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miércoles, 5 de diciembre de 2018

Parte de Guerra Nacional (5 de diciembre de 1938)

Estabilización.

Sin novedades dignas de mención.

Actividad de la aviación.—En el día de ayer fueron bombardeados dos veces el puerto de Barcelona, alcanzando muelles y almacenes, las fábricas de material de guerra de Badalona, Gava y Villanueva y el puerto de Valencia.
Hoy se han bombardeado los objetivos militares de la estación ferroviaria de Segorbe y los del pueblo del mismo nombre.

LA ESCUADRA, FIEL A SU TRADICIÓN

Un ejemplo de lealtad y decisión que debe ser brindado a los soldados

Por conducto de «Heraldo de Madrid», la Escuadra ha enviado a los diarios republicanos un saludo efusivo, al que nos obligamos a corresponder; pero no de una manera protocolaria y fría, sino cordial y caliente, como se merecen las tripulaciones y los nuevos mandos de la Escuadra, que tan excepcionales servicios están rindiendo a la nación y a la República. A su actividad y a su capacidad de sacrificio fiamos todos los combatientes aquellas victorias que hayan de conseguirse en el litoral y en el norte de Africa. No es éste el momento de reseñar sus proezas ni de exaltar las victorias conseguidas por los cañones de la Escuadra.

De eso habrá que hablar con detalle y por largo. Lo más urgente está en decir que la Escuadra, una vez más, ha hecho honor a su gloriosa tradición de liberalismo, primero, y de republicanismo después.

Todavía conservamos viva en el recuerdo aquella memorable noche bilbaína en que, surta la Escuadra en el Abra, de paso para Santander, donde la ex real familia veraneaba, ocupando el Palacio de la Magdalena, representantes autorizados de la marinería y del personal técnico hicieron este sobrio ofrecimiento: «Estamos a la devoción de la República. Al amanecer daremos vista a Santander. Désenos la orden, y reduciremos a cenizas el Palacio de la Magdalena con todos sus ocupantes. Tenemos dispuesta todas las cosas para ello.» Era en las postrimerías del golpe de Estado de Primo de Rivera. No se dio la orden. Lo que entonces no hicieron los marinos lo han hecho ahora : desembarazarse de los mandos traidores y poner los buques al servicio del pueblo y de la República. Esa es su gran lección. Una lección que debe ser brindada a los soldados que mandan los insurrectos, y a los cuales se les da, más fácilmente, la posibilidad de reducir a quienes los mandan y sumarse a las fuerzas leales y a las milicias populares. Más fácilmente, por cuanto que, una vez en la calle y pertrechados de munición, a los mandos facciosos no se les da la posibilidad de controlar a sus tropas.

Es el momento adecuado para que los soldados imiten la conducta admirable de la marinería y clases de la Escuadra. Es la única que puede legitimar a los soldados, que, a estas horas, saben perfectamente cuál es la posición del pueblo y cuál la intención de los insurrectos. Es dificilísimo admitir la ignorancia. Los soldados que hacen fuego y causan bajas a las milicias populares, ¿cómo conseguirán justificarse una vez prisioneros? Tanto más difícil esa justificación, cuanto que hay compañeros suyos que, al acecho de toda oportunidad para pasarse a los leales, desertan de los facciosos incluso con riesgo de la vida. La comprensión y la tolerancia de que hemos venido haciendo alarde están a punto de agotarse. En el Alto del León y en Somosierra, soldados no menos facciosos que sus jefes, afinaban su puntería contra las milicias, causándoles heridos y muertos. Es demasiado esperar, después de su criminal conducta, que se les respete la vida.

Para que ese respeto se produzca es indispensable que manifiesten su voluntad de rebelarse contra sus jefes, a los que ni legal ni moralmente deben acatamiento. Pueden ajusticiarlos con la seguridad de merecer el reconocimiento público, de la misma manera que lo han ganado las tripulaciones de la Escuadra, a las que enviamos nuestra más calurosa felicitación.

Una vez más, la marina de guerra, servida por hombres del pueblo, mandada por una vieja aristocracia apolillada, ha pasado por alto las órdenes de sus jefes para ponerse incondicionalmente al servicio del pueblo. ¡Salud a ella!

El Socialista (24/7/1936)

martes, 4 de diciembre de 2018

Parte de Guerra Nacional (4 de diciembre de 1938)

Estabilización.

Sin novedades dignas de mención.

