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sábado, 15 de septiembre de 2012

Francisco Ascaso Budría (1901-1936)


Activo dirigente anarquista, participa en numerosos atentados, uno de ellos contra el rey Alfonso XIII. Secretario de la CNT desde 1934, muere el día 20 en Barcelona durante las primeras luchas en la ciudad

Poco se sabe de Ascaso en su plano más personal. Cuentan de su vida que era una persona seria, austera y reservada, unas características que le convirtieron en un personaje muy respetado y querido. Su peculiar carácter, unido a la generosidad y el arrojo que, según quienes le conocieron, mostró durante toda su trayectoria, le cuestan la vida el 20 de julio de 1936, cuando se expone a los disparos enemigos en el asalto al cuartel de las Atarazanas, en Barcelona.

El día 1 de abril de 1901 nace en Almudévar (Huesca) Francisco Ascaso Budría, el más pequeño de una familia de amplia tradición anarcosindicalista. Desde muy joven, el ambiente libertario que se respira en su casa hace que este pequeño y poco corpulento hijo de obreros se nutra de las ideas que tanto sus padres como sus hermanos, Domingo y Joaquín, cultivan. En 1913, se traslada a Zaragoza con su familia y desde muy joven empieza a participar en movimientos reivindicativos y conflictos laborales, lo que le lleva en el año 1919 a formar su primera agrupación, La Voluntad, Las actividades que realiza con este colectivo son las que le hacen caer detenido por primera vez, una situación que se repetirá en numerosas ocasiones a lo largo de toda su vida.

En cualquier caso, es a partir de 1922, una vez llegado a Barcelona cuando empieza a formar parte de algunas de las asociaciones más conocidas de la época. Los Justicieros y Los Solidarios, son las dos agrupaciones en las que unirá su destino con el de Buenaventura Durruti, junto al que prepara acciones armadas contra Martínez Anido y otros altos cargos de la época. También se incorpora a este último grupo otro personaje muy relevante, Juan García Oliver. En estos años Francisco se encarga de la redacción de El Crisol, el periódico de la agrupación. Los colectivos de afinidad, base de la estructuración de los anarquistas, son el modo organizativo más común en el anarquismo ibérico durante estos años.

Las actividades que desarrolla le llevan en varias ocasiones más a la cárcel y más tarde a Francia, donde trata de crear un comité revolucionario y una editorial de apoyo a las luchas en el interior de España.

Al llegar la dictadura de Primo de Rivera todas las organizaciones anarquistas quedan prohibidas, por lo que la actividad clandestina será uno de los rasgos que definan la década de los años 20. La situación en estos momentos es dramática, ya que la tensión y la violencia con la patronal aumentan enormemente. Según el historiador Abel Paz, Ascaso afirmaba de esta situación: "La calma es ficticia. Se nota en el ambiente un presagio de dramatismo. El pistolerismo patronal ha encontrado ahora un nuevo refugio creando un sindicalismo amarillo, cuyos miembros gozan de los mismos privilegios que los anteriores".

Perseguidos por los delitos cometidos en estos años, Ascaso y sus compañeros deben partir hacia América, donde visitan Nueva York, México, Chile, Buenos Aires y Cuba en un viaje que les sirve para seguir con su actividad ilegal atracando entidades bancadas para sufragar los gastos de su movimiento libertario. Especialmente importante es el atraco a la industria Tucumán de México, cuyo dinero se destinaría a la construcción de una escuela para hijos de obreros, una práctica muy habitual entre los colectivos anarquistas.

Con una movilidad constante, Francisco trabaja de camarero, estibador y cortador de caña para poder sobrevivir en estos años. Héroe para unos y un simple bandolero para otros, la figura de Ascaso despierta gran interés en la época y en torno a él y sus compañeros anarquistas giran innumerables leyendas. La actividad del grupo anarquista al que pertenece continúa hasta la preparación de un atentado en 1926 contra Alfonso XIII, un hecho que hace que vuelva a entrar en prisión, aunque al año siguiente es expulsado a Bélgica y Francia, un destierro que no acabaría hasta la llegada de la Segunda República. Durante estos años, los grupos agitadores de toda la Península se han ido conociendo y coordinando en distintos encuentros, cuajando en el año 1927 en la constitución, en Valencia, de la Federación Anarquista Ibérica (FAI), organización en la que los anarquistas construyen una estructura común, un proceso en el que Ascaso, Durruti y García Oliver tienen un papel central.

