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martes, 18 de septiembre de 2012

Los hermanos Miralles

La historia convertida en leyenda. Tres jóvenes 'aristócratas' madrileños, Luis, Manuel y el capitán Carlos Miralles, que luchan junto a los golpistas en el puerto de Somosierra y cuyo trágico destino les convierte en mitos

El 22 de julio de 1936, cuatro días después de producirse el levantamiento militar, el capitán Carlos Miralles, al mando de un grupo de voluntarios de Renovación Española, cae en la sierra de Madrid. Su temprana muerte le convierte en un mito entre los golpistas. Sus hermanos, Luis y Manuel, también desempeñarán un papel protagonista en estos primeros días.

Activistas alfonsinos militantes de Renovación Española, el trío Miralles decide ponerse al servicio de los rebeldes cuando el Frente Popular gana los comicios de 1936 y empieza a perfilarse el golpe. Pertenecientes a la aristocracia madrileña, su papel consiste en efectuar labores de enlace.

La personalidad de Carlos impresiona al general Mola, que le nombra capitán honorario. "La mano de este muchacho quema. Es toda una hoguera patriótica", cuenta el historiador Joaquín Arrarás que afirmó Mola del mayor de los Miralles.

El 17 de julio, Carlos regresa de Pamplona con instrucciones del general, y pone rumbo a la sierra madrileña. El capitán y algunos voluntarios salen desde Burgos mientras otros, más impacientes, avanzan desde Madrid hacia las montañas. El grupo, formado por 50 combatientes, está compuesto por amigos íntimos de los Miralles, apellidos ilustres pertenecientes a la aristocracia política y financiera. Su objetivo es ocupar el puerto de Somosierra y facilitar la entrada de las columnas rebeldes.

La. batalla contra los republicanos se inicia el día 22. Esa misma tarde, Carlos cae abatido mientras lucha cuerpo a cuerpo con el comunista Ángel Tarado Manso, que también muere.

Tras el enfrentamiento, sus hermanos acuden en su auxilio y le meten en una camioneta con destino Cerezos de Abajo (Segovia). Muere de camino. Al día siguiente es enterrado en Burgos, en uno de los primeros funerales oficiales que se realizan al desatarse la guerra. Incluso se le otorga la Cruz Laureada de San Fernando. El destino de sus hermanos no será muy distinto. Luís muere dos meses después, el 22 de septiembre, también en Somosierra. Manuel luchará casi hasta el final, falleciendo el 26 de mayo de 1938 mientras combate en el Frente de Teruel.

Onésimo Redondo (1905-1936)


El impulsor del nacionalsindicalismo en Castilla La Vieja tiene 31 años cuando fallece. Sin embargo, en su corta vida se acumulan destacados logros como político y escritor, además de ser cofundador de las JONS

Es un día de verano y en el pueblo segoviano de Labajos hace un calor agobiante. A pocos kilómetros de allí, republicanos y falangistas pelean encarnizadamente desde hace días por el control del puerto de montaña conocido como el Alto del León. Pese al elevado número de bajas, los nacionales han logrado mantener su posición y ese día, 24 de julio de 1936, esperan la visita de Onésimo Redondo, destacado falangista y cofundador de las JONS, que se dirige hacia allí con la intención de insuflar ánimos a las tropas. Nunca llegará a su destino.

A poca distancia del puerto, el automóvil donde viaja Redondo en compañía de su hermano y dos compañeros se cruza en Labajos con un camión cargado de soldados, a los que toman por nacionales. Sin embargo, al aproximarse ambos vehículos, uno de los milicianos les encañona con su fusil y les obliga a bajar del coche. La sorpresa les impide reaccionar con claridad. El hermano de Redondo, Andrés, grita que no disparen, pero su amigo Agustín Sastre es abatido. Todos huyen aterrorizados, excepto Redondo. El primer disparo le alcanza en la rodilla y cae junto al coche. La segunda descarga acaba con su vida. Tiene 31 años.

Cinco días antes de su muerte, el pronunciamiento del 18 de julio le sorprende en la prisión provincial de Ávila. Redondo había sido detenido en Valladolid el 19 de marzo. Semanas antes de la victoria del Frente Popular, había afirmado: "Si triunfan, iremos todos a la cárcel al día siguiente". La profecía resultó cierta, pues el nuevo Gobierno comienza a perseguir a su partido tras las elecciones.

En esa época, Onésimo Redondo es ya un destacado miembro de Falange Española y de las JONS. Su carrera política había comenzado a perfilarse durante su época de estudiante de Derecho en Salamanca, cuando entra en contacto con varias agrupaciones católicas. Tras licenciarse, obtiene en 1927 una beca como lector de español en la Universidad de Mannheim, Alemania.  Durante su estancia, Redondo queda impresionado por el creciente avance del nacionalsocialismo alemán, sobre el que escribe numerosos artículos.

De vuelta en España, comienza a trabajar como abogado y secretario del Sindicato Remolachero de Castilla, al que "reorganiza de arriba abajo", según su sucesor Tomás Bulnes, y "dota impulso y carácter". En 1931, se une al movimiento de Acción Nacional, movido por el enérgico apoyo a la Monarquía que le habían inculcado sus padres, campesinos profundamente religiosos. Ese mismo año, crea el semanario Libertad, situado en una línea nacionalista y beligerante con el régimen republicano. También participa en la creación de las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica, germen de las futuras Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS), que funda junto a Ramiro Ledesma Ramos.

En su manifiesto, las JONS se declaran beligerantes con el marxismo y se definen por su nacionalismo o "nacionalsindicalismo", como bautiza Ledesma al ideario jonsista. "Ni la república nos cautiva ni la monarquía nos preocupa, (....) El pueblo creador y unido por la fe común de la patria, sabrá en cada momento histórico darse su régimen apropiado", aclara Redondo en el semanario Libertad al referirse a la forma del Estado. Sin embargo, acepta la propiedad privada y proclama la superación de la lucha de clases a través de un estado coorporativo, basado en el sindicalismo vertical. La justicia social se proclama como uno de los pilares del movimiento.

En 1932, la sublevación frustrada del general Sanjurjo provoca una oleada de represalías contra los grupos desafectos al régimen. Redondo huye a Portugal y su regreso, en 1933, coincide con el surgimiento en Madrid de Falange Española (FE), liderada por José Antonio Primo de Rivera y cuya similitud ideológica con las JONS va eclipsándolas progresivamente. En 1934, se acuerda la unión de ambos movimientos y los tres líderes, Primo de Rivera, Redondo y Ledesma Ramos, inician una intensiva labor política que continúa tras el abandono de este último en 1935.

Hasta 1936, el número de afiliados a FE de las JONS crece al mismo ritmo que la desconfianza de los partidos de izquierdas. La victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero va seguida de una persecución contra los miembros de Falange. El 19 de marzo, Onésimo Redondo es arrestado durante una redada en el café Cantábrico de Valladolid. En junio, le trasladan a la prisión provincial de Ávila.

La madrugada del 19 de julio, un día después del levantamiento, los falangistas encarcelados en Ávila son liberados, no sin dificultades. Cuando el director de la prisión les invita a salir de sus celdas, Redondo y sus compañeros se niegan, creyendo que su verdadera intención es fusilarles. Finalmente, un destacamento de guardias civiles llega a la cárcel y, tras hablar con el oficial al mando, los falangistas acceden a salir de sus calabozos.

Por la tarde llegan a Valladolid y Redondo se presenta ante el general Saliquet y otros jefes militares. Inmediatamente se reúne con los dirigentes falangistas y organiza los primeros contingentes de FE de las JONS. El 20 de julio desarrolla una actividad febril. Comienza por enviar grupos de falangistas a Tudela de Duero y otros pueblos vallisoletanos para sofocar la resistencia. También traslada su cuartel general a la Academia de Caballería, desde donde dirigirá a las milicias falangistas, organizando la intendencia y el reclutamiento.

El 22 de julio, Redondo y el resto de los generales inician el movimiento de tropas con destino a la capital. La primera columna llega al mediodía a San Rafael para tomar por sorpresa el Alto del León, en Somosierra. Las tropas republicanas, percatadas de la importancia estratégica del puerto, oponen una fuerte resistencia, pero son derrotadas. El enfrentamiento prosigue el 23 con varias tandas de asaltos. Según el falangista Carlos Sanz, Redondo visita ese día a los soldados en el Alto del León. Por la tarde regresa a Valladolid, pero decide volver al día siguiente para elevar la moral de las tropas.

