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lunes, 17 de septiembre de 2012

José Bergamín (1895-1983)


Firme defensor de la República, es uno de los escritores españoles más admirados de la literatura del siglo XX, tanto por ser referente de la prosa vanguardista como por su labor en la fundación de la revista Cruz y Raya

Poco antes de iniciarse la guerra, Federico García Lorca lleva a las oficinas de la editorial El Árbol y la revista Cruz y Raya, de su amigo José Bergamín, los originales de Poeta en Nueva York. El encuentro no se produce y el granadino deja a la secretaria de Bergamín, Pilar Sáenz, el manuscrito con una nota en la que anuncia que pasará por allí al día siguiente. La cita ya no se celebra: Lorca huye a Granada y su final es ya conocido. El libro queda en Madrid. Luego viaja a París con la secretaria de Bergamín cuando éste se marcha allí a trabajar como agregado cultural de la embajada republicana. Los versos cruzarán el Atlántico hasta México, donde finalmente son publicados por la editorial Séneca. La anécdota, que refiere María Helena Barrera-Agarwal, refleja la actitud de Bergamín ante circunstancias difíciles: nada minará su amor por la cultura.

José Bergamín Gutiérrez nace en Madrid el 30 de diciembre de 1895 y se licencia en Leyes por la Universidad Central. Su padre, abogado, fue ministro de Hacienda, Instrucción Pública y Gobernación. De su madre recibe la formación literaria y la fe católica. Sus balbuceos en la literatura los recogen las revistas Índice, de Juan Ramón Jiménez; y Litoral, de Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, miembros de la Generación del 27, que Bergamín califica como "Generación de la República", señala José Esteban.

Sus primeras obras, El cohete y la estrella, Tres escenas en ángulo recto y Caracteres, lo hacen referente de la prosa vanguardista, "sabiendo crear las formas expresivas de una crítica que, desde las páginas de revistas y periódicos, fue un estímulo permanente", explica José Carlos Mainer.

Prohombre del movimiento católico republicano, su fe es algo que posee y de lo que carece al mismo tiempo. "Sin ese sibaritismo del pecado, Bergamín, hombre carnal de pasión y pasiones, no habría sido católico. Su catolicismo le permite mayores herejías que si hubiese sido sólo cristiano", cuenta Luis Cardoza. Hay, además, otro matiz que define en el Homenaje a Pablo Iglesias (1979): "Mi padre me hablaba veces de Pablo Iglesias. (...) Me dijo era un obrero republicano y socialista, lo único que comprendía era lo de obrero: la palabra republicano y socialista fue siempre inalterable para mí".

Enemigo de la dictadura de Primo de Rivera, participa en un mitin en Salamanca junto a intelectuales como Unamuno. También ocupa el cargo de director general de Seguros en el primer Ministerio de Trabajo republicano de Largo Caballero. Su actividad literaria prosigue con nuevos títulos -el taurófilo El arte de birlibirloque y el ensayo Mangas y capirotes: España en su labeinto teatral del siglo XVII- y colaboraciones en La Gaceta Literaria.

En abril de 1933 funda Cruz y Raya, que, según sostiene Mainer, promueve un catolicismo progresista e ideas como el populismo cultural; la afirmación de la intuición como fuente de conocimiento y la defensa de los aspectos idealistas, irracionales y patéticos de una obra, que si bien la alejan del arte deshumanizado de la década anterior, aún no sintonizan con la exigencia de compromiso político explícito que pide esta época. Cruz y Raya destaca por sus firmas: Cossío, Ramón Sijé, Cernuda, Neruda o la llamada Generación del 36.

La sublevación del 18 de julio acentúa a división entre sus colaboradores, Bergamín o María Zambrano se adhieren sin reservas a la causa republicana, Sánchez Mazas, Luis Rosales o Leopoldo Panero, entre otros, optan por otra actitud. El último número -el 39- sale a la calle en junio del 36.

Su aportación a Hora de España es decisiva. "revista literaria más importante de la guerra y una de las mejores del siglo, órgano oficioso de la Alianza Intelectuales Antifascistas", según Andrés Trapiello, se publica entre enero de 1937 y noviembre de 1938. Nace en Valencia, sede del Gobierno republicano desde finales del 36. La idea es de un grupo de jóvenes artistas: Rafael Dieste, Sánchez Barbudo, Gil Albert y Ramón Gaya -su ilustrador-. El nombre lo da José Moreno Villa. Y el Consejo de Colaboración que la respalda lo componen Antonio Machado, León Felipe, Rafael Alberti, Tomás Navarro, Dámaso Alonso, José Gaos, Alberto y Rodolfo Halffter, José Moreno Villa, María Zambrano y Arturo Serrano Plaja, además del propio Bergamín.

Simultanea esta ocupación con el cargo de agregado cultural en la embajada española en París, como detalla Esteban, "donde busca apoyos morales y financieros para la amenazada República". Además, como miembro y presidente de la Alianza de Intelectuales, cargo para el que es elegido a finales de junio de 1936, publica la serie ensayística La flor de la maravilla, Releyendo a Shakespeare y Europa y el caracol, una trilogía irónica sobre la política europea.

Acabada la guerra, comienza su exilio ayudando a artistas españoles que han tenido que huir del país. Nigel Dennis señala que "en este contexto surge la Junta de Cultura Española, creada oficialmente en marzo de 1939, de la cual Bergamín es nombrado presidente y Larrea, secretario". Su objetivo es mantener la cohesión de los exiliados.

Instalado en México, desarrolla con Emilio Prados una gran labor con la editorial Séneca. Publica las Obras Completas de Machado, el Poeta en Nueva York de su amigo Lorca, La arboleda perdida, de Alberti y La realidad y el deseo, de Cernuda, entre otras. La muerte de su mujer, Rosario, hija del comediógrafo Carlos Arniches, y las deudas de la empresa desde 1942 lo hacen emigrar a Venezuela, donde confía el cuidado de sus hijos a su hermano Rafael.

Regresa a España a finales de 1958, avalado por franquistas como José María Pemán, pero sus críticas al régimen lo meten en problemas con la censura. En 1963 se exilia de nuevo a Uruguay tras encabezar un manifiesto contra el ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, por la represión y las torturas en una huelga de mineros asturianos.

En 1964 se va a París, antes de su regreso definitivo en 1970. Desde entonces, critica duramente la Monarquía y la Transición, siendo procesado en 1976 y 1978 por los artículos El Franquismo sin Franco y La Confusión Reinante.

La última etapa de su vida, hasta su muerte el 28 de agosto de 1983 en Fuenterrabía, está marcada por su cercanía a Herri Batasuna. Columnista de Punto y Hora de Euskal Herria y Egin, en las elecciones generales de 1982 apoya la candidatura de la formación.

Su propio aforismo "cuando pienses, mejor o peor, no lo hagas nunca a medias", le acarrea un último gran disgusto: pierde el Premio Cervantes en 1983, en beneficio de su ex compañero Luis Rosales.

sábado, 15 de septiembre de 2012

General Sanjurjo (1872-1936)


Ocupa cargos de confianza con la Dictadura y la República, pero conspira contra ambas. Exiliado en Portugal, se dispone a tomar el mando de los sublevados cuando muere en un accidente el día 20

No es la primera vez que este general, iniciado en la guerra de Cuba y forjado en las campañas de África, intenta un golpe de estado contra la autoridad establecida.

José Sanjurjo y Sacanell, que había nacido en Pamplona en 1872, lo fue casi todo en el Ejército español de la primera mitad de siglo. Como general de División llegó a ser Alto Comisario y máximo mando militar de Marruecos, director de la Guardia Civil, director del cuerpo de Carabineros, hombre de confianza de la Dictadura y la República y conspirador contra ambas. Un militar de un patriotismo exaltado, aventurero y romántico, más cercano a los generales del siglo XIX al estilo de Prim -a quien admiraba- y a menudo embarcado en dudosas maniobras políticas en nombre de España.