Una vez iniciado el periodo republicano, Francisco Ascaso retoma los asaltos bancarios y participa en varios intentos de alzamiento en Figols y el Ebro, lo que le lleva a ser deportado a África en febrero de 1932. Su vuelta a Cataluña no se produce hasta 1934, para ser nombrado secretario general de la CNT de Cataluña y redactor de Solidaridad Obrera, desde cuyas páginas Ascaso expone algunas de sus ideas, enfrentándose a los sectores más moderados de la CNT, conocidos como treintistas. El historiador Miguel Íñiguez, escribe de él: "Militante serio y austero, no se caracteriza por sus reflexiones escritas, ya que él mismo se considera una persona de acción, lo que no es excusa para que participe en diversos medios impresos". En esta época escribe, efectivamente, algunos artículos como "El Estado", en el cual afirma: "Solamente una sociedad comunista libertaria, donde el Estado resulta inútil, al establecerse el patrimonio común de todo, y para cuyo mantenimiento cada cual colaborará, puede realizar la administración del patrimonio por acuerdo y reconocimiento de todos sus componentes".

La confianza en que la sociedad puede defender sus intereses sin necesidad de instituciones estatales, le pone a la cabeza -en los primeros días del alzamiento- de la organización de los grupos de milicianos anarquistas. Como coordinador de comunicaciones y miembro del Comité de defensa de la CNT de Cataluña trata de apagar la rebelión militar. En ese ambiente, el asalto al cuartel de Atarazanas se convierte en un objetivo central y prioritario, produciéndose crudos enfrentamientos armados entre un bando y otro. Una bala certera de un francotirador enemigo es la que acaba el día 20 de julio con la vida de Ascaso.

Como figura ensalzada en mítines, artículos de prensa y con su nombre en una columna que parte hacia el Frente de Aragón, Francisco Ascaso pasa desde ese momento a formar parte de la mitología de los militantes del frente republicano.

Luis Lucia y Lucia (1888-1943)


Militante carlista desde joven, es testigo, a su pesar, de la radicalización de la derecha. El telegrama que envía el 19 de julio para defender el orden republicano le cuesta una dura persecución por ambos bandos

Talante dialogante y planteamientos moderados en lo político. Son dos apuntes de color para definir la vida y la ideología de Luis Lucia y Lucia, y que no le serán tenidos en cuenta tras el estallido de la Guerra Civil.

Periodista castellonense, en 1930 funda Derecha Regional Valenciana, integrada en la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), de la que llega a ser su vicepresidente. Pese a sus intentos de calmar los exaltados ánimos de su partido y su propósito de mantenerse al margen de la radicalización de la CEDA, la situación para Lucia llega a un punto de no retorno el 19 de julio. A las 11 de la mañana, una de sus hijas se persona en la oficina postal de Benicassim y envía un telegrama a nombre de su padre.

"Madrid, Ministro Gobernación. Como ex ministro de la República, jefe Derecha Regional Valenciana, diputado y español, levanto mi corazón por encima de las diferencias políticas para ponerme al lado de la autoridad que es, frente a la violencia y la rebeldía, la encarnación de la República y de la Patria".

A las pocas horas de enviar este comunicado, rescatado por el historiador Vicent Comes, Lucia comienza una alocada huida por masías y pinares valencianos, escapando de las patrullas anarquistas y republicanas que buscan ajusticiar a cualquiera relacionado de modo directo o indirecto con la derecha golpista. Escondido desde septiembre del 36 en un caserón de Cantavieja (Castellón) llamado El Batán, es apresado el 27 de febrero de 1937 y acusado de colaboracionista con los golpistas y prófugo.

Permanece en prisión el resto de la guerra, Inmerso en múltiples procesos judiciales en los que, en balde, intenta probar, pese a su milltancia derechista, su fidelidad a la República.