El 24 de julio, una columna de soldados republicanos, comandada por el teniente coronel Julio Mangada, sale de Madrid en dirección al Alto del León. Su objetivo es sorprender por la espalda a las tropas nacionalistas que controlan el puerto. Al llegar a Labajos, uno de estos camiones se desvía de la columna para repostar en el pueblo. En su camino se cruza un automóvil y varios milicianos sublevados reconocen entre sus ocupantes el rostro del falangista Onésimo Redondo.

José Giral (1879-1962)


Licenciado en Farmacia y Químicas, su labor política destaca en los primeros compases de la Guerra primero en el Ministerio de Marina y posteriormente como presidente del Gobierno, entre julio y septiembre de 1936

Transcurridas pocas horas después del golpe militar, y ante el fracaso que supone el Gobierno nonato de Diego Martínez Barrio, el presidente de la República, Manuel Azaña, ordena al ministro José Giral que constituya un nuevo Gabinete. Éste acepta y el 19 de julio elabora un nuevo Gobierno formado en exclusiva por republicanos moderados, en el que él, además de la Presidencia, se reserva su antigua cartera en el Ministerio de Marina. Estos dos cargos representan para Giral el escalón más alto de su trayectoria política, una trayectoria que poco o nada tiene que ver con la que el Giral estudiante pensaba para sí mismo en sus años de facultad. 

José Giral Pereira nace en Santiago de Cuba el 22 de octubre de 1879, hijo de un emigrante soriano casado con una nativa de la isla. Tal y como relata José Esteban, historiador y biógrafo del político, no está claro en qué momento el joven Giral regresa a la península Ibérica, aunque se sospecha que su vuelta se produce poco después de la pérdida de las colonias españolas en 1898. Lo que sí se sabe es que una vez aquí es matriculado para que continúe su formación en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid. Concluido el bachiller, la curiosidad que en él despierta todo lo relacionado con el mundo de las Ciencias le conduce a dos carreras universitarias muy alejadas de las artes retóricas de la política: Farmacia y Químícas.

Durante esta etapa de estudiante conoce a destacados personajes novencentistas, como Giner de los Ríos o Miguel de Unamuno, y se incorpora a uno de los sindicatos universitarios, Unión Escolar, cuya finalidad principal es lograr una regeneración de la enseñanza superior. Su primer logro académico destacado llega en septiembre de 1902, cuando obtiene el doctorado cum laude de Químícas.

Sus primeros trabajos remunerados transcurren por diversos laboratorios químicos de la capital, a la par que dedica su tiempo de ocio en fundar, junto con otros colegas del ramo, la Sociedad Española de Física y Química (1903), Sus éxitos como estudiante se le van acumulando, y al año siguiente, 1904, consigue también el doctorado de Farmacia. El esfuerzo se ve recompensados en 1905 cuando obtiene la cátedra de Químicas Orgánicas en la Universidad de Salamanca. De su periplo salmantino cabe destacar la fundación de la Sociedad Química de la ciudad, así como la redacción de su libro Análisis orgánico funcional.

En 1920 retorna a Madrid para abrir una farmacia en el número 35 de la calle de Atocha. En la trastienda de esta rebotica será donde empiece a fraguarse el Giral político.

Junto a Manuel Azaña, con quien mantiene una estrecha amistad, funda Acción Republicana, una organización política apoyada por intelectuales como Ortega y Gasset, Carles Esplá o el mismo Unamuno. El interés de Giral por la política nace tras su paso, una vez en 1917 y tres veces más durante la dictadura de Primo de Rivera, por las celdas de diversas prisiones. En la primera ocasión, es encarcelado por manifestarse a favor del derecho a la huelga de los trabajadores, y en las restantes, por expresar sus ideas republicanas.

En 1926, Acción Republicana se fusiona con otros partidos de similar ideología y nace Alianza Republicana. Pese a esta nueva situación, Giral sigue completamente volcado en su gran pasión: la docencia y la investigación científica. Así, en 1928 logra su segunda cátedra, esta vez en la Universidad Central de Madrid (actual Complutense) como profesor de Químicas Biológicas. La demostración de que Químicas y Política han quedado entrelazadas para siempre en la vida de José Giral tiene lugar en la cena homenaje que sus compañeros de partido le brindan para celebrar su nuevo triunfo académico. Un apagón en mitad del banquete es utilizado como excusa para que los comensales manifiesten, en la seguridad que proporciona el anonimato de la oscuridad, sus vítores a la República y su desprecio hacia Miguel Primo de Rivera y la Dictadura.

El Boticario, como es conocido Giral entre las fuerzas conservadoras, comienza a desempeñar su primera ocupación política con la llegada del nuevo régimen republicano, sobre todo dentro de periodo que comprende el bienio reformista. Inicialmente, el presidente Manuel Azaña lo elige consejero de Estado y rector de la Universidad Central de Madrid. No será un cargo definitivo. Su gran puesto no se encuentra en los pasillos de las facultades de la Ciudad Universitaria, sino que le aguarda tras la mesa de un despacho ministerial.

En octubre de 1931 es nombrado ministro de Marina. Este nuevo cargo no le entusiasma especialmente, pero por disciplina interna al partido y, sobre todo, por fidelidad a su gran amigo y ahora presidente, decide aceptarlo. Durante esta su primera etapa dentro del Ministerio, no hay apenas grandes dificultades a las que hacer frente y Giral aprovecha esta relativa calma para ejecutar varias medidas de corte social destinadas a mejorar las condiciones de los soldados (un aumento de sueldo, entre otras cuestiones). La crisis de Gobierno de 1933 termina con su labor como ministro, aunque se mantiene como parlamentario. La fundación en 1934 de Izquierda Republicana concede a José Giral una nueva oportunidad en el mundo de la política, cuando, tras el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, regresa a su antiguo puesto en el Ministerio de Marina. Su labor se mantendrá tanto en los gobiernos presididos por Manuel Azaña como en el de Santiago Casares Quiroga.


La confianza de Giral en su nuevo equipo resulta decisiva en las inciertas horas que se avecinan para los republicanos. Conocedor de la conjura militar que se está fraguando con el fin de derribar la República, reestructura rápidamente los puestos de radiocontrol telegráfico, cancela las maniobras navales previstas en Canarias y en la costa marroquí, y determina una serie de acciones y protocolos de intervención (por ejemplo, dejar de cifrar los movimientos de las embarcaciones) a fin de detectar cualquier actuación sospechosa que indique que la maquinaria del golpe se ha puesto en marcha. Pese al efectivo control de la situación que demuestra Giral y la fidelidad al ministro de gran parte de su equipo militar y civil durante el 18 de julio de 1936 y en los sucesivos días, también hay sombríos episodios en la gestión de la crisis por parte del Ministerio de Marina.

Junto a maniobras estratégicas y de defensa, el 18 de julio la Jefatura de Madrid manda una intervención armada que los altos oficiales de las diferentes embarcaciones implicadas nunca llegan a ejecutar. Como relata José Esteban, a través de un despacho radiotelegráfico, el ministro ordena a los comandantes de los destructores Lepanto, Churruca, Sánchez Barcáiztegui y Almirante Valdés, así como al cañonero Dato, desplazados todos ellos en las costas de Ceuta y Melilla, abrir fuego sobre los campamentos y cuarteles de Regulares, centros militares y agrupaciones de fuerzas localizadas en tierra. Sus órdenes son claras: "La República española espera que la lealtad y disciplina de esas dotaciones sabrán hacer honor a la tradición brillante de la Marina. Continuarán el fuego hasta producirse una solicitud de tregua o hasta haberse consumido la mitad de los cargos".

La orden, sin embargo, no es obedecida por ninguno de los citados navios. La posibilidad de causar cientos de bajas civiles ajenas a la sublevación militar, así como el miedo de los soldados a disparar contra sus propios compañeros y amigos son algunas de las razones que impiden su cumplimiento. La crisis de Ceuta no impide, sin embargo, que Manuel Azaña deposite en su viejo amigo la confianza suficiente en estos difíciles momentos para que organice un nuevo Ejecutivo.

