En la memoria de la Guerra Civil Española, a menudo olvidamos a los protagonistas de episodios menos conocidos pero de una audacia extraordinaria. Hoy hablamos de Antonio Blanch Latorre, un nombre que no aparece en los libros de texto más comunes, pero cuya acción fue portada de La Vanguardia en pleno conflicto
Natural de L'Hospitalet de Llobregat, Blanch pasó de ser un sergento del bando sublevado a un capitán de la República tras una arriesgada huida que le costó la vida a un oficial. Su historia de lealtad a la legalidad republicana es un fascinante ejemplo de cómo se vivió la guerra en el aire.
De la Aeronáutica Naval al motín en el aire
Cuando se produjo el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, Antonio Blanch Latorre era sargento piloto del cuerpo auxiliar de la Aeronáutica Naval
Su destino era Ceuta, una de las plazas que cayó inmediatamente en manos de los sublevados, por lo que inicialmente quedó atrapado en zona nacional.
A pesar de encontrarse en territorio enemigo, Blanch mantuvo su simpatía por la República y esperó su momento. Este momento llegó el 15 de diciembre de 1936.
"Rumbo a Málaga": El secuestro del Dornier Do J
Ese día, Blanch formaba parte de la tripulación de un hidroavión Dornier Do J pilotado por el Alférez de Navío José María Moreno Mateo-Sagasta. La misión era escoltar un convoy franquista en aguas de Algeciras.
Sin embargo, a unas 20 millas de Ceuta, Blanch instó al piloto a cambiar la ruta. Su idea era clara: dirigirse a Málaga y entregar el aparato a las fuerzas republicanas
Tomando los mandos del avión, Blanch llevó el hidroavión hasta el puerto de Málaga, poniendo la valiosa aeronave en manos del gobierno legítimo.
Un héroe republicano en los cielos de Guadalajara
La llegada a Málaga convirtió a Blanch en un héroe. La prensa republicana se hizo eco de su gesta, y fue ascendido a teniente en el acto. Poco después, el 25 de enero de 1937, sería ascendido a capitán por méritos de campaña
Destinado a la famosa escuadrilla de Andrés García Lacalle, Blanch aprendió a volar los ágiles Polikarpov I-15, conocidos popularmente como "Chatos"
Desde las bases de Los Alcázares y San Javier, participó en una de las batallas más decisivas de la guerra.
La batalla en el aire sobre Azuqueca
Su final llegó rápidamente, pero no por ello con menos gloria. El 13 de marzo de 1937, en plena batalla de Guadalajara, la aviación republicana atacaba el aeródromo de Azuqueca de Henares, base de la Aviación Legionaria italiana (la Aviazione Legionaria)
Blanch fue derribado durante la acción. Las crónicas indican que, aunque saltó del aparato, su paracaídas no llegó a abrirse, muriendo en el acto. Al día siguiente, su sacrificio fue recordado en los periódicos, consolidando su leyenda.
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