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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Manuel Machado (1874-1947)

Eclipsado por la figura y obra de su hermano Antonio y por su estrecha colaboración con el bando nacional, el mayor de los Machado se alza también como un gran poeta y escritor durante la Guerra Civil española

Su adhesión al bando rebelde tras el 18 de julio condenó a Manuel Machado al olvido de la Historia de la literatura. Recordado siempre a la sombra de su hermano Antonio y bajo el apelativo de el malo de los Machado, décadas después del fin de la contienda son muchos los que apuntan que su apoyo al bando franquista se debió, más que a una decisión reflexionada, a un intento de supervivencia ante las circunstancias adversas.

Sea como fuere, lo cierto es que nunca antes del estallido de la Guerra Civil había mostrado Manuel Machado su filiación por el falangismo. Más bien al contrario, a lo largo de su vida había manifestado en numerosas ocasiones su defensa en la democracia liberal y su republicanismo, si bien es cierto que nunca se adhirió a una corriente política concreta, estableciendo una apreciable evolución ideológica a lo largo de su vida.

Nace en Sevilla el 29 de agosto de 1874 y muestra desde muy pronto una especial preocupación por lo popular; una característica probablemente heredada de su padre, el importante folclorista Antonio Machado Álvarez.

En su traslado a Madrid, junto al resto de su familia comienza a frecuentar la intelectualidad de la época y pronto se verá conquistado por la bohemia de fin de siglo, que encaja a la perfección con su espíritu romántico. La pasión por la escritura ya se ha generado en su interior y, alrededor de 1893, comenzará a trabajar como crítico en algunas publicaciones periódicas y a frecuentar tertulias y cafés. Sus primeros poemas datan también de esta época y poseen un marcado acento melancólico, lo mismo que sus colaboraciones, que siguen mostrando una nítida preocupación por lo popular.

Tras una breve estancia en Sevilla, donde concluirá sus estudios de Filosofía, Manuel Machado viaja por primera vez a París en 1899. Ahí desarrollará aún más la vida bohemia conocida en Madrid, entablando amistad con Oscar Wilde o Rubén Darío y traduciendo fervorosamente a Verlaine, Manuel Machado responde perfectamente al prototipo de poeta modernista, amante de la libertad.

Sin embargo, a su vuelta a España irá abandonando progresivamente este estilo de vida para abrazar una cierta estabilidad. Primero, a través de su matrimonio con Eulalia Cáceres, y más tarde obteniendo una plaza en el cuerpo de archiveros, bibliotecarios y arqueólogos del Estado. Además, es ésta una época en la que Manuel ve ampliamente reconocida su poesía. Después de la edición de Alma, museo y cantares -que supone su lanzamiento definitivo-, publica entre otras obras Apolo. Museo pictórico o Cante Hondo, su mayor éxito, del que logra vender miles de copias en el primer día de su puesta a la venta.

Manuel Machado es ya en la primera década del siglo XX un poeta reconocido y brillante, que ha aceptado totalmente su vida burguesa. Sin embargo, eso no significa una posición ideológica conservadora. En Día por día. De mi calendario, una obra que recoge sus colaboraciones diarias en el periódico El Liberal, Machado se muestra absolutamente antigermanista y partidario de la democracia liberal, desechando también la recién triunfante Revolución Rusa.

El apoyo a la huelga llevada a cabo por los impresores de El Liberal, que solicitaban mejoras salariales y laborales, le lleva, poco tiempo después, a romper su relación con el diario y a crear, junto a otros editores, La Libertad; una actitud en la que muchos creen apreciar un cierto socialismo. Sin embargo, otros aducen que más bien se debe a su formación ética en la Institución Libre de Enseñanza y a su romanticismo y rebeldía naturales.

La posición ideológica de Manuel Machado se mostrará, sin embargo, más ambigua durante la dictadura de Primo de Rivera, al aceptar los favores profesionales del dictador, que le nombra jefe de Investigaciones Históricas y director de la Biblioteca y Museo municipales de Madrid. Con todo, no puede decirse que la aceptación de la Dictadura por parte de Machado fuera total ya que, en estos años, creará junto a su hermano Antonio la obra La prima Fernanda, crítica al Gobierno dictatorial,

Una vez instaurada la República en 1931, se declarará, al igual que su hermano Antonio, un "republicano convencido", aunque poco a poco irá virando hacia posturas algo más conservadoras. En 1934 es expulsado de La Libertad por sus críticas a las instituciones. Abatido, a partir de entonces, Manuel abandonará sus colaboraciones en los diarios y retomará su vida de tertulias, volviendo a prestar más atención a la poesía.

Cuando se produce el estallido de la Guerra Civil española, el 18 de julio de 1936, Manuel Machado se encuentra, en Burgos junto a su esposa. Ambos habían viajado allí para celebrar el cumpleaños de su cuñada y, aunque tratan de regresar a Madrid, el golpe de Estado ha cortado ya todas las comunicaciones con la capital. Según parece, sus primeros momentos en Burgos son convulsos. Algunos apuntan que estuvo encarcelado durante un breve periodo de tiempo a causa de la desconfianza que provocaba el apellido Machado y que pasó algunas dificultades económicas.

Según recoge el historiador Pablo del Barco, el caos político se unió al personal del escritor, quien estaba muy desengañado con la situación del país. Esto, unido al temor de ser encarcelado, contribuiría a su decisión de ponerse del lado alzado.

Su apoyo a la rebelión irá haciéndose paulatinamente más y más patente. Así, comienza a trabajar como articulista de la prensa nacional para obtener poco después el carné de Prensa y Propaganda y ser reconocido como colaborador de FET y de las JONS desde la creación del partido único. Son claros sus esfuerzos para obtener una buena posición en el nuevo régimen, reconocidos cuando en 1938 entra en la Real Academia Española, en una maniobra que permitía un golpe de efecto social al incluir a un Machado en la institución,

A partir de entonces, cultiva Manuel Machado la poesía política, loando las hazañas bélicas de las tropas rebeldes, la figura de Franco o, incluso, a su hija Carmen, En estas composiciones, que distan mucho de sus creaciones anteriores en cuanto a estilo, muchos quieren encontrar una burla sutil al régimen, lejos del servilismo que aparentemente manifiestan.

