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viernes, 8 de mayo de 2026

Borbón y Borbón, Eulalia de (1864-1958): La Infanta rebelde ante la Guerra Civil

Infanta rebelde, feminista y republicana. Descubre el papel crucial de Eulalia de Borbón durante la Guerra Civil Española y su polémico apoyo a Franco.

Eulalia de Borbón: La “infanta roja” que desafió a su familia y abrazó la causa nacional

En la historia de España, pocos personajes reales han resultado tan incómodos como la infanta Eulalia de Borbón. Hija de la reina Isabel II, sobrina de Alfonso XII y tía de Alfonso XIII, su vida fue un constante pulso contra las convenciones de la corte. Pero si hay un periodo donde su figura se vuelve más compleja y fascinante, es durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y la posterior dictadura franquista.

Lejos de morir en el olvido, esta mujer de 72 años cuando estalló el conflicto, encontró en la contienda una oportunidad para regresar del ostracismo al que la había condenado su familia. Esta es la historia de cómo la “Infanta Roja” se convirtió en una aliada inesperada del bando sublevado.

¿Quién era Eulalia de Borbón? La “loca” de la familia

Para entender su papel en la Guerra Civil, hay que comprender su carácter. Conocida por sus ideas feministas y liberales, Eulalia fue una de las primeras royals europeas en separarse legalmente de su marido, Antonio de Orleans, duque de Galliera.

Su pluma le trajo problemas con la Corona. En 1911 publicó Au fil de la vie (A lo largo de la vida), un libro donde criticaba abiertamente a la monarquía y la sociedad conservadora española. Su sobrino, el rey Alfonso XIII, la exilió de España y le retiró la asignación económica, calificándola de “infanta republicana. Este distanciamiento duró décadas.

El estallido de la Guerra: La vieja Infanta toma partido

Cuando el 18 de julio de 1936 se produce el alzamiento militar contra la Segunda República, Eulalia reside habitualmente entre París e Irún. A diferencia de la mayoría de la realeza europea, que mostró simpatías por el bando republicano o se mantuvo neutral (como la familia de Alfonso XIII, exiliada en Italia), la infanta Eulalia dio un giro radical.

A pesar de ser llamada “republicana”, su odio visceral hacia la izquierda revolucionaria que quemaba iglesias y su profundo catolicismo –aunque heterodoxo– la inclinaron rápidamente hacia el bando sublevado.
Sin embargo, su papel no fue diplomático, sino simbólico y material. Varias fuentes señalan que donó joyas y parte de su patrimonio para financiar a los militares sublevados .

Su oscura conexión con Franco: el regreso a España

La verdadera recompensa para Eulalia llegó con la victoria de Francisco Franco. A diferencia de su sobrino, Juan de Borbón (pretendiente al trono), la infanta supo conectar con el Caudillo.

En 1939, finalizada la guerra, Eulalia solicitó permiso para regresar a España. Según consta en archivos históricos y biografías como La infanta republicana de José María Zavala, Franco no solo le permitió el regreso, sino que la trató con una deferencia especial.

El momento más significativo del “pacto” entre la vieja infanta y el dictador ocurrió en 1942. En plena posguerra, el régimen de Franco le concedió a Eulalia de Borbón dos lujos en aquella España de racionamiento: un coche oficial y un chófer de por vida . Para una mujer nonagenaria que había vivido exiliada y en dificultades económicas relativas, esto supuso un salvavidas y un espaldarazo social.

Legado en la Dictadura: una tumba en El Escorial

La “Infanta Roja” falleció finalmente el 8 de marzo de 1958 (Día Internacional de la Mujer, curiosamente) en su villa de Irún

. Gracias a su apoyo al Alzamiento Nacional, el régimen franquista le concedió los honores propios de una hija de reina.

Sus restos descansan en el Panteón de los Infantes del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, el lugar reservado para los miembros más ilustres de la realeza española. Un final digno para quien, en su juventud, fue repudiada por la misma familia que ahora la reclamaba.

Conclusión: ¿republicana o superviviente?

La historia de Eulalia de Borbón durante la Guerra Civil Española es la paradoja de una liberal que abrazó a un dictador. ¿Fue por convicción religiosa? ¿Por venganza contra Alfonso XIII? ¿O simple instinto de supervivencia para recuperar su lugar en España? Lo cierto es que su inteligencia política le permitió navegar entre el odio de los republicanos y el desprecio de los monárquicos alfonsinos, encontrando en Franco un mecenas inesperado.

Su figura sigue siendo un fascinante objeto de estudio para entender que, en las guerras civiles, las lealtades nunca son blancas o negras, sino del color más complejo: el púrpura real.

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