Inicia su carrera militar en la Academia de Toledo en 1890. Tras ser clausurada ésta en 1893 se traslada a la Academia de Infantería de la que sale como primer teniente un año más tarde. Por entonces, la instrucción militar no prestaba casi atención a las maniobras o las prácticas de combate y se basaba en un método muy anticuado, que consistía en el estudio de la historia militar y de conceptos teóricos de la guerra, materias que apenas interesaban a José Sanjurjo. "De la carrera militar me gustaron siempre más que los textos aprendidos en la soledad de los gabinetes, lo que tiene de aventura, de inspiración personal de esa inquietud y ese azar de los campos de la guerra", así describiría el general su paso por la academia.

Se incorpora a la guarnición de Cuba en 1896 en un momento en que la situación nacional era más que desfavorable tras las insurrecciones que se venían produciendo desde el año anterior. Su bautismo de armas se produce, según su biógrafo Enrique Sacanell, en la provincia de Pinar del Río, donde Maceo, uno de los cabecillas de la insurrección junto a José Martí, tiende una emboscada a los españoles. El capitán general de la isla envía refuerzos, entre los que se encuentra Sanjurjo. El combate le sirve para ganar sus primeras heridas de guerra.

La rendición de España en la guerra de Cuba y la pérdida de las colonias formalizada en el tratado de París marcan profundamente a Sanjurjo que vive los acontecimientos en primera persona: "Siendo teniente del fuerte de Matanzas recibimos la orden de rendirnos sin combatir. Yo vi arriar la bandera y no pude reprimir mi rabia, mi pena, el dolor terrible de mi impotencia". Sin embargo, Cuba significa la consolidación de su vocación castrense: asciende a capitán y es laureado con tres cruces al mérito militar y una de María Cristina. Certifica además su compromiso con la patria tras el desastre, lo que le llevará a ser la figura indiscutible del Ejército en la guerra de África que se prolonga durante 18 años, desde 1909 a 1927.

Sanjurjo va a alcanzar el cénit de su carrera en esta larga campaña ya que llega al conflicto como capitán en 1909 y lo termina él mismo al mando de todas las tropas de Marruecos en 1927, después de ascender sucesivamente a comandante, teniente coronel, coronel, general de brigada, de división y capitán general (máxima graduación del Ejército en ese periodo).

Su llegada en 1909 no puede ser en peor momento, el Ejército sufre uno de los primeros reveses importantes en la batalla de Barranco del Lobo. La hecatombe finaliza con la victoria de las tropas rifeñas al mando del legendario Abd el Krim que consigue un puesto avanzado en el entorno de Melilla. El Gobierno decide enviar un contingente de tropas para reconducir la situación en el que se encuentra Sanjurjo. El Ejército consigue recuperar las posiciones perdidas en Barranco del Lobo, durante unas operaciones en las que destaca el capitán. En esta época se le otorga una condecoración al batallón que manda por su valerosa actuación y es ascendido a comandante por méritos de guerra, Es el comienzo de la leyenda personal del militar como pendenciero, aguerrido y buen bebedor, Enrique Sacanell, le describe como un hombre hedonista, pródigo con el dinero y mujeriego. Aficiones que cuadraban a la perfección con la imagen que él mismo daba de temerario.

En 1911, y tras el recrudecimiento del movimiento insurgente de Abd el Krim, Sanjurjo manda accidentalmente el regimiento de San Fernando donde obtiene dos cruces rojas. Durante este periodo se produce la campaña del Kert donde sucesivamente sus compañeros africanistas irían ascendiendo en el escalafón. Tras esta campaña regresa a Madrid, pero se reincorpora en 1914 a las recién creadas tropas regulares, que manda el general Berenguer y donde es ascendido hasta teniente coronel, accediendo de esta forma a la plana mayor del Ejército.

Después de una interminable campaña convertida en una auténtica sangría, que alcanza su momento más trágico en el desastre de Annual (1921), la Dictadura iba a acabar con el conflicto de África a partir de 1925. Sanjurjo, ya capitán general del Ejército, recibe el mando del ejército de tierra de la operación franco-española de Alhucemas, Dirige las tropas con éxito en el desembarco y es nombrado alto comisario de Marruecos además de obtener del propio Alfonso XIII el título de Marqués del Rif y la gran cruz de Carlos III, El Ejército bajo su mando estratégico acaba con la guerra de Marruecos en 1927. Cuando finaliza el conflicto de África el general es por entonces y hasta entrada la década de los años 30 "el militar más famoso de España" según las palabras del historiador Hugh Thomas. Es de hecho el máximo exponente de lo que da en llamarse africanistas, entre los que se encuentran Millán Astray, Mola o el propio Franco, militares que ascienden vertiginosamente en las campañas coloniales por méritos de guerra y que se caracterizan por su amor al campo de combate y a la vida puramente castrense. Sanjurjo se convierte a partir de entonces en un pilar básico del Ejército y desempeña cargos de máxima importancia en el plano político como la dirección de la Guardia Civil, a la que asciende en 1928 y que compagina como alto comisario de Marruecos.

Su posición se presenta clave cuando en agosto de 1930 la mayoría de las fuerzas políticas firman el pacto de San Sebastián para derrocar a la Monarquía, que desemboca en la instauración de la Segunda República en 1931. Comienzan entonces sus vaivenes políticos: a pesar de sus simpatías hacia Alfonso XIII, al que había defendido como soldado, deja que los acontecimientos sigan su curso sin movilizar a la Guardia Civil, muy al contrario, facilita la transición al nuevo régimen y se declara a favor de él.

Si bien sintoniza inicialmente con la República, Sanjurjo pronto empieza a manifestar su descontento con la nueva situación. Por una parte, la reforma de Azaña del Ejército provoca un malestar entre un sector de éste al que no es ajeno el general. Además, el Gobierno presidido por Azaña decide destituirlo como director de la Guardia Civil para nombrarlo director de la Guardia de Carabineros; un puesto de una importancia mucho menor que le provoca un enfado que no trata de disimular. Azaña, que no sentía ningún aprecio por el general, le consideraba peligroso y lo suficientemente voluble como para cambiar de bando en cualquier momento.

El político no se equivocaba: sus amigos militares y monárquicos tratan de convencerle de que debe alzarse contra la República. La conspiración parte de los carlistas Rodezno y Fal Conde, grupo profundamente antirrepublicano y tradicionalista arraigado en Navarra con quien Sanjurjo tenía lazos que se remontaban a su familia, oriunda como él mismo de Pamplona.

La maniobra, confusa desde el principio ya que era a un tiempo un intento de restaurar la monarquía, un golpe contra la "dictadura anticlerical de Azaña" y una reacción al Estatuto catalán, le convence y se suma a la conspiración, al mando, no obstante, del general Emilio Barrena.

La decisión de Sanjurjo no estaba poco meditada, las dudas que mantiene le llevan a entrevistarse con Alejandro Lerroux, líder del Partido Radical, al menos tres veces antes de sumarse definitivamente. El viejo político le pide paciencia con la situación, aunque algunos autores, como Ramón Tamames, aseguran que Lerroux no trata de disuadirle. El historiador Hugh Thomas incide en el asesinato de cuatro guardias civiles en Castilblanco el 31 de diciembre de 1931, como detonante de la paciencia del general. Sea como fuere, tras las reformas de Azaña, los sucesos de Castilblanco y su cambio de destino, Sanjurjo se pronuncia en Sevilla el 10 de agosto de 1932 al más puro estilo decimonónico y consigue hacerse con la ciudad. El plan consiste en dominar los principales edificios de las capitales importantes, pero el golpe, mal dirigido por Barrena, fracasa. Sólo en Sevilla, y en Madrid durante unas pocas horas, tiene algún viso de prosperar. Sus colaboradores, entre los que se encuentra su hijo, una vez que ven que todo está perdido organizan su huida pero es detenido camino de Portugal en Ayamonte, (Huelva), después de rechazar un traslado en avión.