Entre las primeras decisiones que Giral toma estando ya al cargo del Gobierno para frenar la rebelión militar destaca, por un lado, la entrega de armas a las milicias populares, y por otro, la disolución del Ejército sublevado, una medida que a la postre se demuestra ineficaz. Otra de las más conocidas actuaciones del nuevo presidente es acudir en busca de ayuda de los gobiernos extranjeros. Giral tiene una fe ciega en la intervención extranjera europea a favor de la República. Los gobiernos francés y ruso son los primeros destinatarios de sus demandas de auxilio.

Sobrepasado por el devenir de los acontecimientos, el Gobierno de Giral pone en marcha una serie de medidas y soluciones para intervenir en la realidad que los primeros compases del conflicto bélico va dejando a lo largo y ancho del país. Así, destituye a todos los funcionarios públicos de los que tiene constancia que han colaborado en el alzamiento militar, así como a aquellos que no se muestran suficientemente afines a la República. La Guardia Civil por ejemplo, es reemplazada por la Guardia Nacional Republicana, a la par que se fomenta el desarrollo de los batallones populares, esqueleto que sustentará el inminente Ejército popular. Las organizaciones civiles contrarias a la República también quedan clausuradas.

Entre algunas de estas medidas adoptadas para mantener una situación de legalidad en España por el presidente Giral, los historiadores Alfredo y Gabriel Pérez señalan la creación, a finales de agosto de 1936, de los tribunales populares, en los que, con una base judicial militar, se juzgan delitos de rebelión y que poco a poco van sofocando la acción de los grupos de incontrolados. En el ámbito laboral, destaca la incautación para el Estado de las fábricas e industrias abandonadas por sus propietarios.

El Gabinete de José Giral da sus últimos pasos políticos con la derrota republicana en Talavera de la Reina y con Madrid técnicamente al alcance del Ejército nacional. El 4 de septiembre de 1936, Giral presenta su dimisión como jefe del Gobierno y es sustituido por Francisco Largo Caballero. Durante esta nueva etapa, el ex presidente ejerce de ministro sin cartera en los dos gabinetes presididos por el socialista, y pese a que no cuenta con ningún campo en concreto sobre el que poder actuar, sus intervenciones son siempre tenidas especialmente en cuenta por los demás miembros del Ejecutivo.

En agosto de 1937 asiste y participa en el Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura (que por celebrarse en Valencia, zona republicana, recibe el nombre de Congreso Internacional de Escritores Antifascistas). Es en este foro cultural donde manifiesta su radical oposición a que Largo Caballero forme un Gabinete de guerra sin contar con los comunistas.

Posteriormente, ya con Juan Negrín en la Jefatura de Gobierno, el 17 de mayo de 1937 es nombrado ministro de Estado, aunque poco antes de cumplir un año en el cargo será destituido y volverá a quedarse como ministro sin cartera. Tenaz en sus pretensiones, sus esfuerzos siguen encaminados en el plano internacional en conseguir la ayuda de las potencias extranjeras.


En cuanto a sus ocupaciones en el terreno nacional, sobresale su labor como representante del Gobierno republicano en las negociaciones mantenidas cara alcanzar un intercambio de prisioneros de guerra con el gobierno rebelde establecido en Burgos, unas negociaciones que resultan infructuosas por la negativa de los sublevados a efectuar el trueque entre detenidos.

Los años de Guerra Civil empiezan a pesar en España, y José Giral vuelve a coincidir con su viejo amigo Manuel Azaña en una idea: hay que lograr la paz a toda costa. Sus planteamientos políticos, que incluyen incluso la capitulación frente a los rebeldes, chocan frontalmente con Negrín, quien se opone a cualquier insinuación de rendición. Destituido como ministro de Estado en abril del 38, su asiento lo ocupa Álvarez del Vayo.

Terminada la guerra, en 1939 Giral se exilia a Francia, acompañado por Azaña, donde pasan unos días alojados en la embajada española localizada en París. Giral intenta ganar todo el tiempo posible para sacar a su familia de la Península y reunirse con ella en el exilio. Una vez que los ha juntado a todos, el grupo emprende la huida hacía México.

En el país centroamericano, José Giral vuelve a dedicarse a su gran pasión, la enseñanza, y desempeña labores de maestro en diversas instituciones educativas, entre ellas el Colegio de México, el Instituto Politécnico y la Universidad Nacional Autónoma Mexicana.

El 18 de septiembre de 1945 es elegido presidente de la República española en el exilio, un Gobierno que las propias autoridades mexicanas reconocen como legitimo. Las divisiones y enfrentamientos dentro del propio Gabinete acaban por forzar su dimisión en febrero de 1947. Desde ese momento, la única ocupación de José Giral vuelve a ser la de profesor en la Universidad de México, un trabajo que desempeñará hasta su muerte, en 1962.

Gregorio Marañón (1887-1960)


Reputado médico y científico, sobresale como uno de los políticos más independientes de la época. Monárquico constitucionalista, se manifiesta crítico con la República y cambiará su liberalismo por el apoyo a los sublevados

El doctor Marañón inventa la expresión "ojo clínico" para referirse a esa intuición especial que debe tener un buen médico y que se forja a base de experiencia y entusiasmo. El neologismo terminará extrapolándose a todos los ámbitos de la vida y, de igual forma, su inventor trasciende la Medicina convirtiéndose, gracias a su carisma y a sus magníficas relaciones sociales, en testigo privilegiado de dos décadas turbulentas de la Historia de España.

Marañón, sin militar nunca en ningún partido, está siempre en el centro de la política madrileña, y desde allí la disecciona con su bisturí exquisito e independiente para tratar de extirpar los males de la nación. Cuando en 1936 ya no puede seguir inmune a la vorágine que le cerca, reniega de la República que ayudó a alumbrar, se exilia y sólo regresa para abrazar el régimen de Franco.

Natural de Madrid (1887), hijo de un conocido juez y diputado conservador y talento precoz de la Medicina, entre sus innumerables publicaciones destacan los trabajos sobre Endocrinología, disciplina en la que es pionero y referente mundial por su estudio de la relación entre las emociones y las secreciones hormonales. También se interesa por la sexologia y la psicología, cuyos principios aplica al estudio de personajes históricos o literarios. Aunque esta faceta suya ha envejecido peor, esta versatilidad humanista le abre las puertas de las reales academias españolas, de la Historia y de Bellas Artes, aparte de la de Medicina.

Su protagonismo social se cimienta en el temprano éxito de su consulta privada, la preferida de las elites de Madrid, a la que acuden, entre otros, la reina María Cristina, Eugenia de Montijo, Pablo Iglesias, Prat de la Riba, Pérez Galdós y Juan Belmonte. Y lo consolidan los artículos que, desde comienzos de los años 20, publica en El Liberal, el periódico que dirige Miguel Moya, amigo suyo desde la infancia y hermano de su mujer.

En 1922, en un banquete, relata un viaje que ha hecho a Las Hurdes. A Alfonso XIII le entran ganas de conocer la región y se lo lleva consigo. El rey disfruta tanto que hasta se hace una foto desnudo apoyado en su hombro. Ese año, Marañón compra su casa del Cigarral de Menores toledano, desde entones escala insoslayable para políticos, literatos, artistas e incluso representantes de gobiernos extranjeros. Aun diez años después de muerto Marañón, De Gaulle iría a visitarla tras almorzar en El Pardo.

Marañón enarboló siempre la bandera liberal. Pero "el ser liberal no es una política, sino un modo de ser", y "no puede ser político quien tenga el compromiso de ser a toda costa leal con su propia conciencia". Ese talante le permite adscribirse, con total honestidad, a diferentes programas según la coyuntura.

Se define como "hombre del anterior régimen", esto es, monárquico constitucionalista, en sus críticas constantes a Primo de Rivera, quien inicialmente responde con las mismas armas publicando las peculiares Notas oficiosas y al final le mete un mes en la cárcel con la excusa de la Sanjuanada de 1926.

En cambio, a la caída del dictador, Marañón percibe que la Monarquía está agotada y funda, junto a Ortega y Pérez de Ayala, la Agrupación al Servicio de la República, dejando claro que no pretende ser un partido político sino un intento de concienciar a los españoles, y que si la renovación hubiera sido posible en una monarquía, él no habría luchado contra ella.