Sus últimos días de prisión republicana transcurren en la cárcel Modelo de Barcelona, de donde se fuga en enero de 1939, un día antes de que los nacionales tomen la ciudad. Tres semanas después, el 13 de febrero, la Audiencia de Guerra de Barcelona vuelve a ponerlo entre rejas.

Ahora, la prisión la dictan los nacionales, quienes se basan en la (fortuita) aparición del telegrama que anteriormente tanto había buscado y en el que Lucia tomaba partido frente al levantamiento militar. El 27 de febrero, un juicio sumarísimo le sentencia a pena de muerte.

La intervención de un viejo conocido, Joaquín Maldonado, evita su ejecución y se le condena a 30 años de prisión. El 18 de julio de 1941 es indultado, y el tiempo que le queda por cumplir se conmuta por el destierro peninsular. El 27 de ese mismo mes llega a Palma de Mallorca. Sin embargo, le espera una última prisión de la que ya no podrá escapar: cáncer hepático. Intervenido quirúrgicamente en Valencia, Luis Lucia fallece el 5 de enero de 1943.

"Alfonso Carlos I" (1849-1936)

El último descendiente directo de la dinastía carlista reaparece en 1931, tras muchos años retirado de la vida pública, para lograr la reunificación de los tradicionalistas y hacer que participen en la sublevación

A pesar de no estar presente en España, el pretendiente carlista Alfonso Carlos de Borbón y Austria-Este, autodenominado Alfonso Carlos I, es una de las figuras de referencia para buena parte de los sublevados. En 1936 es un hombre mayor, de 87 años y sin hijos, lo que anuncia el final de la estirpe de Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII que en 1833 inició la vía carlista al oponerse a la designación de Isabel II como heredera al trono y a la implantación de un Gobierno liberal. Pero antes de ese final, durante los años inmediatamente anteriores a la Guerra Civil, Alfonso Carlos I consigue aglutinar a todas las ramas tradicionalistas e impulsar el movimiento en el periodo de su apogeo político.

El último representante del carlismo nace en Londres en 1849. Durante la tercera guerra carlista, que tuvo lugar entre 1872 y 1876, Alfonso Carlos había tenido una participación importante, en apoyo de los intereses de su hermano, el pretendiente Carlos VII. Acompañado por su esposa, María de las Nieves de Braganza, comandó con éxito las tropas de Cataluña y de la zona central (Maestrazgo). Sin embargo, la crueldad con la que sus milicias tomaron Cuenca en octubre de 1874 y una posterior serie de fracasos provocaron que Carlos VII le apartase del mando de Cataluña.

Alfonso Carlos, disgustado, renunció también al mando de la zona central y abandonó la lucha; además Cánovas del Castillo solicitó su extradición por «"ncendio, violación y asesinato".


Durante casi 60 años, Alfonso Carlos permanece retirado de la vida pública. Pero en 1931 hereda el puesto de pretendiente tradicionalista, al morir sin hijos su sobrino Jaime de Borbón y Borbón, conocido como Jaime III. Éste había provocado el descontento entre sus seguidores en numerosas ocasiones, por su oposición a los imperios centrales durante la Primera Guerra Mundial y por haber iniciado negociaciones con Alfonso XIII durante la Segunda República para poner fin al cisma carlista. Cuando Alfonso Carlos ocupa la jefatura del movimiento, el carlismo se halla dividido en varias facciones: los mellistas, seguidores del dirigente Vázquez de Mella; los jaimistas, seguidores de Jaime III y los integristas, neocatólicos querepudiaron a Carlos VII y que al final acaban haciéndose con el favor de Alfonso Carlos. Del mismo modo, el partido carlista se había desgajado en varios grupos políticos. Alfonso Carlos, mucho más conservador que su sobrino, unifica a todos los tradicionalistas a pesar de su edad y de estar totalmente sordo.


La fusión de los distintos sectores del carlismo se hace efectiva en la primavera de 1932, al crearse la Junta Nacional de Comunión Tradidonalista. El pretendiente Alfonso Carlos designa al frente de la misma al Conde de Rodezno. Rodezno es partidario del diálogo con los monárquicos alfonsinos y defiende la integraron de las dos ramas en la figura del infante Juan, hijo del depuesto Alfonso XIII. En efecto, la ausencia de sucesores de Carlos María Isidro por vía masculina hace que se tenga que recurrir al enemigo, o bien resignarse al final de una estirpe.