Se juzga a 150 conspiradores por el intento y Sanjurjo, preguntado sobre quiénes eran sus apoyos contesta "Ahora que ha fracasado, ninguno, si hubiera triunfado, usted sería uno de ellos señor juez". Como resultado del pronunciamiento conocido como la Sanjurjada, el general es expulsado del Ejército y condenado a muerte, aunque la pena se le conmuta finalmente por una cadena perpetua que comienza a cumplir en el penal de El Dueso, en Santoña (Cantabria). El episodio pone fin a su carrera militar. Sin embargo, no cumple la condena ya que Lerroux, con quien había mantenido buenas relaciones en los primeros años de la
República, le indulta a su llegada a Gobierno en 1934. A pesar de ello, tiene que exiliarse a Estoril, Portugal, sin ningún mando militar.

Historiadores como Stanley Payne y algunos autores como Manuel de Burgos Mazo retratan la figura del general al hilo de la Sanjurjada como la de un hombre de acero curtido en mil batallas: un militar en el más puro sentido de la palabra, disciplinado y con arrojo pero carente de la inteligencia necesaria para liderar al Ejército en su intervención en la política. En concreto, Burgos Mazo, conspirador también contra la República, escribe de él que "era hombre caballeresco y valiente como pocos, pero de escaso entendimiento, así como el General Goded era la cabeza que concebía, organizaba y trazaba los planes, Sanjurjo era el brazo de hierro y heroico para realizarlos".

A pesar del fracaso de agosto del 32, desde Portugal, Sanjurjo se convierte en una especie de jefe nominal de casi todas las conspiraciones y de los grupos derechistas y monárquicos. Tanto generales proclives a la conspiración, como Goded o Mola, como los carlistas y algunos grupos de derecha le consideran la autoridad moral por excelencia del Ejército y un personaje destinado a comandar cualquier levantamiento contra la República.

Sanjurjo es informado puntualmente de las conspiraciones que se empiezan a fraguar en el entorno militar a finales de 1935. Sin embargo, la percepción en cuanto a la participación del viejo general en la conspiración de julio de 1936 varía bastante según los autores.

Mientras hay historiadores que le achacan un mero papel simbólico otros consideran que dirige de lleno el plan. La disputa se suele centrar en la relación con el general Mola, quien de hecho tenía el mando operativo y firmaba sus notas y cartas a los simpatizantes de la rebelión como el Director.

Según los que consideran su papel secundario, Mola informaba de todo a Sanjurjo y le consideraba la autoridad moral, aunque éste apenas decidiera sobre la forma de llevar a cabo la sublevación. Los que piensan que dirigía todo suelen incidir en que Mola sólo cumplía los designios que venían de Portugal debido a que Sanjurjo tenía más libertad de acción. Lo único cierto es que el general estaba implicado y se iba a constituir como el cabeza de mando de la rebelión por ser el militar de más prestigio entre los sublevados y quizá, el único capaz de aunar todas las voluntades y agradar a todos los egos.

Aún con la oposición de Goded y la reticencia de Franco, el general es nombrado jefe de los militares de la conspiración, incluso se postula como posible jefe de Gobierno en caso de triunfo. Todos los planes se van al traste el 20 de julio de 1936, en Portugal, cuando la avioneta Puss Moth que pilota el falangista Juan Antonio Ansaldo se estrella a los pocos minutos de despegar. Dentro de ella muere instantáneamente el general José Sanjurjo como consecuencia de una fractura de cráneo. El piloto salvó la vida y las conjeturas sobre un sabotaje rodean desde entonces este accidente.

La sublevación del 18 de julio cambiaba de curso nada más empezar posibilitando el posterior liderazgo de Francisco Franco, a la vez que desaparecía uno de lo militares más carismáticos y laureados de España.

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Dolores Ibárruri (1895-1989)

Miembro del Partido Comunista desde su fundación, la Pasionaria' es una de las figuras más controvertidas de la Guerra Civil: mientras unos la consideran la heroína de la contienda, para otros es una mujer cruel y sin escrúpulos

"Antigua monja, se casó con un fraile que había colgado sus hábitos. De ahí su odio por los religiosos. Se ha hecho célebre por haberse arrojado en plena calle sobre un sacerdote, seccionándole la yugular". Así de sanguinaria la describía el periódico derechista Gringoire reflejando el rechazo que provocaba en los sectores más reaccionarios por comunista y sobre todo por asumir roles reservados hasta entonces a los hombres. Dolores Ibárruri, la Pasionaria, se rebeló contra su destino, adelantado por su madre, "hilar, parir y llorar" para convertirse en secretaria general del Partido Comunista Español y terminar siendo una de las figuras más controvertidas de la Guerra Civil.

Ibárruri nace en Gallaría, un pueblo minero de Vizcaya, el 9 de diciembre de 1895. Hija, hermana y esposa de mineros, pertenece a un mundo en el que todavía se recuerdan los combates de las guerras carlistas y donde la miseria campa a sus anchas, "donde no llegaba el sol y que a veces se iluminaba trágicamente con los sangrientos resplandores de la lucha que brotaba en llamaradas de violencia, cuando la capacidad de resistencia al trato brutal llegaba al límite de lo soportable", según narra en sus memorias. Probablemente fue en los mítines carlistas a los que la mandaba su padre cuando comenzó a formarse el talento oratorio de la futura Pasionaria. Fue una niña rebelde, católica devota hasta los 17 años y despierta en los estudios. Asistió a la escuela del pueblo hasta los 15, pero la realidad económica de la familia la obligó a abandonar su sueño de hacerse maestra para trabajar en un taller de costura y más tarde como sirvienta. "Buscando la liberación del duro trabajo en casas ajenas, mal alimentada y peor pagada, me casé con un minero a quien había conocido en la primera casa en la que presté servicios". Se refiere a Julián Ruiz, a través del cual, Dolores conoce la literatura marxista que devora en la biblioteca de la casa del pueblo de Somorrostro, donde se instalan.

La huelga revolucionaria de agosto de 1917 lleva a Julián a la cárcel dejando a Ibárruri a cargo de la casa y de su primera hija. Frente a la dureza de las condiciones de vida, la noticia de la Revolución Rusa de octubre de ese mismo año representa para ella una luz de esperanza. Un año más tarde comienza a colaborar en dos publicaciones, Lucha de clases y El minero vizcaíno, con el seudónimo Pasionaria, que utilizó probablemente por escribir su primer artículo en Semana Santa.

Ibárruri y su marido se afilian al PCE en 1921, año de su fundación. Al poco tiempo es elegida miembro del primer comité provincial del Partido Comunista de Vizcaya. Los años 20 significan una auténtica pesadilla para la futura líder comunista. Julián ingresa a menudo en prisión y las condiciones de miseria en las que viven provocan una sucesión de mueras trágicas. Su segundo hijo, Rubén, nace en 1920, el mismo año en el que la primogénita moría. En 1923 Dolores pare trillizas, pero a los dos años sólo una de ellas, Amaya, sobreviviría. Una quinta hija, Eva, nace sn 1928, pero apenas vive dos meses. Pese a la frustración y la pena, permanece políticamente activa, organiza manifestaciones, pronuncia discursos, ascribe artículos y comienza a ser muy valorada en el PCE. El agente de la Iternacional Comunista en Bilbao, Mijail Koltsov escribe : "La mujer de sencillo vestido negro constituía una enorme adquisición para el partido".

En 1930, cuando Alfonso XIII trata de salvar la monarquía borbónica, Ibárruri es elegida miembro del comité central del PCE y se traslada a Madrid para trabajar de periodista en Mundo Obrero.