Actividad de la aviación.—Ayer fueron bombardeados los objetivos militares del puerto de Barcelona, el puerto y los Altos Hornos de Sagunto, las fábricas de material de guerra de Blanes y las de municiones y cemento de Chiva y Buniel.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Parte de Guerra Nacional (3 de diciembre de 1938)

Estabilización.

Sin novedades dignas de mención.

Actividad de la aviación.—En la noche del 1 al 2 se bombardearon las industrias y fábricas de electricidad de Badalona.
Ayer fueron bombardeados los objetivos militares de Borjas Blancas, el puerto de Valencia, logrando alcanzar y producir incendios en el taller «Gómez», y los muelles de Palamós, ocasionando grandes explosiones.
En el día de hoy han sido alcanzadas las centrales eléctricas de Adra y Figols y los objetivos militares de la estación de Pozoblanco.

Hacer de España una escombrera inmensa de cadáveres (El Socialista, 24-7-1936)

La suerte de los insurrectos no ofrece, a estas alturas, la menor duda. Es trágica. Ellos mismos reconocen su derrota, y no la ocultan, al decir, como dicen, «que se saben perdidos, pero que procurarán causar los mayores daños». Por monstruosa que la declaración parezca, es rigurosamente cierta y está confirmada por los hechos. No es que traten de vender caras sus vidas, es algo peor: es que se disponen a ocasionar los más terribles quebrantos al país. Quebrantos de toda índole: vitales, económicos, artísticos, morales. Ahora es cuando se pone de manifiesto, con terribles luces sangrientas, aquella verdad nuestra que afirmaba qué sólo siendo la Patria una propiedad de ellos les interesaba la Patria. Ahora que la derrota les hace comprender que en lo sucesivo no dispondrán del menor privilegio, se disponen a arrasarlo todo: vidas, cosechas, testimonios históricos y artísticos del pasado nacional. ¡Todo! A poder, convertirían a España en una escombrera inmensa sembrada de cadáveres, o la entregarían como colonia a una cualquiera de las naciones fascistas. Algo de esto segundo, y mucho de lo primero, ha hecho en Sevilla el ex general Queipo de Llano, mezclando al cónsul general de Italia, a quien le es obligada una neutralidad exquisita, en la contienda que vamos liquidando los españoles con manifiesta rapidez y fortuna.

Lo que en Queipo de Llano es una botaratada, propia de su imbecilidad congénita, es en Franco un acto de fría traición, por cuanto que sabe todo el alcance internacional que puede llegar a tener la insurrección de las tropas de Africa.

La lección de patriotismo que han dado al país los generales será inolvidable para los españoles. Queda liquidada toda una etapa engañosa y falsa. A partir de la traición de una parte del ejército, la que presumía de depositaría de nuestras tradiciones se abre un proceso de consecuencias fácilmente previsibles. Se ha acabado el monopolio de la Patria que se habían concedido a sí mismas las derechas. Mejor que acabarse, se ha transferido: la Patria la encarna, una vez más, el pueblo. El mismo que la encarnó en todos los momentos decisivos de nuestra historia; pero esa encarnación tiene ahora una particularidad que la diferencia de las anteriores, a saber, que, en lo sucesivo, la Patria no será el feudo de los que la han tenido como proveedora inagotable de sus privilegios de casta. Convencidos de ello, intentan aniquilarlo todo. Ese es su monstruoso objetivo de estas horas.

Nada, por respetable que sea, contiene su furia de derrotados.

¿No acabarán por reconocer su engaño los que dieron crédito a las falsas prédicas patrióticas de los insurgentes? ¿No saldrán de su error las gentes sencillas que tenían por ciertos juramentos falsos en su misma raíz?

El famosísimo brazo armado de la Patria, constituido y mantenido exclusivamente para su defensa, le hace el daño que no hubiera podido hacerle su peor enemigo. Por increíble que en otros días se nos hubiese antojado esa sospecha, tiene en la actualidad la fuerza avasalladora de un hecho brutal. Cuando se haga el balance de estas jornadas trágicas, el más impasible se sentirá anonadado, incapaz para contener el impulso violento de su alma.

Toda esta tragedia inmensa se la debemos a los traidores, a ese grupo de generales, jefes y oficiales, que no podrán compensarnos, por dura que sea su suerte, de los daños que han inferido a España. ¿Qué valen todas las vidas de todos los jefes facciosos junto a una sola de los numerosos trabajadores que la han perdido en defensa de España y de la República ? Guardan la misma relación de precio que la bola que arrastra el escarabajo junto a la más pura pieza de diamante.