No obstante, los principales acercamientos a los monárquicos alfonsinos no tienen tanto que ver con la cuestión sucesoria como con la política. En noviembre de 1933 ambos partidos se presentan aliados en las elecciones a Cortes. Tradición y Renovación Española (Tyre), que es como se llama la alianza, capitaliza la oposición a la República del sector más derechista de la sociedad. Los carlistas obtienen 21 diputados, frente a os 16 de los alfonsinos de Renovación.

Pero es en el ámbito militar donde los partidarios de Alfonso Carlos consiguen mayores avances, gracias a la creación de milicias armadas conocidas como requetés. Los carlistas empiezan a preparar un posible levantamiento para acabar con el sistema republicano e instaurar un régimen monárquico fuerte bajo los postulados de la religión católica. La naturaleza conspiratoria del carlismo queda patente en el viaje que realiza una delegación de Tyre a Roma en marzo de 1934 para solicitar armas y apoyo del Gobierno fascista de Mussolini.


A pesar de ello, la situación se había resquebrajado ya a principios de 1934, cuando Alfonso Carlos, animado por los sectores críticos que no veían bien ni el pacto con los alfonsinos ni la reunificación de las dos ramas, sustituye a Rodezno por Manuel Fal Conde al frente del carlismo. Fal Conde es más radical y se opone a cualquier forma de colaboración con los partidarios de Alfonso XIII.

Dos meses más tarde, el 6 de mayo de ese mismo año, Alfonso Carlos ordena a Rodezno, que sigue siendo el encargado de las cuestiones parlamentarias, la disolución de Tyre y el fin de los contactos con el partido alfonsino. Para zanjar la cuestión, el pretendiente publica unas bases doctrinales que eliminan prácticamente la posibilidad de sucesión en el infante Juan. La escisión interna vuelve, pues, al carlismo.

Influido por el andaluz Fal Conde, el anciano pretendiente evita pronunciarse a favor del Bloque Nacional de derechas que el diputado alfonsino Calvo Sotelo prepara para contrarrestar al Frente Popular en las elecciones de 1936.

Viendo próximo su fin, Alfonso Carlos realiza dos últimas acciones de importancia capital. Por un lado, designa como regente a su sobrino Javier de Borbón-Parma para que se ocupe de su sucesión. Por el otro, publica un programa de cinco puntos sobre "los fundamentos de la legitimidad española": el catolicismo, "constitución natural y orgánica de los estados y cuerpos de la sociedad tradicional", «"a federación histórica de las distintas regiones y sus fueros", "la auténtica monarquía tradicional" y el retorno al estado de derecho anterior "al mal llamado derecho nuevo".


La aparición de Mola y su conspiración militar no genera mucha confianza a Fal Conde y Alfonso Carlos, que quieren que la participación de los requetés en el alzamiento se traduzca en una implicación política por parte de los rebeldes. Alfonso Carlos es reacio a que sus hombres se pongan al servicio de los militares sin más, aunque al final Mola consigue convencer in extremis a los carlistas. Nada más producirse la sublevación del 18 de julio, los requetés conquistan rápidamente Navarra. Sin embargo, aquellas milicias no luchan como en anteriores ocasiones por el retorno de su rey, y dan por concluidas las posibilidades de que éste llegue algún día al trono.

El destino quiere que el último pretendiente carlista a la corona de España fallezca en septiembre de 1936, al poco de iniciarse la contienda y tras una serie de éxitos de sus seguidores, no por su avanzada edad, sino atropellado por un camión de la policía en Viena, donde reside.