Sea como fuere, lo cierto es que Manuel continuará, al menos hasta la retirada de sus cargos oficiales en 1943, como una figura destacada dentro de la intelectualidad del franquismo. Colabora en varios diarios y prosigue con las tertulias, aunque éstas se encontraban prácticamente diezmadas, para cultivar, en los últimos años de su vida, una poesía de tono religioso. Fallece el 19 de enero de 1947 de una bronconeumonía.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Indalecio Prieto (1883-1962)

Periodista y líder del PSOE, ocupa diversos cargos en los gobiernos en los que participa, convirtiéndose en el "gran" dirigente socialista en el exilio tras su salida de la cartera de Defensa del Ejecutivo de Negrín en abril de 1938

"Sin ellos yo no hubiera salido de la apacible vida de Oviedo, no habría cambiado un ambiente tranquilo por una atmósfera tempestuosa, no habría bailado la zarabanda revolucionaria que me tocó danzar". Con estas palabras Indalecio Prieto dedica un pequeño homenaje a los miembros del Circo Ferroni, hospedados en la pensión que su madre había rehabilitado en su casa de la capital asturiana. Sin duda, como escribiría años mas tarde, es el contacto con los circenses lo que abre los ojos al mundo obrero al que fuera ministro del Aire y de Marina en los gobiernos de Largo Caballero, y de Defensa Nacional en el Ejecutivo de Negrín, hasta su exclusión del Gabinete en abril de 1938.

Indalecio Prieto Tuero nace el 30 de abril de 1883, en Oviedo. La posición de su padre, Andrés Prieto Alonso, funcionario excedente de Hacienda y empleado en el Ayuntamiento de Oviedo, permite a su familia formar parte de la pequeña burguesía instalada en la capital asturiana. El padre, 23 años mayor que la madre, Constancia Tuero Vega, fallece cuando Prieto apenas cuenta con cinco años de edad, y la familia entra de lleno en una decadencia económica. Es por ello por lo que la madre decide abrir una pensión en su casa, y realquilar las habitaciones a los viajeros que van de paso. Aun asi, el clan Prieto sigue buscando la estabilidad económica, trasladando su residencia a distintas ciudades como Palencia, Santander o Bilbao. Es en esta última ciudad donde Indalecio Prieto tiene su primer contacto con el mundo socialista, ya que les toca vivir junto al centro obrero y, según cuenta el propio Prieto, allí tiene la posibilidad de "oír los himnos vibrantes del orfeón socialista, prestar atención a las peroraciones en los mítines y escuchar los debates de las asambleas. Aquella fue mi cátedra de sociología".

Prieto ingresa en el Partido Socialista cuando aún es un niño. Ya había intentado acceder anteriormente, pero tiene que esperar un tiempo tras su paso por el calabozo por unas revueltas callejeras; que más tarde tildara de "chiquilladas". Se le deniega el ingreso por no haber cumplido los 16 años. En cuanto los cumple, en 1899, se afilia al PSOE. Su fidelidad al Partido Socialista continúa hasta su muerte, pero en el seno del partido su actitud fue permanentemente crítica. En su artículo Confesiones y rectificaciones -posterior a la Guerra Civil, ya en México- escribe: "Sigo siendo socialista por sentimiento, (aunque) no comparto, en su integridad, todas las teorías socialistas y menos aún todos los fundamentos, supuesta o realmente científicos de ellas (...) no me he arrepentido nunca de militar donde milito. El arrepentimiento, de existir, me habría empujado hacia otras filas que pudieran estar más en consonancia con mis ideas personales. Nunca encontré ni busqué esas agrupaciones".

En 1903, el socialista Tomás Meabe funda las Juventudes Socialistas en Bilbao y Prieto entra a formar parte de la Ejecutiva, además de ser vocal de la agrupación socialista local. En este tiempo, Indalecio Prieto comienza a destacar como periodista. Tras trabajar como vendedor de diarios, lapiceos y cerillas, se pone a taquigrafiar en el periódico de Bilbao La Voz de Vizcaya, y a los pocos años en El Liberal, un periódico al que estará ligado el resto de su vida, y del que llegará a ser propietario, convirtiéndose en una de las voces más relevantes del periodismo en España.

Su incipiente ceguera -tildada por muchos como la causa de su fuerte pesimismo- no le hace cesar en su prolija tarea de articulista. En uno de sus textos periodísticos, de agosto de 1941, recogido en el volumen Palabras al viento, escribe: "Yo soy, ante todo, periodista. Lo soy por vocación arraigada y por profesión verdadera. La política ha sido en mi vida un accidente -largo, desde luego, porque actué en ella 30 años-; pero data de más lejos el comienzo de mi oficio de periodista que, además, nunca dejé de ejercer durante ese periodo tan turbulento que, arrancando de 1911, al ser yo elegido diputado provincial de Vizcaya, parece extinguirse ahora". Y así fue, en 1910 se distingue en la huelga general bilbaína y un año más tarde ocupa su primer cargo público de representación al ser elegido diputado provincial.

En 1917, Indalecio Prieto es requerido por Pablo Iglesias, fundador de PSOE y UGT, para encabezar la huelga general de agosto de ese año. Tras estos acontecimientos, Prieto comienza a destacarse como un político activo, un gran orador con un fuerte carácter: "A mí me encanta el jaleo, señores diputados, y si hay deseos de alboroto, encantado de la vida", llega a decir; incluso se comenta que con varios diputados llega a las manos en alguna sesión plenaria. De lo que también es tachado durante toda su vida es de pesimista, en muchos casos, por su oposición a los miembros de su propio partido.

En abril de 1923, Prieto es procesado a causa de un discurso que da en el Ateneo de Madrid en el que según sus palabras: "Me ensañé con Alfonso XIII", pero vuelve a ser elegido diputado por Bilbao. En septiembre de ese mismo año, con la dictadura de Miguel Primo de Rivera, Prieto se niega en redondo a aceptarla y se opone así a una de las facciones del propio Partido Socialista -en este momento comienzan sus diferencias con Largo Caballero- y por eso, un año más tarde dimite del Comité Ejecutivo del PSOE. Para el historiador Edward Malefakis, Prieto "fue uno de los pocos socialistas que después de la caída de (Miguel) Primo de Rivera pudieron participar inmediatamente y sin reservas en la lucha por derrocar la Monarquía".