Dos años más tarde accede al Comité Ejecutivo. Su matrimonio para entonces ha fracasado. Sale del País Vasco con 35 años y desde entonces sus únicas relaciones amorosas conocidas tendrán como protagonista a Francisco Antón, mucho más joven que ella y al que, según el escritor Gregorio Morán, ella misma junto a Carrillo acabaron condenando al destierro en Polonia.

Es en Madrid donde comienzan las detenciones, En el primer encarcelamiento la acusan de ocultar a un camarada comunista huido de la Guardia Civil. En 1932, la detienen por "insultar al Gobierno" en un mitin político. Tras recuperar la libertad, Pasionaria viaja a la Unión Soviética por primera vez como delegada al XIII pleno de la Komintern. Es su presentación en la sociedad comunista internacional. Allí conoce a Stalin, al que deja impresionado con su oratoria y descubre Moscú, "a ciudad más maravillosa de la tierra".

Ya de vuelta en casa, la situación se endurece cada vez más. Si en un principio el Partido Comunista, siguiendo la batuta de Moscú, considera a la República como burguesa, el intento de golpe de Sanjurjo en 1932 cambiaría su análisis político ante lo que consideraba una amenaza involucionista. Mediante la Unión de Mujeres Antifascistas, la Pasionaria se involucra directamente en las luchas obreras como la revuelta de los mineros de Asturias de 1934. En junio de 1936, ya como diputada por Asturias, la Pasionaria pronuncia uno de sus discursos más sonados en el Parlamento. Denuncia la preparación del golpe de Estado, "y si hay generalitos reaccionarios que, en un momento determinado, azuzados por elementos como el señor Calvo Sotelo, pueden levantarse contra el Estado, hay también soldados del pueblo que saben meterles en cintura". Este discurso está considerado por muchos como la orden tácita de asesinar a Calvo Sotelo. En la primavera de 1936 la dirigente comunista hace campaña por la amnistía de los presos, defiende la revolución en ardientes mítines y se implica personalmente en huelgas y encierros, siempre al lado de los obreros, Santiago Carrillo escribe: "En esa época, en el partido, ella era el gran tributo que movilizaba a las multitudes, porque poseía una voz que se te agarraba a la garganta y extraordinarias dotes de orador; poseía sobre todo intuición política".

El 19 de julio de 1936, un día después del levantamiento, desde el Ministerio de Gobernación, emite un comunicado del Partido Comunista de España. Aquí comienza la construcción del mito. En un vibrante llamamiento a cada hombre, mujer y niño de todas las regiones de España, acuña el lema "¡Los fascistas no pasarán!, ¡No pasarán!». Pasionaria convence a los soldados del batallón de infantería de Wad Ras, ubicados en la base militar de El Goloso, de que se pongan al lado de la República; en el momento más duro de la refriega se dirige al Alto de los Leones de Segovia y cava trincheras para la defensa de Madrid. Ibárruri viaja a París donde se entrevista con el jefe de Gobierno frentepopulista Léon Blum para tratar de lograr ayuda internacional y para alejarle de su política de no intervención. Su incendiario discurso en el Velódromo de Invierno de París, el 8 de septiembre de 1936, se reproduce en la prensa mundial: "Más vale morir de pie que vivir de rodillas". Allí lanza una advertencia, "Tenéis que ayudar al pueblo español. ¡Cuidado! Hoy somos nosotros, pero mañana os llegará vuestro turno".

El efecto Pasionaria llega a Hollywood, y actores como James Cagney, Joan Crawford o Bette Davis le envían una carta de agradecimiento y aluden a Ibárruri como "símbolo viviente de la lucha de los obreros por la democracia y la libertad". Idealizada por la leyenda obrera es cantada por los poetas Nicolás Guillén, Machado, Alberti o Miguel Hernández.

La imagen de la Pasionaria se hace familiar en los frentes de batalla, junto al Quinto Regimiento o dando aliento a las Brigadas Internacionales. Según Koltsov: "La presencia de Dolores introduce una nota de especial ambiente en la dirección del partido. A la atmósfera masculina del Buró Político, severa, a veces de un practicismo acentuado, su presencia le da calor, alegría, sentido del humor o ira apasionada".

La lealtad de Ibárruri hacia la Unión Soviética es incondicional. Critica el trotskismo y en sus memorias se refiere al POUM como "anarcotrotskistas fascistas". En el 37 Pasionaria forma parte de una delegación que visitó al presidente Azaña para oponerse al traslado del Gobierno a Barcelona. Azaña comenta: "Supongo que eso de la dictadura del proletariado lo habrán aplazado por una temporadita". Ibárruri responde: "Sí, señor presidente, porque tenemos sentido común". Con la guerra casi perdida, su discurso de despedida a las Brigadas Internacionales en el otoño del 38 condensa las emociones de los derrotados: "Sois la historia, sois la leyenda, sois el ejemplo heroico de la solidaridad y de la universalidad de la democracia. No os olvidaremos".

Al final de la guerra Pasionaria huye a Argel, pasa por Francia y se refugia en Moscú, donde su mayor consuelo será recuperar a sus hijos, a los que había dejado allí antes de la guerra. Exiliados en la Unión Soviética, los dirigentes del PCE se ven abocados a convertirse en inflexibles y ortodoxos estalinistas. La Pasionaria y otros dirigentes españoles del partido apoyaran el pacto entre Hitler y Stalin en septiembre de 1939. Profundamente deprimida por la derrota, la Pasionaria se limita a relacionarse con un círculo muy reducido de colaboradores y cualquier contacto con ella pasa por Irene Falcón, también comunista y su secretaria personal. En 1941, evacuan Moscú y Dolores se establece en Ufá, en los Urales, Se intensifican las luchas de poder en el seno del PCE. Tras una larga enfermedad, José Díaz termina suicidándose en 1942.

Es entonces cuando Pasionaria accede a la Secretaría General del Partido. El dirigente comunista Jesús Hernández, escribe de ella, "Pasionaria odiaba a Díaz, no podía olvidar que él había hecho comentarios sobre sus relaciones amorosas con Francisco Antón, jovenzuelo de 20 años menos que ella (...) se olvidó de que era la mujer de un obrero, que tenía hijos, olvidó que su esposo se batía en los frentes del norte; olvidó el decoro y el pudor (...)".


Meses más tarde, Nikita Jruschev le informa de la muerte de su hijo Rubén en el cerco alemán a Stalingrado, Esta noticia le lleva a una profunda depresión y durante nueve meses se encierra en un aislamiento total. Sobre este acontecimiento, añade Hernández que "Rubén se haría matar en la URSS para evitar la vergüenza de ver a su padre comido de piojos (...) mientras veía a Antón pasearse por Moscú en el automóvil de su madre".

Sale de esta penosa situación para tomar las riendas del partido, y comienza a emitir discursos dirigidos a los españoles a través de Radio Pirenaica. Aunque realiza una fuerte campaña exterior para derrocar el franquismo pronto se da cuenta de que Franco no compartiría la misma suerte que sus aliados alemanes e italianos. Liberada Francia, la dirección del PCE decide establecerse en París, ante la previsión de una posible y pronta caída del franquismo. A pesar de sus promesas iniciales, en 1948 Stalin aconseja a los comunistas españoles que cejen en la acción guerrillera y pasen a infiltrarse en los aparatos del régimen, sobre todo en los sindicatos. La URSS pactaría, en 1955, la entrada de la España de Franco en la ONU. Una decisión aplaudida por el nuevo  líder efectivo del PCE, Santiago Carrillo, que desde París defiende la liberalización y la línea de reconciliación nacional frente a la vieja guardia, liderada por Ibárruri denuncia a Naciones Unidas por aceptar este ingreso.