El Socialista  (24/7/1936)

domingo, 2 de diciembre de 2018

Parte de Guerra Nacional (2 de diciembre de 1938)

Estabilización.

Sin novedades dignas de mención.

Actividad de la aviación.—En el día de hoy se bombardeó el puerto de Barcelona, alcanzando los muelles y depósitos.
En el de hoy, se han bombardeado con eficacia las centrales eléctricas de Alp y San Pablo de Seguries, y los objetivos militares de la estación del ferrocarril de San Juan de las Abadesas.


sábado, 1 de diciembre de 2018

Un gran problema histórico en liquidación (El Socialista, 23-7-1936)

Harán mal quienes, al someter a examen la sangrienta contienda que estamos viviendo, la juzguen solamente como un episodio trágico, de gran volumen, terrible en su desarrollo y en sus consecuencias, pero encajable en los límites estrictos de un problema actual. Es todo eso, desde luego; pero es algo más que eso. Lo que al presente se ventila en España a tiros de fusil no es más ni menos que el gran pleito histórico de la civilidad española, soterrado a veces, pero siempre latente; disminuido en la apariencia, pero intacto en la realidad; diferido en su urgencia, pero siempre sin resolver. Habrán podido las circunstancias procurarnos, en ocasiones, la ilusión de que ese gran problema quedaba ya entregado al pasado. La ilusión, sin embargo, no acaba de tomar tierra entre nosotros. Es una ilusión forastera que nos hace visitas fugaces y escapa luego a golpes de la adversidad. El fantasma surge inevitablemente cuando se le cree, con mejor fundamento, vencido, para dar testimonio, con su presencia, de que sigue en pie la lucha dramática que arruina desde hace un siglo nuestra vida nacional. Oligarquía contra democracia; militarismo contra política; pretorianismo contra civilidad. Cien veces se afirmó en España por la fuerza de la razón el espíritu civil, y otras tantas fue derrotado por la fuerza de la brutalidad. 

A despecho de cambios y revoluciones, la libertad tuvo siempre en España dos carceleros que la retuvieron prisionera: la Iglesia y el cuartel.En las horas que corren —cada una tiene el valor de un día; cada día, el valor de un año—, cargadas de tremenda gravedad, se advierte bien hasta qué punto nuestra ciudadanía se alimenta de mentiras y vive en precario. Amarga y deprimente es la confesión, pero obligada. La democracia republicana tenía más de retórica que de sustancia; más de estampa que de fibra; era una arquitectura elegante montada sobre unos cimientos carcomidos. No tiene nada de extraño que la arquitectura se bambolease a merced de los vientos. El 10 de agosto... Noviembre de 1933...

La represión salvaje de Asturias... Y esta otra sublevación bestial, en que todas las fuerzas de un pasado incivil han vuelto a juntarse para levantar contra la República, en golpe definitivo y bárbaro, el espadón clásico para cercenarle la cabeza a la civilidad. Tan de mentira vivíamos, que los sublevados han podido creer que también la República, en sí misma, era una mentira. Ese ha sido su error. Un error que ninguna estrategia militar puede hacer remediable. Los sublevados lo están comprobando a través de su derrota. Esas milicias armadas, sin técnica guerrera, mal pertrechadas, cargadas de sueño, comiendo mal o no comiendo,  ¿de dónde sacan la bravura indomable que pone en fuga a los generales? ¿Qué aliento los empuja que hace retroceder los cañones? Presumimos el asombro de los militares frente al milagro.

Asombro porque ellos son incapaces de comprender la gran fuerza contra la cual no sirve la fuerza: la fe. Es la fe la que pone ímpetu en el brazo y coraje en el alma. ¡A qué distintas razones responde el pretorianismo de los generales! En su conducta todo es subalterno, sórdido y miserable. En las fuerzas que les cortan el paso, todo es grandeza, desinterés, heroísmo que vive  de sí mismo, no de las cruces, ni de las pagas, ni de la jerarquía social. Lo que está muriendo, a fuerza de sacrificio y sangre proletaria, es el pretorianismo infamante que España y la República venían soportando sobre sus espaldas. Batalla histórica, en la que un pueblo cobra, a precio de dolor, su libertad definitiva. La sangre que se vierte hoy es la semilla de una cosecha que ninguna tempestad podrá malograr ya.

El Socialista (23/7/36)

Parte de Guerra Nacional (1 de diciembre de 1938)


Estabilización.

Sin novedades dignas de mención.

Actividad de la aviación.—Ayer fueron bombardeados eficazmente las fábricas de material de guerra de Tárrega.