Con la dimisión de Miguel Primo de Rivera -el 28 de enero de 1930- la situación política comienza a tensarse. El 17 de agosto de 1930 se firma el Pacto de San Sebastián, donde 15 republicanos acuerdan la reinstauración de la República. El PSOE prefiere mantenerse al margen, sin embargo, Indalecio Prieto actúa por libre y firma el Pacto a título personal. El 14 de abril de 1931 se proclama la Segunda República y Prieto es nombrado ministro de Hacienda del Gobierno provisional para ocho meses más tarde pasar a ocupar el cargo de ministro de Obras Públicas. En este tiempo consigue estabilizar la peseta, planificar numerosas obras hidráulicas, modernizar los transportes públicos... de tal modo que hasta sus propios adversarios llegan a elogiarle. José María Gil Robles dijo de él: "Con espíritu de burgués y palabra de agitador, autodidacta por esencia y argumentador habilísimo, constituía un serio contrincante, frente al que podía resultar irreparable cualquier descuido. En el campo de la izquierda no hubo figura que ni de lejos se le acercase"

Durante los gobiernos de Lerroux, Prieto participa en la radicalización del PSOE e interviene en los sucesos revolucionarios de Asturias, en octubre de 1934. Sin embargo, tras la Revolución se refugia en Francia y desde allí se arrepiente de su actuación y comienza a situarse en un lugar menos revolucionario y más moderado de su partido. "Me declaro culpable ante mi conciencia, ante el Partido Socialista y ante España entera. Lo declaro como culpa, como pecado, no como gloria". Esta nueva postura, más centrista, le hace ir perdiendo poder en el partido, los desacuerdos son cada vez mayores y Largo Caballero comienza a dominar en las bases del partido y en la UGT. Prieto quiere lograr acuerdos políticos con otras fuerzas frente al aislacionismo que defiende su partido, y por todo esto, cuando vuelve del exilio francés, se encuentra enfrentado no sólo a Largo Caballero, sino también a la UGT y al grupo parlamentario socialista. Prieto cree en la viabilidad del socialismo y en que, a través de él, y sin caer en posturas radicales, se puede hacer un buen gobierno. Salvador de Madariaga escribirá de él en su libro España: "Era partidario de una política evolutiva, en cordial colaboración con los republicanos sinceramente deseosos del progreso de España". Para muchos historiadores, el enfrentamiento entre príetistas y caballeristas impidió la cohesión dentro del partido y fue una de las causas del fin de la República.

Tras las elecciones de febrero de 1936 y el triunfo del Frente Popular, vuelve a ser elegido diputado. Se dice que junto a Manuel Azaña forma parte de la maquinaria que produjo la destitución del presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora. Ambos presentan una proposición a las Cortes, que finalmente se aprueba, alegando que el presidente ha infringido la Constitución porque ha disuelto el Parlamento tres veces y la ley sólo le autoriza a hacerlo en dos ocasiones. Alcalá Zamora se niega a abandonar su puesto y el clima político español cada vez se encuentra más enrarecido. Se empieza a hablar de la posibilidad de un golpe militar e incluso se barajan nombres.

Famoso es el mitin de Indalecio Prieto el 1 de mayo de 1936, en Cuenca, en el que ya vaticina el levantamiento militar: "No podemos negar (...) que entre los elementos militares existen fermentos de subversión deseosos de alzarse contra el régimen republicano (...), el general Franco, por su juventud, por sus dotes, por la de sus amistades en el Ejército, es hombre que, en momento dado, puede acaudillar con el máximo de posibilidades un movimiento de este género". El 17 de julio de 1936, Indalecio Prieto habla en la radio haciendo una llamada a la concordia, al entendimiento entre todos los españoles y habla de una Guerra duradera, costosa y sangrienta.

Durante el conflicto, Prieto ocupa la cartera del Aire y Marina en los gobiernos que preside Largo Caballero y, en mayo de 1937, es nombrado ministro de Defensa Nacional por Negrín; pero en ambas ocasiones se queja de lo limitado que se encuentra en sus puestos. A pesar de ello, Prieto está muy bien reconocido en el mundo democrático, como argumenta el historiador Gabriel Jackson: "El presidente Roosevelt, por sus simpatías personales y por su política interna, se inclinaba más por Giral, Azaña y Prieto que por los generales insurgentes". Finalmente, su ideología -contraria a la de la mayor parte de su partido- es el motivo que provoca su salida del Ministerio de Defensa: "Por negarme a obedecer mandatos de Moscú, me expulsó Juan Negrín el 5 de abril de 1938 del Gobierno que él presidía y en el cual desempeñaba yo el Ministerio de Defensa Nacional", argumenta años después.

A finales de 1938, Indalecio Prieto viaja a Chile para presenciar la toma de posesión de Pedro Aguirre Cerda como presidente de la República chilena. Es el inicio de su exilio. Prieto se queda en Argentina y Uruguay haciendo propaganda, y termina marchando a México. Allí se encuentra cuando se produce el derrumbamiento final de la República. Se queda allí, porque desde España le piden que gestione la entrada de los expatriados. Es en este momento cuando se produce un capítulo controvertido en la vida de Prieto. Según cuentan algunos autores, el político se beneficia del botín que se almacenaba en el yate Vita, que llegó al puerto de Veracruz. Prieto escribe -sin embargo- que no sabía nada del cargamento del yate, y, a juzgar por su modesto modo de vida en México, es bastante creíble. Durante sus años en el país azteca, colabora con la revista Siempre, la publicación Mañanana y el diario Excelsior.

En el exilio, desde el fin de la Guerra Civil, Prieto se convierte en el gran dirigente socialista a pesar de sus enfrentamientos con Negrín y con otros dirigentes del partido. Según explica Manuel Tuñón de Lara, "la posterior ausencia de entendimiento entre Indalecio Prieto y Juan Negrín, dos grandes emotivos, fue la desgracia no sólo para la democracia, sino para España entera". 