Para Marañón, la República no es un fin en sí misma, y de hecho desconfía más de los republicanos que de los socialistas. La sinceridad de su compromiso cívico apolítico se refleja en que ni siquiera había asistido al Pacto de San Sebastián, al que fue convocado. Tan estimadas son su independencia y su autoridad que, tras las elecciones de 1931, Romanones y Alcalá Zamora acuerdan el hecho insólito de reunirse en casa de una persona como Marañón para organizar el cambio de régimen y la salida del monarca. Más aún, le piden que sea él quien acompañe a la familia real a la frontera, oferta que declina con humildad.

Durante el primer bienio, dice que no a la embajada de París porque es en la investigación y la divulgación donde mejor puede servir a su patria. Acepta por cumplir un acta de diputado, pero apenas interviene en las Cortes y en 1933 las abandona. El mismo año rechaza formar Gobierno tras la dimisión de Azaña. Cuando llegue la hora del exilio, Marañón se preguntará si aquel día perdió la oportunidad de enderezar España.

Por entonces, ya empieza a desconfiar de la radicalización de las masas. Al fin y al cabo, él siempre ha sido un burgués acomodado, ilustrado y católico. Más tarde recordaría "el vago sentimiento de temor que me han producido siempre los movimientos populares, porque conozco la carga de inconsciencia que en ellos se esconde".

El viraje de Marañón se produce lentamente. Todavía en enero de 1936 ignora una nueva oferta política, esta vez de Minoría Agraria, en una carta recuperada por su biógrafo Marino Gómez Santos y en la que dice: "La izquierda es discutible, pero es, por ahora, y con todos sus inconvenientes, una esperanza. (...) Ya no he de cambiar mi izquierdismo, tan poco exaltado si usted quiere, pero tan firme". Acaba cambiándolo, en gran parte por la indignación que le produce el que jóvenes izquierdistas le obliguen tras el golpe a firmar el manifiesto de la Alianza de los Intelectuales Antifascistas y a hablar por la radio del PCE. Estos primeros días, Marañón aparece también en las listas negras de intelectuales republicanos que maneja el otro bando. No sabían que se hizo amigo de José Antonio Primo de Rivera y que ayudó a salir de España a Serrano Suñer.

En su exilio francés, Marañón anhela la victoria de los sublevados, porque "ya no hay liberalismo ni republicanismo" y con Franco "España permanecerá fuerte y unida para marchar hacia un futuro mejor". Los republicanos le abren expediente en rebeldía y expropian y saquean su casa. Regresa en 1942 y, aunque la Diputación de Madrid le retira la cátedra por "entusiasta republicano" y "neomalthusiano", pronto se la devuelve y Marañón vive integrado en el franquismo hasta su muerte en 1960.

Cuando un ex correligionario le reprocha su transfuguismo, él niega haberse derechizado. Dice que está "donde siempre, pero esta posición no justifica que esté al lado de aquella caterva de asesinos. Yo he estado cinco meses en Madrid, en contacto con ellos, y le aseguro que toda la intransigencia y la pequeñez de espíritu de todos los obispos y todos los inquisidores del mundo es poca cosa comparada con la suya".


lunes, 17 de septiembre de 2012

José Bergamín (1895-1983)


Firme defensor de la República, es uno de los escritores españoles más admirados de la literatura del siglo XX, tanto por ser referente de la prosa vanguardista como por su labor en la fundación de la revista Cruz y Raya

Poco antes de iniciarse la guerra, Federico García Lorca lleva a las oficinas de la editorial El Árbol y la revista Cruz y Raya, de su amigo José Bergamín, los originales de Poeta en Nueva York. El encuentro no se produce y el granadino deja a la secretaria de Bergamín, Pilar Sáenz, el manuscrito con una nota en la que anuncia que pasará por allí al día siguiente. La cita ya no se celebra: Lorca huye a Granada y su final es ya conocido. El libro queda en Madrid. Luego viaja a París con la secretaria de Bergamín cuando éste se marcha allí a trabajar como agregado cultural de la embajada republicana. Los versos cruzarán el Atlántico hasta México, donde finalmente son publicados por la editorial Séneca. La anécdota, que refiere María Helena Barrera-Agarwal, refleja la actitud de Bergamín ante circunstancias difíciles: nada minará su amor por la cultura.

José Bergamín Gutiérrez nace en Madrid el 30 de diciembre de 1895 y se licencia en Leyes por la Universidad Central. Su padre, abogado, fue ministro de Hacienda, Instrucción Pública y Gobernación. De su madre recibe la formación literaria y la fe católica. Sus balbuceos en la literatura los recogen las revistas Índice, de Juan Ramón Jiménez; y Litoral, de Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, miembros de la Generación del 27, que Bergamín califica como "Generación de la República", señala José Esteban.

Sus primeras obras, El cohete y la estrella, Tres escenas en ángulo recto y Caracteres, lo hacen referente de la prosa vanguardista, "sabiendo crear las formas expresivas de una crítica que, desde las páginas de revistas y periódicos, fue un estímulo permanente", explica José Carlos Mainer.

Prohombre del movimiento católico republicano, su fe es algo que posee y de lo que carece al mismo tiempo. "Sin ese sibaritismo del pecado, Bergamín, hombre carnal de pasión y pasiones, no habría sido católico. Su catolicismo le permite mayores herejías que si hubiese sido sólo cristiano", cuenta Luis Cardoza. Hay, además, otro matiz que define en el Homenaje a Pablo Iglesias (1979): "Mi padre me hablaba veces de Pablo Iglesias. (...) Me dijo era un obrero republicano y socialista, lo único que comprendía era lo de obrero: la palabra republicano y socialista fue siempre inalterable para mí".

Enemigo de la dictadura de Primo de Rivera, participa en un mitin en Salamanca junto a intelectuales como Unamuno. También ocupa el cargo de director general de Seguros en el primer Ministerio de Trabajo republicano de Largo Caballero. Su actividad literaria prosigue con nuevos títulos -el taurófilo El arte de birlibirloque y el ensayo Mangas y capirotes: España en su labeinto teatral del siglo XVII- y colaboraciones en La Gaceta Literaria.

En abril de 1933 funda Cruz y Raya, que, según sostiene Mainer, promueve un catolicismo progresista e ideas como el populismo cultural; la afirmación de la intuición como fuente de conocimiento y la defensa de los aspectos idealistas, irracionales y patéticos de una obra, que si bien la alejan del arte deshumanizado de la década anterior, aún no sintonizan con la exigencia de compromiso político explícito que pide esta época. Cruz y Raya destaca por sus firmas: Cossío, Ramón Sijé, Cernuda, Neruda o la llamada Generación del 36.

La sublevación del 18 de julio acentúa a división entre sus colaboradores, Bergamín o María Zambrano se adhieren sin reservas a la causa republicana, Sánchez Mazas, Luis Rosales o Leopoldo Panero, entre otros, optan por otra actitud. El último número -el 39- sale a la calle en junio del 36.

Su aportación a Hora de España es decisiva. "revista literaria más importante de la guerra y una de las mejores del siglo, órgano oficioso de la Alianza Intelectuales Antifascistas", según Andrés Trapiello, se publica entre enero de 1937 y noviembre de 1938. Nace en Valencia, sede del Gobierno republicano desde finales del 36. La idea es de un grupo de jóvenes artistas: Rafael Dieste, Sánchez Barbudo, Gil Albert y Ramón Gaya -su ilustrador-. El nombre lo da José Moreno Villa. Y el Consejo de Colaboración que la respalda lo componen Antonio Machado, León Felipe, Rafael Alberti, Tomás Navarro, Dámaso Alonso, José Gaos, Alberto y Rodolfo Halffter, José Moreno Villa, María Zambrano y Arturo Serrano Plaja, además del propio Bergamín.

Simultanea esta ocupación con el cargo de agregado cultural en la embajada española en París, como detalla Esteban, "donde busca apoyos morales y financieros para la amenazada República". Además, como miembro y presidente de la Alianza de Intelectuales, cargo para el que es elegido a finales de junio de 1936, publica la serie ensayística La flor de la maravilla, Releyendo a Shakespeare y Europa y el caracol, una trilogía irónica sobre la política europea.

Acabada la guerra, comienza su exilio ayudando a artistas españoles que han tenido que huir del país. Nigel Dennis señala que "en este contexto surge la Junta de Cultura Española, creada oficialmente en marzo de 1939, de la cual Bergamín es nombrado presidente y Larrea, secretario". Su objetivo es mantener la cohesión de los exiliados.

