962)

Militar retirado, acogido a la "Ley Azaña", vuelve a enrolarse en el Ejército tras una llamada del general Mola para sumarse al alzamiento al frente de una columna que más tarde sería acusada de la ejecución de 67 civiles

La figura del general Antonio Sagardía Ramos, no sería especialmente destacada si no fuera porque durante su trayectoria militar se dan cita dos hechos históricos relevantes: la supuesta represión que en abril de 1938 ejerció la columna que él capitaneaba -la 62ª División- en la localidad catalana de Sort (Pallars Sobirà), y su asistencia a la reunión celebrada en Berlín entre Ramón Serrano Suñer y miembros del Gobierno del Tercer Reich, en septiembre de 1940.

Antonio Sagardía Ramos nace el 5 de enero de 1880 en Zaragoza, en el seno de una familia de origen vasco-navarro. Comienza la carrera militar desde muy temprana edad, hasta que en febrero de 1921, a punto de cumplir los 42 años, es ascendido a coronel e irá promocionando en la escala de oficiales hasta llegar a general, aunque termina por acogerse a la Ley Azaña. Esta disposición legislativa admite el retiro, con el sueldo íntegro de todos los generales y oficiales que no quisiesen prestar juramento de fidelidad a la  Segunda República. De esta: forma, Sagardía Ramos se retira de la vida militar, trasladándose a tierras, francesas para disfrutar de su condición de civil. Estando en Francia, gozando de un periodo vacacional le sorprende la sublevación del 18 de julio de 1936, Allí recibe un aviso del general Mola para trasladarse a San Sebastián, con la misión de ponerse personalmente en contacto con las guarniciones que están a punto de sumarse al alzamiento nacional. 

"Inmediatamente, se hace cargo de un grupo de voluntarios y soldados para tomar parte en las operaciones de Tolosa y comenzar a organizar la columna, que pasearía su nombre por los frentes castellanos», se relata en el manual Crónica de la Guerra española.

Precisamente, es en los primeros meses del conflicto; cuando proliferan este tipo de columnas o unidades castrenses encabezadas por un alto mando del Ejército, en este caso por Sagardía Ramos: "Un hombre excepcional, con prestigio, se alza y reclama en torno a sí a un puñado de valientes (...). Abundan los adolescentes y hasta los ancianos. El grupo crece pero aún no alcanza dimensiones para formar una unidad compacta; por otra parte, la ausencia de material bélico adecuado impide estructurar en el terreno de la realidad a estos soldados como elementos de combate autónomos", describe el manual.

Sin embargo, tal como explica el profesor de Literatura Peninsular Contemporánea de la Universidad de Edimburgo, José Salval, las razones que motivan la aparición de las columnas militares en la zona republicana son muy distintas a las del lado nacional: "Los civiles se unían a las columnas militares semidesarmadas, no en busca de protección sino simplemente porque aquella era la única ruta para huir. Hostigados por aviones de caza enemigos a los que los soldados sin munición intentaban hacer frente, millares de personas huían del avance franquista, muchos de ellos para no volver más".

Sagardía Ramos se hace cargo de la 62ª División. Al frente de esta unidad, y al poco de comenzar la contienda, el veterano militar despliega todo un ejemplo dé valentía y constancia como la protagonizada en la localidad burgalesa de Lora; donde defiende una: extensión de unos 800 kilómetros con tan sólo 750 hombres a su cargo.

Otra localidad, Alcolea del Pinar, esta vez en Guadalajara, se cruza en el camino de las tropas capitaneadas por Sagardía Ramos, puesto que la denominada como Casa de Piedra sirve para albergar a la columna nacional en su avance hacia los Pirineos.

La Columna Sagardía, que es como se la conoce, "fue dejando de ser yunque para convertirse en martillo. Así pasó a conquistar Fuentes de Ebro y a lanzarse sobre Aragón", como se explica en la colección Crónica de la Guerra española. Desde allí, su ruta continuaría hasta el Pirineo catalán, concretamente hasta la comarca del Pallars Sobirà, situada al norte de Cataluña,

Según un artículo de M. Altamira, recogido por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica el 7 de agosto de 2005, "la represión que las tropas franquistas llevaron a cabo en 1938, bajo las órdenes del general Antonio Sagardía Ramos, fue muy dura. Se tiene conocimiento de la muerte sin  juicio de 67 personas. Son conocidos como los santos inocentes del 38. La mayoría de los fusilados no tenían ningún tipo de vinculación política. Entre ellos había mujeres, niños y ancianos".

Según la autora, "nada indicaba que la represión sería tan cruenta. En esta zona, las represalias ejercidas por la izquierda durante el período revolucionario (1936-37) fueron prácticamente inexistentes. Además, la 62ª División, comandada por Sagardía, no encontró apenas resistencia en su avance por el Pallars". Y concluye: "Los sublevados iban a buscar casa por casa a los que, según sus vecinos, habían apoyado al Gobierno republicano. En la mayoría de los casos, los denunciados eran padres de familia. Las envidias y los litigios entre los vecinos desempeñaron un papel capital en la revelación de los nombres; de los supuestos traidores. Se confeccionaron listas de rojos". 

Los éxitos logrados por Sagardía Ramos durante el conflicto son tales que Franco le asciende a general en plena Guerra Civil, y el 18 de julio de 1956 será condecorado con la Palma de Plata. Sin embargo, algunos autores afirman que hasta 1936 Antonio Sagardía Ramos "sólo se habla destacado en el Ejército como un militar teórico (...). Era un profesor enamorado de las Matemáticas y la Física, como correspondía a su condición de artillero".

Dionisio Ridruejo, en su libro Casi unas memorias, amplía la imagen del general más allá de su dimensión militar: "El general es un soldado de raza gruñón, ásperamente afectuoso, amante de su oficio y nada inclinado al de policía que, de momento, le ha tocado de refilón (en 1940, Antonio Sagardía es nombrado inspector general de la Policía Nacional). No es muy diplomático y su franqueza es, a veces, divertidamente abrupta". Ridruejo y el general se conocieron al coincidir en la visita que realiza Serrano Suñér a Berlín (1940) una vez comenzada la Segunda Guerra Mundial.

En esta reunión queda fijada la política exterior española de neutralidad en el conflicto mundial. La misión del militar fue, según relata Ridruejo, "tomar contacto con las organizaciones de prensa, propaganda y cine del Reich y con sus servicios militares y policíacos".

La expedición que se traslada a Berlín junto a Suñer vuelve a Madrid con la conciencia tranquila de que España no tomará parte de manera oficial en la Segunda Guerra Mundial.

El general de Artillería Antonio Sagardía Ramos fallece en 1962 a la edad de 82 años. 

3 comentarios:

  1. El general Antonio Sagardia Ramos. Otro " heroe nacional " con un perfil idoneo para haber estado sentado entre los acusados por crimenes de guerra en unos utopicos "juicios de Nuremberg" españoles.¡¡¡ Encumbraron a los asesinos y denostaron a las victimas!!!

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  2. El general Antonio Sagardia Ramos. Otro " heroe nacional " con un perfil idoneo para haber estado sentado entre los acusados por crimenes de guerra en unos utopicos "juicios de Nuremberg" españoles.¡¡¡ Encumbraron a los asesinos y denostaron a las victimas!!!

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  3. El general Antonio Sagardia Ramos. Otro " heroe nacional " con un perfil idoneo para haber estado sentado entre los acusados por crimenes de guerra en unos utopicos "juicios de Nuremberg" españoles.¡¡¡ Encumbraron a los asesinos y denostaron a las victimas!!!

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