Y es que Prieto siempre se ha declarado profundamente español: "Siento a Esoaña dentro de mi corazón y la llevo hasta el tuétano mismo de mis huesos. Todas mis luchas, todos mis entusiasmos, todas mis energías, derrochadas con prodigalidad que quebrantó mi salud, los he consagrado a España", dice. Los que le conocieron no dudan en afirmar que, a pesar de su constante pesimismo ante la idea en general y ante el futuro de España en particular, fue uno de los mayores pensadores, políticos y periodistas de la Historia reciente de España. Así lo expresa el escritor Emilio Alarcos Llorach en el prólogo del libro de Jesús García Pérez-Bances, Indalecio Prieto. Antología. Comentarios. Ideario. Aspectos. Vida, de 1983: "Nadie sabe a ciencia cierta lo que Prieto representó en la Historia española de este siglo. A lo sumo, algunos tienen una vaga idea de su papel relevante en la Revolución asturiana del 34 o se acuerdan de la jocosa designación como el tubo de la risa de su proyecto de los enlaces ferroviarios madrileños (...). Prieto no puede reducirse a ese par de datos. Su sincera y consecuente carrera política, su honradez en la administración del bien común, su equilibrio ente teoría utópica y práctica concreta, la solidez de su personalidad humana conseguida a golpes de esfuerzo, tesón e inteligencia, su penetrante acuidad al juzgar el presente y el futuro de la patria y arbitrar posibles soluciones, no pueden condenarse fácilmente en un esquema claro que valga como ejemplo todavía útil de lo que hay que hacer en nuestro país».

Indalecio Prieto muere en México el 12 de febrero de 1962. Acababa de asistir a una corrida de toros y de escribir el que sería su último artículo periodístico cuando se sintió indispuesto. Cuentan que se despidió del médico que fue a verle y éste le dijo: "No me voy aún", a lo que Prieto respondió: "Lo sé, el que se va soy yo".

sábado, 13 de diciembre de 2014

Wilhelm Canaris (1887-1945)

Jefe del servicio secreto del Reich y pieza clave en el envío de la Legión Cóndor a España, su postrera hostilidad hacia Hitler hace que encabece un complot de asesinato contra el 'Führer' que le llevará a la horca

A pesar de todas las vicisitudes que afronta a lo largo de su vida, y que le llevan a pasar de ser grumete de barco a máximo responsable del servicio secreto militar alemán, a Wilhelm Canaris se le recordará como uno de los organizadores del intento de asesinato a Hitler de 1944. Precisamente, las acusaciones por participar en esta intriga le llevarán a ingresar en uno de los campos de exterminio que él mismo intentó eliminar.

En la historia particular de Canaris encontramos tres puntos clave cuya unión da como resultado la figura de un almirante al servicio del movimiento nazi que no tarda en ser consciente de las atrocidades que se están cometiendo y a las que, dentro de sus posibilidades, intenta poner fin hasta el punto de llegar a decir: "Muero por mi patria. Tengo la conciencia clara. Hice solamente mi deber al país cuando intenté oponerme a la locura criminal de Hitler".

El primer acontecimiento que marca la personalidad de Canaris (Aplerbeck, 1887) es su ingreso en la Marina, en 1905, como grumete del crucero Bremen que le lleva a conocer la zona de Suramérica. Su siguiente destino le permite enrolarse en el crucero Dresden. Estando en este buque le sorprende el estallido de la Primera Guerra Mundial. Al año siguiente y tras sufrir un amotinamiento por su propia tripulación, Canaris es apresado y trasladado a la isla Quinquina (Chile). Gracias a los agentes de la embajada alemana consigue un salvoconducto -y una falsa identidad- y abandona su encierro para trasladarse a la ciudad de Buenos Aires. Una vez allí, regresa a  Alemania. Ello le supone su ascenso a capitán y el reclutamiento, por parte del Servicio de Inteligencia alemán, que decide enviarlo a la embajada alemana en España durante un año. Durante esta estancia conserva su nombre falso -Reed Rosas- y luce un aspecto físico más parecido al latino que al alemán.

España no es un país ajeno y desconocido para Wilhelm Canaris. Ya en 1926, como representante comercial de una empresa dedicada a la construcción y comercialización de submarinos, se traslada a la Península con la intención de convencer al Gobierno español en la compra de los aparatos. Tras la visita de Canaris, los dueños del astillero Echevarrieta viajan a Berlín para conocer la experiencia y el desarrollo de la industria alemana.

En 1935, en reconocimiento a su labor como responsable del aparato naval del Ejército alemán y a sus habilidades como espía, le nombran almirante y jefe del Servicio de Inteligencia del Estado Mayor alemán (Abwehr). Bajo su cargo, este organismo adquiere una gran eficacia.

Al año siguiente, y ya con la Guerra Civil empezada, la península Ibérica vuelve a cruzarse en el camino de Wilhelm Canaris. En octubre de 1936, Hitler le encarga "que convenciese a Franco para que aceptara el envío de una unidad aérea alemana que contrarrestara la cada vez más importante ayuda material y humana extranjera (soviética) que la República estaba recibiendo", tal y como apunta Raúl Arias Ramos, en su libro La Legión Cóndor en la Guerra Civil. El encuentro entre el almirante y el oficial nacional tiene lugar en el cuartel general de Franco en Salamanca. En la reunión, Canaris insiste en lo beneficioso que sería para España "recibir un mayor apoyo por parte de Alemania e Italia", añade Arias Ramos.

Según el autor, Franco duda en un primer momento en aceptar la propuesta; sin embargo, la aclaración de Canaris de que "la intención de su Gobierno no era ni mucho menos exigir compensaciones territoriales por la ayuda que le estaba ofreciendo" sino económicas, termina por convencer al Generalísimo. De esta reunión, sale la creación de la unidad aérea alemana conocida como Legión Cóndor, el 30 de octubre de 1936. Este cuerpo estará formado por voluntarios de las fuerzas aéreas nazis, y dividido en cuatro escuadrillas de 12 aviones cada una. Junto a la Legión Cóndor marchan como apoyo unidades auxiliares, entre las que destacan las secciones de proyectores, destacamentos de transmisiones, unidades de detección tierra-aire, unidades de ambulancias, compañías de señales y destacamentos de motoristas.

El proyecto puesto en marcha por Hitler y Franco, con Canaris como intermediario, resulta un gran acierto para el bando nacional ya que durante la Guerra la Legión Cóndor participa de forma muy activa junto a las fuerzas aéreas franquistas, hasta el punto de atribuir a esta unidad el derribo de 296 aviones republicanos.