Instalado en México, desarrolla con Emilio Prados una gran labor con la editorial Séneca. Publica las Obras Completas de Machado, el Poeta en Nueva York de su amigo Lorca, La arboleda perdida, de Alberti y La realidad y el deseo, de Cernuda, entre otras. La muerte de su mujer, Rosario, hija del comediógrafo Carlos Arniches, y las deudas de la empresa desde 1942 lo hacen emigrar a Venezuela, donde confía el cuidado de sus hijos a su hermano Rafael.

Regresa a España a finales de 1958, avalado por franquistas como José María Pemán, pero sus críticas al régimen lo meten en problemas con la censura. En 1963 se exilia de nuevo a Uruguay tras encabezar un manifiesto contra el ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, por la represión y las torturas en una huelga de mineros asturianos.

En 1964 se va a París, antes de su regreso definitivo en 1970. Desde entonces, critica duramente la Monarquía y la Transición, siendo procesado en 1976 y 1978 por los artículos El Franquismo sin Franco y La Confusión Reinante.

La última etapa de su vida, hasta su muerte el 28 de agosto de 1983 en Fuenterrabía, está marcada por su cercanía a Herri Batasuna. Columnista de Punto y Hora de Euskal Herria y Egin, en las elecciones generales de 1982 apoya la candidatura de la formación.

Su propio aforismo "cuando pienses, mejor o peor, no lo hagas nunca a medias", le acarrea un último gran disgusto: pierde el Premio Cervantes en 1983, en beneficio de su ex compañero Luis Rosales.

sábado, 15 de septiembre de 2012

General Sanjurjo (1872-1936)


Ocupa cargos de confianza con la Dictadura y la República, pero conspira contra ambas. Exiliado en Portugal, se dispone a tomar el mando de los sublevados cuando muere en un accidente el día 20

No es la primera vez que este general, iniciado en la guerra de Cuba y forjado en las campañas de África, intenta un golpe de estado contra la autoridad establecida.

José Sanjurjo y Sacanell, que había nacido en Pamplona en 1872, lo fue casi todo en el Ejército español de la primera mitad de siglo. Como general de División llegó a ser Alto Comisario y máximo mando militar de Marruecos, director de la Guardia Civil, director del cuerpo de Carabineros, hombre de confianza de la Dictadura y la República y conspirador contra ambas. Un militar de un patriotismo exaltado, aventurero y romántico, más cercano a los generales del siglo XIX al estilo de Prim -a quien admiraba- y a menudo embarcado en dudosas maniobras políticas en nombre de España.

Inicia su carrera militar en la Academia de Toledo en 1890. Tras ser clausurada ésta en 1893 se traslada a la Academia de Infantería de la que sale como primer teniente un año más tarde. Por entonces, la instrucción militar no prestaba casi atención a las maniobras o las prácticas de combate y se basaba en un método muy anticuado, que consistía en el estudio de la historia militar y de conceptos teóricos de la guerra, materias que apenas interesaban a José Sanjurjo. "De la carrera militar me gustaron siempre más que los textos aprendidos en la soledad de los gabinetes, lo que tiene de aventura, de inspiración personal de esa inquietud y ese azar de los campos de la guerra", así describiría el general su paso por la academia.

Se incorpora a la guarnición de Cuba en 1896 en un momento en que la situación nacional era más que desfavorable tras las insurrecciones que se venían produciendo desde el año anterior. Su bautismo de armas se produce, según su biógrafo Enrique Sacanell, en la provincia de Pinar del Río, donde Maceo, uno de los cabecillas de la insurrección junto a José Martí, tiende una emboscada a los españoles. El capitán general de la isla envía refuerzos, entre los que se encuentra Sanjurjo. El combate le sirve para ganar sus primeras heridas de guerra.

La rendición de España en la guerra de Cuba y la pérdida de las colonias formalizada en el tratado de París marcan profundamente a Sanjurjo que vive los acontecimientos en primera persona: "Siendo teniente del fuerte de Matanzas recibimos la orden de rendirnos sin combatir. Yo vi arriar la bandera y no pude reprimir mi rabia, mi pena, el dolor terrible de mi impotencia". Sin embargo, Cuba significa la consolidación de su vocación castrense: asciende a capitán y es laureado con tres cruces al mérito militar y una de María Cristina. Certifica además su compromiso con la patria tras el desastre, lo que le llevará a ser la figura indiscutible del Ejército en la guerra de África que se prolonga durante 18 años, desde 1909 a 1927.

Sanjurjo va a alcanzar el cénit de su carrera en esta larga campaña ya que llega al conflicto como capitán en 1909 y lo termina él mismo al mando de todas las tropas de Marruecos en 1927, después de ascender sucesivamente a comandante, teniente coronel, coronel, general de brigada, de división y capitán general (máxima graduación del Ejército en ese periodo).

Su llegada en 1909 no puede ser en peor momento, el Ejército sufre uno de los primeros reveses importantes en la batalla de Barranco del Lobo. La hecatombe finaliza con la victoria de las tropas rifeñas al mando del legendario Abd el Krim que consigue un puesto avanzado en el entorno de Melilla. El Gobierno decide enviar un contingente de tropas para reconducir la situación en el que se encuentra Sanjurjo. El Ejército consigue recuperar las posiciones perdidas en Barranco del Lobo, durante unas operaciones en las que destaca el capitán. En esta época se le otorga una condecoración al batallón que manda por su valerosa actuación y es ascendido a comandante por méritos de guerra, Es el comienzo de la leyenda personal del militar como pendenciero, aguerrido y buen bebedor, Enrique Sacanell, le describe como un hombre hedonista, pródigo con el dinero y mujeriego. Aficiones que cuadraban a la perfección con la imagen que él mismo daba de temerario.

En 1911, y tras el recrudecimiento del movimiento insurgente de Abd el Krim, Sanjurjo manda accidentalmente el regimiento de San Fernando donde obtiene dos cruces rojas. Durante este periodo se produce la campaña del Kert donde sucesivamente sus compañeros africanistas irían ascendiendo en el escalafón. Tras esta campaña regresa a Madrid, pero se reincorpora en 1914 a las recién creadas tropas regulares, que manda el general Berenguer y donde es ascendido hasta teniente coronel, accediendo de esta forma a la plana mayor del Ejército.

Después de una interminable campaña convertida en una auténtica sangría, que alcanza su momento más trágico en el desastre de Annual (1921), la Dictadura iba a acabar con el conflicto de África a partir de 1925. Sanjurjo, ya capitán general del Ejército, recibe el mando del ejército de tierra de la operación franco-española de Alhucemas, Dirige las tropas con éxito en el desembarco y es nombrado alto comisario de Marruecos además de obtener del propio Alfonso XIII el título de Marqués del Rif y la gran cruz de Carlos III, El Ejército bajo su mando estratégico acaba con la guerra de Marruecos en 1927. Cuando finaliza el conflicto de África el general es por entonces y hasta entrada la década de los años 30 "el militar más famoso de España" según las palabras del historiador Hugh Thomas. Es de hecho el máximo exponente de lo que da en llamarse africanistas, entre los que se encuentran Millán Astray, Mola o el propio Franco, militares que ascienden vertiginosamente en las campañas coloniales por méritos de guerra y que se caracterizan por su amor al campo de combate y a la vida puramente castrense. Sanjurjo se convierte a partir de entonces en un pilar básico del Ejército y desempeña cargos de máxima importancia en el plano político como la dirección de la Guardia Civil, a la que asciende en 1928 y que compagina como alto comisario de Marruecos.

Su posición se presenta clave cuando en agosto de 1930 la mayoría de las fuerzas políticas firman el pacto de San Sebastián para derrocar a la Monarquía, que desemboca en la instauración de la Segunda República en 1931. Comienzan entonces sus vaivenes políticos: a pesar de sus simpatías hacia Alfonso XIII, al que había defendido como soldado, deja que los acontecimientos sigan su curso sin movilizar a la Guardia Civil, muy al contrario, facilita la transición al nuevo régimen y se declara a favor de él.

Si bien sintoniza inicialmente con la República, Sanjurjo pronto empieza a manifestar su descontento con la nueva situación. Por una parte, la reforma de Azaña del Ejército provoca un malestar entre un sector de éste al que no es ajeno el general. Además, el Gobierno presidido por Azaña decide destituirlo como director de la Guardia Civil para nombrarlo director de la Guardia de Carabineros; un puesto de una importancia mucho menor que le provoca un enfado que no trata de disimular. Azaña, que no sentía ningún aprecio por el general, le consideraba peligroso y lo suficientemente voluble como para cambiar de bando en cualquier momento.