Juan March i Ordinas (1880-1962)

Uno de los hombres de negocios más importantes de la Historia de España, juega un papel determinante en el alzamiento al encargarse de financiar el avión que transportaría a Franco de Canarias a la Península

"Mi general, no se meta en mis asuntos". Quizá sólo ha existido una persona que pudiera permitirse replicar de esta manera al victorioso Francisco Franco Bahamonde, sin temor a verse obligado a sufrir las consecuencias. Se llamaba Juan March i Ordinas, natural de Santa Margarita (Mallorca) y, según sus biógrafos, se había ganado el derecho a contestar al dictador de esta guisa a base de explotar su mayor habilidad: amasar dinero y utilizarlo en función de sus propios intereses.

Como cuenta el periodista Ramón Garriga, March aprende desde muy joven el poder del dinero. Hijo de una familia humilde, queda huérfano de madre a los siete años. Desde la empresa familiar de exportación, March Hermanos, el joven Juan descubre pronto los potenciales lucrativos del contrabando de cigarrillos. En 1909 comienza a exportar tabaco a Marruecos; más tarde se dedicará a la adquisición de terrenos en Mallorca, Levante y La Mancha, que después venderá a los campesinos en parcelas. El tráfico de tabaco a gran escala se convertirá en los cimientos de una enorme y compleja trama empresarial controlada personalmente por él.


Al estallar la I Guerra Mundial, Juan March encuentra en el conflicto bélico una nueva y fabulosa fuente de ingresos. Mientras abastece de víveres y combustible a los submarinos alemanes, informa al bando aliado sobre las rutas y actividades que sigue el ejército germano. Dueño de la Compañía Transmediterránea, que había creado siete años antes, en 1923 March obtiene un acta de diputado, que mantendrá hasta la llegada de la dictadura de Primo de Rivera ese mismo año. El general emprende un proceso para encarcelarlo por sus actividades durante la Guerra de Marruecos. En este momento, ya son conocidas las idas y venidas de armamento en sus propias barcas de contrabando de tabaco, armas que luego vendía a los seguidores de Abd el Krim. Sin embargo, el proceso nunca prospera y, tras una entrevista con el dictador, March consigue ganarse su favor. Así, un año más tarde, el Real Decreto Protección de la Industria Nacional le otorga el monopolio del tabaco en Ceuta y Melilla; en el mismo decreto también se designa a la compañía beneficiaría del monopolio de teléfonos, una entidad en la que March se integra como socio capitalista. En 1927, Campsa obtiene el monopolio del petróleo, y Juan March se apresura a participar en ella a través de la empresa de distribución Porto Pi.

Con la llegada de la República en 1931, March resulta elegido diputado. Pero el nuevo orden político se ocupará de retirarle el monopolio, provocando la ira del empresario, que a partir de entonces se declara abiertamente enemigo del régimen. El ministro de Hacienda en el primer Gobierno de Azaña, Jaime Carner, que en sus tiempos de empresario había llegado a conocer bien al magnate, advierte: "O la República destruye a Juan March, o Juan March destruirá a la República".


En 1932 comienza un proceso parlamentario contra el empresario que provoca sonoras broncas en las Cortes; el propio March fue el encargado de defenderse, alegando que la República le había retírado indebidamente el monopolio del tabaco sin ser éste ilegal. Finalmente, la mayoría de la Cámara le retira su acta de diputado y, con ella, la inmunidad parlamentaria, y ese mismo año va a parar a la cárcel. Allí permanece durante 17 meses, en los que no deja de conspirar contra la República. En 1932 se produce la Sanjurjada, intento de derribar el régimen republicano que cuenta con un fondo de guerra de 20 millones de pesetas. El preso Juan March figura como el principal donante de ese fondo. El magnate se fugará a escasas semanas de las elecciones de 1933 que darán la victoria a la coalición de derechas -cuya campaña contribuye a financiar-, acompañado de un empleado de prisiones. De nuevo, huye a Francia, para terminar instalándose finalmente en Suiza.


Desde el exilio, March contacta con los militares que protagonizarán el alzamiento del 18 de julio y les ofrece el soporte financiero. Una ayuda que no tardará en materializarse en el Dragón Rapide, el avión que trasladó a Franco desde Canarias hasta Marruecos para ponerse al frente de las tropas sublevadas. El dinero necesario para fletar la aeronave y comprar suministros de armas y gasolina para los recién sublevados también procede de las arcas de Juan March.