En el VI Congreso del PCE celebrado en Praga en 1960, Carrillo es formalmente confirmado como Secretario General y la Pasionaria recibe el recién creado cargo de presidente del partido. Su dimisión es una muestra de realismo, anteponiendo los intereses del partido a los propios. Desde entonces, las obsesiones de Ibárruri se centran en la lealtad al aparato y a la unidad del PCE.

En 1975, dos semanas después de la muerte de Franco, Ibárruri celebra su octogésimo cumpleaños en Roma volviendo a traer a la memoria sus mejores momentos a través de un nostálgico discurso. "No os digo ¡adiós!, sino ¡hasta pronto en Madrid!". El 13 de mayo de 1977 y después de 38 años de exilio regresa a España. Es reelegida diputada de nuevo por Asturias en las primeras elecciones de junio de 1977 y presidirá la primera sesión de Cortes en compañía de Rafael Alberti.


En sus últimos años Ibárruri es testigo de la consolidación de la democracia y del colapso del PCE. Muere el 12 de noviembre de 1989, año de la caída del Muro de Berlín y en pleno desmoronamiento de la Unión Soviética.

A su muerte, Ibárruri concitó un respeto público casi unánime. José Bergamín, calificado por los nacionales como "señorito católico marxista" rescata de los recuerdos la imagen humana de Pasionaria, "una simple y pobre mujer española vasca que, por serlo tan de verdad, encarnó como un maravilloso mito a todo el pueblo padeciente español". Para otros, en cambio, su figura es más un mito que otra cosa y le reprochan su seguidismo absoluto a las directrices marcadas por Stalin.

Francisco Ascaso Budría (1901-1936)


Activo dirigente anarquista, participa en numerosos atentados, uno de ellos contra el rey Alfonso XIII. Secretario de la CNT desde 1934, muere el día 20 en Barcelona durante las primeras luchas en la ciudad

Poco se sabe de Ascaso en su plano más personal. Cuentan de su vida que era una persona seria, austera y reservada, unas características que le convirtieron en un personaje muy respetado y querido. Su peculiar carácter, unido a la generosidad y el arrojo que, según quienes le conocieron, mostró durante toda su trayectoria, le cuestan la vida el 20 de julio de 1936, cuando se expone a los disparos enemigos en el asalto al cuartel de las Atarazanas, en Barcelona.

El día 1 de abril de 1901 nace en Almudévar (Huesca) Francisco Ascaso Budría, el más pequeño de una familia de amplia tradición anarcosindicalista. Desde muy joven, el ambiente libertario que se respira en su casa hace que este pequeño y poco corpulento hijo de obreros se nutra de las ideas que tanto sus padres como sus hermanos, Domingo y Joaquín, cultivan. En 1913, se traslada a Zaragoza con su familia y desde muy joven empieza a participar en movimientos reivindicativos y conflictos laborales, lo que le lleva en el año 1919 a formar su primera agrupación, La Voluntad, Las actividades que realiza con este colectivo son las que le hacen caer detenido por primera vez, una situación que se repetirá en numerosas ocasiones a lo largo de toda su vida.

En cualquier caso, es a partir de 1922, una vez llegado a Barcelona cuando empieza a formar parte de algunas de las asociaciones más conocidas de la época. Los Justicieros y Los Solidarios, son las dos agrupaciones en las que unirá su destino con el de Buenaventura Durruti, junto al que prepara acciones armadas contra Martínez Anido y otros altos cargos de la época. También se incorpora a este último grupo otro personaje muy relevante, Juan García Oliver. En estos años Francisco se encarga de la redacción de El Crisol, el periódico de la agrupación. Los colectivos de afinidad, base de la estructuración de los anarquistas, son el modo organizativo más común en el anarquismo ibérico durante estos años.

Las actividades que desarrolla le llevan en varias ocasiones más a la cárcel y más tarde a Francia, donde trata de crear un comité revolucionario y una editorial de apoyo a las luchas en el interior de España.

Al llegar la dictadura de Primo de Rivera todas las organizaciones anarquistas quedan prohibidas, por lo que la actividad clandestina será uno de los rasgos que definan la década de los años 20. La situación en estos momentos es dramática, ya que la tensión y la violencia con la patronal aumentan enormemente. Según el historiador Abel Paz, Ascaso afirmaba de esta situación: "La calma es ficticia. Se nota en el ambiente un presagio de dramatismo. El pistolerismo patronal ha encontrado ahora un nuevo refugio creando un sindicalismo amarillo, cuyos miembros gozan de los mismos privilegios que los anteriores".

Perseguidos por los delitos cometidos en estos años, Ascaso y sus compañeros deben partir hacia América, donde visitan Nueva York, México, Chile, Buenos Aires y Cuba en un viaje que les sirve para seguir con su actividad ilegal atracando entidades bancadas para sufragar los gastos de su movimiento libertario. Especialmente importante es el atraco a la industria Tucumán de México, cuyo dinero se destinaría a la construcción de una escuela para hijos de obreros, una práctica muy habitual entre los colectivos anarquistas.

Con una movilidad constante, Francisco trabaja de camarero, estibador y cortador de caña para poder sobrevivir en estos años. Héroe para unos y un simple bandolero para otros, la figura de Ascaso despierta gran interés en la época y en torno a él y sus compañeros anarquistas giran innumerables leyendas. La actividad del grupo anarquista al que pertenece continúa hasta la preparación de un atentado en 1926 contra Alfonso XIII, un hecho que hace que vuelva a entrar en prisión, aunque al año siguiente es expulsado a Bélgica y Francia, un destierro que no acabaría hasta la llegada de la Segunda República. Durante estos años, los grupos agitadores de toda la Península se han ido conociendo y coordinando en distintos encuentros, cuajando en el año 1927 en la constitución, en Valencia, de la Federación Anarquista Ibérica (FAI), organización en la que los anarquistas construyen una estructura común, un proceso en el que Ascaso, Durruti y García Oliver tienen un papel central.

Una vez iniciado el periodo republicano, Francisco Ascaso retoma los asaltos bancarios y participa en varios intentos de alzamiento en Figols y el Ebro, lo que le lleva a ser deportado a África en febrero de 1932. Su vuelta a Cataluña no se produce hasta 1934, para ser nombrado secretario general de la CNT de Cataluña y redactor de Solidaridad Obrera, desde cuyas páginas Ascaso expone algunas de sus ideas, enfrentándose a los sectores más moderados de la CNT, conocidos como treintistas. El historiador Miguel Íñiguez, escribe de él: "Militante serio y austero, no se caracteriza por sus reflexiones escritas, ya que él mismo se considera una persona de acción, lo que no es excusa para que participe en diversos medios impresos". En esta época escribe, efectivamente, algunos artículos como "El Estado", en el cual afirma: "Solamente una sociedad comunista libertaria, donde el Estado resulta inútil, al establecerse el patrimonio común de todo, y para cuyo mantenimiento cada cual colaborará, puede realizar la administración del patrimonio por acuerdo y reconocimiento de todos sus componentes".

La confianza en que la sociedad puede defender sus intereses sin necesidad de instituciones estatales, le pone a la cabeza -en los primeros días del alzamiento- de la organización de los grupos de milicianos anarquistas. Como coordinador de comunicaciones y miembro del Comité de defensa de la CNT de Cataluña trata de apagar la rebelión militar. En ese ambiente, el asalto al cuartel de Atarazanas se convierte en un objetivo central y prioritario, produciéndose crudos enfrentamientos armados entre un bando y otro. Una bala certera de un francotirador enemigo es la que acaba el día 20 de julio con la vida de Ascaso.

Como figura ensalzada en mítines, artículos de prensa y con su nombre en una columna que parte hacia el Frente de Aragón, Francisco Ascaso pasa desde ese momento a formar parte de la mitología de los militantes del frente republicano.