El político no se equivocaba: sus amigos militares y monárquicos tratan de convencerle de que debe alzarse contra la República. La conspiración parte de los carlistas Rodezno y Fal Conde, grupo profundamente antirrepublicano y tradicionalista arraigado en Navarra con quien Sanjurjo tenía lazos que se remontaban a su familia, oriunda como él mismo de Pamplona.

La maniobra, confusa desde el principio ya que era a un tiempo un intento de restaurar la monarquía, un golpe contra la "dictadura anticlerical de Azaña" y una reacción al Estatuto catalán, le convence y se suma a la conspiración, al mando, no obstante, del general Emilio Barrena.

La decisión de Sanjurjo no estaba poco meditada, las dudas que mantiene le llevan a entrevistarse con Alejandro Lerroux, líder del Partido Radical, al menos tres veces antes de sumarse definitivamente. El viejo político le pide paciencia con la situación, aunque algunos autores, como Ramón Tamames, aseguran que Lerroux no trata de disuadirle. El historiador Hugh Thomas incide en el asesinato de cuatro guardias civiles en Castilblanco el 31 de diciembre de 1931, como detonante de la paciencia del general. Sea como fuere, tras las reformas de Azaña, los sucesos de Castilblanco y su cambio de destino, Sanjurjo se pronuncia en Sevilla el 10 de agosto de 1932 al más puro estilo decimonónico y consigue hacerse con la ciudad. El plan consiste en dominar los principales edificios de las capitales importantes, pero el golpe, mal dirigido por Barrena, fracasa. Sólo en Sevilla, y en Madrid durante unas pocas horas, tiene algún viso de prosperar. Sus colaboradores, entre los que se encuentra su hijo, una vez que ven que todo está perdido organizan su huida pero es detenido camino de Portugal en Ayamonte, (Huelva), después de rechazar un traslado en avión.


Se juzga a 150 conspiradores por el intento y Sanjurjo, preguntado sobre quiénes eran sus apoyos contesta "Ahora que ha fracasado, ninguno, si hubiera triunfado, usted sería uno de ellos señor juez". Como resultado del pronunciamiento conocido como la Sanjurjada, el general es expulsado del Ejército y condenado a muerte, aunque la pena se le conmuta finalmente por una cadena perpetua que comienza a cumplir en el penal de El Dueso, en Santoña (Cantabria). El episodio pone fin a su carrera militar. Sin embargo, no cumple la condena ya que Lerroux, con quien había mantenido buenas relaciones en los primeros años de la
República, le indulta a su llegada a Gobierno en 1934. A pesar de ello, tiene que exiliarse a Estoril, Portugal, sin ningún mando militar.

Historiadores como Stanley Payne y algunos autores como Manuel de Burgos Mazo retratan la figura del general al hilo de la Sanjurjada como la de un hombre de acero curtido en mil batallas: un militar en el más puro sentido de la palabra, disciplinado y con arrojo pero carente de la inteligencia necesaria para liderar al Ejército en su intervención en la política. En concreto, Burgos Mazo, conspirador también contra la República, escribe de él que "era hombre caballeresco y valiente como pocos, pero de escaso entendimiento, así como el General Goded era la cabeza que concebía, organizaba y trazaba los planes, Sanjurjo era el brazo de hierro y heroico para realizarlos".

A pesar del fracaso de agosto del 32, desde Portugal, Sanjurjo se convierte en una especie de jefe nominal de casi todas las conspiraciones y de los grupos derechistas y monárquicos. Tanto generales proclives a la conspiración, como Goded o Mola, como los carlistas y algunos grupos de derecha le consideran la autoridad moral por excelencia del Ejército y un personaje destinado a comandar cualquier levantamiento contra la República.

Sanjurjo es informado puntualmente de las conspiraciones que se empiezan a fraguar en el entorno militar a finales de 1935. Sin embargo, la percepción en cuanto a la participación del viejo general en la conspiración de julio de 1936 varía bastante según los autores.

Mientras hay historiadores que le achacan un mero papel simbólico otros consideran que dirige de lleno el plan. La disputa se suele centrar en la relación con el general Mola, quien de hecho tenía el mando operativo y firmaba sus notas y cartas a los simpatizantes de la rebelión como el Director.

Según los que consideran su papel secundario, Mola informaba de todo a Sanjurjo y le consideraba la autoridad moral, aunque éste apenas decidiera sobre la forma de llevar a cabo la sublevación. Los que piensan que dirigía todo suelen incidir en que Mola sólo cumplía los designios que venían de Portugal debido a que Sanjurjo tenía más libertad de acción. Lo único cierto es que el general estaba implicado y se iba a constituir como el cabeza de mando de la rebelión por ser el militar de más prestigio entre los sublevados y quizá, el único capaz de aunar todas las voluntades y agradar a todos los egos.

Aún con la oposición de Goded y la reticencia de Franco, el general es nombrado jefe de los militares de la conspiración, incluso se postula como posible jefe de Gobierno en caso de triunfo. Todos los planes se van al traste el 20 de julio de 1936, en Portugal, cuando la avioneta Puss Moth que pilota el falangista Juan Antonio Ansaldo se estrella a los pocos minutos de despegar. Dentro de ella muere instantáneamente el general José Sanjurjo como consecuencia de una fractura de cráneo. El piloto salvó la vida y las conjeturas sobre un sabotaje rodean desde entonces este accidente.

La sublevación del 18 de julio cambiaba de curso nada más empezar posibilitando el posterior liderazgo de Francisco Franco, a la vez que desaparecía uno de lo militares más carismáticos y laureados de España.

Artículos:

Dolores Ibárruri (1895-1989)

Miembro del Partido Comunista desde su fundación, la Pasionaria' es una de las figuras más controvertidas de la Guerra Civil: mientras unos la consideran la heroína de la contienda, para otros es una mujer cruel y sin escrúpulos

"Antigua monja, se casó con un fraile que había colgado sus hábitos. De ahí su odio por los religiosos. Se ha hecho célebre por haberse arrojado en plena calle sobre un sacerdote, seccionándole la yugular". Así de sanguinaria la describía el periódico derechista Gringoire reflejando el rechazo que provocaba en los sectores más reaccionarios por comunista y sobre todo por asumir roles reservados hasta entonces a los hombres. Dolores Ibárruri, la Pasionaria, se rebeló contra su destino, adelantado por su madre, "hilar, parir y llorar" para convertirse en secretaria general del Partido Comunista Español y terminar siendo una de las figuras más controvertidas de la Guerra Civil.

Ibárruri nace en Gallaría, un pueblo minero de Vizcaya, el 9 de diciembre de 1895. Hija, hermana y esposa de mineros, pertenece a un mundo en el que todavía se recuerdan los combates de las guerras carlistas y donde la miseria campa a sus anchas, "donde no llegaba el sol y que a veces se iluminaba trágicamente con los sangrientos resplandores de la lucha que brotaba en llamaradas de violencia, cuando la capacidad de resistencia al trato brutal llegaba al límite de lo soportable", según narra en sus memorias. Probablemente fue en los mítines carlistas a los que la mandaba su padre cuando comenzó a formarse el talento oratorio de la futura Pasionaria. Fue una niña rebelde, católica devota hasta los 17 años y despierta en los estudios. Asistió a la escuela del pueblo hasta los 15, pero la realidad económica de la familia la obligó a abandonar su sueño de hacerse maestra para trabajar en un taller de costura y más tarde como sirvienta. "Buscando la liberación del duro trabajo en casas ajenas, mal alimentada y peor pagada, me casé con un minero a quien había conocido en la primera casa en la que presté servicios". Se refiere a Julián Ruiz, a través del cual, Dolores conoce la literatura marxista que devora en la biblioteca de la casa del pueblo de Somorrostro, donde se instalan.

La huelga revolucionaria de agosto de 1917 lleva a Julián a la cárcel dejando a Ibárruri a cargo de la casa y de su primera hija. Frente a la dureza de las condiciones de vida, la noticia de la Revolución Rusa de octubre de ese mismo año representa para ella una luz de esperanza. Un año más tarde comienza a colaborar en dos publicaciones, Lucha de clases y El minero vizcaíno, con el seudónimo Pasionaria, que utilizó probablemente por escribir su primer artículo en Semana Santa.