Nada más comenzar la guerra, hacia el 25 de julio, acompañado de Gil Robles, se establece en Lisboa. En el Banco de Portugal se abre una cuenta a nombre del Banco de Burgos, a través de la que se canalizan las ayudas de March al bando rebelde. El 27 del mismo mes, Italia entrega a los militares 12 aviones más, y March, desde el exilio, empieza a tejer una red internacional de apoyo a los golpistas, financiando sus adquisiciones a través del Claiworth Bank de Londres. Durante la contienda, según el historiador Gabriel Jackson, tanto él como Nicolás Franco actúan a modo de "representación diplomática" del Ejército sublevado, mientras el Gobierno portugués ningunea a Sánchez Albornoz, embajador republicano en el país.


Pronto se corre la voz de que el potentado está apoyando activamente el golpe militar. El 28 de julio, el diario El Diluvio denuncia que "March ha sido el arbitrador de recursos pecuniarios cuantiosos que se han necesitado para llevar a cabo la sedición franquista". El periódico El Socialista titula: "March, empresario de la rebelión". A principios de 1937, se difunde la noticia de que había contribuido a la causa rebelde con 15 millones de libras esterlinas, además de haber financiado la ocupación italiana de Mallorca.

Una vez terminada la guerra, Juan March regresa a España, pero sus diferencias con el almirante Carrero Blanco, uno de los más estrechos colaboradores de Franco, le empujan de nuevo al extranjero. En Lisboa entabla relaciones con la monarquía en el exilio. A su regreso a España, además de sus múltiples compañías que incluyen negocios en el sector bancario, petrolero, naviero, minero y eléctrico, March llega a poseer una gran cantidad de hoteles y palacios en España y en las principales capitales europeas. En 1955 crea la Fundación Juan March, institución sin ánimo de lucro dedicada al fomento de las ciencias y de las artes.

En 1962, el vehículo en el que viaja choca frontalmente contra otro que circula en dirección contraria, en la carretera de Madrid a la Coruña, a la altura del municipio madrileño de Torrelodones. Muere 15 días después, el 10 de marzo, en la Clínica de la Concepción, en Madrid. A su muerte, la de March es la primera fortuna de España y la séptima del mundo, valorada en 60.000 millones de pesetas.

lunes, 10 de septiembre de 2012

José Calvo Sotelo (1893-1936)

Diputado monárquico y líder de la derecha en el Parlamento, es uno de los que más duramente critica a la República, a la que pretende derribar. Su muerte, el 13 de julio, se considera el detonante de la guerra.  

"Nosotros le queríamos para gobernante. Dios le quiso para mártir". Así resume el escritor José María Pemán la figura de José Calvo Sotelo, el diputado monárquico cuyo asesinato, en la madrugada del 13 de julio de 1936, está considerado el detonante más inmediato del levantamiento militar y, por lo tanto, de la Guerra Civil.

Hombre familiar, de talante profundamente religioso y amante de la tradición y el orden, Calvo Sotelo enseguida se destaca como uno de los adversarios más tenaces de la República. Contra la "lentitud casi senil" de los conservadores de la CEDA y el propósito "bien claro»"de los socialistas de instaurar su dictadura, se muestra partidario del enfrentamiento directo con las instituciones: "El poder debe ser conquistado por cualquier medio", asegura.

Así, ante las elecciones de febrero del 36, en las que prevé una victoria de las izquierdas, trata de convencer al todavía indeciso general Franco para que los militares adelanten el golpe de Estado. De este modo, piensa, no parecerá "ante el mundo" que el Ejército "se subleva contra una decisión de la soberanía nacional".

Sin embargo, es precisamente su asesinato el que fuerza "la participación de muchos vacilantes, incluido Franco", en el levantamiento del 18 de julio. Así lo afirma el historiador Paul Preston, para quien Calvo Sotelo, "a diferencia de las muchas nulidades que utilizó Franco más tarde, hubiera impuesto su propia personalidad en la posguerra".


Nacido en la localidad de Tuy en 1893, en Pontevedra, Calvo Sotelo se traslada a Zaragoza para estudiar Derecho. Allí consigue cierta popularidad al fundar una revista de humor y obtener Matrícula de Honor en Derecho Romano, lo que le permite vender copias de sus apuntes.