Mientras, Canaris continúa con su trabajo dentro del Servicio de Información a pesar de las malas relaciones que mantiene con Heinrich Himmler, jefe de la policía política del Reich (Gestapo). En esos años, asiste a la matanza de cientos de civiles en Polonia. La impresión que le causan las masacres le mueve a expresar su oposición a altos cargos militares alemanes. Según recoge Louis Bülow, en su obra El Holocausto: crímenes, héroes y villanos: "El Vaticano comenzó a recibir informes regulares y detallados sobre las atrocidades nazis en Polonia. La información había sido recopilada por los agentes del Abwehr por orden de Canaris".

Bülow señala que Canaris realiza grandes esfuerzos por evitar algunas masacres, como la vez que se reunió con Himmler para impedir que siete judíos fuesen enviados a un campo de concentración.

La salida de Canaris del Abwehr se produce en 1944 de una manera que aún hoy sigue siendo motivo de polémica, ya que se desconoce cuánto tuvo que ver en su marcha su creciente oposición al régimen de Hitler y a las matanzas en los campos de concentración, y cuánto a la animadversión con Himmler.

A esta historia de espías le falta el componente principal: la gestación de un asesinato. En este caso, se trata del homicidio del propio Führer. Según recoge César Vidal, "el plan preveía no sólo la muerte del Führer sino también la del jefe supremo de las SS, Heinrich Himmler, y la del mariscal Göring, que era el sucesor de Hitler en la cadena del poder. Pronto quedó de manifiesto que el proyecto de matar a los tres jerarcas a la vez era irrealizable y los conspiradores decidieron centrarse en acabar con la vida de Hitler que era, indudablemente, el enemigo principal (...). Finalmente, el 20 de julio de 1944 Stauffenberg logró introducir un artefacto explosivo en una de las salas de conferencias del cuartel general del Führer, la denominada Guarida del lobo, en Rastenburg, Prusia Oriental (.,.). Sin embargo, como en otras ocasiones anteriores de su vida, la suerte salvó del desastre al dictador".

Wilhelm Canaris es acusado de estar detrás del complot, y en julio de 1944 es arrestado y confinado en los sótanos de la Gestapo, donde permanece encadenado en solitario. Trasladado al campo de concentración de Flosserberg, y tras pasar allí varios meses, en 1945 es colgado y su cuerpo abandonado para su descomposición final.

jueves, 11 de diciembre de 2014

El General Martínez Anido falleció en la madrugada del sábado

Por disposición del Caudillo, se tributarán al cadáver honores de Capitán General 

Valladolid. 25- Después del boletín médico de la tarde del 23, el general Martínez Anido empeoró en su enfermedad, subiendo la temperatura hasta llegar a 40 grados. 

Poco antes de las diez de la noche llamó a sus secretarios con quiénes habló de asuntos relacionados con el Patronato Nacional Antituberculoso, y apertura de nuevos Sanatorios. 

A la una y media de la madrugada aumentó la gravedad y a las dos menos cuarto se le administró la Extromaución. 

A partir de este momento el señor Martínez Anido conservó la lucidez con intermitencias, y a las cuatro entró en la agonía que duró hasta las nueve menos diez, hora en qué expiró: Poco antes de entrar en el período agónico llamó a sus familiares, despidiéndose de todos, diciéndoles: 

- Adiós. Esto se acaba, porque ya veo a Dios. El cadáver fue amortajado con el uniformé de teniente general del Ejército. 

Inmediatamente se instaló la capilla ardiente, velando los restos del general Martínez Anido fuerzas de la Guardia Civil y de Seguridad, que formaban su escolta.

El cadáver ha sido embalsamado.

A las doce de la mañana celebró la primera misa en la capilla ardiente un sobrino del finado. 

Al conocerse la noticia de la muerte del señor Martínez Anido, numerosas personas se trasladaron a la residencia del finado para dar el pésame a la familia.

Muchas casas lucen colgaduras con crespones negros y en el ministerio so colocó la bandera a media asta. Los pliegos colocados en el vestíbulo del ministerio se cubren rápidamente de firmas, y se reciben millares de tarjetas y telegramas de pésame de toda España. 

HONORES DE CAPITÁN GENERAL 

Burgos, 2. El Jefe del Estado ha firmado un decreto, en el cual dice que para recompensar los muchos y buenos servicios prestados a la Patria por el general Martínez Anido, se concederán a sus restos los honores de capitán general del Ejército en plaza que estuviera mandando como jefe.

TESTIMONIOS DE PÉSAME 

Burgos, 23. En la Vicepresidencia del Gobierno se reciben millares de telegramas, de pésame, con motivo de la muerte del general Martínez Anido. Todos ellos constituyen sentidos testimonios de afecto y recordación para el finado ministro de Orden Público. 

MISAS EN LA CAPILLA ARDIENTE 

Valladolid, 2. Durante el día de hoy se celebraron varias misas en la capilla ardiente donde se halla el cadáver del general Martínez Anido.

El arzobispo de Valladolid estuvo personalmente en el domicilio del finado para dar el pésame a la familia. También estuvo el general Saliquet para testimoniar el pésame en nombre del Generalísimo

MAS PRUEBAS DE CONDOLENCIA 

Burgos, 25. En la Vicepresidencia del Gobierno continúan recibiéndose numerosos telegramas de pésame con motivo del fallecimiento del general Martínez Anido

Entre los despachos recibidor figura uno muy expresivo del Jalifa y otro del Alto Comisario de España en Marruecos. 

También se han recibido despachos de varios prelados, autoridades civiles y militares, corporaciones y entidades económicas y culturales y personajes de todas las clases sociales que representan toda la vida de la España Nacional, prueba del sentimiento que ha causado la desaparición de tan prestigiosa figura. 

SENTIMIENTO EN SEVILLA 

Sevilla, 2. La muerte del capital donde gozaba de la general Martínez Anido, causó en esta ciudad gran sentimiento pues era muy conocido en esta capital, donde gozaba de la general estimación.

Se han enviado numerosos telegramas de pésame a la familia y al Jefe del Estado. Se recuerda que en pleno verano hizo un viaje a Sevilla para visitar los sanatorios antituberculosos de la provincia y asistir a la inauguración de otros.

Los enfermos que se hallan en estos establecimientos benéficos han celebrado misa en sufragio del finado que tanto se preocupó de combatir la tuberculosis en España. 