Ibárruri y su marido se afilian al PCE en 1921, año de su fundación. Al poco tiempo es elegida miembro del primer comité provincial del Partido Comunista de Vizcaya. Los años 20 significan una auténtica pesadilla para la futura líder comunista. Julián ingresa a menudo en prisión y las condiciones de miseria en las que viven provocan una sucesión de mueras trágicas. Su segundo hijo, Rubén, nace en 1920, el mismo año en el que la primogénita moría. En 1923 Dolores pare trillizas, pero a los dos años sólo una de ellas, Amaya, sobreviviría. Una quinta hija, Eva, nace sn 1928, pero apenas vive dos meses. Pese a la frustración y la pena, permanece políticamente activa, organiza manifestaciones, pronuncia discursos, ascribe artículos y comienza a ser muy valorada en el PCE. El agente de la Iternacional Comunista en Bilbao, Mijail Koltsov escribe : "La mujer de sencillo vestido negro constituía una enorme adquisición para el partido".

En 1930, cuando Alfonso XIII trata de salvar la monarquía borbónica, Ibárruri es elegida miembro del comité central del PCE y se traslada a Madrid para trabajar de periodista en Mundo Obrero.

Dos años más tarde accede al Comité Ejecutivo. Su matrimonio para entonces ha fracasado. Sale del País Vasco con 35 años y desde entonces sus únicas relaciones amorosas conocidas tendrán como protagonista a Francisco Antón, mucho más joven que ella y al que, según el escritor Gregorio Morán, ella misma junto a Carrillo acabaron condenando al destierro en Polonia.

Es en Madrid donde comienzan las detenciones, En el primer encarcelamiento la acusan de ocultar a un camarada comunista huido de la Guardia Civil. En 1932, la detienen por "insultar al Gobierno" en un mitin político. Tras recuperar la libertad, Pasionaria viaja a la Unión Soviética por primera vez como delegada al XIII pleno de la Komintern. Es su presentación en la sociedad comunista internacional. Allí conoce a Stalin, al que deja impresionado con su oratoria y descubre Moscú, "a ciudad más maravillosa de la tierra".

Ya de vuelta en casa, la situación se endurece cada vez más. Si en un principio el Partido Comunista, siguiendo la batuta de Moscú, considera a la República como burguesa, el intento de golpe de Sanjurjo en 1932 cambiaría su análisis político ante lo que consideraba una amenaza involucionista. Mediante la Unión de Mujeres Antifascistas, la Pasionaria se involucra directamente en las luchas obreras como la revuelta de los mineros de Asturias de 1934. En junio de 1936, ya como diputada por Asturias, la Pasionaria pronuncia uno de sus discursos más sonados en el Parlamento. Denuncia la preparación del golpe de Estado, "y si hay generalitos reaccionarios que, en un momento determinado, azuzados por elementos como el señor Calvo Sotelo, pueden levantarse contra el Estado, hay también soldados del pueblo que saben meterles en cintura". Este discurso está considerado por muchos como la orden tácita de asesinar a Calvo Sotelo. En la primavera de 1936 la dirigente comunista hace campaña por la amnistía de los presos, defiende la revolución en ardientes mítines y se implica personalmente en huelgas y encierros, siempre al lado de los obreros, Santiago Carrillo escribe: "En esa época, en el partido, ella era el gran tributo que movilizaba a las multitudes, porque poseía una voz que se te agarraba a la garganta y extraordinarias dotes de orador; poseía sobre todo intuición política".

El 19 de julio de 1936, un día después del levantamiento, desde el Ministerio de Gobernación, emite un comunicado del Partido Comunista de España. Aquí comienza la construcción del mito. En un vibrante llamamiento a cada hombre, mujer y niño de todas las regiones de España, acuña el lema "¡Los fascistas no pasarán!, ¡No pasarán!». Pasionaria convence a los soldados del batallón de infantería de Wad Ras, ubicados en la base militar de El Goloso, de que se pongan al lado de la República; en el momento más duro de la refriega se dirige al Alto de los Leones de Segovia y cava trincheras para la defensa de Madrid. Ibárruri viaja a París donde se entrevista con el jefe de Gobierno frentepopulista Léon Blum para tratar de lograr ayuda internacional y para alejarle de su política de no intervención. Su incendiario discurso en el Velódromo de Invierno de París, el 8 de septiembre de 1936, se reproduce en la prensa mundial: "Más vale morir de pie que vivir de rodillas". Allí lanza una advertencia, "Tenéis que ayudar al pueblo español. ¡Cuidado! Hoy somos nosotros, pero mañana os llegará vuestro turno".

El efecto Pasionaria llega a Hollywood, y actores como James Cagney, Joan Crawford o Bette Davis le envían una carta de agradecimiento y aluden a Ibárruri como "símbolo viviente de la lucha de los obreros por la democracia y la libertad". Idealizada por la leyenda obrera es cantada por los poetas Nicolás Guillén, Machado, Alberti o Miguel Hernández.

La imagen de la Pasionaria se hace familiar en los frentes de batalla, junto al Quinto Regimiento o dando aliento a las Brigadas Internacionales. Según Koltsov: "La presencia de Dolores introduce una nota de especial ambiente en la dirección del partido. A la atmósfera masculina del Buró Político, severa, a veces de un practicismo acentuado, su presencia le da calor, alegría, sentido del humor o ira apasionada".

La lealtad de Ibárruri hacia la Unión Soviética es incondicional. Critica el trotskismo y en sus memorias se refiere al POUM como "anarcotrotskistas fascistas". En el 37 Pasionaria forma parte de una delegación que visitó al presidente Azaña para oponerse al traslado del Gobierno a Barcelona. Azaña comenta: "Supongo que eso de la dictadura del proletariado lo habrán aplazado por una temporadita". Ibárruri responde: "Sí, señor presidente, porque tenemos sentido común". Con la guerra casi perdida, su discurso de despedida a las Brigadas Internacionales en el otoño del 38 condensa las emociones de los derrotados: "Sois la historia, sois la leyenda, sois el ejemplo heroico de la solidaridad y de la universalidad de la democracia. No os olvidaremos".

Al final de la guerra Pasionaria huye a Argel, pasa por Francia y se refugia en Moscú, donde su mayor consuelo será recuperar a sus hijos, a los que había dejado allí antes de la guerra. Exiliados en la Unión Soviética, los dirigentes del PCE se ven abocados a convertirse en inflexibles y ortodoxos estalinistas. La Pasionaria y otros dirigentes españoles del partido apoyaran el pacto entre Hitler y Stalin en septiembre de 1939. Profundamente deprimida por la derrota, la Pasionaria se limita a relacionarse con un círculo muy reducido de colaboradores y cualquier contacto con ella pasa por Irene Falcón, también comunista y su secretaria personal. En 1941, evacuan Moscú y Dolores se establece en Ufá, en los Urales, Se intensifican las luchas de poder en el seno del PCE. Tras una larga enfermedad, José Díaz termina suicidándose en 1942.

Es entonces cuando Pasionaria accede a la Secretaría General del Partido. El dirigente comunista Jesús Hernández, escribe de ella, "Pasionaria odiaba a Díaz, no podía olvidar que él había hecho comentarios sobre sus relaciones amorosas con Francisco Antón, jovenzuelo de 20 años menos que ella (...) se olvidó de que era la mujer de un obrero, que tenía hijos, olvidó que su esposo se batía en los frentes del norte; olvidó el decoro y el pudor (...)".


Meses más tarde, Nikita Jruschev le informa de la muerte de su hijo Rubén en el cerco alemán a Stalingrado, Esta noticia le lleva a una profunda depresión y durante nueve meses se encierra en un aislamiento total. Sobre este acontecimiento, añade Hernández que "Rubén se haría matar en la URSS para evitar la vergüenza de ver a su padre comido de piojos (...) mientras veía a Antón pasearse por Moscú en el automóvil de su madre".