Enseguida llega a Madrid, donde comienza a trabajar en el Ministerio de Gracia y Justicia, en la sección de administración, En los siguientes años, asciende tanto en su profesión como en las filas del partido de Antonio Maura durante la monarquía de Alfonso XIII con el que consigue un acta de diputado en 1919 y el puesto de gobernador civil de Valencia en el año 1923.

Cuando el general Primo de Rivera toma el poder, se une a su Unión Patriótica y participa en el Gobierno durante casi toda la Dictadura, a la siempre permanecerá fiel. Como director general de la Administración Local, aumenta el poder y la capacidad financiera de los municipios y, a partir de 1925 ocupa la cartera de Hacienda. 

En este puesto crea el llamado presuesto extraordinario para costear las obras públicas, así como diversos bancos nacionales y el monopolio estatal del petróleo (Campsa), del que se muestra particularmente orgulloso. Tras la crisis de 1929, y al no lograr detener la caída de la peseta, dimite. 

Al llegar la República, se ver obligado a exiliarse para no tener que afrontar responsabilidades políticas por su actuación durante dictadura -ya que estaba acusado de evasión de capitales-. En el extranjero entra en contacto con las ideas de los monárquicos franceses del fascismo italiano, que le influyen por igual: "Antes Roma que Moscú" sostiene. Además, colabora en la revista Acción Española, en la que escribe: "Hay que conquistar el Estado».

Aunque que tiene el acta de diputado desde los orígenes de la República -fue elegido por Orense para las Cortes Constit:uyentes-, y es reelegido parlamentario por la misma provincia en 1933, no vuelve a España hasta mayo de 1934, tras la amnistía del Gobierno de Lerroux. A su regreso, desde su escaño representante de Renovación Española, Calvo Sotelo combina eruditos análisis sobre Economía o Derecho con llamamientos al Ejército contra "las hordas rojas". "Prefiero ser militarista a ser masón, a ser marxista, a ser separatista e incluso a ser progresista», afirma.

Asimismo intenta reorganizar todas las fuezas de derechas, a las que agrupa en el Bloque Nacional, que se constituye en diciembre de 1934, y del cual se constituye en su representante más cualificado.

Pero no logra el apoyo de todos y, a pesar de la afinidad ideológica que les une, José Antonio Primo de Rivera se niega a admitirle en su partido, Falange Española de las JONS, y también se opone a que éste forme parte del mencionado Bloque Nacional. Esto se debe, según el historiador Ricardo de la Cierva a que "consideraba que había desertado, a última hora, de las filas de su padre".

Para las elecciones de febrero de 1936, Calvo Sotelo pacta con la CEDA de Gil Robles. Su objetivo es, en el caso de obtener la victoria, abrir un periodo constituyente para sustituir al presidente de la República por un general, posiblemente Sanjurjo. Ante el propósito "bien claro" de los socialistas de instaurar la dictadura, asegura, "si las derechas triunfan hay que aprovechar para establecer una forma estatal definitiva".

Sin embargo, Gil Robles rechaza este programa y las relaciones entre ambos dirigentes se enfrían rápidamente. Aunque es partidario del golpe de Estado y de una vuelta a la Monarquía, y a pesar de sus afinidades con el fascismo, Calvo Sotelo se muestra siempre contrario a cualquier clase de revolución: "No queremos la catástrofe, aunque ella pudiera traer la Monarquía", afirma. Según argumenta, no sería deseable "que el Trono se cimentase sobre regueros de sangre y montones de escombros".

El 15 de febrero de 1936, la víspera de las elecciones, publica en la prensa un manifiesto en el que propone crear un Estado autoritario y evitar así que las "esencias más vitales" de la nación dependan del "sufragio envenenado".

Poco antes de su asesinato pronuncia un famoso discurso que parece anticipar su destino y que, en palabras de su biógrafo, Alfonso Bullón de Mendoza, "habrá de figurar en todas las antologías parlamentarias". "Es preferible morir con gloria a vivir con vilipendio", asegura ante Dolores Ibárruri. "Has hablado por última vez", fue la respuesta, según algunos testimonios, de la diputada comunista, aunque esto no consta en el Diario de Sesiones.