Hoja Oficial del Lunes Año II Número 96 - 1938 diciembre 26

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Réplica a unas palabras del general Mola, por Indalecio Prieto

El general Mola, según me dicen, pues yo no he tenido ocasión de oírle, ha contestado, también por Radio, al discurso que pronuncié el sábado desde el micrófono del ministerio de la Guerra. La síntesis de esa respuesta, según las referencias que de ella me dan, es negar fundamento a mis aseveraciones relativas a que triunfará en la presente guerra civil, como en todas las guerras, quien posea mayores elementos de resistencia, considerando, por tanto, baladí que el Gobierno disponga de todas las reservas en oro del Banco de España y estar en sus manos las zonas industriales del litoral. Según el general Mola, los rebeldes, entre cuyos caudillos figura, triunfarán rapidísimamente. 

No desconozco el valor que en esta clase de contiendas tiene la propaganda, y, por consiguiente, estimo atinado que el señor Mola apele, como apelamos nosotros, al procedimiento de difusión más poderoso y eficaz en estos instantes: el de la Radio, mereciendo la pena anotar que, al utilizarlo él, haya prescindido de las chocarrerías y necesidades que caracterizan los discursos radiofónicos de otros jefes de la insurrección. Declaro que tan notable diferencia no me sorprende, conociendo, como les conozco, a casi todos ellos. Sin haber llegado a tener trato directo con el general Mola, sé bastante de él desde que, como teniente coronel del regimiento de Andalucía, perteneció a la guarnición de Santoña. Cuando, en 1921, fue a Melilla a sustituir en el mando de los Regulares Indígenas a González Tablas, la primera vez que éste cayó herido, pedí antecedentes de Mola y los tuve, muy satisfactorios, a través de Gregorio Villarias. 

Los hombres nunca somos dueños de nuestros destinos. Mola no lo fue de los suyos. Una intima amistad con don Dámaso Berenguer le obligó a venir de Marruecos para hacerse cargo de la Dirección General de Seguridad cuando la monarquía agonizaba y eran inútiles todos los esfuerzos policiacos para salvar la vida de aquella Institución, en podredumbre. Posiblemente el desempeño de la Dirección General de Seguridad en circunstancias tan excepcionales y duras cambió el rumbo de la vida política de Mola, quien quizá, quizá, de no mediar ese período que hubo de caracterizarle singularmente, hubiese marchado por otros derroteros. 

Claro que en las «Memorias» publicadas por el general no hallará el lector atisbo alguno de esto que me atrevo a apuntar yo. Esas son cosas que, adheridas con fuerza a lo más íntimo del espíritu, las dejamos desprenderse para que vuelen libre y escandalosamente. Tales «Memorias» registran algunos aciertos y no pocos errores. Uno de estos últimos es el de atribuir mi desaparición de Bilbao, en diciembre de 1930, a raíz de la sublevación de Jaca, a una confidencia de Juan Donoso Cortés, entonces secretario del Gobierno Civil de Vizcaya. Hoy, que ya ha desaparecido de entre los vivos aquel pulcro funcionario, proclamo su completa inhibición en cuanto se refiere a mi fuga. Y otro yerro que estampa Mola en la colección de sus recuerdos es el de suponer que no habíamos descubierto a determinado confidente suyo, ofreciendo como prueba de ello el hecho de que la República le confiara un cargo bien retribuido. En efecto, la benevolencia, que toma frecuentemente aspecto de bobaliconería, y el paisanaje, que suele saltar sobre bastantes escrúpulos, otorgaron esa merced a un sujeto con respecto al cual ya había extendido yo, mucho antes de ser Gobierno el título de confidente, previniendo de ello a las personas en torno a las cuales andaba revoloteando. De modo que no todos estábamos en la higuera... 

Pero, sin darme cuenta, mi pluma ha empezado a esbozar la biografía del general Mola, y hasta se ha entretenido en minucias impropias de la ocasión, porque a lo que yo iba (y ahora voy a ello) es a replicar a las manifestaciones del general. 

¿De dónde infiere éste que la guerra civil será corta, porque a ella pondrá pronto término la victoria de los facciosos? No será, ciertamente, por los avances de las tropas que personalmente manda Mola, pues todas ellas están, poco más o menos, en los sitios donde se encontraban cuando se sublevaron. Podrán haberse movilizado las tropas en el Norte, dentro del área que ocuparon en el instante mismo de insurreccionarse; pero ¿qué extensión han conseguido en ese área? Ninguna absolutamente. Si acaso, habríamos de computarles repliegues, y no avances. ¿Cómo en avance desde Pamplona y Vitoria no se han adueñado de Guipúzcoa y Vizcaya? ¿Cómo no han ido desde Zaragoza sobre Cataluña y Valencia? ¿Cómo partiendo de Burgos, no han invadido Santander? ¿Cómo, desde Valladolid, no se ha caminado hacia Asturias? ¿Cómo, con todos los medios militares de Castilla la Vieja, no se ha entrado en Madrid? Pues, sencillamente, porque no se ha podido. Y cuando al cabo de tres semanas largas no cabe ofrecer en el balance militar más que una inmovilización desmoralizadora, las palabras anunciando un triunfo inmediato suenan a hueco.

Madrid era el objetivo de las fuerzas que Mola manda. Y tan presto creyeron sus compañeros los generales del Sur que la capital caería en sus manos, que incluso llamaban telefónicamente desde Sevilla preguntando por él al ministerio de la Gobernación cuatro o cinco días después del estallido. Y Madrid está indemne, habiendo, cuando no rechazado, contenido, en los puntos donde se presentaron por sorpresa, a las avanzadas que tenían encargo de abrir los boquetes por donde había de entrar victorioso en la capital el ejército de Mola

En cuanto a la eficiencia de las zonas industriales, supongo que el general con quien discuto cambiaría muy gozoso, si para el cambio se le ofreciera coyuntura, Galicia por Asturias, Burgos por Santander, Logroño por Vizcaya, Navarra por Guipúzcoa; Huesca, Teruel y Zaragoza juntas, no ya por Cataluña, sino por Barcelona sólo, y Soria, Ávila y Segovia por Valencia. 

Las palabras radiadas de Mola tienden a tranquilizar al buen burgués, a ese a quien se le hizo creer que todo iba reducirse a un cambio de decoración teatral, y que un día, acostándonos en una República democrática, al despertar del día siguiente nos hallaríamos bajo un régimen autoritario. 