Luis Lucia y Lucia (1888-1943)


Militante carlista desde joven, es testigo, a su pesar, de la radicalización de la derecha. El telegrama que envía el 19 de julio para defender el orden republicano le cuesta una dura persecución por ambos bandos

Talante dialogante y planteamientos moderados en lo político. Son dos apuntes de color para definir la vida y la ideología de Luis Lucia y Lucia, y que no le serán tenidos en cuenta tras el estallido de la Guerra Civil.

Periodista castellonense, en 1930 funda Derecha Regional Valenciana, integrada en la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), de la que llega a ser su vicepresidente. Pese a sus intentos de calmar los exaltados ánimos de su partido y su propósito de mantenerse al margen de la radicalización de la CEDA, la situación para Lucia llega a un punto de no retorno el 19 de julio. A las 11 de la mañana, una de sus hijas se persona en la oficina postal de Benicassim y envía un telegrama a nombre de su padre.

"Madrid, Ministro Gobernación. Como ex ministro de la República, jefe Derecha Regional Valenciana, diputado y español, levanto mi corazón por encima de las diferencias políticas para ponerme al lado de la autoridad que es, frente a la violencia y la rebeldía, la encarnación de la República y de la Patria".

A las pocas horas de enviar este comunicado, rescatado por el historiador Vicent Comes, Lucia comienza una alocada huida por masías y pinares valencianos, escapando de las patrullas anarquistas y republicanas que buscan ajusticiar a cualquiera relacionado de modo directo o indirecto con la derecha golpista. Escondido desde septiembre del 36 en un caserón de Cantavieja (Castellón) llamado El Batán, es apresado el 27 de febrero de 1937 y acusado de colaboracionista con los golpistas y prófugo.

Permanece en prisión el resto de la guerra, Inmerso en múltiples procesos judiciales en los que, en balde, intenta probar, pese a su milltancia derechista, su fidelidad a la República.

Sus últimos días de prisión republicana transcurren en la cárcel Modelo de Barcelona, de donde se fuga en enero de 1939, un día antes de que los nacionales tomen la ciudad. Tres semanas después, el 13 de febrero, la Audiencia de Guerra de Barcelona vuelve a ponerlo entre rejas.

Ahora, la prisión la dictan los nacionales, quienes se basan en la (fortuita) aparición del telegrama que anteriormente tanto había buscado y en el que Lucia tomaba partido frente al levantamiento militar. El 27 de febrero, un juicio sumarísimo le sentencia a pena de muerte.

La intervención de un viejo conocido, Joaquín Maldonado, evita su ejecución y se le condena a 30 años de prisión. El 18 de julio de 1941 es indultado, y el tiempo que le queda por cumplir se conmuta por el destierro peninsular. El 27 de ese mismo mes llega a Palma de Mallorca. Sin embargo, le espera una última prisión de la que ya no podrá escapar: cáncer hepático. Intervenido quirúrgicamente en Valencia, Luis Lucia fallece el 5 de enero de 1943.

"Alfonso Carlos I" (1849-1936)

El último descendiente directo de la dinastía carlista reaparece en 1931, tras muchos años retirado de la vida pública, para lograr la reunificación de los tradicionalistas y hacer que participen en la sublevación

A pesar de no estar presente en España, el pretendiente carlista Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este, autodenominado Alfonso Carlos I, es una de las figuras de referencia para buena parte de los sublevados. En 1936 es un hombre mayor, de 87 años y sin hijos, lo que anuncia el final de la estirpe de Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII que en 1833 inició la vía carlista al oponerse a la designación de Isabel II como heredera al trono y a la implantación de un Gobierno liberal. Pero antes de ese final, durante los años inmediatamente anteriores a la Guerra Civil, Alfonso Carlos I consigue aglutinar a todas las ramas tradicionalistas e impulsar el movimiento en el periodo de su apogeo político.

El último representante del carlismo nace en Londres en 1849. Durante la tercera guerra carlista, que tuvo lugar entre 1872 y 1876, Alfonso Carlos había tenido una participación importante, en apoyo de los intereses de su hermano, el pretendiente Carlos VII. Acompañado por su esposa, María de las Nieves de Braganza, comandó con éxito las tropas de Cataluña y de la zona central (Maestrazgo). Sin embargo, la crueldad con la que sus milicias tomaron Cuenca en octubre de 1874 y una posterior serie de fracasos provocaron que Carlos VII le apartase del mando de Cataluña.

Alfonso Carlos, disgustado, renunció también al mando de la zona central y abandonó la lucha; además Cánovas del Castillo solicitó su extradición por «"ncendio, violación y asesinato".


Durante casi 60 años, Alfonso Carlos permanece retirado de la vida pública. Pero en 1931 hereda el puesto de pretendiente tradicionalista, al morir sin hijos su sobrino Jaime de Borbón y Borbón, conocido como Jaime III. Éste había provocado el descontento entre sus seguidores en numerosas ocasiones, por su oposición a los imperios centrales durante la Primera Guerra Mundial y por haber iniciado negociaciones con Alfonso XIII durante la Segunda República para poner fin al cisma carlista. Cuando Alfonso Carlos ocupa la jefatura del movimiento, el carlismo se halla dividido en varias facciones: los mellistas, seguidores del dirigente Vázquez de Mella; los jaimistas, seguidores de Jaime III y los integristas, neocatólicos querepudiaron a Carlos VII y que al final acaban haciéndose con el favor de Alfonso Carlos. Del mismo modo, el partido carlista se había desgajado en varios grupos políticos. Alfonso Carlos, mucho más conservador que su sobrino, unifica a todos los tradicionalistas a pesar de su edad y de estar totalmente sordo.


La fusión de los distintos sectores del carlismo se hace efectiva en la primavera de 1932, al crearse la Junta Nacional de Comunión Tradidonalista. El pretendiente Alfonso Carlos designa al frente de la misma al Conde de Rodezno. Rodezno es partidario del diálogo con los monárquicos alfonsinos y defiende la integraron de las dos ramas en la figura del infante Juan, hijo del depuesto Alfonso XIII. En efecto, la ausencia de sucesores de Carlos María Isidro por vía masculina hace que se tenga que recurrir al enemigo, o bien resignarse al final de una estirpe.

No obstante, los principales acercamientos a los monárquicos alfonsinos no tienen tanto que ver con la cuestión sucesoria como con la política. En noviembre de 1933 ambos partidos se presentan aliados en las elecciones a Cortes. Tradición y Renovación Española (Tyre), que es como se llama la alianza, capitaliza la oposición a la República del sector más derechista de la sociedad. Los carlistas obtienen 21 diputados, frente a os 16 de los alfonsinos de Renovación.

Pero es en el ámbito militar donde los partidarios de Alfonso Carlos consiguen mayores avances, gracias a la creación de milicias armadas conocidas como requetés. Los carlistas empiezan a preparar un posible levantamiento para acabar con el sistema republicano e instaurar un régimen monárquico fuerte bajo los postulados de la religión católica. La naturaleza conspiratoria del carlismo queda patente en el viaje que realiza una delegación de Tyre a Roma en marzo de 1934 para solicitar armas y apoyo del Gobierno fascista de Mussolini.


A pesar de ello, la situación se había resquebrajado ya a principios de 1934, cuando Alfonso Carlos, animado por los sectores críticos que no veían bien ni el pacto con los alfonsinos ni la reunificación de las dos ramas, sustituye a Rodezno por Manuel Fal Conde al frente del carlismo. Fal Conde es más radical y se opone a cualquier forma de colaboración con los partidarios de Alfonso XIII.

Dos meses más tarde, el 6 de mayo de ese mismo año, Alfonso Carlos ordena a Rodezno, que sigue siendo el encargado de las cuestiones parlamentarias, la disolución de Tyre y el fin de los contactos con el partido alfonsino. Para zanjar la cuestión, el pretendiente publica unas bases doctrinales que eliminan prácticamente la posibilidad de sucesión en el infante Juan. La escisión interna vuelve, pues, al carlismo.