Calvo Sotelo es consciente de que su vida está en peligro y pide a Luis de Galinsoga, periodista de ABC, que le avise cuando se produzcan disturbios para estar prevenido ante posibles represalias. Un extraño cambio en el personal de su escolta, en los primeros días de julio, hace aumentar aún más sus sospechas. De hecho, su amigo Joaquín Bau le compra un coche Buick blindado de Estados Unidos.

La madrugada del 13 de julio, tras el asesinato del teniente socialista José Castillo, un grupo de oficiales se presenta en su casa en una camioneta de la Guardia de Asalto. Calvo Sotelo se ve obligado a acompañarles y se despide de su mujer sospechando lo que le espera.

A mediodía, su cuerpo aparece en el depósito de cadáveres, muerto a tiros, y es identificado.

Más detalle sobre la muerte de D. José Calvo Sotelo (La Cruz, 16/7/36)
Las últimas declaraciones hechas por el señor Calvo Sotelo a "La Nación" de Buenos Aires (La Cruz, (17/7/1936)

jueves, 1 de diciembre de 2011

Canción del Falangista



Falangista soy,
falangista hasta morir o vencer,
y por eso estoy
al servicio de España con placer.
Alistado voy en la juventud,
paladín de nuestra fe.
M¡ camisa azul,
con el yugo y las flechas en haz,
garantía son
en la España inmortal que triunfar.

Cuando se enteró mi madre,
de que yo era de las J.O.N.S.
me dio un abrazo y me dijo:
"Hijo mío de mi alma
así te quería yo:
falangista valeroso,
y con ese patrimonio,
la Justicia, el Pan, la Patria
y la España Grande y Libre
que soñaba JOSÉ ANTONIO".

Ahora estoy en las trincheras
dando la cara a la muerte,
si me muero, sólo siento,
madrecita de mi alma,
porque no volveré a verte.
Pero se que si me matan,
en la tierra en que yo muera,
se alzar como una espiga,
roja y negra,
con la pólvora
y la sangre, mi bandera.

Las estrofas de esta canción corresponden a la inspiración de Fernando Moraleda y fueron muy conocidas hasta los años siguientes a nuestra guerra, cayendo después en un oscuro olvido. Es la canción falangista más característica del periodo 1936-1939, como símbolo de lo que la Falange supuso y de todo cuanto se cantó.

lunes, 18 de julio de 2011

¡¡VIVA ESPAÑA!!

Nuestra voz se alza en estos momentos [....?] enronqueciendo de emoción: ¡Viva España!

Estamos ansiosos de poder rendir a la Patria todo el tributo de nuestro cariño de hijos amantes. Con gloria inmarcesible fue España reina y señora de mundos y las virtudes de su espíritu dieron a la Humanidad, vida y alientos. Influencias extranjeras, aberraciones ajenas a nosotros parecieron ahogar las energías de nuestro propio ser.

Pero España, grande y fuerte, dejaba pasar corrientes y acontecimientos, ansiosa de tender su manto de amor antes que de hacer ostentación de su fuerza. Hoy esta se ha impuesto saturada de las grandes virtudes de la raza: valor, energía, patriotismo, nobleza: que tales son las características de los Jefes que han alentado este movimiento y por lo mismo el pueblo ha respondido. Se trata de un movimiento nacional y ciudadano, al cual se ha ido para derrochar heroísmo en aras de la Patria y que permanecerá en los fastos de la Historia como una hazaña más de este pueblo grandioso que tan altos designios tiene todavía que cumplir en la historia de la civilización.

¡Viva España en el glorioso resurgir de los corazones y de las glorias patrias, en el amanecer de una era feliz de trabajo, de paz y de prosperidad!

Volveremos a ser nobles y grandes y fuertes. Es nuestra fe.

Todos para España y España para todos. Esta es la hora dé la Patria. ¡Viva España!

La Gaceta de Tenerife : diario católico de información Año 8583 Número - 1936 julio 19