Ahora ese buen burgués se encuentran con que no tendrá modo de rescatar los dineros que dio para la insurrección, sino que, además, está abocado a que se le conviertan en cenizas sus acciones industriales y bancarias y sus títulos de renta. Porque no cabe duda que al empobrecerse el pais, como se ha de empobrecer por la guerra civil, las primeras victimas del empobrecimiento serán los ricos, al pulverizárseles, por la devaluación, sus preciadísimos títulos mobilarios. 

No sé por que, acaso por suponerle más inteligente que a casi todos sus colegas en subversión, creo que el general Mola figura hoy, aunque no le deje entrever, en la lista de los arrepentidos. ¡Ah si pudiera retroceder hasta la víspera del día en que, por su encargo, el coronel García Escámez notificó la proximidad de la sublevación al segundo jefe de la Guardia Civil de Navarra! ¡Con qué gusto retraería semejante orden! Con la misma con que, seguramente, habría rehusado, en 1930, la Dirección General de Seguridad, de haber sabido lo que se le venía encima. 

(De «Informaciones»). 

El Día : diario de información defensor de los intereses de Alicante y su provincia Año XXII Número 6240 - 1936 agosto 12

martes, 9 de diciembre de 2014

Lo que dice Matínez Barrio a un periodista francés

El enviado especial de la Agencia Havas en España, señor Christian Ozanne, se ha entrevistado en Alicante con don Diego Martínez Barrio, presidente de la Junta delegada de Levante. 

La entrevista tuvo efecto en el palacio del Gobierno civil de dicha capital, donde el señor Martínez Barrio trabaja activamente, junto con los demás miembros de la Junta y personal auxiliar. 

A preguntas del periodista el señor Martínez Barrio comenzó diciendo que Alicante, al igual que las demás capitales de la zona de Levante sobre las cuales ejerce autoridad, como Murcia, Albacete y Castellón, se hallan absolutamente tranquilas, y que Valencia ha recobrado también su aspecto normal.

Añadió que acababa de regresar de Cartagena, donde fue objeto de una entusiasta acogida. 

En toda la región de Levante, tan profundamente republicana, el pueblo se puso inmediatamente al lado del Gobierno, con lo que se facilitó extraordinariamente la labor de la Junta delegada del Gobierno. 

La labor principal de esta Delegación fue organizar el envio de tropas de refuerzo hacia los frentes de combate.

Tropas regulares y fuerzas de las Milicias del Frente Popular, organizadas en batallones; compañías y secciones, parten hacia los puntos designados por el Gobierno republicano. 

-¿Cuándo cree usted que terminará el movimiento?- preguntó nuestro corresponsal. 
-Creo que durará poco- contestó con firme acento el señor Martínez Barrio-. Actualmente asistimos ya a la liquidación del movimiento militar. La dificultad principal reside actualmente en que los rebeldes no saben cómo rendirse, aún cuando se hallan completamente convencidos de su derrota. 

Una rebelión militar que no triunfe a las 48 horas de haber estallado- continuó diciendo el señor Martínez Barrio- no triunfa nunca. Cada día que pasa da mayor robustez al Gobierno legítimo y debilita a los insurrectos. 

-¿Qué será de las Cortes ahora?- interrogó nuestro enviado especial. 

-El Gobierno ha decidido suspender las sesiones parlamentarias hasta el día 10 de octubre, lo que no significa otra cosa sino la suspensión pura y simple de las labores parlamentarias hasta la entrada de otoño, y no tiene ningún otro alcance. 

-¿Cree usted que el Gobierno organizará un ataque a fondo contra las posiciones insurgentes para destrozar de una vez la rebelión? 

-Es muy posible, pero no le quepa a usted duda de que en cuanto se hunda uno de los muros de sostén de la rebelión, sea Zaragoza, Sevilla o Burgos, el movimiento sedicioso quedará liquidado para siempre jamás. Es más -añadió el señor Martínez Barrio-; si no se tratara de derramar inútilmente sangre española, diría que la duración del movimiento no tiene importancia con relación al resultado final, porque sea en unas horas o en unos días, la rendición o la fuga de los rebeldes tendrá efecto fatalmente para ellos, y en seguida se procederá a la consolidación de la República democrática. 

-¿La República seguirá presentando, después de este movimiento, el mismo carácter que tenía? 

-No puedo pronosticar lo que ocurrirá en el futuro, pero sí he de hacer notar ante la opinión extranjera que hemos administrado inteligentemente el país republicano durante los graves momentos que nos impone la lucha actual, y le aseguró que del mismo modo administraremos nuestro triunfo por medio de la colaboración de todos los partidos del Frente Popular. 

Con estas palabras, el señor Martínez Barrio da por terminada su entrevista con el señor Ozanne. 

 El Día : diario de información defensor de los intereses de Alicante y su provincia Año XXII Número 6240 - 1936 agosto 12

martes, 2 de diciembre de 2014

Como salvo su vida, Sánchez Mazas (Labor, 13-2-1939)

El miércoles llegó a esta ciudad el gran escritor falangista Rafael Sánchez Mazas, escapado ayer del campo rojo. Sánchez Mazas ha superado con magnífico espíritu las penalidades de una odisea donde los sufrimientos morales dominaban los padecimientos físicos. Últimamente, el día 30, fue fusilado en unión de otros cincuenta españoles. Milagrosamente pudo esconderse después de la primera descarga, resultando indemne. 

Hemos saludado emocionados a Rafael Sánchez Mazas. Llega a Barcelona después de dos años y medio dé prisión. Entre un grupo de amigos que gozaban de la presencia del resucitado, Sánchez Mazas explicó cómo pudo escaparse de los rojos. 

Sánchez Mazas era uno de los encarcelados del SIM y a la entrada de nuestras tropas en Barcelona se lo llevaron los rojos con otros dos grupos de presos.