Influido por el andaluz Fal Conde, el anciano pretendiente evita pronunciarse a favor del Bloque Nacional de derechas que el diputado alfonsino Calvo Sotelo prepara para contrarrestar al Frente Popular en las elecciones de 1936.

Viendo próximo su fin, Alfonso Carlos realiza dos últimas acciones de importancia capital. Por un lado, designa como regente a su sobrino Javier de Borbón-Parma para que se ocupe de su sucesión. Por el otro, publica un programa de cinco puntos sobre "los fundamentos de la legitimidad española": el catolicismo, "constitución natural y orgánica de los estados y cuerpos de la sociedad tradicional", «"a federación histórica de las distintas regiones y sus fueros", "la auténtica monarquía tradicional" y el retorno al estado de derecho anterior "al mal llamado derecho nuevo".


La aparición de Mola y su conspiración militar no genera mucha confianza a Fal Conde y Alfonso Carlos, que quieren que la participación de los requetés en el alzamiento se traduzca en una implicación política por parte de los rebeldes. Alfonso Carlos es reacio a que sus hombres se pongan al servicio de los militares sin más, aunque al final Mola consigue convencer in extremis a los carlistas. Nada más producirse la sublevación del 18 de julio, los requetés conquistan rápidamente Navarra. Sin embargo, aquellas milicias no luchan como en anteriores ocasiones por el retorno de su rey, y dan por concluidas las posibilidades de que éste llegue algún día al trono.

El destino quiere que el último pretendiente carlista a la corona de España fallezca en septiembre de 1936, al poco de iniciarse la contienda y tras una serie de éxitos de sus seguidores, no por su avanzada edad, sino atropellado por un camión de la policía en Viena, donde reside.

Juan March i Ordinas (1880-1962)

Uno de los hombres de negocios más importantes de la Historia de España, juega un papel determinante en el alzamiento al encargarse de financiar el avión que transportaría a Franco de Canarias a la Península

"Mi general, no se meta en mis asuntos". Quizá sólo ha existido una persona que pudiera permitirse replicar de esta manera al victorioso Francisco Franco Bahamonde, sin temor a verse obligado a sufrir las consecuencias. Se llamaba Juan March i Ordinas, natural de Santa Margarita (Mallorca) y, según sus biógrafos, se había ganado el derecho a contestar al dictador de esta guisa a base de explotar su mayor habilidad: amasar dinero y utilizarlo en función de sus propios intereses.

Como cuenta el periodista Ramón Garriga, March aprende desde muy joven el poder del dinero. Hijo de una familia humilde, queda huérfano de madre a los siete años. Desde la empresa familiar de exportación, March Hermanos, el joven Juan descubre pronto los potenciales lucrativos del contrabando de cigarrillos. En 1909 comienza a exportar tabaco a Marruecos; más tarde se dedicará a la adquisición de terrenos en Mallorca, Levante y La Mancha, que después venderá a los campesinos en parcelas. El tráfico de tabaco a gran escala se convertirá en los cimientos de una enorme y compleja trama empresarial controlada personalmente por él.


Al estallar la I Guerra Mundial, Juan March encuentra en el conflicto bélico una nueva y fabulosa fuente de ingresos. Mientras abastece de víveres y combustible a los submarinos alemanes, informa al bando aliado sobre las rutas y actividades que sigue el ejército germano. Dueño de la Compañía Transmediterránea, que había creado siete años antes, en 1923 March obtiene un acta de diputado, que mantendrá hasta la llegada de la dictadura de Primo de Rivera ese mismo año. El general emprende un proceso para encarcelarlo por sus actividades durante la Guerra de Marruecos. En este momento, ya son conocidas las idas y venidas de armamento en sus propias barcas de contrabando de tabaco, armas que luego vendía a los seguidores de Abd el Krim. Sin embargo, el proceso nunca prospera y, tras una entrevista con el dictador, March consigue ganarse su favor. Así, un año más tarde, el Real Decreto Protección de la Industria Nacional le otorga el monopolio del tabaco en Ceuta y Melilla; en el mismo decreto también se designa a la compañía beneficiaría del monopolio de teléfonos, una entidad en la que March se integra como socio capitalista. En 1927, Campsa obtiene el monopolio del petróleo, y Juan March se apresura a participar en ella a través de la empresa de distribución Porto Pi.

Con la llegada de la República en 1931, March resulta elegido diputado. Pero el nuevo orden político se ocupará de retirarle el monopolio, provocando la ira del empresario, que a partir de entonces se declara abiertamente enemigo del régimen. El ministro de Hacienda en el primer Gobierno de Azaña, Jaime Carner, que en sus tiempos de empresario había llegado a conocer bien al magnate, advierte: "O la República destruye a Juan March, o Juan March destruirá a la República".


En 1932 comienza un proceso parlamentario contra el empresario que provoca sonoras broncas en las Cortes; el propio March fue el encargado de defenderse, alegando que la República le había retírado indebidamente el monopolio del tabaco sin ser éste ilegal. Finalmente, la mayoría de la Cámara le retira su acta de diputado y, con ella, la inmunidad parlamentaria, y ese mismo año va a parar a la cárcel. Allí permanece durante 17 meses, en los que no deja de conspirar contra la República. En 1932 se produce la Sanjurjada, intento de derribar el régimen republicano que cuenta con un fondo de guerra de 20 millones de pesetas. El preso Juan March figura como el principal donante de ese fondo. El magnate se fugará a escasas semanas de las elecciones de 1933 que darán la victoria a la coalición de derechas -cuya campaña contribuye a financiar-, acompañado de un empleado de prisiones. De nuevo, huye a Francia, para terminar instalándose finalmente en Suiza.


Desde el exilio, March contacta con los militares que protagonizarán el alzamiento del 18 de julio y les ofrece el soporte financiero. Una ayuda que no tardará en materializarse en el Dragón Rapide, el avión que trasladó a Franco desde Canarias hasta Marruecos para ponerse al frente de las tropas sublevadas. El dinero necesario para fletar la aeronave y comprar suministros de armas y gasolina para los recién sublevados también procede de las arcas de Juan March.

Nada más comenzar la guerra, hacia el 25 de julio, acompañado de Gil Robles, se establece en Lisboa. En el Banco de Portugal se abre una cuenta a nombre del Banco de Burgos, a través de la que se canalizan las ayudas de March al bando rebelde. El 27 del mismo mes, Italia entrega a los militares 12 aviones más, y March, desde el exilio, empieza a tejer una red internacional de apoyo a los golpistas, financiando sus adquisiciones a través del Claiworth Bank de Londres. Durante la contienda, según el historiador Gabriel Jackson, tanto él como Nicolás Franco actúan a modo de "representación diplomática" del Ejército sublevado, mientras el Gobierno portugués ningunea a Sánchez Albornoz, embajador republicano en el país.


Pronto se corre la voz de que el potentado está apoyando activamente el golpe militar. El 28 de julio, el diario El Diluvio denuncia que "March ha sido el arbitrador de recursos pecuniarios cuantiosos que se han necesitado para llevar a cabo la sedición franquista". El periódico El Socialista titula: "March, empresario de la rebelión". A principios de 1937, se difunde la noticia de que había contribuido a la causa rebelde con 15 millones de libras esterlinas, además de haber financiado la ocupación italiana de Mallorca.

Una vez terminada la guerra, Juan March regresa a España, pero sus diferencias con el almirante Carrero Blanco, uno de los más estrechos colaboradores de Franco, le empujan de nuevo al extranjero. En Lisboa entabla relaciones con la monarquía en el exilio. A su regreso a España, además de sus múltiples compañías que incluyen negocios en el sector bancario, petrolero, naviero, minero y eléctrico, March llega a poseer una gran cantidad de hoteles y palacios en España y en las principales capitales europeas. En 1955 crea la Fundación Juan March, institución sin ánimo de lucro dedicada al fomento de las ciencias y de las artes.