Sale de esta penosa situación para tomar las riendas del partido, y comienza a emitir discursos dirigidos a los españoles a través de Radio Pirenaica. Aunque realiza una fuerte campaña exterior para derrocar el franquismo pronto se da cuenta de que Franco no compartiría la misma suerte que sus aliados alemanes e italianos. Liberada Francia, la dirección del PCE decide establecerse en París, ante la previsión de una posible y pronta caída del franquismo. A pesar de sus promesas iniciales, en 1948 Stalin aconseja a los comunistas españoles que cejen en la acción guerrillera y pasen a infiltrarse en los aparatos del régimen, sobre todo en los sindicatos. La URSS pactaría, en 1955, la entrada de la España de Franco en la ONU. Una decisión aplaudida por el nuevo  líder efectivo del PCE, Santiago Carrillo, que desde París defiende la liberalización y la línea de reconciliación nacional frente a la vieja guardia, liderada por Ibárruri denuncia a Naciones Unidas por aceptar este ingreso.

En el VI Congreso del PCE celebrado en Praga en 1960, Carrillo es formalmente confirmado como Secretario General y la Pasionaria recibe el recién creado cargo de presidente del partido. Su dimisión es una muestra de realismo, anteponiendo los intereses del partido a los propios. Desde entonces, las obsesiones de Ibárruri se centran en la lealtad al aparato y a la unidad del PCE.

En 1975, dos semanas después de la muerte de Franco, Ibárruri celebra su octogésimo cumpleaños en Roma volviendo a traer a la memoria sus mejores momentos a través de un nostálgico discurso. "No os digo ¡adiós!, sino ¡hasta pronto en Madrid!". El 13 de mayo de 1977 y después de 38 años de exilio regresa a España. Es reelegida diputada de nuevo por Asturias en las primeras elecciones de junio de 1977 y presidirá la primera sesión de Cortes en compañía de Rafael Alberti.


En sus últimos años Ibárruri es testigo de la consolidación de la democracia y del colapso del PCE. Muere el 12 de noviembre de 1989, año de la caída del Muro de Berlín y en pleno desmoronamiento de la Unión Soviética.

A su muerte, Ibárruri concitó un respeto público casi unánime. José Bergamín, calificado por los nacionales como "señorito católico marxista" rescata de los recuerdos la imagen humana de Pasionaria, "una simple y pobre mujer española vasca que, por serlo tan de verdad, encarnó como un maravilloso mito a todo el pueblo padeciente español". Para otros, en cambio, su figura es más un mito que otra cosa y le reprochan su seguidismo absoluto a las directrices marcadas por Stalin.

Francisco Ascaso Budría (1901-1936)


Activo dirigente anarquista, participa en numerosos atentados, uno de ellos contra el rey Alfonso XIII. Secretario de la CNT desde 1934, muere el día 20 en Barcelona durante las primeras luchas en la ciudad

Poco se sabe de Ascaso en su plano más personal. Cuentan de su vida que era una persona seria, austera y reservada, unas características que le convirtieron en un personaje muy respetado y querido. Su peculiar carácter, unido a la generosidad y el arrojo que, según quienes le conocieron, mostró durante toda su trayectoria, le cuestan la vida el 20 de julio de 1936, cuando se expone a los disparos enemigos en el asalto al cuartel de las Atarazanas, en Barcelona.

El día 1 de abril de 1901 nace en Almudévar (Huesca) Francisco Ascaso Budría, el más pequeño de una familia de amplia tradición anarcosindicalista. Desde muy joven, el ambiente libertario que se respira en su casa hace que este pequeño y poco corpulento hijo de obreros se nutra de las ideas que tanto sus padres como sus hermanos, Domingo y Joaquín, cultivan. En 1913, se traslada a Zaragoza con su familia y desde muy joven empieza a participar en movimientos reivindicativos y conflictos laborales, lo que le lleva en el año 1919 a formar su primera agrupación, La Voluntad, Las actividades que realiza con este colectivo son las que le hacen caer detenido por primera vez, una situación que se repetirá en numerosas ocasiones a lo largo de toda su vida.

En cualquier caso, es a partir de 1922, una vez llegado a Barcelona cuando empieza a formar parte de algunas de las asociaciones más conocidas de la época. Los Justicieros y Los Solidarios, son las dos agrupaciones en las que unirá su destino con el de Buenaventura Durruti, junto al que prepara acciones armadas contra Martínez Anido y otros altos cargos de la época. También se incorpora a este último grupo otro personaje muy relevante, Juan García Oliver. En estos años Francisco se encarga de la redacción de El Crisol, el periódico de la agrupación. Los colectivos de afinidad, base de la estructuración de los anarquistas, son el modo organizativo más común en el anarquismo ibérico durante estos años.

Las actividades que desarrolla le llevan en varias ocasiones más a la cárcel y más tarde a Francia, donde trata de crear un comité revolucionario y una editorial de apoyo a las luchas en el interior de España.

Al llegar la dictadura de Primo de Rivera todas las organizaciones anarquistas quedan prohibidas, por lo que la actividad clandestina será uno de los rasgos que definan la década de los años 20. La situación en estos momentos es dramática, ya que la tensión y la violencia con la patronal aumentan enormemente. Según el historiador Abel Paz, Ascaso afirmaba de esta situación: "La calma es ficticia. Se nota en el ambiente un presagio de dramatismo. El pistolerismo patronal ha encontrado ahora un nuevo refugio creando un sindicalismo amarillo, cuyos miembros gozan de los mismos privilegios que los anteriores".

Perseguidos por los delitos cometidos en estos años, Ascaso y sus compañeros deben partir hacia América, donde visitan Nueva York, México, Chile, Buenos Aires y Cuba en un viaje que les sirve para seguir con su actividad ilegal atracando entidades bancadas para sufragar los gastos de su movimiento libertario. Especialmente importante es el atraco a la industria Tucumán de México, cuyo dinero se destinaría a la construcción de una escuela para hijos de obreros, una práctica muy habitual entre los colectivos anarquistas.

Con una movilidad constante, Francisco trabaja de camarero, estibador y cortador de caña para poder sobrevivir en estos años. Héroe para unos y un simple bandolero para otros, la figura de Ascaso despierta gran interés en la época y en torno a él y sus compañeros anarquistas giran innumerables leyendas. La actividad del grupo anarquista al que pertenece continúa hasta la preparación de un atentado en 1926 contra Alfonso XIII, un hecho que hace que vuelva a entrar en prisión, aunque al año siguiente es expulsado a Bélgica y Francia, un destierro que no acabaría hasta la llegada de la Segunda República. Durante estos años, los grupos agitadores de toda la Península se han ido conociendo y coordinando en distintos encuentros, cuajando en el año 1927 en la constitución, en Valencia, de la Federación Anarquista Ibérica (FAI), organización en la que los anarquistas construyen una estructura común, un proceso en el que Ascaso, Durruti y García Oliver tienen un papel central.

Una vez iniciado el periodo republicano, Francisco Ascaso retoma los asaltos bancarios y participa en varios intentos de alzamiento en Figols y el Ebro, lo que le lleva a ser deportado a África en febrero de 1932. Su vuelta a Cataluña no se produce hasta 1934, para ser nombrado secretario general de la CNT de Cataluña y redactor de Solidaridad Obrera, desde cuyas páginas Ascaso expone algunas de sus ideas, enfrentándose a los sectores más moderados de la CNT, conocidos como treintistas. El historiador Miguel Íñiguez, escribe de él: "Militante serio y austero, no se caracteriza por sus reflexiones escritas, ya que él mismo se considera una persona de acción, lo que no es excusa para que participe en diversos medios impresos". En esta época escribe, efectivamente, algunos artículos como "El Estado", en el cual afirma: "Solamente una sociedad comunista libertaria, donde el Estado resulta inútil, al establecerse el patrimonio común de todo, y para cuyo mantenimiento cada cual colaborará, puede realizar la administración del patrimonio por acuerdo y reconocimiento de todos sus componentes".

La confianza en que la sociedad puede defender sus intereses sin necesidad de instituciones estatales, le pone a la cabeza -en los primeros días del alzamiento- de la organización de los grupos de milicianos anarquistas. Como coordinador de comunicaciones y miembro del Comité de defensa de la CNT de Cataluña trata de apagar la rebelión militar. En ese ambiente, el asalto al cuartel de Atarazanas se convierte en un objetivo central y prioritario, produciéndose crudos enfrentamientos armados entre un bando y otro. Una bala certera de un francotirador enemigo es la que acaba el día 20 de julio con la vida de Ascaso.

Como figura ensalzada en mítines, artículos de prensa y con su nombre en una columna que parte hacia el Frente de Aragón, Francisco Ascaso pasa desde ese momento a formar parte de la mitología de los militantes del frente republicano.