En Collel, como a los rojos les estorbaban los prisioneros, decidieron deshacerse de ellos y fusilarlos. En grandes grupos fueron colocados para el fusilamiento, y se les disparó con fusil ametralladora. A la primera descarga cayó el primer grupo. Casi todos los prisioneros cayeron como hombres sin vida. Sánchez Mazas se arrojó al suelo, dándose perfecta cuenta de que las balas de sus verdugos le habían respetado. Entonces Rafael, dando un gran salto, se lanzó a correr a campo traviesa, perseguido y dibujado por los disparos de los rojos. Así ganó un pequeño bosque, cayendo en un profundo hoyo a pocos metros de franqueado. Allí se mantuvo quieto, seguro de que pronto sería alcanzado y vería sobre sí los fusiles de sus perseguidores. Pero pasaron unos minutos y Sánchez Mazas sintió los tiros de gracia que se daban a los fusilados de su grupo en el campo que quedaba atrás. Después vino el ojeo en el bosque para buscarle. Una lluvia torrencial que descargaba en aquel momento hizo que los milicianos no insistieran en su persecución y se dedicaran a disparar sus armas contra el ramaje y la espesura.

Oscurecía. Sánchez Mazas, ya de noche, empezó a salir de su escondite arrastrándose con gran sigilo. El cauce alborotado de un pequeño torrente facilitaba su camino y orientaba su huida. Así pasó varios kilómetros y llegó a un pequeño campo donde cayó en una zanja y perdió sus gafas, encontrándose casi imposibilitado para la evasión. Rodeó un pueblo y llegó hasta una masía donde había buena gente. Allí contó su caso de evadido de los rojos y la mujer que habitaba la masía le dijo que por allí pasaban constantemente en retirada muchos milicianos y que debía ir de masía en masía acercándose a las vanguardias españolas que no estarían lejos. Le pareció a Sanchez Mazas oportuno el consejo y durmiendo con la luz del sol y andando de noche, fue recorriendo masías hasta que llegó a una de buena familia y le dejaron dormir en el pajar por la noche y de día se iba al monte. 

En dicha masía, los buenos payeses le facilitaron la comida a las siete de la mañana y a las siete de la noche. Desde aquí sé decidió a dar el último paso hacía su liberación.

Se despidió de sus bienhechores y desconocidos amigos y en el mente se encontró con tres evadidos de los rojos qué le recibieron con regocijo. 

Pronto hubo explicaciones. Sánchez Mazas se dio rápida cuenta de quiénes se trataba y les expuso claramente sus razonamientos. Sólo quedaban dos caminos. «O me entregáis a los rojos y vosotros vais a correr mí suerte, o pasáis conmigo a los españoles.» Desde aquel momento Sánchez Mazas contó con tres guías y tres prisioneros qué le entregaron sus pistolas, Pasado un aeródromo rojo, la bandera española que flameaba al viento señaló a nuestros fugitivos la llegada a las vanguardias nacionales.

Se me recibió con extraordinario entusiasmo. Hablé a los soldados y di entonces mi primer ¡Arriba España! He llegado a Barcelona y me veo entre casi todos mis mejores amigos. Y vengo a mi España, más joven que nunca, a trabajar por ella, sin pensar ya en esta pequeña peripecia de mí vida. 

Labor Año VI Número 435 - 1939 febrero 13

sábado, 29 de noviembre de 2014

El "Tercio de los mutilados"

Como el carnicero Franco no sabía qué hacer con el paranoico Millán Astray, que en estos trabajos fue su jefe, mejor que fusilarle -que hubiera sido lo mejor- le ha, encargado, para que se entretenga, de fundar -¡agárrense ustedes!- el «Tercio glorioso de los mutilados y heridos de guerra». 

El gran majadero -al que, como es sabido, le faltan un ojo, un brazo y el cerebro- anda dando gritos por el mundo fascista para la realización de su obra, y, según leemos en «La Voz de España», de San Sebastián, al final de un discurso, o lo que fuera, ha dicho estas palabras, que como nota pintoresca vale la pena de reproducir, porque no todo lo que venga del «otro mundo» van a ser noticias de crímenes y piraterías: 

«Ya lo sabéis todos los que estáis ahora combatiendo, los que antes caísteis, los que caeréis más adelante, en el corto tiempo que habrá de transcurrir hasta nuestra victoria completa, que ya está cercana. Así me lo ha dicho ayer mismo el generalísimo Franco: «¡La victoria se acerca!» Ya sabéis 
que la patria, representada por Franco, ha elegido al más humilde de los legionarios, el más modesto de los mutilados por la patria; pero el más enérgico, tenaz y firme para velar por los soldados. Y he sido nombrado por Franco «general jefe de la Dirección del benemérito Cuerpo de mutilados en la guerra por la patria», y nadie habrá de aventajarme en cumplir en este honroso mandato y en cumplir 
cuantas órdenes reciba de mis jefes, en este caso de mi más querido jefe: el salvador de la patria. El, que me decía: «Te dedicarás ya y por ahora, y mientras no te ordene otra cosa, a organizar con toda rapidez y con todo entusiasmo el Cuerpo de los mutilados y heridos por la guerra. Y cuanto sea necesario mandar, se mandará; y cuanto sea preciso que el Estado y todos los españoles aporten para premiar, cuidar y proteger a los mutilados, se hará.»

Ya formamos un nuevo Tercio: el Tercio de los mutilados por la patria. Y yo a la cabeza de él, os aseguro, queridos mutilados, que ya jamás os dejaré y que la voluntad de España, dictada por Franco, será cumplida. 

¡Y ahora, mutilados todos, estad preparados para recibir en cualquier momento la orden o el grito de «¡A mí los mutilados!», para que igual que cuando los legionarios oyen el grito de «¡A mí la Legión!», acudamos todos juntos para con los miembros que nos resten y con nuestros corazones, que siguen latiendo con igual ardor, formemos el Tercio de mutilados para alcanzar, si Dios nos considera dignos de tanta gloria, el honor de dar lo que nos queda de vida paro la patria, para el Ejército y para obedecer a nuestro caudillo, el generalísimo Franco en lo que quiera mandarnos. sin tener que mirar los miembros que nos faltan. 

¡Caballeros mutilados!: ¡Viva España! ¡Viva Franco! ¡Viva el 
Tercio glorioso de mutilados por la patria!» 

«Sin tener que mirar los miembros que nos falten.» 

¡Eso no hay que advertirlo! 

A Queipo le falta el cerebro, y se le utiliza como capitán general de Andalucía. 

La Libertad La Libertad - Año XIX Número 5274 - 1937 febrero 16 (16/02/1937)