En 1962, el vehículo en el que viaja choca frontalmente contra otro que circula en dirección contraria, en la carretera de Madrid a la Coruña, a la altura del municipio madrileño de Torrelodones. Muere 15 días después, el 10 de marzo, en la Clínica de la Concepción, en Madrid. A su muerte, la de March es la primera fortuna de España y la séptima del mundo, valorada en 60.000 millones de pesetas.

lunes, 10 de septiembre de 2012

José Calvo Sotelo (1893-1936)

Diputado monárquico y líder de la derecha en el Parlamento, es uno de los que más duramente critica a la República, a la que pretende derribar. Su muerte, el 13 de julio, se considera el detonante de la guerra.  

"Nosotros le queríamos para gobernante. Dios le quiso para mártir". Así resume el escritor José María Pemán la figura de José Calvo Sotelo, el diputado monárquico cuyo asesinato, en la madrugada del 13 de julio de 1936, está considerado el detonante más inmediato del levantamiento militar y, por lo tanto, de la Guerra Civil.

Hombre familiar, de talante profundamente religioso y amante de la tradición y el orden, Calvo Sotelo enseguida se destaca como uno de los adversarios más tenaces de la República. Contra la "lentitud casi senil" de los conservadores de la CEDA y el propósito "bien claro»"de los socialistas de instaurar su dictadura, se muestra partidario del enfrentamiento directo con las instituciones: "El poder debe ser conquistado por cualquier medio", asegura.

Así, ante las elecciones de febrero del 36, en las que prevé una victoria de las izquierdas, trata de convencer al todavía indeciso general Franco para que los militares adelanten el golpe de Estado. De este modo, piensa, no parecerá "ante el mundo" que el Ejército "se subleva contra una decisión de la soberanía nacional".

Sin embargo, es precisamente su asesinato el que fuerza "la participación de muchos vacilantes, incluido Franco", en el levantamiento del 18 de julio. Así lo afirma el historiador Paul Preston, para quien Calvo Sotelo, "a diferencia de las muchas nulidades que utilizó Franco más tarde, hubiera impuesto su propia personalidad en la posguerra".


Nacido en la localidad de Tuy en 1893, en Pontevedra, Calvo Sotelo se traslada a Zaragoza para estudiar Derecho. Allí consigue cierta popularidad al fundar una revista de humor y obtener Matrícula de Honor en Derecho Romano, lo que le permite vender copias de sus apuntes.

Enseguida llega a Madrid, donde comienza a trabajar en el Ministerio de Gracia y Justicia, en la sección de administración, En los siguientes años, asciende tanto en su profesión como en las filas del partido de Antonio Maura durante la monarquía de Alfonso XIII con el que consigue un acta de diputado en 1919 y el puesto de gobernador civil de Valencia en el año 1923.

Cuando el general Primo de Rivera toma el poder, se une a su Unión Patriótica y participa en el Gobierno durante casi toda la Dictadura, a la siempre permanecerá fiel. Como director general de la Administración Local, aumenta el poder y la capacidad financiera de los municipios y, a partir de 1925 ocupa la cartera de Hacienda. 

En este puesto crea el llamado presuesto extraordinario para costear las obras públicas, así como diversos bancos nacionales y el monopolio estatal del petróleo (Campsa), del que se muestra particularmente orgulloso. Tras la crisis de 1929, y al no lograr detener la caída de la peseta, dimite. 

Al llegar la República, se ver obligado a exiliarse para no tener que afrontar responsabilidades políticas por su actuación durante dictadura -ya que estaba acusado de evasión de capitales-. En el extranjero entra en contacto con las ideas de los monárquicos franceses del fascismo italiano, que le influyen por igual: "Antes Roma que Moscú" sostiene. Además, colabora en la revista Acción Española, en la que escribe: "Hay que conquistar el Estado».

Aunque que tiene el acta de diputado desde los orígenes de la República -fue elegido por Orense para las Cortes Constit:uyentes-, y es reelegido parlamentario por la misma provincia en 1933, no vuelve a España hasta mayo de 1934, tras la amnistía del Gobierno de Lerroux. A su regreso, desde su escaño representante de Renovación Española, Calvo Sotelo combina eruditos análisis sobre Economía o Derecho con llamamientos al Ejército contra "las hordas rojas". "Prefiero ser militarista a ser masón, a ser marxista, a ser separatista e incluso a ser progresista», afirma.

Asimismo intenta reorganizar todas las fuezas de derechas, a las que agrupa en el Bloque Nacional, que se constituye en diciembre de 1934, y del cual se constituye en su representante más cualificado.

Pero no logra el apoyo de todos y, a pesar de la afinidad ideológica que les une, José Antonio Primo de Rivera se niega a admitirle en su partido, Falange Española de las JONS, y también se opone a que éste forme parte del mencionado Bloque Nacional. Esto se debe, según el historiador Ricardo de la Cierva a que "consideraba que había desertado, a última hora, de las filas de su padre".

Para las elecciones de febrero de 1936, Calvo Sotelo pacta con la CEDA de Gil Robles. Su objetivo es, en el caso de obtener la victoria, abrir un periodo constituyente para sustituir al presidente de la República por un general, posiblemente Sanjurjo. Ante el propósito "bien claro" de los socialistas de instaurar la dictadura, asegura, "si las derechas triunfan hay que aprovechar para establecer una forma estatal definitiva".

Sin embargo, Gil Robles rechaza este programa y las relaciones entre ambos dirigentes se enfrían rápidamente. Aunque es partidario del golpe de Estado y de una vuelta a la Monarquía, y a pesar de sus afinidades con el fascismo, Calvo Sotelo se muestra siempre contrario a cualquier clase de revolución: "No queremos la catástrofe, aunque ella pudiera traer la Monarquía", afirma. Según argumenta, no sería deseable "que el Trono se cimentase sobre regueros de sangre y montones de escombros".

El 15 de febrero de 1936, la víspera de las elecciones, publica en la prensa un manifiesto en el que propone crear un Estado autoritario y evitar así que las "esencias más vitales" de la nación dependan del "sufragio envenenado".

Poco antes de su asesinato pronuncia un famoso discurso que parece anticipar su destino y que, en palabras de su biógrafo, Alfonso Bullón de Mendoza, "habrá de figurar en todas las antologías parlamentarias". "Es preferible morir con gloria a vivir con vilipendio", asegura ante Dolores Ibárruri. "Has hablado por última vez", fue la respuesta, según algunos testimonios, de la diputada comunista, aunque esto no consta en el Diario de Sesiones.

Calvo Sotelo es consciente de que su vida está en peligro y pide a Luis de Galinsoga, periodista de ABC, que le avise cuando se produzcan disturbios para estar prevenido ante posibles represalias. Un extraño cambio en el personal de su escolta, en los primeros días de julio, hace aumentar aún más sus sospechas. De hecho, su amigo Joaquín Bau le compra un coche Buick blindado de Estados Unidos.

La madrugada del 13 de julio, tras el asesinato del teniente socialista José Castillo, un grupo de oficiales se presenta en su casa en una camioneta de la Guardia de Asalto. Calvo Sotelo se ve obligado a acompañarles y se despide de su mujer sospechando lo que le espera.

A mediodía, su cuerpo aparece en el depósito de cadáveres, muerto a tiros, y es identificado.

Más detalle sobre la muerte de D. José Calvo Sotelo (La Cruz, 16/7/36)
Las últimas declaraciones hechas por el señor Calvo Sotelo a "La Nación" de Buenos Aires (La Cruz, (17/7/1936)